Apertura de Escuelas en Argentina

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Carta al Sr. Presidente de la República Argentina:  

Soy madre. Y hoy leí con profunda desazón el mensaje que nuestro Intendente del Municipio de San Isidro compartió, en su cuenta de Instagram, sobre el regreso de las clases presenciales en el municipio.   

La Dirección General de Cultura y Educación del Gobierno de la Provincia de Buenos Aires respondió que las clases presenciales sólo podrán volver cuando el nivel de transmisión comunitaria del virus COVID-19 sea bajo o nulo.  

Sr. Presidente, soy madre y desde chica me enseñaron a empezar por uno.  Por su familia. Por su comunidad.  Por eso apoyé la petición de padres solicitando se trabaje en un protocolo que permita el regreso, desde la responsabilidad que a todos nos cabe, de las clases presenciales en mi localidad.  Entenderá la frustración que la respuesta brindada genera. Una respuesta sin planes de acción a la vista.  Una respuesta que no sólo no responde a nuestros -legítimos – pedidos, sino que no plantea ni contempla, siquiera mínimamente, acciones concretas, plazos, alternativas ni mitigantes para proteger un derecho fundamental, básico y universal.  

Sé que Ud. sabe Sr. Presidente que la Educación es un derecho, como lo es la salud. No son conceptos independientes, sino hasta le diría, complementarios.  Y ontológicamente se encuentran a un mismo nivel.  Y la autoridad para decidir que uno prevalece sobre el otro, con todo el respeto que su investidura merece, no le corresponde. Le corresponde entender la realidad y plantear acciones factibles y razonables que otorguen a las comunidades un equilibrio en la consecución de los fines primarios de un Estado. Y la Educación, Sr. Presidente, es uno de ellos.    

Las escuelas brindan no sólo conocimientos académicos, brindan contención, estabilidad, apoyo emocional, sociabilización, aúnan caminos, gestionan cambios, forman Sr. Presidente, en el sentido más amplio de la palabra. Claro que no exclusivamente ni desconectados de los demás grupos formativos de un ser humano, pero son un nexo fundamental entre todos ellos, único e irremplazable.  Y también irrenunciable.    

Creo no necesitar citar estudios académicos que dan cuenta de cómo la educación virtual está fracasando. Y esto asumiendo, en el mejor de los casos, que uno tiene los recursos que lo habilitan a participar activamente de la misma. Sr. Presidente, no me escapa, y sé que no le escapa a Ud., la amplísima brecha digital que enfrentamos, que sólo refleja la enorme brecha cultural y socio-económica que nuestro país sufre.  Sr. Presidente, ¿entiende Ud. que al no abrir las escuelas, la mayor parte de los niños de nuestro país no están recibiendo ningún tipo de educación formal?   

Y esto sin considerar otras aristas, no menores pero que exceden esta carta, por ejemplo, en lo que se refiere al impacto que la ausencia de las escuelas ha generado en el ámbito laboral de los padres o en las secuelas en la salud mental y emocional del grupo familiar.  

Sr. Presidente, que quede claro, le hablo desde una posición de extremo privilegio.  De contar con posibilidades y recursos que me permiten sobrellevar esta crisis de mejor manera que la mayor parte de mis conciudadanos.  Pero señor Presidente, también me enseñaron que uno es parte de un todo y es esta posición de privilegio la que me permite dirigirme a Ud. en estos términos.  Pidiendo por mis hijos y por todos los demás.   

También quiero que sepa que soy el resultado de una plena educación pública, que defiendo y reivindico y que me obliga, desde el mayor sentido de mi responsabilidad social y ciudadana, a hacerle este pedido.  

Día a día leemos sobre la categorización de servicios considerados esenciales, sobre propuestas para aperturas, bajo estrictos protocolos, de un sinnúmero de actividades. Todos pedidos válidos.  Sr. Presidente, ¿y la educación?  ¿No es acaso un servicio esencial? ¿No debiera considerarse prioritario también, realizar, a lo menos, un análisis exhaustivo sobre las consecuencias y el impacto que el cierre de las escuelas está generando?   

Sr. Presidente, reconozco los enormes desafíos que enfrenta en su afán de coordinar políticas, alinear posiciones y dar batalla a esta crisis sanitaria mundial.  Pero la respuesta de la Dirección General de Cultura y Educación del Gobierno de la Provincia de Buenos Aires al pedido de apertura de las escuelas, no es suficiente. No es razonable. No es una respuesta a la altura de las circunstancias. Se nos debe otra respuesta, adecuada e inmediata, que dé cuenta de esta otra emergencia general que atravesamos, la educativa.  

Y se lo digo hoy, como madre, deseosa de poder dejar a mis hijos lo mismo que mis padres me legaron a mí, como mi mayor recurso en la vida: mi educación.    

 Gracias, 

Con copia al Sr. Gobernador de la Provincia de Buenos Aires Axel Kicillof  

Mariel Alcoba