UNESCO declaren a la Tuna Patrimonio inmaterial de la humanidad.


UNESCO declaren a la Tuna Patrimonio inmaterial de la humanidad.
El problema
Te pedimos que por favor nos ayudes a recoger firmas para declarar a la Tuna como patrimonio inmaterial de la Humanidad por la UNESCO.
La historia nos da la razón:
Desde ya hace unos siglos existen tradiciones que han sido reconocidas por la UNESCO como patrimonio inmaterial de la Humanidad, sírvase de ejemplo el flamenco, tradición musical de arte, estilo de música danza, como reconocimiento a su comunidad declarado hace unos años por la UNESCO como patrimonio inmaterial de la Humanidad, allá por noviembre del 2010.
Creemos que ahora es el momento para declarar también otra tradición como es la Tuna, puesto que su trayectoria musical, cultural, y mundial, encajan perfectamente dentro de los requisitos que la UNESCO pide para proceder a su reconocimiento de forma oficial. Los requisitos que la UNESCO pide para ellos son:
Culturales
I. representar una obra maestra del genio creativo humano, o
II. ser la manifestación de un intercambio considerable de valores humanos durante un determinado periodo o en un área cultural específica, en el desarrollo de la arquitectura, las artes monumentales, la planificación urbana o el diseño paisajístico, o
III. aportar un testimonio único o por lo menos excepcional de una tradición cultural o de una civilización que sigue viva o que desapareció, o
IV. ser un ejemplo sobresaliente de un tipo de edificio o de conjunto arquitectónico o tecnológico, o de paisaje que ilustre una etapa significativa o etapas significativas de la historia de la humanidad, o
V. constituir un ejemplo sobresaliente de hábitat o establecimiento humano tradicional o del uso de la tierra, que sea representativo de una cultura o de culturas, especialmente si se han vuelto vulnerable por efectos de cambios irreversibles, o
VI. estar asociados directamente o tangiblemente con acontecimientos o tradiciones vivas, con ideas o creencias, o con obras artísticas o literarias de significado universal excepcional (el Comité considera que este criterio sólo justifica la inscripción en la Lista en circunstancias excepcionales y en aplicación conjunta con otros criterios culturales o naturales).
Y se cumplen la mayoría de estos puntos.
La Tuna es una institución centenaria, que ya no solo es española como al principio de sus orígenes, sino que se ha extendido a lo largo y ancho de la geografía mundial, llegando desde Latino América hasta China (Tuna de Cantón), siendo adoptada esta tradición por las Universidades de muchos países, acogiéndola en su seno y haciéndola suya con justo derecho y reconocimiento, puesto que por tradición e historia les pertenece también.
Sus siglos de existencia están avalados por cientos de escritos, documentos, y demás material que ha perdurado a través de los siglos, haciendo de la Tuna, una tradición y a su vez una institución reconocida a nivel mundial.
Hoy día los Tunos que representan a cualquier Tuna en el mundo, son guardianes de una tradición, que no solo sigue viva, sino que además sigue en auge, y con orgullo la representan, llevando a muchísimos lugares, su música, alegría y jolgorio.
Nos conocen en muchas partes y nos valoran como tal, hasta tal punto que hay países como Perú, México, Colombia, Chile, Argentina, donde han hecho un fantástico aporte de valor añadido a esta fantástica tradición.
Es por ello que te pedimos que firmes la petición para que La Tuna sea declarada por la UNESCO, como patrimonio inmaterial de la Humanidad.
============================================================
Historia de la Tuna segun la Tuna de la UPV:
José Manuel Sendra Mengual "Cabezón" Tuna de Aparejadores de Valencia.
En el año 1.212, bajo el reinado de Alfonso VIII, se fundó en Palencia el primer "Studium generale", precedente de lo que más tarde serían las Universidades. A estos Estudios Generales y a los que sucesivamente se crearon, acudían jóvenes de toda condición entre los que surgieron los SOPISTAS, predecesores de los actuales tunos.
Los sopistas eran estudiantes pobres que con sus músicas, simpatía y picardías recorrían figones, conventos, calles y plazas a cambio de un plato de sopa (cosa que les otorgó el nombre) y de unas monedas que les ayudaban a costear sus estudios. Cuando anochecía y una vez sonaba la campana de queda o recogida, salían a rondar los balcones para enamorar a las féminas que pretendían. Recibían el nombre de sopistas porque de ellos se decía que vivían de la sopa boba; siempre iban provistos de cuchara y tenedor de madera, lo que les permitía comer en cualquier lugar donde se les presentaba la ocasión. Estos cubiertos de madera eran distintivo de los sopistas, siendo en la actualidad símbolo de todas las Tunas Universitarias.
Era esta la versión española de un fenómeno generalizado en toda Europa durante la Edad Media y que se conoció con el nombre de Goliardos, los cuales representaban la bohemia universitaria viviendo como juglares y trovadores.
La primera referencia escrita a los sopistas data del año 1.300 y apareció en el "Liber constitutionem" de la Universidad de Lérida, donde se prohibía las rondas nocturnas de los escolares y se condenaba a los rondadores a la pérdida de los instrumentos, pues rompían el silencio y descanso de la ciudad.
En 1.348, Alfonso X "El Sabio", se refiere a los sopistas en "Las Partidas", diciendo: "Esos escholares que troban y tañen instrumentos para haber mantenencia".
De la misma época es la obra "Razón de amor y denuestos del agua y el vino", cuyo autor se retrata en la introducción: "Un escolar la rimó, que siempre dueñas amó". Y en ella se alude a las cintas de amor que prenden sobre la capa del escolar, por una de las cuales una dama reconoce al protagonista en la oscuridad de la noche.
El Arcipreste de Hita compuso más de diez pliegos de cantares para "escolares que andan nocherniegos e para muchos otros por puertas andariegos", y en su "Libro del buen amor" hace referencia al carácter mendicante de estos estudiantes: "Señor dat a escolar que vos viene a demandar. Dat limosna o ración faré por vos oración".
Fué en el siglo XVI cuando se formaron las tunas tal y como hoy las conocemos. Los sopistas se acogieron a la "Instrucción para bachilleres de pupilos" dictada en 1.538, norma que ofrecía vivienda a los estudiantes que no podían costearla. En ellas no podían mezclarse estudios diferentes y eran dirigidas por los estudiantes más antiguos, a los que se llamaba "bachilleres de pupilos", pues además debían apoyar en sus estudios a los bobos o estudiantes nuevos. Estas casas eran, por sus características, habitadas mayoritariamente por sopistas, y nunca fueron ejemplo para el estudio serio, y así en el libro "La vida del Pícaro Guzmán de Alfarache" encontramos:
" . . . no querían ver libro, ni atender a lo que habían venido a la Universidad; jamás se les caían las guitarras de las manos, daban mucho entretenimiento, cantaban muy bueno sonetillos y siempre tenían de nuevos, y los sabían hacer muy bien y pasar el instrumento".
Así, los pupilos que querían formar parte de las camadas sopistas, se convertían en escuderos de estos a cambio de que les instruyeran en su arte, lo cual permitía a los sopistas llevar una vida similar a la de los estudiantes ricos. Los nuevos que esto decidían, debido a su inexperiencia, eran el centro de la broma en las correrías de sus maestros, pero una vez terminado el pupilaje, el nuevo era admitido como uno más, y así en el libro "Historia de la vida del Buscón" de Quevedo, se hace referencia a estas costumbres que todavía hoy perduran:
"Viva el compañero, y sea admitido en nuestra amistad; goce de las preeminencias de antiguo; pueda tener sarna, andar manchado y padecer el hambre que todos!".
Como muy bien expresa D. Emilio de la Cruz y Aguilar en sus "Chrónicas de la Tuna", "A pesar del paso y cambio de los tiempos, los tunos siguen siendo viva credencial de la juventud de siempre, los mismos antiguos juglares y trovadores escolares que siguen en el mester, los entrañables y nocherniegos universitarios que, desde hace muchos siglos, sucediéndose a sí mismos, recorren rondando el mundo, cultivan los instrumentos populares y practican un género de música entroncada directamente con las albadas medievales o los cantos escolares pobres, testificando así este fenómeno cultural único . . . "
Por último, recordar a Jiménez Catalán y Sinués y Urbiola, historiadores de la Universidad de Zaragoza, cuando decían que:
" . . . de estas comparsas de tunos y sopistas salieron hombres que gobernaron a España y ocuparon puestos preeminentes en las letras, la política y el foro".
José Manuel Sendra Mengual "Cabezón" Tuna de Aparejadores de Valencia
==========================================================
Historia de la Tuna según Tunaespaña:
Fragmento sacado de: tunaespaña.es:
Cuando a partir del primer tercio del siglo XIII, se abren en España las primeras Universidades, nuestro solar, ya había sido escenario de numerosas manifestaciones trovadorescas y juglarías, es decir, de actuaciones de lo que hoy llamaríamos cantautores e intérpretes, con formas y comportamientos que podríamos definir como “pretunantescas”, y que utilizaban la Música como sustento más o menos profesional, en base a su cualificación y reputación popular, cuando no, en función del reclamo de que eran objeto por parte de los señores acomodados, que los contrataban para sus diversiones, bailes, fiestas, etc., así como de “recaderos” de mensajeros de amor para sus damas.
Formadas nuestras Universidades, los estudiantes se verán en la necesidad de agruparse en pequeñas fraternidades, casi siempre en base a sus lugares de procedencia, lo que hoy llamaríamos “peñas”, para mejor defender sus derechos, así como para trasladarse, ya de sus casas a la Universidad y viceversa, ya para viajar en busca de nuevos Estudios o maestros, y las más de las veces, para renovar su algazara juvenil.
Precisamente, esta necesidad y/o vocación de estudiantes itinerantes, les obligará a ingeniárselas a la hora de sufragar lo costoso de su deambulatorio. Así, alrededor de unas guitarras, laúdes, flautas y panderetas, se forman las primeras Estudiantinas, con las que los escolares pagarán sus posadas, viandas, etc., a cambio de actuaciones en romerías, bodas, serenatas, pasacalles, etc.
dat al escolar
que os viene a demandar.
Dat limosna o ración,
e yo faré por vos oración…
La indumentaria raída, y su utillaje, ortera, cuchara y tenedor, les delataba como estudiantes de la Tuna.
A partir de aquí, y por si su condición de universitarios no implicaba en sí misma todo un privilegio social, añaden ahora sus otros fueros, que sólo la picardía estudiantil podía crear. El “grito de guerra”, era a su vez un seguro salvoconducto: “¡Favor a la Tuna!, ¡Favor al Rey!, ¡Viva la Universidad!”.
Esta era su carta de presentación en cualquier plaza pública donde ofrecían sus trovas o declamaciones, sus acrobacias o las canciones más populares de la comarca, a una población ávida de diversiones, que los acogía generosamente.
Pero la irrupción de las Estudiantinas, tendrá sobre todo en la noche, su más amplio escenario. La ronda o serenata, será la manifestación amorosa estudiantil por excelencia, y que secularizada de las canciones que los clérigos habían compuesto para la Virgen María reina de los cielos, será ahora el vehículo de comunicación entre la Estudiantina y el amor de la joven dama:
Salamanca parece, niña, tu calle,
porque siempre la llenan los estudiantes.
Y con la serenata nocturna, el pretexto para las correrías de la noche, la taberna, y las disputas demasiadas veces. Por ello, la Universidad dictará normas, tratando en vano de regular la nocturnidad estudiantil. El Concilio de Valladolid, estableció en 1228, severas prohibiciones para que los estudiantes “…no sean en compañas do estén joglares et trasnochadores, et que excusen de entrar en las tabernas…”. La Universidad de Lérida en 1300, intentará hacer lo mismo con la amenaza de la aprehensión de los instrumentos a los rondadores de la Estudiantina, y con la severa advertencia de la iglesia, no muy partidaria, a lo que se ve, del discurso nocturno-musical de los estudiantes.
Con todo, será precisamente el Arcipreste de Hita, Don Juan Ruiz (s. XIV), y aún a riesgo de su crédito personal ante el estamento eclesial, a quien debamos atribuir el ser lo que podríamos llamar el primer compositor de la Tuna:
“Fize algunos cantares de los que cantan ciegos,
e otros, para escolares que andan nocherniegos.
E para muchos otros por casas andariegos “.
Todavía en el siglo XVI, un 50% al menos de la población estudiantil, era de escasos recursos económicos, viéndose obligada unas veces, a ejercer de criados para los nobles, a dar lecciones, o divertir con música de Estudiantina. A la Tuna así pues, no sólo le cabe el honor de ser en parte la sustentadora de muchos estudiantes de Universidad en sus primeros siglos de andadura, sino también la mantenedora y transmisora de instrumentos tales como la bandurria o el laúd, sin cuya participación y también la de las Rondallas probablemente hubieran desaparecido.
La literatura española del Siglo de Oro, se ha encargado como nadie de reflejar en sus novelas, las andanzas picarescas de nuestras estudiantinas, en muchas obras salidas de la pluma de Cervantes, Lope, Quevedo, etc.
Precisamente a principios del siglo XVII, la Tuna muda de vestuario, que pasa de la sobriedad monocolor que hasta aquí había impuesto la iglesia, de la cual dependía, a las características coloristas y vistosísimas, propias del Barroco español, y que ha llegado hasta nosotros, no sin antes dejar por el camino, ¡que lástima!, parte de sus señas de identidad, tales como la hebilla de los zapatos, el chambergo o bicornio, y la cuchara y el tenedor, precisamente lo que hoy consideramos el emblema de la Tuna.
En cambio, incorpora a partir de ese momento la capa, y posteriormente las cintas bordadas en color, como recuerdo femenino, y al modo que los trovadores recibían las “señales” por parte de sus damas, y que generalmente se limitaban a pañuelos de seda.
Llevo diez cintas prendidas en mi capa de estudiante, diez ilusiones, diez sueños que van flotando en el aire.”
Por último, la beca o banda cruzada en el pecho y en donde el estudiante porta el escudo de su centro universitario, es un complemento de este siglo. Muchos escolares por último han incorporado recientemente en sus capas, los escudos de los países que han ido visitando.
La actividad tunantesca durante los siglos XVIII y XIX, ha quedado igualmente reflejada en numerosos sainetes, así como en revistas de estilo costumbrista, donde se recogen gran cantidad de actuaciones musicales estudiantiles, en fiestas populares, carnavales, bailes, etc., casi siempre recaudando en pro de alguna obra benéfica.
Así mismo, el pintoresquismo de las Estudiantinas españolas, será dibujado también, en las crónicas de muchos viajeros ilustres, que llegan a España alrededor del siglo XIX, tal y como hizo el barón de Davillier, en su “Viaje por España” (1862), con ilustraciones de Gustavo Doré, quien nos muestra a un grupo de tunos, viajando en compañía de unos arrieros, precisamente una de las formas preferidas por los estudiantes para trasladarse en sus salidas tunantescas.
Pero el final del siglo XIX, marcar también el principio de una nueva época para la Tuna. Su amplio escenario geográfico español, hasta entonces, ahora les resulta pequeño, alargando su deambulatorio hasta el país vecino, Francia, y eligiendo, claro, el más moderno medio de transporte de la época, el ferrocarril.
Quien tiene arte va por todas partes”
Ello supuso, que algunas crónicas reprobaran lo que se consideraba toda una ostentación estudiantil, en detrimento del romanticismo de antaño, a base de itinerarios a pie o “a guisa de apóstol”
En 1879, la revista “Almanaque de la Ilustración”, critica a la Tuna moderna, que considera una débil sombra de la antigua, que “en lugar de correr uno y otro pueblo de Castilla, a pie, siendo a la par embeleso y plaga de mesones y aldeas, han aprovechado el ferrocarril, y partido a largas distancias, viviendo en fondas a sus expensas nada menos en la capital de Francia…”.
A partir de 1939 y hasta 1975, la actividad tunantesca, al igual que la de otros colectivos corales, teatrales, o deportivos, dentro de la Universidad, será regulada por el Sindicato Español Universitario (SEU), que se encargará de poner en manos de las estudiantinas, toda la infraestructura organizativa necesaria, para dar continuación a esta tradición estudiantil. De esta forma, nacen sobre todo los Concursos o Certámenes de Tunas en las distintas sedes universitarias de España, y que no son sino, la rememoración de las antiguas concentraciones o reuniones de juglares, que ya tenían lugar en Fécamp (Normandía), en el año 1000, es decir, doscientos años antes ya, de la formación de nuestras primeras universidades en España, y cuyo objetivo un milenio más tarde, sigue siendo el mismo que el de aquellas manifestaciones “pretunantescas”, es decir, poner en escena las últimas trovas o poesías, las nuevas canciones, los mejores brindis tabernarios, las mas pícaras jaculatorias, los más vistosos pasacalles y las últimas piruetas panderetísticas.
Desde aquí, el devenir de la Tuna corre vertiginoso con el siglo XX. Las Estudiantinas recorren el mundo entero, sobre todo hispanoamérica, en cuyos países se forman las primeras Tunas, al tiempo que se establece un riquísimo y recíproco intercambio de nuevas canciones, ritmos e instrumentos.
Hoy día podemos afirmar, que en la casi totalidad de los principales Centros Universitarios de Hispanoamérica, se han formado Tunas, que han heredado nuestra tradición estudiantil, y que periódicamente celebran igual que en España, intercambios y Certámenes Internacionales, junto con otras Estudiantinas que también se han ido creando en Portugal, Italia y Holanda.
En lo que se refiere a estos tres países europeos, hay que apuntar que sus formas de actuación excluyen el componente picaresco, tan propio de las Estudiantinas españolas. Mientras tanto, algunas Tunas hispanoamericanas han introducido en sus formaciones, a mujeres universitarias, lo que les ha dado pie a la inclusión en sus actuaciones de algunos números de coreografía.
En la actualidad, los medios de comunicación han contribuido a que la Tuna siga siendo una seña de identidad universitaria típicamente española, al tiempo que las más de 800 grabaciones discográficas, algunas de ellas de extraordinaria calidad musical, han servido para perpetuar su repertorio cancionístico.
Resulta alentador comprobar cómo la Tuna, hoy como hace ocho siglos, sigue sosteniéndose gracias al ingenio estudiantil, y en base a actuaciones en todo tipo de acontecimientos sociales, bodas, banquetes, conciertos, etc. Igualmente, es cada vez más significativa, la presencia de las Estudiantinas, en actos oficiales que cada curso académico celebran en su patria natural, la Universidad. Ello, es la mejor garantía de continuidad, en lo que constituye una de nuestras mejores y más vetustas tradiciones.
¡Aupa Tuna!.
Felix Martín Martínez
Antiguo Tuno
Oviedo – España
Agradecemos la gentileza de su autor por habernos obsequiado el
presente artículo que fuera publicado por la Revista del Folklore, Nº
203, Valladolid, 1997. Esta prestigiosa publicación es dirigida por
uno de los mas importantes folkloristas españoles, Joaquín Díaz, y es
editada por Obra Social y Cultural de Caja España.
El problema
Te pedimos que por favor nos ayudes a recoger firmas para declarar a la Tuna como patrimonio inmaterial de la Humanidad por la UNESCO.
La historia nos da la razón:
Desde ya hace unos siglos existen tradiciones que han sido reconocidas por la UNESCO como patrimonio inmaterial de la Humanidad, sírvase de ejemplo el flamenco, tradición musical de arte, estilo de música danza, como reconocimiento a su comunidad declarado hace unos años por la UNESCO como patrimonio inmaterial de la Humanidad, allá por noviembre del 2010.
Creemos que ahora es el momento para declarar también otra tradición como es la Tuna, puesto que su trayectoria musical, cultural, y mundial, encajan perfectamente dentro de los requisitos que la UNESCO pide para proceder a su reconocimiento de forma oficial. Los requisitos que la UNESCO pide para ellos son:
Culturales
I. representar una obra maestra del genio creativo humano, o
II. ser la manifestación de un intercambio considerable de valores humanos durante un determinado periodo o en un área cultural específica, en el desarrollo de la arquitectura, las artes monumentales, la planificación urbana o el diseño paisajístico, o
III. aportar un testimonio único o por lo menos excepcional de una tradición cultural o de una civilización que sigue viva o que desapareció, o
IV. ser un ejemplo sobresaliente de un tipo de edificio o de conjunto arquitectónico o tecnológico, o de paisaje que ilustre una etapa significativa o etapas significativas de la historia de la humanidad, o
V. constituir un ejemplo sobresaliente de hábitat o establecimiento humano tradicional o del uso de la tierra, que sea representativo de una cultura o de culturas, especialmente si se han vuelto vulnerable por efectos de cambios irreversibles, o
VI. estar asociados directamente o tangiblemente con acontecimientos o tradiciones vivas, con ideas o creencias, o con obras artísticas o literarias de significado universal excepcional (el Comité considera que este criterio sólo justifica la inscripción en la Lista en circunstancias excepcionales y en aplicación conjunta con otros criterios culturales o naturales).
Y se cumplen la mayoría de estos puntos.
La Tuna es una institución centenaria, que ya no solo es española como al principio de sus orígenes, sino que se ha extendido a lo largo y ancho de la geografía mundial, llegando desde Latino América hasta China (Tuna de Cantón), siendo adoptada esta tradición por las Universidades de muchos países, acogiéndola en su seno y haciéndola suya con justo derecho y reconocimiento, puesto que por tradición e historia les pertenece también.
Sus siglos de existencia están avalados por cientos de escritos, documentos, y demás material que ha perdurado a través de los siglos, haciendo de la Tuna, una tradición y a su vez una institución reconocida a nivel mundial.
Hoy día los Tunos que representan a cualquier Tuna en el mundo, son guardianes de una tradición, que no solo sigue viva, sino que además sigue en auge, y con orgullo la representan, llevando a muchísimos lugares, su música, alegría y jolgorio.
Nos conocen en muchas partes y nos valoran como tal, hasta tal punto que hay países como Perú, México, Colombia, Chile, Argentina, donde han hecho un fantástico aporte de valor añadido a esta fantástica tradición.
Es por ello que te pedimos que firmes la petición para que La Tuna sea declarada por la UNESCO, como patrimonio inmaterial de la Humanidad.
============================================================
Historia de la Tuna segun la Tuna de la UPV:
José Manuel Sendra Mengual "Cabezón" Tuna de Aparejadores de Valencia.
En el año 1.212, bajo el reinado de Alfonso VIII, se fundó en Palencia el primer "Studium generale", precedente de lo que más tarde serían las Universidades. A estos Estudios Generales y a los que sucesivamente se crearon, acudían jóvenes de toda condición entre los que surgieron los SOPISTAS, predecesores de los actuales tunos.
Los sopistas eran estudiantes pobres que con sus músicas, simpatía y picardías recorrían figones, conventos, calles y plazas a cambio de un plato de sopa (cosa que les otorgó el nombre) y de unas monedas que les ayudaban a costear sus estudios. Cuando anochecía y una vez sonaba la campana de queda o recogida, salían a rondar los balcones para enamorar a las féminas que pretendían. Recibían el nombre de sopistas porque de ellos se decía que vivían de la sopa boba; siempre iban provistos de cuchara y tenedor de madera, lo que les permitía comer en cualquier lugar donde se les presentaba la ocasión. Estos cubiertos de madera eran distintivo de los sopistas, siendo en la actualidad símbolo de todas las Tunas Universitarias.
Era esta la versión española de un fenómeno generalizado en toda Europa durante la Edad Media y que se conoció con el nombre de Goliardos, los cuales representaban la bohemia universitaria viviendo como juglares y trovadores.
La primera referencia escrita a los sopistas data del año 1.300 y apareció en el "Liber constitutionem" de la Universidad de Lérida, donde se prohibía las rondas nocturnas de los escolares y se condenaba a los rondadores a la pérdida de los instrumentos, pues rompían el silencio y descanso de la ciudad.
En 1.348, Alfonso X "El Sabio", se refiere a los sopistas en "Las Partidas", diciendo: "Esos escholares que troban y tañen instrumentos para haber mantenencia".
De la misma época es la obra "Razón de amor y denuestos del agua y el vino", cuyo autor se retrata en la introducción: "Un escolar la rimó, que siempre dueñas amó". Y en ella se alude a las cintas de amor que prenden sobre la capa del escolar, por una de las cuales una dama reconoce al protagonista en la oscuridad de la noche.
El Arcipreste de Hita compuso más de diez pliegos de cantares para "escolares que andan nocherniegos e para muchos otros por puertas andariegos", y en su "Libro del buen amor" hace referencia al carácter mendicante de estos estudiantes: "Señor dat a escolar que vos viene a demandar. Dat limosna o ración faré por vos oración".
Fué en el siglo XVI cuando se formaron las tunas tal y como hoy las conocemos. Los sopistas se acogieron a la "Instrucción para bachilleres de pupilos" dictada en 1.538, norma que ofrecía vivienda a los estudiantes que no podían costearla. En ellas no podían mezclarse estudios diferentes y eran dirigidas por los estudiantes más antiguos, a los que se llamaba "bachilleres de pupilos", pues además debían apoyar en sus estudios a los bobos o estudiantes nuevos. Estas casas eran, por sus características, habitadas mayoritariamente por sopistas, y nunca fueron ejemplo para el estudio serio, y así en el libro "La vida del Pícaro Guzmán de Alfarache" encontramos:
" . . . no querían ver libro, ni atender a lo que habían venido a la Universidad; jamás se les caían las guitarras de las manos, daban mucho entretenimiento, cantaban muy bueno sonetillos y siempre tenían de nuevos, y los sabían hacer muy bien y pasar el instrumento".
Así, los pupilos que querían formar parte de las camadas sopistas, se convertían en escuderos de estos a cambio de que les instruyeran en su arte, lo cual permitía a los sopistas llevar una vida similar a la de los estudiantes ricos. Los nuevos que esto decidían, debido a su inexperiencia, eran el centro de la broma en las correrías de sus maestros, pero una vez terminado el pupilaje, el nuevo era admitido como uno más, y así en el libro "Historia de la vida del Buscón" de Quevedo, se hace referencia a estas costumbres que todavía hoy perduran:
"Viva el compañero, y sea admitido en nuestra amistad; goce de las preeminencias de antiguo; pueda tener sarna, andar manchado y padecer el hambre que todos!".
Como muy bien expresa D. Emilio de la Cruz y Aguilar en sus "Chrónicas de la Tuna", "A pesar del paso y cambio de los tiempos, los tunos siguen siendo viva credencial de la juventud de siempre, los mismos antiguos juglares y trovadores escolares que siguen en el mester, los entrañables y nocherniegos universitarios que, desde hace muchos siglos, sucediéndose a sí mismos, recorren rondando el mundo, cultivan los instrumentos populares y practican un género de música entroncada directamente con las albadas medievales o los cantos escolares pobres, testificando así este fenómeno cultural único . . . "
Por último, recordar a Jiménez Catalán y Sinués y Urbiola, historiadores de la Universidad de Zaragoza, cuando decían que:
" . . . de estas comparsas de tunos y sopistas salieron hombres que gobernaron a España y ocuparon puestos preeminentes en las letras, la política y el foro".
José Manuel Sendra Mengual "Cabezón" Tuna de Aparejadores de Valencia
==========================================================
Historia de la Tuna según Tunaespaña:
Fragmento sacado de: tunaespaña.es:
Cuando a partir del primer tercio del siglo XIII, se abren en España las primeras Universidades, nuestro solar, ya había sido escenario de numerosas manifestaciones trovadorescas y juglarías, es decir, de actuaciones de lo que hoy llamaríamos cantautores e intérpretes, con formas y comportamientos que podríamos definir como “pretunantescas”, y que utilizaban la Música como sustento más o menos profesional, en base a su cualificación y reputación popular, cuando no, en función del reclamo de que eran objeto por parte de los señores acomodados, que los contrataban para sus diversiones, bailes, fiestas, etc., así como de “recaderos” de mensajeros de amor para sus damas.
Formadas nuestras Universidades, los estudiantes se verán en la necesidad de agruparse en pequeñas fraternidades, casi siempre en base a sus lugares de procedencia, lo que hoy llamaríamos “peñas”, para mejor defender sus derechos, así como para trasladarse, ya de sus casas a la Universidad y viceversa, ya para viajar en busca de nuevos Estudios o maestros, y las más de las veces, para renovar su algazara juvenil.
Precisamente, esta necesidad y/o vocación de estudiantes itinerantes, les obligará a ingeniárselas a la hora de sufragar lo costoso de su deambulatorio. Así, alrededor de unas guitarras, laúdes, flautas y panderetas, se forman las primeras Estudiantinas, con las que los escolares pagarán sus posadas, viandas, etc., a cambio de actuaciones en romerías, bodas, serenatas, pasacalles, etc.
dat al escolar
que os viene a demandar.
Dat limosna o ración,
e yo faré por vos oración…
La indumentaria raída, y su utillaje, ortera, cuchara y tenedor, les delataba como estudiantes de la Tuna.
A partir de aquí, y por si su condición de universitarios no implicaba en sí misma todo un privilegio social, añaden ahora sus otros fueros, que sólo la picardía estudiantil podía crear. El “grito de guerra”, era a su vez un seguro salvoconducto: “¡Favor a la Tuna!, ¡Favor al Rey!, ¡Viva la Universidad!”.
Esta era su carta de presentación en cualquier plaza pública donde ofrecían sus trovas o declamaciones, sus acrobacias o las canciones más populares de la comarca, a una población ávida de diversiones, que los acogía generosamente.
Pero la irrupción de las Estudiantinas, tendrá sobre todo en la noche, su más amplio escenario. La ronda o serenata, será la manifestación amorosa estudiantil por excelencia, y que secularizada de las canciones que los clérigos habían compuesto para la Virgen María reina de los cielos, será ahora el vehículo de comunicación entre la Estudiantina y el amor de la joven dama:
Salamanca parece, niña, tu calle,
porque siempre la llenan los estudiantes.
Y con la serenata nocturna, el pretexto para las correrías de la noche, la taberna, y las disputas demasiadas veces. Por ello, la Universidad dictará normas, tratando en vano de regular la nocturnidad estudiantil. El Concilio de Valladolid, estableció en 1228, severas prohibiciones para que los estudiantes “…no sean en compañas do estén joglares et trasnochadores, et que excusen de entrar en las tabernas…”. La Universidad de Lérida en 1300, intentará hacer lo mismo con la amenaza de la aprehensión de los instrumentos a los rondadores de la Estudiantina, y con la severa advertencia de la iglesia, no muy partidaria, a lo que se ve, del discurso nocturno-musical de los estudiantes.
Con todo, será precisamente el Arcipreste de Hita, Don Juan Ruiz (s. XIV), y aún a riesgo de su crédito personal ante el estamento eclesial, a quien debamos atribuir el ser lo que podríamos llamar el primer compositor de la Tuna:
“Fize algunos cantares de los que cantan ciegos,
e otros, para escolares que andan nocherniegos.
E para muchos otros por casas andariegos “.
Todavía en el siglo XVI, un 50% al menos de la población estudiantil, era de escasos recursos económicos, viéndose obligada unas veces, a ejercer de criados para los nobles, a dar lecciones, o divertir con música de Estudiantina. A la Tuna así pues, no sólo le cabe el honor de ser en parte la sustentadora de muchos estudiantes de Universidad en sus primeros siglos de andadura, sino también la mantenedora y transmisora de instrumentos tales como la bandurria o el laúd, sin cuya participación y también la de las Rondallas probablemente hubieran desaparecido.
La literatura española del Siglo de Oro, se ha encargado como nadie de reflejar en sus novelas, las andanzas picarescas de nuestras estudiantinas, en muchas obras salidas de la pluma de Cervantes, Lope, Quevedo, etc.
Precisamente a principios del siglo XVII, la Tuna muda de vestuario, que pasa de la sobriedad monocolor que hasta aquí había impuesto la iglesia, de la cual dependía, a las características coloristas y vistosísimas, propias del Barroco español, y que ha llegado hasta nosotros, no sin antes dejar por el camino, ¡que lástima!, parte de sus señas de identidad, tales como la hebilla de los zapatos, el chambergo o bicornio, y la cuchara y el tenedor, precisamente lo que hoy consideramos el emblema de la Tuna.
En cambio, incorpora a partir de ese momento la capa, y posteriormente las cintas bordadas en color, como recuerdo femenino, y al modo que los trovadores recibían las “señales” por parte de sus damas, y que generalmente se limitaban a pañuelos de seda.
Llevo diez cintas prendidas en mi capa de estudiante, diez ilusiones, diez sueños que van flotando en el aire.”
Por último, la beca o banda cruzada en el pecho y en donde el estudiante porta el escudo de su centro universitario, es un complemento de este siglo. Muchos escolares por último han incorporado recientemente en sus capas, los escudos de los países que han ido visitando.
La actividad tunantesca durante los siglos XVIII y XIX, ha quedado igualmente reflejada en numerosos sainetes, así como en revistas de estilo costumbrista, donde se recogen gran cantidad de actuaciones musicales estudiantiles, en fiestas populares, carnavales, bailes, etc., casi siempre recaudando en pro de alguna obra benéfica.
Así mismo, el pintoresquismo de las Estudiantinas españolas, será dibujado también, en las crónicas de muchos viajeros ilustres, que llegan a España alrededor del siglo XIX, tal y como hizo el barón de Davillier, en su “Viaje por España” (1862), con ilustraciones de Gustavo Doré, quien nos muestra a un grupo de tunos, viajando en compañía de unos arrieros, precisamente una de las formas preferidas por los estudiantes para trasladarse en sus salidas tunantescas.
Pero el final del siglo XIX, marcar también el principio de una nueva época para la Tuna. Su amplio escenario geográfico español, hasta entonces, ahora les resulta pequeño, alargando su deambulatorio hasta el país vecino, Francia, y eligiendo, claro, el más moderno medio de transporte de la época, el ferrocarril.
Quien tiene arte va por todas partes”
Ello supuso, que algunas crónicas reprobaran lo que se consideraba toda una ostentación estudiantil, en detrimento del romanticismo de antaño, a base de itinerarios a pie o “a guisa de apóstol”
En 1879, la revista “Almanaque de la Ilustración”, critica a la Tuna moderna, que considera una débil sombra de la antigua, que “en lugar de correr uno y otro pueblo de Castilla, a pie, siendo a la par embeleso y plaga de mesones y aldeas, han aprovechado el ferrocarril, y partido a largas distancias, viviendo en fondas a sus expensas nada menos en la capital de Francia…”.
A partir de 1939 y hasta 1975, la actividad tunantesca, al igual que la de otros colectivos corales, teatrales, o deportivos, dentro de la Universidad, será regulada por el Sindicato Español Universitario (SEU), que se encargará de poner en manos de las estudiantinas, toda la infraestructura organizativa necesaria, para dar continuación a esta tradición estudiantil. De esta forma, nacen sobre todo los Concursos o Certámenes de Tunas en las distintas sedes universitarias de España, y que no son sino, la rememoración de las antiguas concentraciones o reuniones de juglares, que ya tenían lugar en Fécamp (Normandía), en el año 1000, es decir, doscientos años antes ya, de la formación de nuestras primeras universidades en España, y cuyo objetivo un milenio más tarde, sigue siendo el mismo que el de aquellas manifestaciones “pretunantescas”, es decir, poner en escena las últimas trovas o poesías, las nuevas canciones, los mejores brindis tabernarios, las mas pícaras jaculatorias, los más vistosos pasacalles y las últimas piruetas panderetísticas.
Desde aquí, el devenir de la Tuna corre vertiginoso con el siglo XX. Las Estudiantinas recorren el mundo entero, sobre todo hispanoamérica, en cuyos países se forman las primeras Tunas, al tiempo que se establece un riquísimo y recíproco intercambio de nuevas canciones, ritmos e instrumentos.
Hoy día podemos afirmar, que en la casi totalidad de los principales Centros Universitarios de Hispanoamérica, se han formado Tunas, que han heredado nuestra tradición estudiantil, y que periódicamente celebran igual que en España, intercambios y Certámenes Internacionales, junto con otras Estudiantinas que también se han ido creando en Portugal, Italia y Holanda.
En lo que se refiere a estos tres países europeos, hay que apuntar que sus formas de actuación excluyen el componente picaresco, tan propio de las Estudiantinas españolas. Mientras tanto, algunas Tunas hispanoamericanas han introducido en sus formaciones, a mujeres universitarias, lo que les ha dado pie a la inclusión en sus actuaciones de algunos números de coreografía.
En la actualidad, los medios de comunicación han contribuido a que la Tuna siga siendo una seña de identidad universitaria típicamente española, al tiempo que las más de 800 grabaciones discográficas, algunas de ellas de extraordinaria calidad musical, han servido para perpetuar su repertorio cancionístico.
Resulta alentador comprobar cómo la Tuna, hoy como hace ocho siglos, sigue sosteniéndose gracias al ingenio estudiantil, y en base a actuaciones en todo tipo de acontecimientos sociales, bodas, banquetes, conciertos, etc. Igualmente, es cada vez más significativa, la presencia de las Estudiantinas, en actos oficiales que cada curso académico celebran en su patria natural, la Universidad. Ello, es la mejor garantía de continuidad, en lo que constituye una de nuestras mejores y más vetustas tradiciones.
¡Aupa Tuna!.
Felix Martín Martínez
Antiguo Tuno
Oviedo – España
Agradecemos la gentileza de su autor por habernos obsequiado el
presente artículo que fuera publicado por la Revista del Folklore, Nº
203, Valladolid, 1997. Esta prestigiosa publicación es dirigida por
uno de los mas importantes folkloristas españoles, Joaquín Díaz, y es
editada por Obra Social y Cultural de Caja España.
Petición cerrada
Comparte esta petición
Los destinatarios de la petición
Actualizaciones de la petición
Compartir esta petición
Petición creada en 10 de enero de 2017