

Change.org recibe decenas de miles de peticiones cada mes, de las cuales en torno a 2.600, según la propia organización, se originan en España. Los cálculos expuestos a continuación son el resultado de analizar el número de firmas obtenido por un total de 2.000 peticiones publicadas consecutivamente, en orden cronológico, en su plataforma (*)
· Más de 1.000.000 de firmas: 2 peticiones (0,10%)
· 500.000-999.999 de firmas: 3 peticiones (0,15%)
· 100.000-499.999 firmas: 21 peticiones (1,05%)
· 50.000-99.999 firmas: 6 peticiones (0,30%)
· 10.000-49.999 firmas: 22 peticiones (1,10%)
· 5.000-9.999 firmas: 31 peticiones (1,55%)
· 1.000-4.999 firmas: 206 peticiones (10,30%)
· 100-999 firmas: 617 peticiones (30,85%)
· Menos de 100 firmas: 1.092 peticiones (54,60%)
De estos datos se podrían derivar las siguientes conclusiones:
1. Si el objetivo de Change.org es empoderar a las personas que lo necesitan y más del 95% de las peticiones que recibe obtiene una ínfima repercusión en términos de firmas recabadas (menos de 5.000), su grado de eficacia en esa supuesta misión es, cuando menos, muy mejorable.
2. El alto grado de ineficacia de Change.org en este sentido se debe, en mi opinión, a alguna de estas cuatro razones (o una combinación de las mismas): impotencia, incompetencia, insensibilidad o incoherencia.
3. La causa objetiva por la que la inmensa mayoría de las peticiones son enterradas sin que prácticamente nadie las llegue a conocer es porque Change.org no las difunde activamente. No hemos de olvidar que con sus más de 250 millones de usuarios a nivel mundial y 14 millones en España, pocos medios de difusión, por no decir ninguno, cuenta con una audiencia directa de semejante tamaño. Quizás haya organizaciones con más usuarios registrados, como Facebook (**), pero sus audiencias están mucho más fragmentadas.
4. Como está demostrado que las peticiones que van acompañadas del correspondiente pago son difundidas, podemos deducir que la razón por la que muchas peticiones no son dadas a conocer es porque la organización ha considerado que las mismas no le reportan ingresos. Dicho de otra manera: los usuarios somos las mercancía con la que Change.org trafica.
5. El alcance de la difusión de una petición será proporcional a la cuantía del pago que se ha efectuado a Change.org siguiendo un baremo de precios perfectamente establecido, de tal manera que si la cantidad abonada no es elevada, la difusión será menor, excepto supuestamente en aquellos casos en los que la organización decide que la petición en cuestión ha de recibir una mayor exposición, siguiendo para ello sus propios criterios.
6. Decenas de miles de personas que cada mes han depositado su confianza en Change.org para que difunda sus reivindicaciones se han sentido defraudadas al descubrir que la organización las ha ignorado, incumpliendo así sus expectativas.
7. Change.org crece en torno a 100.000 nuevos usuarios al día, un ritmo que solo puede ser mantenido si la organización continúa mostrando éxitos manifiestos. Estos, aunque fueran relativamente escasos en relación a sus fracasos, tienen un efecto llamada y consiguen además que la sociedad desvíe su atención del hecho de que decenas de miles de reivindicaciones al mes son ignoradas. Independientemente de cuáles sean los motivos que ha llevado a Change.org a operar de esta manera, lo que es innegable es que sin grandes éxitos que mostrar a la concurrencia la gente no les brindaría el apoyo que actualmente les brinda. Que la inmensa mayoría de las personas que recurren a Change.org se queden desamparadas parece ser irrelevante para sus objetivos de empresa. De lo contrario, no lo permitirían.
Esas siete son las conclusiones más evidentes que yo he podido extraer del estudio realizado. Pero hay una octava conclusión aún más grave que podría inferirse de todo lo anteriormente expuesto, si bien, a falta de pruebas concluyentes, prefiero categorizarla de mera sospecha, aunque no por ello carente de fundamento:
8. Change.org antepone los beneficios económicos que obtiene por el cobro de la difusión de peticiones a los beneficios sociales que supondría propagarlas gratuitamente o encontrar una fórmula mixta o alternativa que permitiese invertir los porcentajes anteriormente mencionados; de lo cual podría a su vez deducirse que Change.org no es una organización sin ánimo de lucro, sino que es una corporación que se rige por normas mercantiles propias del mundo empresarial al que pertenece y de ahí su secretismo con respecto a sus finanzas. Quizás esta sea la razón por la que “B-Lab”, la entidad supuestamente independiente encargada de certificar que Change.org es una “empresa social”, se refiera a las “B Corporaciones” (Change.org se define a sí misma como una “B Corporación”) como “compañías con fines de lucro”.
De lo que no parece haber ninguna duda es de que Change, a pesar de que las siglas .org con las que se presenta pudieran dar a entender lo contrario, no es una ONG ni una fundación, sino que es una empresa registrada, según la Wikipedia, en el Estado americano de Delaware, considerado a efectos prácticos un paraíso fiscal, una empresa que factura, como mínimo, decenas de millones de dólares anuales, según desveló en 2015 su entonces Director de Comunicación, John Coventry, y que con tan solo 204 miembros en su equipo a nivel mundial, es decir, supuestamente con unos costes operativos relativamente bajos, todo apunta a que obtiene grandes beneficios. Aparentemente, por lo que he leído, ellos alegan que los beneficios los reinvierten íntegramente en la empresa, sin embargo, al no desvelar las cuentas, eso es algo que desconocemos.
Por todo lo anteriormente expuesto, lo que nosotros solicitamos a través de esta campaña es que Change.org nos explique a qué destina sus beneficios y que nos muestre las cifras para corroborarlo. Defendemos la legitimidad de nuestra reivindicación en base a un argumento que nosotros encontramos irrefutable: el dinero que manejan lo suministramos los propios usuarios confiados en que con ello estamos apoyando una buena causa. Dicho de otra manera: tenemos el derecho a conocer qué causa realmente estamos apoyando.
(*) Las 2.000 peticiones elegidas para este estudio fueron las 1.000 inmediatamente anteriores y posteriores a mi petición “Por una mayor transparencia en Change.org”. El número total de peticiones que obtuvieron menos de 100 firmas fue calculado el día 5 de octubre de 2018. El resto de las estadísticas se calcularon los días 17 y 19 de septiembre, volviéndose a repetir dichos cálculos el día 3 de octubre con el objeto de comprobar si se había producido alguna variación significativa. Los cambios percibidos fueron prácticamente imperceptibles. Como dato complementario, calculé también el número de peticiones, de entre las 10.000 que precedieron a la mía, que obtuvieron menos de 1.000 firmas: 8.088 (80,88%). Este último cálculo tuvo lugar los días 14 y 15 de noviembre.
(**) Facebook y Change.org no son tan diferentes en cuanto a su operatividad. En ambos casos los usuarios somos la mercancía. Lo que varía fundamentalmente es el medio: Facebook utiliza como vía de comunicación principal su plataforma online, que es donde están sus usuarios y Change.org el email, aunque también capte firmas derivando a los firmantes a otros anuncios patrocinados de su web. Otra diferencia es que en el caso de Facebook, al tratarse de una empresa que cotiza en bolsa, conocemos sus cifras de negocio, mientras que Change.org las mantiene ocultas alegando que no tiene la obligación legal de presentarlas.