

Primera Actualización Ciudadana 2026
Ojos en El Espino: cuando el capital avanza, la ciudadanía despierta
En El Salvador, los recursos naturales están siendo utilizados de forma creciente por el gran capital como plataformas de acumulación y no como bienes comunes que sostienen la vida. Bosques, ríos, zonas de recarga hídrica, montañas y costas se convierten en “espacios disponibles” para megaproyectos urbanísticos, turísticos o de infraestructura, aun cuando la evidencia científica demuestra que su destrucción incrementa los riesgos climáticos, sanitarios, sociales y económicos para toda la población.
En 2026, el país enfrentara una realidad innegable: inundaciones recurrentes, crisis hídrica, deterioro de la agricultura, abandono de productores y agricultoras, pérdida de biodiversidad y un aumento sostenido de la vulnerabilidad ambiental. A pesar de ello, se continúan promoviendo proyectos como el CIFCO en El Espino, urbanizaciones de alto impacto y nuevas infraestructuras en zonas que cumplen funciones ecológicas críticas para el Área Metropolitana de San Salvador y para el país entero. No existe desarrollo posible si se destruyen los sistemas que garantizan agua, clima estable, salud pública y protección ante desastres.
El Espino no es un lote: es un sistema vivo
El bosque El Espino cumple funciones vitales: regula temperatura, filtra y recarga agua, amortigua inundaciones, protege suelos, sostiene fauna y flora, y aporta bienestar físico y mental a millones de personas. Defenderlo no es oponerse al desarrollo: es exigir un desarrollo con responsabilidad, ciencia y visión de futuro. Los proyectos que hoy se nos presentan como “progreso” repiten un modelo que ya ha demostrado su fracaso: crecimiento económico concentrado, costos sociales y ambientales distribuidos entre las mayorías.
Resistencia ciudadana: creatividad, presencia y dignidad
Frente a este avance del capital sobre los bienes comunes, la ciudadanía ha respondido con organización pacífica, creatividad y vigilancia activa. La campaña Ojos en El Espino nació para documentar lo que ocurre en el territorio: fotografías, videos, mapas, sonidos y testimonios que desmienten discursos oficiales y dejan constancia del impacto real de las intervenciones.
En las últimas semanas hemos visto expresiones diversas y potentes de esta resistencia ciudadana:
La vigilia constante en Catedral, donde se recolectan firmas y se eleva una oración laica por la vida y el territorio.
La creación artística colectiva, como la pintura de pericos, catalnicas y chocollos, símbolos de la biodiversidad amenazada.
La rodada ciclista del domingo 4 de enero, donde personas que aman El Espino recorrieron la ciudad para recordar que sin bosques no hay futuro urbano posible.
Estas acciones no son aisladas: son la expresión de una ciudadanía que toma conciencia, que se informa y que se organiza.
Chinchín y el llamado al diálogo
Desde esta movilización surge también una voz simbólica que ha conectado con muchas personas: Chinchín, el mapache de El Espino, quien nos recuerda que quienes no tienen micrófono también tienen derecho a existir. A través de Chinchín, la ciudadanía ha hecho un llamado claro y respetuoso: queremos diálogo con quienes son responsables del ecocidio.
Invitamos públicamente al presidente Nayib Bukele a abrir un diálogo ambiental amplio, que incluya a la academia, organizaciones ambientalistas, defensoras de derechos humanos, comunidades, juventudes y ciudadanía organizada. Gobernar también es escuchar, corregir y actuar con base en la ciencia y el bien común. El daño ambiental que hoy se causa en El Espino y en otros territorios no es inevitable; detenerlo aún es posible.
No descansaremos en la denuncia
La historia reciente demuestra que cuando el capital avanza sin controles, quienes pagan el costo son siempre los mismos: las comunidades, las personas más empobrecidas, la naturaleza y las futuras generaciones. Por eso insistimos: los recursos naturales no son mercancía, son vida. No existe desarrollo sin su protección.
La petición ciudadana para defender El Espino continúa creciendo y seguirá actualizándose como plataforma de análisis, denuncia y articulación. Ojos en El Espino no es una campaña temporal: es una práctica permanente de vigilancia ciudadana.
Seguimos invitando a toda la población —sin distinción de clase, edad o ideología— a sumarse, a documentar, a crear, a cuidar y a exigir.
Porque no estamos defendiendo un lote.
Estamos defendiendo un sistema que protege agua, clima, salud, bienestar y la posibilidad misma de seguir viviendo en este país.
El diálogo nos fortalece.
La ciudadanía está despierta
#ElSalvador
#ElEspinoVive #SomosElEspino
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