Firma contra la otra pandemia: LA SOLEDAD. ¡Que vuelvan los voluntarios a los hospitales!

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Tomás tiene 72 años y un cáncer, está ingresado y por el COVID apenas recibe visitas. Le encanta hablar y le aterra la soledad. Cada día se le hace interminable y eso le genera ansiedad. Como ve muy poco, apenas puede leer. Le gustaría que alguien le leyese algún libro, pero su familia casi no puede acompañarle y a los voluntarios ya no les dejan pasar al hospital...

Margarita (64 años) también tiene cáncer y también está ingresada en un hospital. Ha tenido una recaída y le han visto metástasis. Antes solía jugar a las cartas en la residencia y charlar con las compañeras, pero ahora se siente sola. Le encanta el aire puro, pero le cuesta mucho caminar. Antes los voluntarios cogían una silla de ruedas y le ayudaban a dar un paseo por el jardín… pero ya no hay voluntarios en el hospital.

Me llamo César, conozco tanto a Margarita como a Tomás y he empezado esta campaña para ayudarles. A ellos y a cientos de pacientes más que nos necesitan. Fírmala aquí, por favor.

En marzo de este año la Comunidad de Madrid decidió prohibir la entrada de voluntarios en los hospitales de Madrid. Fue una medida de carácter preventivo debido al COVID. Y tenía sentido, eran demasiadas cosas nuevas que no se podían controlar. Pero de aquello ha pasado ya medio año y esta carencia en los hospitales no puede prolongarse más tiempo. Sé por experiencia que muchos pacientes necesitan más que nunca el acompañamiento que los voluntarios les ofrecen en el hospital.

Por favor, pídele a la Comunidad de Madrid que vuelva el voluntariado a los hospitales. Con todas las medidas de seguridad, por supuesto. Pero que vuelvan. Llevo 20 años acompañando a personas en cuidados paliativos y hace mucho que coordino un equipo de voluntarios. Y sé de sobra lo esencial que es este servicio para cientos de pacientes. Especialmente en tiempo de pandemia, donde se agrava la soledad.

Debido a la situación actual, las visitas de familiares están muy restringidas. Además, no olvidemos que muchos familiares son tan mayores como los pacientes a los que acompañan y que también son personas dependientes. Y lo que es aún peor: muchas personas ingresadas no tienen ninguna familia, algunos de ellos porque desgraciadamente acaban de perder la que tenían a causa del COVID.

Muchos enfermos viven llenos de tristeza, depresión e impotencia fruto del aislamiento necesario y de la ausencia de familiares de referencia. La presencia consoladora y los gestos de confort son fundamentales para el progreso clínico de muchos pacientes: desde que alguien te corte el pelo o las uñas para verte mejor hasta que te limpien esa legaña tan molesta, pasando por tener más de 10 minutos de conversación.

La mayoría de las enfermeras y los enfermeros son excelentes profesionales, y su labor en este sentido es imprescindible, pero no dan abasto, ahora especialmente. Y cuando ellos no pueden hacerlo, ¿quién se ocupa de esa parte emocional? La que no está reglada ni es puramente clínica. La de ayudarte a peinarte cuando te pesa horrores el peine o la de cogerte la mano para contener. La de facilitar un final con sentido a los enfermos incurables… ¿quién? No nos olvidemos de ellos, por favor.

Los profesionales clínicos se han venido apoyando en el voluntariado para tareas de acompañamiento y pequeñas gestiones. Devolvamos este apoyo a los centros, por favor. En nuestros hospitales hay muchos pacientes que se sienten solos y llenos de incertidumbre. Es urgente que atajemos la pandemia paralela: LA SOLEDAD.

Firma y comparte mi petición, por favor. ¡Que vuelvan los voluntarios a los hospitales!

[Los nombres de Tomás y de Margarita son ficticios, sus historias no]