Reconocer la Medicina Familiar (APS), como recurso fundamental en la pandemia COVID-19

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Petición:

Los profesionales de los países iberoamericanos que aquí consignamos nuestras firmas, demandamos:

  • Que las actividades del primer nivel, Salud Pública y Atención Primaria sea mejor valorada y fortalecida.
  • Que se aseguren mínimos sanitarios, determinantes sociales de la salud adecuados, datos abiertos de la pandemia y un ambiente de confianza de los ciudadanos en sus líderes.
  • Que los cuidados y protección del personal de salud del primer nivel sean garantizados.
  • Que las funciones de la Medicina Familiar dentro del sistema de salud sean reconocidas como un recurso fundamental para hacer frente a la pandemia del COVID-19.

https://cutt.ly/syT6l5T (DOI: 10.13140/RG.2.2.21504.87045)

El 19 de mayo de cada año se conmemora el día de la Medicina Familiar. Somos una especialidad adaptándose a los tiempos nuevos de crisis, asumiendo los nuevos desafíos y los anteriores que traíamos también.


 Definición. – El médico familiar es un profesional, especialista en el cuidado integral de pacientes, familias y comunidades. Tiene habilidades clínicas para garantizar la atención sistémica de los procesos salud-enfermedad de todos y cada uno de los individuos de la familia a lo largo de sus vidas. Sus conocimientos multidisciplinarios le facilitan trabajar en equipo y desarrollar relaciones efectivas con los pacientes y sus entornos. Su formación reflexiva, se basa en la excelencia profesional, equilibrando el altruismo, el sentido social y el humanismo. Su enfoque le permite brindar diagnóstico y tratamiento a las patologías más prevalentes, así como mantener actividades de prevención-promoción para brindar bienestar, calidad y seguridad en cada una de sus intervenciones. La Medicina Familiar es la especialidad que ayuda a que se cumpla la estrategia de Atención Primaria de Salud.

¿Por qué es importante el rol del médico familiar en el COVID-19? 

La pandemia ha colocado nuevamente a la Medicina Familiar en la primera línea de defensa y contacto de los sistemas sanitarios independientemente de su enfoque. Somos parte de ese grupo selecto, pero invisible de trabajadores del equipo multidisciplinario del primer nivel.

Desde el inicio de la pandemia nos adaptamos a las nuevas circunstancias pese al abandono de las autoridades. Hemos vencido la incertidumbre desde nuestras propias trincheras, aprendimos a caminar a la deriva, forjamos nuestro propio camino en la ausencia de lineamientos COVID, ya que sólo existen para el nivel hospitalario.

Cada día identificamos, diagnosticamos, aislamos y hacemos seguimiento de muchos más casos COVID-19 que los que se atienden en hospitalización y cuidados intensivos; sin descuidar las demás patologías existentes.

Cuando los pacientes retornan de la hospitalización, nosotros los vigilamos, y velamos por su completa curación y rehabilitación de ser necesaria. Consensuamos las mejores decisiones de su tratamiento.

Atendemos desde los distintos contextos que conforman una comunidad. Acortamos las brechas culturales y económicas de la accesibilidad a los servicios de salud. Mantenemos el abordaje biológico, psicosocial a pesar de la ansiedad que puede generar la situación actual.

Aprendimos a reforzar la comunicación no verbal y la clínica, a añorar el examen físico y aplazar el apretón de manos. A través de las cámaras o el teléfono, estamos reinventando las maneras de mantener la relación de confianza, calidez y empatía con nuestros pacientes.

Brindamos apoyo social, psicológico y hasta espiritual cuando la situación lo amerita. Sabemos que el reto actual no es tratar el virus (aún no hay un medicamento específico), no pretendemos salvar vidas, queremos prevenir que se pongan en peligro.

Como especialidad pluripotencial nos podemos adaptar a múltiples contextos COVID: ambulatorio, hospitalización en casa, vigilancia en unidades móviles o espacios sanitarios expandidos, cuidados paliativos y demás, con el fin de evitar la saturación de los servicios de segundo y tercer nivel.

Conocemos a nuestros pacientes en sus contextos, identificamos focos de población vulnerable, en entornos rurales y remotos. Abordamos los problemas mentales y tensiones emocionales de nuestras comunidades.

Podemos gestionar redes de apoyo comunitario para fortalecer la participación ciudadana, disminuir el estigma social de la enfermedad y luchar contra la desigualdad (migración, género, orientación sexual, bajo nivel socioeconómico, edad, discapacidad, minorías étnicas o religiosas).

Movimiento Waynakay (Confederación Iberoamericana de Medicina Familiar)