LLAMADO POR UCRANIA

LLAMADO POR UCRANIA

La causa

Llamado por Ucrania

1. Ningún país, sociedad, cultura, comunidad debe ser considerado como “zona de seguridad” o “de influencia” por otro. Todos son y deben ser vistos como organismos vivos, autónomos, libres, con múltiples y diversas razones de ser, muy propias.

El mundo no debe transformarse en el tablero de ajedrez de las superpotencias: ni China, ni Rusia, ni Estados Unidos, ni Europa, ni Japón, etcétera, deben extralimitarse, por más poder económico, militar, político, que hayan acumulado.

2. En estos 10 días de brutal invasión de Rusia a Ucrania nos ha quedado claro que no se trata de una “expedición punitiva” o de una “invasión” convencional.

Es otra cosa y algo más.

La intensidad, la escala, la aparente falta de lógica en ciertos aspectos nos ha convencido a muchos de nosotros de que nos encontramos, quizá, en el umbral de una nueva era histórica.

3. Estos 10 días se han roto muchos tabúes.

El de la guerra nuclear (con el que dio inicio el mundo contemporáneo, tras los bombardeos atómicos de Hiroshima y Nagasaki en 1945): el 27 de febrero Putin puso en alerta máxima sus misiles nucleares y la noche del 2 al 3 de marzo abrió fuego sobre la Planta Nuclear de Zaporizhya (la más grande de Europa). La alarma mundial, en los gobiernos y en la sociedad es mayúscula.

El de una III Guerra Mundial; hoy, sábado 5 de marzo Putin declaró que las sanciones internacionales aplicadas a Rusia por la invasión de Ucrania serán tomadas como “una declaración de guerra”. Lo que, desde luego, internacionaliza la guerra.

El de la Carta de las Naciones Unidas, en vigor desde 1945.

El del Derecho internacional, quebrantado cínica, provocadoramente ante los ojos del mundo entero.

El de las leyes de la guerra; es decir el Derecho internacional humanitario: estos días Rusia ha empleado armamento prohibido, ha bombardeado indiscriminadamente zonas habitacionales civiles, ha disparado contra la población civil, entre otras atrocidades denunciadas ante la Corte internacional de La Haya por más de una treintena de países y que podrían calificarse como Lesa humanidad.

El de la ONU, que se ha visto incapaz, ya no digamos de detener, interponerse, sino siquiera mitigar esta salvaje guerra, a pesar de que su Asamblea General haya votado el miércoles 2 de marzo una Resolución de condena a la invasión rusa de Ucrania y que haya “demandado” el retiro “inmediato y sin condiciones” de sus tropas (141 votos a favor, 5 en contra y 35 abstenciones)… la Resolución no tiene un carácter vinculante…  y de que su Consejo de Seguridad se haya reunido de emergencia (un recurso excepcional que sólo se ha usado 10 veces en la historia de la organización) el viernes 5 de marzo y votado una Resolución de condena a la invasión Rusa a Ucrania (11 de los 15 miembros votaron a favor, hubo 3 abstenciones: China, India, Emiratos Árabes… ¡y el veto de Rusia! (Al que tiene “derecho”).

El de cierto “equilibrio” entre China, Rusia, Estados Unidos y Europa.

4. Por otro lado, el papel que ha jugado Estados Unidos en el mundo desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, en 1945 y sobre todo a la caída del Muro de Berlín, en 1989, parece decaer.

La lucha contra el Estado Islámico (2014-2016), la presidencia de Trump (2017-2021), el asalto al Capitolio el 6 de enero de 2021 y la retirada del ejército norteamericano de Afganistán en agosto de 2021 (ahora librada al Talibán) serían algunos de los mayores signos, recientes, de ese declive, que precipitaría la ruptura del equilibrio planetario basado en la disuasión.

5. Y por último, el caos climático y la pandemia de Covid-19, desde principios de 2020, han fragilizado a la promesa de un confort consumista que el mundo contemporáneo venía ofreciendo desde los años 1950 y a la noción de futuro, de seguridad, de certidumbre.

Han puesto al desnudo la vulnerabilidad e irracionalidad de ese mundo.

Han mostrado otro ángulo de las limitaciones de los tratados y organismos internacionales.

Han advertido los riesgos para la seguridad de los Estados de la dependencia de mercados y cadenas de producción internacionales, así como de la reducción de la participación pública en salud, educación, energía y otros campos, lo que parecería indicar el fin de cierta globalización y liberalización.

Además, la pandemia podría haber dejado la impresión, en algunos, de que los Estados autoritarios son más “eficaces”.

6. El arrasamiento, el genocidio de Ucrania (a la que Putin cínicamente llamó “país hermano”) ocurre ante los ojos del mundo entero, que lo sigue en tiempo real…

… y bajo la mirada complaciente de China (Jinping le habría sugerido a Putin que esperara a que terminaran los Juegos olímpicos de invierno 2022 en Beijing, para invadir Ucrania).

7. Nos queda claro que, de no actuar, de no movilizarnos, ya estamos con un pie en una nueva era de barbarie, abismal, de guerra (generalizada o focalizada, sin ley); del imperio de la fuerza bruta, sin contrapesos; de colisión de grandes saurios, de un bárbaro juego de intereses geopolíticos, de sometimiento del resto de los países “soberanos”…

Se dirá que es una fruta que cae de madura… Que es algo que ya hemos visto en Irak, Afganistán, Siria… Y hace tiempo, en América Central, en Vietnam… Sí, sin duda son antecedentes (que en su momento nos han movilizado)… Pero no queremos ver definitivamente esa fruta por tierra…

Quizá nos queden unos minutos, antes de que el planeta entero sea un campo de batalla… antes de que tengamos que movernos en un campo militar.

Ese futuro es lo que también está en juego en la invasión rusa de Ucrania.

8. Además, desde luego, de los valores humanitarios, del brutal, injusto dolor infligido a la población civil y que nos devasta; de lo injustificado de la invasión.

Ucrania no forma parte ni de la OTAN ni de la Unión Europea ni es un país dominado por “neonazis” y “drogadictos” ni Lenin inventó a Ucrania (es un sinsentido: Ucrania lucha por su libertad al menos desde el siglo XVIII, en contra de Catalina la grande… más bien, Lenin reconoció su especificidad) ni provocó, de ninguna forma, a Rusia.

Nada amenazaba a la “seguridad nacional” de Rusia (concepto que recuerda a las dictaduras del Cono Sur en los años 1970).

Su único desafío fue su apego a la soberanía, a la democracia, a la libertad (conquistadas por movilizaciones muy amplias en 1991 y 2013-2014) y su rechazo al sometimiento a Rusia (como en los tiempos de la URSS); algo que conocen y recuerdan bien.

Un apego y un rechazo que tantos de nosotros entendemos y compartimos en el mundo de los que hablamos español y portugués… ¡nos las hemos visto con otras potencias!

9. Esta guerra, esta invasión de Ucrania (el uso de estas palabras por medios nacionales e internacionales, de acuerdo con la enmienda aprobada por la Duma, el Parlamento ruso, el 5 de marzo, puede costar 15 años de cárcel en Rusia) nada tiene que ver con el socialismo ni con la izquierda ni con las luchas sociales…

Desde hace décadas, la Rusia de Putin está librada a un capitalismo salvaje, de extracción, depredador; a una oligarquía voraz, brutal, mafiosa; a un gobierno policiaco-militar; a una autarquía vitalicia.

Más bien, la invasión de Ucrania tiene que ver con una ideología “euroasiasista”, antieuropea, anti-Occidental, de extrema derecha, supremacista de la Gran Rusia, militarista, imperialista, adversa a las libertades y los Derechos humanos.

De acuerdo con esta ideología y con Putin, Europa y Occidente en general están acabados y Rusia debe deshacerse de ellos para iniciar su avance estratégico por Eurasia, hacia el este.

Es decir, el blanco último es China.

Y Ucrania, la puerta de Eurasia… Y el fin de Europa.

Colisión de dinosaurios.

10. Desde muchos horizontes ideológicos, anarquistas y zapatistas, por un lado, pasando por social-demócratas, defensores de Derechos humanos, católicos y cristianos de tantas iglesias, judíos y fieles de otras confesiones, hasta partidos y movimientos conservadores y de derecha, por el otro lado, se han alzado voces para detener esta invasión.

(No tan curiosamente, la extrema derecha, Trump en Estados Unidos, Bolsonaro en Brasil, Orbán en Hungría y otros, han justificado y respaldado a Putin: autoritarios y chauvinistas, al fin).

La movilización contra la invasión de Ucrania debe estar por encima de estas diferencias.

11. Nos resistimos a creer que estemos entrando a una era de barbarie, de oscuridad… y extinción.

12. El mundo no debe dejar sola a Ucrania.

13. En particular, en América Latina, el Caribe, Portugal y España, donde hemos padecido tantos agravios durante las crueles luchas de la Guerra fría, desde Franco y Salazar, en los años 1930, que fueron respaldados por Estados Unidos e Inglaterra contra la URSS, seguidos por los innumerables golpes de Estado en América Latina, desde los de Centroamérica, también en los años 1930 hasta el de Bolivia en 2019, pasando por las atroces guerras de Centroamérica en los 1980 y el respaldo a la autocracia de Fujimori en Perú en los 1990, entre tantos otros…

… en nombre de la indignación que nos ha movilizado ante todo eso…

14. … y más, en nombre de la voluntad de convertir al planeta en un paraíso compartido con igualdad, solidaridad, libertad entre nosotros y entre los seres vivos y los seres, tal cual…

15. … hacemos un llamado a que las sociedades civiles y los gobiernos de México, América Latina, Caribe, Portugal y España refuercen las condenas y sanciones a Rusia por la invasión de Ucrania y apoyen por todos los medios posibles a la resistencia de la Ucrania soberana, democrática y unida…

… ninguna súper-potencia debe extralimitarse…

La fuerza no debe prevalecer… sino la paz y la dignidad…

Debemos reinventar la soberanía en el siglo XXI.

No necesitamos alinearnos con ninguna súper-potencia para defender nuestras soberanías. Debemos reconstruir a los organismos internacionales…

Nada de esto se nos va a regalar… Ahora mismo debemos movilizarnos cientos de miles, millones para impulsar ese cambio.

Ucrania es un llamado a despertar.

16. Quienes estén de acuerdo con este llamado, que surge de las sociedades civiles… de casos de conciencia… y que ya hemos firmado cientos de personas, por favor suscríbanlo para darlo a conocer próximamente a la opinión pública en lengua española y portuguesa.

Ciudad de México, a 5 de marzo de 2022.

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La causa

Llamado por Ucrania

1. Ningún país, sociedad, cultura, comunidad debe ser considerado como “zona de seguridad” o “de influencia” por otro. Todos son y deben ser vistos como organismos vivos, autónomos, libres, con múltiples y diversas razones de ser, muy propias.

El mundo no debe transformarse en el tablero de ajedrez de las superpotencias: ni China, ni Rusia, ni Estados Unidos, ni Europa, ni Japón, etcétera, deben extralimitarse, por más poder económico, militar, político, que hayan acumulado.

2. En estos 10 días de brutal invasión de Rusia a Ucrania nos ha quedado claro que no se trata de una “expedición punitiva” o de una “invasión” convencional.

Es otra cosa y algo más.

La intensidad, la escala, la aparente falta de lógica en ciertos aspectos nos ha convencido a muchos de nosotros de que nos encontramos, quizá, en el umbral de una nueva era histórica.

3. Estos 10 días se han roto muchos tabúes.

El de la guerra nuclear (con el que dio inicio el mundo contemporáneo, tras los bombardeos atómicos de Hiroshima y Nagasaki en 1945): el 27 de febrero Putin puso en alerta máxima sus misiles nucleares y la noche del 2 al 3 de marzo abrió fuego sobre la Planta Nuclear de Zaporizhya (la más grande de Europa). La alarma mundial, en los gobiernos y en la sociedad es mayúscula.

El de una III Guerra Mundial; hoy, sábado 5 de marzo Putin declaró que las sanciones internacionales aplicadas a Rusia por la invasión de Ucrania serán tomadas como “una declaración de guerra”. Lo que, desde luego, internacionaliza la guerra.

El de la Carta de las Naciones Unidas, en vigor desde 1945.

El del Derecho internacional, quebrantado cínica, provocadoramente ante los ojos del mundo entero.

El de las leyes de la guerra; es decir el Derecho internacional humanitario: estos días Rusia ha empleado armamento prohibido, ha bombardeado indiscriminadamente zonas habitacionales civiles, ha disparado contra la población civil, entre otras atrocidades denunciadas ante la Corte internacional de La Haya por más de una treintena de países y que podrían calificarse como Lesa humanidad.

El de la ONU, que se ha visto incapaz, ya no digamos de detener, interponerse, sino siquiera mitigar esta salvaje guerra, a pesar de que su Asamblea General haya votado el miércoles 2 de marzo una Resolución de condena a la invasión rusa de Ucrania y que haya “demandado” el retiro “inmediato y sin condiciones” de sus tropas (141 votos a favor, 5 en contra y 35 abstenciones)… la Resolución no tiene un carácter vinculante…  y de que su Consejo de Seguridad se haya reunido de emergencia (un recurso excepcional que sólo se ha usado 10 veces en la historia de la organización) el viernes 5 de marzo y votado una Resolución de condena a la invasión Rusa a Ucrania (11 de los 15 miembros votaron a favor, hubo 3 abstenciones: China, India, Emiratos Árabes… ¡y el veto de Rusia! (Al que tiene “derecho”).

El de cierto “equilibrio” entre China, Rusia, Estados Unidos y Europa.

4. Por otro lado, el papel que ha jugado Estados Unidos en el mundo desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, en 1945 y sobre todo a la caída del Muro de Berlín, en 1989, parece decaer.

La lucha contra el Estado Islámico (2014-2016), la presidencia de Trump (2017-2021), el asalto al Capitolio el 6 de enero de 2021 y la retirada del ejército norteamericano de Afganistán en agosto de 2021 (ahora librada al Talibán) serían algunos de los mayores signos, recientes, de ese declive, que precipitaría la ruptura del equilibrio planetario basado en la disuasión.

5. Y por último, el caos climático y la pandemia de Covid-19, desde principios de 2020, han fragilizado a la promesa de un confort consumista que el mundo contemporáneo venía ofreciendo desde los años 1950 y a la noción de futuro, de seguridad, de certidumbre.

Han puesto al desnudo la vulnerabilidad e irracionalidad de ese mundo.

Han mostrado otro ángulo de las limitaciones de los tratados y organismos internacionales.

Han advertido los riesgos para la seguridad de los Estados de la dependencia de mercados y cadenas de producción internacionales, así como de la reducción de la participación pública en salud, educación, energía y otros campos, lo que parecería indicar el fin de cierta globalización y liberalización.

Además, la pandemia podría haber dejado la impresión, en algunos, de que los Estados autoritarios son más “eficaces”.

6. El arrasamiento, el genocidio de Ucrania (a la que Putin cínicamente llamó “país hermano”) ocurre ante los ojos del mundo entero, que lo sigue en tiempo real…

… y bajo la mirada complaciente de China (Jinping le habría sugerido a Putin que esperara a que terminaran los Juegos olímpicos de invierno 2022 en Beijing, para invadir Ucrania).

7. Nos queda claro que, de no actuar, de no movilizarnos, ya estamos con un pie en una nueva era de barbarie, abismal, de guerra (generalizada o focalizada, sin ley); del imperio de la fuerza bruta, sin contrapesos; de colisión de grandes saurios, de un bárbaro juego de intereses geopolíticos, de sometimiento del resto de los países “soberanos”…

Se dirá que es una fruta que cae de madura… Que es algo que ya hemos visto en Irak, Afganistán, Siria… Y hace tiempo, en América Central, en Vietnam… Sí, sin duda son antecedentes (que en su momento nos han movilizado)… Pero no queremos ver definitivamente esa fruta por tierra…

Quizá nos queden unos minutos, antes de que el planeta entero sea un campo de batalla… antes de que tengamos que movernos en un campo militar.

Ese futuro es lo que también está en juego en la invasión rusa de Ucrania.

8. Además, desde luego, de los valores humanitarios, del brutal, injusto dolor infligido a la población civil y que nos devasta; de lo injustificado de la invasión.

Ucrania no forma parte ni de la OTAN ni de la Unión Europea ni es un país dominado por “neonazis” y “drogadictos” ni Lenin inventó a Ucrania (es un sinsentido: Ucrania lucha por su libertad al menos desde el siglo XVIII, en contra de Catalina la grande… más bien, Lenin reconoció su especificidad) ni provocó, de ninguna forma, a Rusia.

Nada amenazaba a la “seguridad nacional” de Rusia (concepto que recuerda a las dictaduras del Cono Sur en los años 1970).

Su único desafío fue su apego a la soberanía, a la democracia, a la libertad (conquistadas por movilizaciones muy amplias en 1991 y 2013-2014) y su rechazo al sometimiento a Rusia (como en los tiempos de la URSS); algo que conocen y recuerdan bien.

Un apego y un rechazo que tantos de nosotros entendemos y compartimos en el mundo de los que hablamos español y portugués… ¡nos las hemos visto con otras potencias!

9. Esta guerra, esta invasión de Ucrania (el uso de estas palabras por medios nacionales e internacionales, de acuerdo con la enmienda aprobada por la Duma, el Parlamento ruso, el 5 de marzo, puede costar 15 años de cárcel en Rusia) nada tiene que ver con el socialismo ni con la izquierda ni con las luchas sociales…

Desde hace décadas, la Rusia de Putin está librada a un capitalismo salvaje, de extracción, depredador; a una oligarquía voraz, brutal, mafiosa; a un gobierno policiaco-militar; a una autarquía vitalicia.

Más bien, la invasión de Ucrania tiene que ver con una ideología “euroasiasista”, antieuropea, anti-Occidental, de extrema derecha, supremacista de la Gran Rusia, militarista, imperialista, adversa a las libertades y los Derechos humanos.

De acuerdo con esta ideología y con Putin, Europa y Occidente en general están acabados y Rusia debe deshacerse de ellos para iniciar su avance estratégico por Eurasia, hacia el este.

Es decir, el blanco último es China.

Y Ucrania, la puerta de Eurasia… Y el fin de Europa.

Colisión de dinosaurios.

10. Desde muchos horizontes ideológicos, anarquistas y zapatistas, por un lado, pasando por social-demócratas, defensores de Derechos humanos, católicos y cristianos de tantas iglesias, judíos y fieles de otras confesiones, hasta partidos y movimientos conservadores y de derecha, por el otro lado, se han alzado voces para detener esta invasión.

(No tan curiosamente, la extrema derecha, Trump en Estados Unidos, Bolsonaro en Brasil, Orbán en Hungría y otros, han justificado y respaldado a Putin: autoritarios y chauvinistas, al fin).

La movilización contra la invasión de Ucrania debe estar por encima de estas diferencias.

11. Nos resistimos a creer que estemos entrando a una era de barbarie, de oscuridad… y extinción.

12. El mundo no debe dejar sola a Ucrania.

13. En particular, en América Latina, el Caribe, Portugal y España, donde hemos padecido tantos agravios durante las crueles luchas de la Guerra fría, desde Franco y Salazar, en los años 1930, que fueron respaldados por Estados Unidos e Inglaterra contra la URSS, seguidos por los innumerables golpes de Estado en América Latina, desde los de Centroamérica, también en los años 1930 hasta el de Bolivia en 2019, pasando por las atroces guerras de Centroamérica en los 1980 y el respaldo a la autocracia de Fujimori en Perú en los 1990, entre tantos otros…

… en nombre de la indignación que nos ha movilizado ante todo eso…

14. … y más, en nombre de la voluntad de convertir al planeta en un paraíso compartido con igualdad, solidaridad, libertad entre nosotros y entre los seres vivos y los seres, tal cual…

15. … hacemos un llamado a que las sociedades civiles y los gobiernos de México, América Latina, Caribe, Portugal y España refuercen las condenas y sanciones a Rusia por la invasión de Ucrania y apoyen por todos los medios posibles a la resistencia de la Ucrania soberana, democrática y unida…

… ninguna súper-potencia debe extralimitarse…

La fuerza no debe prevalecer… sino la paz y la dignidad…

Debemos reinventar la soberanía en el siglo XXI.

No necesitamos alinearnos con ninguna súper-potencia para defender nuestras soberanías. Debemos reconstruir a los organismos internacionales…

Nada de esto se nos va a regalar… Ahora mismo debemos movilizarnos cientos de miles, millones para impulsar ese cambio.

Ucrania es un llamado a despertar.

16. Quienes estén de acuerdo con este llamado, que surge de las sociedades civiles… de casos de conciencia… y que ya hemos firmado cientos de personas, por favor suscríbanlo para darlo a conocer próximamente a la opinión pública en lengua española y portuguesa.

Ciudad de México, a 5 de marzo de 2022.

Los tomadores de decisiones

SOCIEDAD CIVIL Y GOBIERNOS DE AMÉRICA LATINA, CARIBE, PORTUGAL Y ESPAÑA.
SOCIEDAD CIVIL Y GOBIERNOS DE AMÉRICA LATINA, CARIBE, PORTUGAL Y ESPAÑA.

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Petición creada en 28 de febrero de 2022