Jan 9, 2018
El viejo refrán dice “el miedo guarda la viña”. Los sátrapas y demás tiranuelos manejan el miedo como elemento de control social. El miedo y la información son los dos elementos de control. Sobreinformación redundante, ocultar la información esencial, el silencio administrativo, llevar al aburrimiento al ciudadano. Y si se pone pesado: el miedo. Aquí en Jaén hay un ambiente de miedo al miedo. Que popularmente escenifican el la Leyenda del Lagarto de la Magdalena. Pero yendo al grano: la gente tiene un gran respeto a “exponerse”. La Diputación de Jaén llegó editar un libro sobre El miedo en Jaén, su autor de apellido Aponte aborda el fenómeno y aporta causas históricas. Tal es el miedo al miedo del personal de Jaén que en el libro citado evita mencionar los dramas más próximos: los de la guerra civil. Es más en el 80 aniversario de los hechos, las instituciones como Universidad, Ayuntamiento y Diputación ocultan los sucesos más infames de la guerra, e intentan taparlos de la memoria con otros. El miedo al miedo se plasma en la prensa escrita: - todos los diarios de papel escriben sobre los bombardeos de Jaén y los refugios contra ataques aéreos. - Sólo Diario Jaén publica sobre la salida de los trenes de la muerte, y en el día que salió el primero de los dos trenes. Hablar de los trenes de la muerte en Jaén es un tabú. En los pocos metros que van desde la catedral al Palacio del Capitán Quesada sucedieron hechos luctuosos y lamentables, propios de talibanes y yijadistas. Justo detrás del palacio episcopal y Ayuntamiento está la iglesia de la Merced, dos días después de la sublevación en Melilla se organizó una cacería al hombre en esa iglesia contra los misioneros claretianos, ante la mirada impávida de las dos figuras de soldados de la fachada del palacio del Capitán Quesada; paisanos organizados en una milicia política les dieron caza a palos, cuchilladas y escopezos. A uno hasta lo torearon a las puertas de la Diputación incándole un estoque. Eso sucedió en Jaén, ante los guardias de asalto, sin que la guardia civil ni municipal lo impidiera, ni levantasen atestados por crímenes. Es más la justicia cuando participó lo hizo para condenar a los que no mataron los que no fueron asesinados a trabajos forzados. Eso marca el ambiente, y vuelve a la gente loca. Pocos días después se convierte la Catedral en recinto carcelario, ya que la carcel recién inaugurada no daba cabida a tanto rehén como el poder local iba acumulando. Los días 10 y 11 de agosto las autoridades organizaron dos expediciones de rehenes custodiadas por guardia civil y carabineros con salida Estación de Jaén y destino la muerte; paradójicamente en el apeadero madrileño de Santa Catalina. Como si el destino les deparara la misma suerte que a la patrona de Jaén en un lugar de su misma invocación, las ejecuciones tumultuarias como espectáculo público. De vuelta a Jaén los guardias que acompañaron a los rehenes de los trenes, y supieron del trágico fin, deciden abandonar sus puestos con sus familias para concentrarse en el Cerro del Cabezo en Andújar. El Santuario de la Virgen de la Cabeza se convierte en otro episodio del absurdo, donde se luce el general Miaja con sus tropas y el apoyo de las Brigadas Internacionales. El asedio del lugar supuso una maniobra tan absurda como cruel y militarmente irrelevante para la misión del general Miaja: liberar Córdoba. Los trenes, los bombarderos, las sacas de rehenes para fusilarlos como represalia y el sitio del cabezo supusieron unos sucesos de tal crueldad que su pedagogía perdura en la psicología de las personas de esta Provincia. El miedo transferido de padres a hijos. Es la pedagogía del que abusa del poder. El miedo y las referencias indirectas al mismo.
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