

POR UNAS AULAS DIGNAS, SEGURAS Y SALUDABLES FRENTE A LAS ALTAS TEMPERATURAS
El problema
MANIFIESTO POR UNAS AULAS DIGNAS, SEGURAS Y SALUDABLES FRENTE A LAS ALTAS TEMPERATURAS
Si bien está iniciativa nace desde el AFA del CEIP Tomé Cano, desde distintas Asociaciones de padres, madres y familias de alumnado de centros escolares públicos de Santa Cruz de Tenerife queremos manifestar nuestra profunda preocupación y nuestro rechazo ante las condiciones de altas temperaturas que, de manera habitual, soportan el alumnado y el personal que desarrolla su actividad diaria en nuestro centro educativo.
Muchos de los centros de nuestro ámbito presentan importantes deficiencias estructurales, entre ellas graves carencias relacionadas con el aislamiento térmico. Esta situación provoca que, durante los periodos de altas temperaturas, las aulas y otros espacios del centro alcancen condiciones que generan un importante malestar y dificultan el normal desarrollo de la actividad educativa y laboral.
El calor no es una simple incomodidad.
La exposición prolongada a altas temperaturas provoca fatiga, somnolencia y dificultades para mantener la atención y la concentración. Son numerosos los estudios que demuestran que unas condiciones térmicas inadecuadas afectan al rendimiento y a la capacidad de aprendizaje. Además, la población infantil es especialmente sensible a los efectos del calor y presenta una mayor vulnerabilidad ante la deshidratación y otros problemas derivados de las altas temperaturas.
Esta situación adquiere una dimensión todavía más preocupante para el alumnado con Trastorno del Espectro del Autismo (TEA).
El alumnado con TEA puede presentar una especial sensibilidad ante determinados estímulos y cambios en las condiciones ambientales. El estrés térmico y el exceso de calor pueden incrementar el malestar, la sobrecarga sensorial y las dificultades de regulación, afectando a su bienestar y a su capacidad para participar en las actividades escolares en condiciones adecuadas.
Por ello, garantizar unas condiciones térmicas adecuadas en las aulas no es únicamente una cuestión de comodidad. Es también una cuestión de inclusión, de atención a la diversidad y de igualdad de oportunidades.
La escuela debe ser un lugar seguro, saludable y adecuado para el aprendizaje. Sin embargo, la realidad que vive nuestro centro dista mucho de ese objetivo.
Adicionalmente, algunos colegios carecen de puntos de agua accesibles para el consumo del alumnado, encontrándose todavía a la espera de la instalación de las fuentes necesarias. Esta circunstancia resulta especialmente preocupante en un contexto de altas temperaturas, en el que la correcta hidratación es fundamental para prevenir los efectos del calor.
Mientras esperamos soluciones estructurales, desde algunos centros se solicita a las familias que envíen a sus hijos e hijas con una mayor cantidad de agua y se plantea la posibilidad de que el alumnado lleve ventiladores de mano o de mesa, abanicos u otros elementos similares.
Entendemos y valoramos los esfuerzos realizados por el equipo educativo para hacer frente a una situación para la que, en realidad, no debería tener que buscar soluciones improvisadas.
Pero debemos decirlo claramente:
No es responsabilidad de las familias solucionar un problema estructural de las instalaciones de un centro público. Y, desde luego, permitir que cada niño o niña lleve su propio ventilador no puede convertirse en la respuesta de las administraciones ante unas aulas que alcanzan temperaturas insoportables.
Esta medida puede generar, además, un evidente agravio comparativo entre las familias en función de sus recursos económicos. No todas las familias tienen las mismas posibilidades de adquirir ventiladores u otros dispositivos para que sus hijos e hijas puedan combatir el calor durante la jornada escolar.
La calidad y las condiciones de la educación pública no pueden depender de la capacidad económica de cada familia.
Pero, además, la presencia de ventiladores individuales en las aulas puede generar nuevas dificultades: distracciones durante las clases, conflictos entre el alumnado, problemas derivados de su uso, así como posibles roturas, pérdidas o extravíos.
No podemos trasladar al alumnado y al profesorado la responsabilidad de gestionar en el aula las consecuencias de unas instalaciones que no reúnen las condiciones adecuadas.
Un ventilador en la mochila de cada niño no es un sistema de climatización.
Un abanico no es una política pública.
Mandar más agua desde casa no sustituye la obligación de garantizar el acceso al agua potable en un centro educativo.
La situación actual nos obliga también a realizar una reflexión que consideramos imprescindible:
¿Alguien aceptaría trabajar diariamente en un edificio público sin unas condiciones adecuadas frente al calor?
¿Aceptaríamos que funcionarios y funcionarias desarrollaran su jornada laboral sudando, abanicándose constantemente o dependiendo de que cada trabajador llevara desde su casa un ventilador para poder desempeñar su trabajo? ¿Alguien puede imaginar una oficina pública en la que los responsables políticos tuvieran que asistir a reuniones soportando temperaturas excesivas, con un abanico en una mano y una botella de agua en la otra para poder continuar trabajando? Probablemente, la respuesta es no. Y, sin embargo, parece que hemos normalizado esta situación cuando quienes la sufren son niños y niñas.
¿Hasta cuándo vamos a aceptar que el alumnado sea tratado como una población de categoría simplemente porque no tiene derecho a voto? Nuestros niños y niñas son ciudadanos y ciudadanas con derechos.
Tienen derecho a una educación pública de calidad, pero también tienen derecho a recibir esa educación en condiciones dignas, seguras y saludables.
No podemos exigirles que se concentren, aprendan y rindan al máximo mientras soportan temperaturas que afectan a su bienestar físico y a su capacidad de atención.
No podemos hablar de calidad educativa mientras ignoramos las condiciones materiales en las que se desarrolla la educación.
No podemos pedir a las familias que aporten soluciones individuales a problemas que requieren una respuesta colectiva y pública.
Y no podemos seguir esperando indefinidamente. El estrés climático no es una situación circunstancial, es algo que ha llegado para quedarse y que va a empeorar.
Por todo ello, desde las AFA/AMPA EXIGIMOS a las administraciones públicas competentes una actuación urgente y decidida que permita garantizar unas condiciones térmicas adecuadas en nuestro centro.
Solicitamos:
La instalación de un sistema de climatización adecuado a las características y necesidades del edificio, que permita reducir de manera efectiva las temperaturas en las aulas y demás espacios del centro.
La instalación urgente de fuentes y puntos de agua potable, garantizando que el alumnado pueda hidratarse adecuadamente durante toda la jornada escolar.
La adopción de medidas estructurales destinadas a mejorar el aislamiento térmico del edificio, especialmente teniendo en cuenta la antigüedad del centro y sus deficiencias.La puesta en marcha de soluciones duraderas y eficaces, evitando trasladar a las familias la responsabilidad de compensar las deficiencias de las instalaciones públicas.
Un compromiso concreto, con plazos y actuaciones definidas, que permita a la comunidad educativa conocer cuándo y cómo se dará respuesta a esta situación.
No estamos solicitando un privilegio.
No estamos reclamando un lujo.
Estamos exigiendo unas condiciones mínimas de dignidad, salud y seguridad.
La educación pública debe ser un espacio de igualdad. Por eso, las condiciones básicas para aprender no pueden depender de lo que cada familia pueda comprar y llevar desde casa.
Nuestros hijos e hijas no pueden esperar.
El calor ya está en las aulas.
La falta de aislamiento ya afecta al bienestar de quienes utilizan el edificio.
La necesidad de agua potable es una realidad.
Las soluciones provisionales no pueden seguir sustituyendo a las soluciones definitivas.
Nuestros niños y niñas no son ciudadanos de segunda.
Aunque no voten, tienen derechos.
Aunque no puedan exigir responsabilidades en las urnas, las personas adultas y las instituciones tenemos la obligación de protegerlos.
Por su salud. Por su bienestar.
Por su derecho a aprender en condiciones dignas.
Por una educación pública que cuide realmente de quienes son su razón de ser.
QUEREMOS SOLUCIONES.
QUEREMOS AULAS SALUDABLES.
QUEREMOS UN COLEGIO DIGNO.
Porque nuestros niños y niñas no pueden seguir esperando a que el calor deje de ser un problema para convertirse, por fin, en una prioridad pública

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El problema
MANIFIESTO POR UNAS AULAS DIGNAS, SEGURAS Y SALUDABLES FRENTE A LAS ALTAS TEMPERATURAS
Si bien está iniciativa nace desde el AFA del CEIP Tomé Cano, desde distintas Asociaciones de padres, madres y familias de alumnado de centros escolares públicos de Santa Cruz de Tenerife queremos manifestar nuestra profunda preocupación y nuestro rechazo ante las condiciones de altas temperaturas que, de manera habitual, soportan el alumnado y el personal que desarrolla su actividad diaria en nuestro centro educativo.
Muchos de los centros de nuestro ámbito presentan importantes deficiencias estructurales, entre ellas graves carencias relacionadas con el aislamiento térmico. Esta situación provoca que, durante los periodos de altas temperaturas, las aulas y otros espacios del centro alcancen condiciones que generan un importante malestar y dificultan el normal desarrollo de la actividad educativa y laboral.
El calor no es una simple incomodidad.
La exposición prolongada a altas temperaturas provoca fatiga, somnolencia y dificultades para mantener la atención y la concentración. Son numerosos los estudios que demuestran que unas condiciones térmicas inadecuadas afectan al rendimiento y a la capacidad de aprendizaje. Además, la población infantil es especialmente sensible a los efectos del calor y presenta una mayor vulnerabilidad ante la deshidratación y otros problemas derivados de las altas temperaturas.
Esta situación adquiere una dimensión todavía más preocupante para el alumnado con Trastorno del Espectro del Autismo (TEA).
El alumnado con TEA puede presentar una especial sensibilidad ante determinados estímulos y cambios en las condiciones ambientales. El estrés térmico y el exceso de calor pueden incrementar el malestar, la sobrecarga sensorial y las dificultades de regulación, afectando a su bienestar y a su capacidad para participar en las actividades escolares en condiciones adecuadas.
Por ello, garantizar unas condiciones térmicas adecuadas en las aulas no es únicamente una cuestión de comodidad. Es también una cuestión de inclusión, de atención a la diversidad y de igualdad de oportunidades.
La escuela debe ser un lugar seguro, saludable y adecuado para el aprendizaje. Sin embargo, la realidad que vive nuestro centro dista mucho de ese objetivo.
Adicionalmente, algunos colegios carecen de puntos de agua accesibles para el consumo del alumnado, encontrándose todavía a la espera de la instalación de las fuentes necesarias. Esta circunstancia resulta especialmente preocupante en un contexto de altas temperaturas, en el que la correcta hidratación es fundamental para prevenir los efectos del calor.
Mientras esperamos soluciones estructurales, desde algunos centros se solicita a las familias que envíen a sus hijos e hijas con una mayor cantidad de agua y se plantea la posibilidad de que el alumnado lleve ventiladores de mano o de mesa, abanicos u otros elementos similares.
Entendemos y valoramos los esfuerzos realizados por el equipo educativo para hacer frente a una situación para la que, en realidad, no debería tener que buscar soluciones improvisadas.
Pero debemos decirlo claramente:
No es responsabilidad de las familias solucionar un problema estructural de las instalaciones de un centro público. Y, desde luego, permitir que cada niño o niña lleve su propio ventilador no puede convertirse en la respuesta de las administraciones ante unas aulas que alcanzan temperaturas insoportables.
Esta medida puede generar, además, un evidente agravio comparativo entre las familias en función de sus recursos económicos. No todas las familias tienen las mismas posibilidades de adquirir ventiladores u otros dispositivos para que sus hijos e hijas puedan combatir el calor durante la jornada escolar.
La calidad y las condiciones de la educación pública no pueden depender de la capacidad económica de cada familia.
Pero, además, la presencia de ventiladores individuales en las aulas puede generar nuevas dificultades: distracciones durante las clases, conflictos entre el alumnado, problemas derivados de su uso, así como posibles roturas, pérdidas o extravíos.
No podemos trasladar al alumnado y al profesorado la responsabilidad de gestionar en el aula las consecuencias de unas instalaciones que no reúnen las condiciones adecuadas.
Un ventilador en la mochila de cada niño no es un sistema de climatización.
Un abanico no es una política pública.
Mandar más agua desde casa no sustituye la obligación de garantizar el acceso al agua potable en un centro educativo.
La situación actual nos obliga también a realizar una reflexión que consideramos imprescindible:
¿Alguien aceptaría trabajar diariamente en un edificio público sin unas condiciones adecuadas frente al calor?
¿Aceptaríamos que funcionarios y funcionarias desarrollaran su jornada laboral sudando, abanicándose constantemente o dependiendo de que cada trabajador llevara desde su casa un ventilador para poder desempeñar su trabajo? ¿Alguien puede imaginar una oficina pública en la que los responsables políticos tuvieran que asistir a reuniones soportando temperaturas excesivas, con un abanico en una mano y una botella de agua en la otra para poder continuar trabajando? Probablemente, la respuesta es no. Y, sin embargo, parece que hemos normalizado esta situación cuando quienes la sufren son niños y niñas.
¿Hasta cuándo vamos a aceptar que el alumnado sea tratado como una población de categoría simplemente porque no tiene derecho a voto? Nuestros niños y niñas son ciudadanos y ciudadanas con derechos.
Tienen derecho a una educación pública de calidad, pero también tienen derecho a recibir esa educación en condiciones dignas, seguras y saludables.
No podemos exigirles que se concentren, aprendan y rindan al máximo mientras soportan temperaturas que afectan a su bienestar físico y a su capacidad de atención.
No podemos hablar de calidad educativa mientras ignoramos las condiciones materiales en las que se desarrolla la educación.
No podemos pedir a las familias que aporten soluciones individuales a problemas que requieren una respuesta colectiva y pública.
Y no podemos seguir esperando indefinidamente. El estrés climático no es una situación circunstancial, es algo que ha llegado para quedarse y que va a empeorar.
Por todo ello, desde las AFA/AMPA EXIGIMOS a las administraciones públicas competentes una actuación urgente y decidida que permita garantizar unas condiciones térmicas adecuadas en nuestro centro.
Solicitamos:
La instalación de un sistema de climatización adecuado a las características y necesidades del edificio, que permita reducir de manera efectiva las temperaturas en las aulas y demás espacios del centro.
La instalación urgente de fuentes y puntos de agua potable, garantizando que el alumnado pueda hidratarse adecuadamente durante toda la jornada escolar.
La adopción de medidas estructurales destinadas a mejorar el aislamiento térmico del edificio, especialmente teniendo en cuenta la antigüedad del centro y sus deficiencias.La puesta en marcha de soluciones duraderas y eficaces, evitando trasladar a las familias la responsabilidad de compensar las deficiencias de las instalaciones públicas.
Un compromiso concreto, con plazos y actuaciones definidas, que permita a la comunidad educativa conocer cuándo y cómo se dará respuesta a esta situación.
No estamos solicitando un privilegio.
No estamos reclamando un lujo.
Estamos exigiendo unas condiciones mínimas de dignidad, salud y seguridad.
La educación pública debe ser un espacio de igualdad. Por eso, las condiciones básicas para aprender no pueden depender de lo que cada familia pueda comprar y llevar desde casa.
Nuestros hijos e hijas no pueden esperar.
El calor ya está en las aulas.
La falta de aislamiento ya afecta al bienestar de quienes utilizan el edificio.
La necesidad de agua potable es una realidad.
Las soluciones provisionales no pueden seguir sustituyendo a las soluciones definitivas.
Nuestros niños y niñas no son ciudadanos de segunda.
Aunque no voten, tienen derechos.
Aunque no puedan exigir responsabilidades en las urnas, las personas adultas y las instituciones tenemos la obligación de protegerlos.
Por su salud. Por su bienestar.
Por su derecho a aprender en condiciones dignas.
Por una educación pública que cuide realmente de quienes son su razón de ser.
QUEREMOS SOLUCIONES.
QUEREMOS AULAS SALUDABLES.
QUEREMOS UN COLEGIO DIGNO.
Porque nuestros niños y niñas no pueden seguir esperando a que el calor deje de ser un problema para convertirse, por fin, en una prioridad pública

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Petición creada en 16 de septiembre de 2026
