Prohibir las carreras de perros galgos en todo el territorio nacional

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El pecado de nacer un perro Galgo, el pecado de ser uno de raza, el pecado de tener piernas largas y un poco más de velocidad, el pecado de SER un galgo.

En Chile durante los últimos años se ha observado un creciente aumento en el uso de perros para fines de “entretención” humana. Se calcula que existen alrededor de 200 canódromos distribuidos en diversas comunas a lo largo de nuestro país. El perro galgo, por sus características y estética, es el preferido para ser obligado a correr. El galgo es sometido, explotado y esclavizado a la voluntad humana, se les entrena bajo una serie de prácticas que atentan contra la integridad física y psiquica del animal, prácticas que incurren en crueldad y maltrato. Los perros son sometidos a duros entrenamientos, son estimulados con drogas para que alcancen mayor velocidad -drogas que se disfrazan de tratamientos o vitaminas- y cuyas consecuencias son fatales, con daños irreversibles para sus órganos internos, como el hígado por ejemplo.

Cuando corren chocan entre ellos, se lesionan y muchos se quiebran, no contando, en la mayoría de los casos, con atención veterinaria. Pero eso no importa para el galguero, él solo quiere que su perro corra y gane a como dé lugar, quiere que su perro sea un campeón, el triunfador de la carrera que llenará sus bolsillos y su orgullo. Al igual que un adicto, el galguero no mide consecuencias, siempre va a ir más allá, traspasando los límites de lo ético y lo moralmente aceptable en cuanto al trato y manejo de un animal.

La vida útil de un galgo usado en carreras es menor a 3 años. Cuando ya no sirven para correr, porque sus cuerpos están destrozados, sigue siendo utilizados para reproducción, y si no cumplen con este fin, en su mayoría son desechados cruelmente: sacrificados o abandonados, amarrados para que mueran por inanición, ahorcados o quemados, agonizando por horas. Los galgos son castigados cuando ya no cumplen con los fines lucrativos y adictivos, son castigados como una forma de aplacar la frustración del adicto.

El perro galgo es cosificado durante toda su existencia, es condenado por su particular estética, es estigmatizado por su velocidad, es condenado a ser un esclavo y a satisfacer los vicios de su amo. Eso no es amor, eso no es pasión, eso es un vicio que conlleva al maltrato de otro ser, un vicio que lleva a la destrucción de ese otro ser vivo que no tiene la culpa de haber nacido un galgo, de ser un perro.

Las carreras de galgos esconden una realidad cruel para los animales y fomentan conductas adictivas y destructivas también para el ser humano, además, responden a un tipo de negocio que incurre en una serie de ilegalidades (conductas delictuales como apuestas ilegales y otras). Las carreras de galgos no cubren una necesidad, sólo cubren vicios, y como sociedad no necesitamos de ellas. Si queremos construir una sociedad más justa y respetuosa, si queremos combatir conductas de violencia desde la raíz, no podemos seguir permitiendo la práctica de los mal llamados “deportes” que vulneran y someten a torturas a los animales, eso constituye una pésima señal a la ciudadanía.

No podemos seguir haciendo vista gorda frente a situaciones de maltrato animal, y las carreras de galgos representan evidente maltrato.

Terminemos con la violencia ejercida sobre los animales. Digamos en conjunto que queremos que se prohíban las carreras de galgos y otros perros, seamos unión y fuerza para llevar a cabo esta misión de resguardar la vida de los perros galgos.

Por su dignidad y sus vidas apoya esta causa y firma esta petición. #MisiónGalgoChile.



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