Manifiesto: Defendamos la Plaza del Arroyo

El problema

Manifiesto ciudadano por la defensa de la Plaza del Arroyo y el Palacio de Bertemati
Jerez guarda, en el corazón de su casco histórico, un espacio de excepcional valor simbólico y arquitectónico: la Plaza del Arroyo, presidida por uno de los edificios más representativos del barroco andaluz del siglo XVIII, el Palacio del Marqués de Bertemati.
En las últimas semanas, hemos conocido con sorpresa y profunda inquietud el proyecto de
instalación de una columna de hormigón de doce metros de altura, coronada por una imagen de la Virgen Inmaculada de más de tres metros, justo frente a la fachada principal del Palacio Bertemati.
Una intervención de esta magnitud no puede ni debe pasar inadvertida. No solo por su escala —desproporcionada respecto al entorno—, sino por el modo en que amenaza con alterar de forma irreversible el equilibrio visual y patrimonial de uno de los conjuntos más valiosos del centro histórico de Jerez.
No se trata aquí de un debate sobre símbolos o creencias. No es esa la cuestión. Lo que está en juego es el derecho de la ciudadanía a conservar intacta la estructura formal y simbólica de un espacio público que forma parte del legado compartido de toda la población de jerez. Un legado que ha sobrevivido al paso del tiempo, y que merece ser protegido de decisiones apresuradas o
intervenciones que, aun bienintencionadas, puedan causar un daño irreparable.
La Plaza del Arroyo fue diseñada para abrirse hacia sus elementos patrimoniales: la Catedral, el Palacio Bertemati y otros inmuebles nobles que definen su carácter. La propuesta de elevar una escultura de 15 metros justo en el centro de esta composición atenta contra esa lógica espacial. La nueva estructura no se integraría en el conjunto: lo dominaría, lo ocultaría, lo desbordaría.
El Palacio de Bertemati, declarado Bien de Interés Cultural, no es un fondo neutro sobre el que insertar cualquier tipo de monumento. Su valor reside, precisamente, en su relación con el espacio que lo rodea: una plaza contenida, sobria y monumental en su justa medida. Introducir un elemento vertical de gran escala en ese entorno no solo distorsiona la lectura histórica del
conjunto, sino que resta protagonismo a un edificio cuya arquitectura barroca ha sido testigo de la evolución urbana de Jerez durante más de dos siglos.
Además, nos preocupa el hecho de que esta decisión se haya tomado sin un debate público transparente ni un proceso de consulta ciudadana. El espacio público no es un lienzo en blanco.
Pertenece a toda la ciudadanía, y su transformación exige escucha, diálogo y conocimiento técnico. No basta con la voluntad devota o la buena fe institucional: hacen falta criterios urbanísticos, patrimoniales y culturales que velen por la integridad del conjunto urbano.
Por todo ello, quienes hemos promovido este manifiesto —ciudadanía, profesionales del patrimonio y la investigación, organizaciones sociales, etc.— solicitamos la paralización inmediata del proyecto, y exigimos la apertura de un proceso de reflexión colectiva sobre el uso y la intervención en los
espacios históricos de Jerez. No negamos la posibilidad de rendir homenaje a símbolos religiosos si así lo desea la comunidad, pero reclamamos que ello se haga con rigor, con sensibilidad y, sobre todo, sin sacrificar la armonía de un espacio que forma parte esencial del alma de la ciudad.
Jerez necesita mirar al futuro sin traicionar su pasado. Y eso pasa, necesariamente, por defender con firmeza y sentido común cada palmo de su patrimonio histórico.

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El problema

Manifiesto ciudadano por la defensa de la Plaza del Arroyo y el Palacio de Bertemati
Jerez guarda, en el corazón de su casco histórico, un espacio de excepcional valor simbólico y arquitectónico: la Plaza del Arroyo, presidida por uno de los edificios más representativos del barroco andaluz del siglo XVIII, el Palacio del Marqués de Bertemati.
En las últimas semanas, hemos conocido con sorpresa y profunda inquietud el proyecto de
instalación de una columna de hormigón de doce metros de altura, coronada por una imagen de la Virgen Inmaculada de más de tres metros, justo frente a la fachada principal del Palacio Bertemati.
Una intervención de esta magnitud no puede ni debe pasar inadvertida. No solo por su escala —desproporcionada respecto al entorno—, sino por el modo en que amenaza con alterar de forma irreversible el equilibrio visual y patrimonial de uno de los conjuntos más valiosos del centro histórico de Jerez.
No se trata aquí de un debate sobre símbolos o creencias. No es esa la cuestión. Lo que está en juego es el derecho de la ciudadanía a conservar intacta la estructura formal y simbólica de un espacio público que forma parte del legado compartido de toda la población de jerez. Un legado que ha sobrevivido al paso del tiempo, y que merece ser protegido de decisiones apresuradas o
intervenciones que, aun bienintencionadas, puedan causar un daño irreparable.
La Plaza del Arroyo fue diseñada para abrirse hacia sus elementos patrimoniales: la Catedral, el Palacio Bertemati y otros inmuebles nobles que definen su carácter. La propuesta de elevar una escultura de 15 metros justo en el centro de esta composición atenta contra esa lógica espacial. La nueva estructura no se integraría en el conjunto: lo dominaría, lo ocultaría, lo desbordaría.
El Palacio de Bertemati, declarado Bien de Interés Cultural, no es un fondo neutro sobre el que insertar cualquier tipo de monumento. Su valor reside, precisamente, en su relación con el espacio que lo rodea: una plaza contenida, sobria y monumental en su justa medida. Introducir un elemento vertical de gran escala en ese entorno no solo distorsiona la lectura histórica del
conjunto, sino que resta protagonismo a un edificio cuya arquitectura barroca ha sido testigo de la evolución urbana de Jerez durante más de dos siglos.
Además, nos preocupa el hecho de que esta decisión se haya tomado sin un debate público transparente ni un proceso de consulta ciudadana. El espacio público no es un lienzo en blanco.
Pertenece a toda la ciudadanía, y su transformación exige escucha, diálogo y conocimiento técnico. No basta con la voluntad devota o la buena fe institucional: hacen falta criterios urbanísticos, patrimoniales y culturales que velen por la integridad del conjunto urbano.
Por todo ello, quienes hemos promovido este manifiesto —ciudadanía, profesionales del patrimonio y la investigación, organizaciones sociales, etc.— solicitamos la paralización inmediata del proyecto, y exigimos la apertura de un proceso de reflexión colectiva sobre el uso y la intervención en los
espacios históricos de Jerez. No negamos la posibilidad de rendir homenaje a símbolos religiosos si así lo desea la comunidad, pero reclamamos que ello se haga con rigor, con sensibilidad y, sobre todo, sin sacrificar la armonía de un espacio que forma parte esencial del alma de la ciudad.
Jerez necesita mirar al futuro sin traicionar su pasado. Y eso pasa, necesariamente, por defender con firmeza y sentido común cada palmo de su patrimonio histórico.

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Petición creada en 7 de agosto de 2025