No se elige el dolor, pero sí debería el derecho a ponerle fin. Quienes no lo han habitado suelen juzgar desde la distancia, como si el sufrimiento fuera una metáfora y no una experiencia concreta que consume cuerpo, tiempo y voluntad.
Esta petición no exige compasión, exige justicia: que se reconozca la autonomía de quienes viven en condiciones que otros apenas imaginan.
Firmar no es romantizar la muerte, es defender una vida que merece decidir cómo y cuándo termina.
Debemos aceptar que no somos eternos y eso nos ayudaría a tener muertes dignas sin tanto sufrimiento para nuestra persona enferma y amada. También tienen derecho a elegir no sufrir.
Mi abuelita agonizó durante casi dos días debido a un infarto cerebral, hay personas que duran más tiempo así y es dolorosísimo ya que agonizan hasta que su cuerpo se rinde. Todos deberíamos tener el derecho de irnos de manera digna e indolora. Hoy firmo por que otras personas tengan la oportunidad que mi viejita no tuvo.