No dejemos que separen a un hijo de su madre. NO AL ABANDONO DE UN MENOR A UN MALTRATADOR.

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Cristina y Leo viven actualmente en Madrid. El padre del pequeño, francés, denunciado por violencia doméstica, con antecedentes por consumo de alcohol y drogas lucha por arrancar al hijo de la madre, para así por fin acabar con ella. Esta es su historia.

Cristina RK dio a luz a Leo en el Clínico de Madrid en 2015. Poco después se marchó a probar suerte con el padre francés a Toulouse, donde residieron una temporada en casa de sus padres. Pronto empezó él a consumir drogas y alcohol y se inició la violencia. Fue a principios del 2016.


A mediados del mismo año obtuvieron un alojamiento social. La situación no cambió. En enero de 2017 Cristina denunció ante las autoridades francesas a G. C. (así se llama el padre del niño) y al padre del mismo. Ambos por violencia de género.
Acudió entonces a los tribunales franceses para que ellos solucionaran el tema de la custodia, poder separarse y volver de la manera más legal posible a España. Mientras tanto huyó del hogar común y se refugió en un hotel (las llamadas casas de acogida de Toulouse tenían por aquel entonces una lista de espera de tres meses).


Le concedieron la custodia el 16 de marzo de 2017 y a él unos derechos de visita (ella era la encargada de traerle al menor a la puerta de su casa, a pesar del evidente trauma psicológico que esto le suponía, además del coste financiero, ya que él no pagaba la pensión).
Se mudó de inmediato a España. El 27 de marzo el niño ya estaba escolarizado y ella empezó a pensar en recomenzar una vida.

Actualmente vive con su padre, recientemente viudo y discapacitado, trabaja su licencia de taxi y el niño va a la escuela de manera regular.

Tras la primera sentencia vino una apelación en Francia. El 20 de noviembre tuvo lugar otro juicio y el 18 de enero de este año se le comunicó que o volvía a Francia a hacer custodia compartida a partir de las vacaciones francesas de Pascua o le quitaban la custodia y el niño tendría que volver a Francia. 

Rápidamente activó una demanda de modificación de medidas en España (país de residencia habitual para ellos y por tanto competente) exponiendo circunstancias significativas para la vida de ambos, de su hijo y suya.

Le dieron fecha para el 4 de abril. El juicio se suspendió, alegando él que no había tenido tiempo de preparar una defensa. Obtuvieron una nueva fecha. El 25 de abril.

A día de hoy se le ha comunicado que el juicio se vuelve a suspender porque el padre, entre tanto, ha activado una demanda de devolución del niño por retención ilegal, aunque en el presente Cristina ejerce su derecho de visita que termina el 30 de abril, adelantándose él al plazo.

El juicio del 25 pretende ser un juicio de medidas provisionales en las que, hasta mayor reflexión, pedimos que el niño se quede en España, país donde lleva residiendo desde hace más de un año, con su madre, de la que nunca jamás se ha visto separado.
Leo tiene 2 años y casi 5 meses. Él es la víctima de todo.

Las denuncias por violencia de género en Francia fueron archivadas sin motivo (aún habiendo parte de lesiones con 2 días de baja firmado por un forense e informes psicológicos) y sin siquiera notificárselo a la víctima.

Las denuncias que pone en España no prosperan porque el que comete el presunto delito de acoso, impago, etc., no está en suelo español. A pesar de que la madre está en seguimiento por el CAPSEM y consta como víctima de alto riesgo con protección especial de la policía nacional española.

Los tribunales franceses omiten los antecedentes de G.C. por conducción bajo los efectos de la droga y del alcohol, la situación de violencia y atropellan por completo el concepto "bien del menor" para favorecer a su nacional.
Ante los tribunales españoles, que en un principio el padre tacha de incompetentes, a pesar de que el niño es español de nacimiento y de  que lleva más de un año residiendo en España, pasa más tarde a solicitar aplazamiento tras aplazamiento, siendo cada vez otorgados.

Ahora están totalmente desprotegidos y angustiadosVan a separar a un menor de menos de tres años de su madre, la única constante en su corta vida.

Por todo ello queremos dar a conocer su historia, movilizar a todos los que sea posible para impedir un atropello así. Por el menor, para quien significaría una condena a terapia de por vida (si sobrevive una infancia de violencia, drogas y alcohol), por la madre, con quien el maltratador finalmente acabaría, arrancándole el fruto de su vientre.



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