Juan M. MolinaJaén, España
10 ene 2018
Ya hemos ido viendo la ambientación histórica, algo. Pero todo es mucho más fácil que la confluencia astral, de lagartos que devoran a los incautos jienenses que pasan por el arroyo de la Magdalena. Marroquíes Bajos se destruyó por un acuerdo de “damas y caballeros” en la configuración del PGOU de 1996. La UJA se calla y se le pone en bandeja para el recién creado Departamento de Arqueología para ellos solitos: el oppidum ibero de Puente Tablas. Así la pasta se la dedican a dos figuras el oppidum y el Cástulo. Y se permite a la buena voluntad y responsabilidad deontologica de los arquitectos, y promotores, el pagar a un arqueólogo que haga un informe que va a misa, para mandar inmediatamente a las máquinas destruir. El Ayuntamiento da licencias a tope y sin apenas inspeccionar las entregas de obra, y las que se inspeccionan pues como si nada. La Junta recaba los informes de los arqueólogos y los meten en una caja de CDs. Todo esto huele a un pacto calcopúnico. Calcopúnico sin defectos apreciables en aroma, y paladar.
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