que se prohiban las corridas de toros

El problema

Me llamo Jaime González Lóbez, soy español, y creo sinceramente que deben abolirse las corridas de toros.

No pongo en duda su base histórica y artística, la plasticidad de la fiesta, el innegable valor de los toreros, el hecho de que sea una antigua tradición, etc., etc., pero, con todo y con eso, creo que deben desaparecer las corridas de toros, porque no dejan de ser espectáculos comerciales y de tortura gratuita organizados contra un animal, pueda éste defenderse o no. Y puesto que en el 99 % de los casos el que muere tras la lidia es el toro -en número de seis por corrida-, entiendo que está en clara desventaja, o sea, concluyo que no se puede defender.

Salvo en el caso de los mansos, los animales tarados y los escasísimos indultos, cada toro muere con un mínimo de 5 heridas diferentes (puya, banderillas, estoque y puntilla) que se le han ido infligiendo a lo largo del cuarto de hora que dura su lidia, aproximadamente. Y eso en el mejor de los casos, porque es habitual que se repita la suerte de varas, la de banderillas, y, si el espada es un poco chapucero, aparte de sus propios pinchazos dirigidos en principio a provocar la muerte del animal, tendremos los del descabello. Pero nada, según los protaurinos eso el animal no lo siente, qué va… Lo que es cierto es que la insensibilidad sólo le llega con la muerte, que no se produce hasta que se le secciona al animal el bulbo raquídeo, o sea, la puntilla. Lo último. Y, que yo sepa, ninguno de los que han herido durante todo este proceso es veterinario ni matarife. Eso se llama tortura en cualquier parte. Y es tortura mucho antes de llegar a los avisos.

Contra los argumentos de los ganaderos, toreros y promotores de que si no existiera la fiesta la raza del toro bravo desaparecería, yo digo que si no ha de existir, pues que no exista, lo siento mucho. Y por favor, no tengan el cinismo de llamarme insensible: Muchas especies autóctonas, osos, lobos y linces entre otras, están desapareciendo y nadie mueve un puto dedo por ellas, y mucho menos los taurinos. Si tanto quieren conservar al toro bravo, bien pueden hacerlo sin matarlo, digo yo: en vez de pagar por ver cómo lo torturan y lo matan en una plaza, que paguen por verlo vivito y coleando en Ríoleón, pongo por ejemplo. O en sus dehesas de toda la vida, en su medio natural. Igual que los leones o las jirafas. Yo estoy dispuesto a pagar más impuestos por eso antes que, por ejemplo, enviar tropas españolas a cualquier país en guerra. Que quieren que les diga…

Por mí, perfecto que el toro sea el símbolo turístico o cultural de mi país... Lo que no admito en absoluto es que se le torture para regocijo de unos y negocio de otros. Me parece repugnante. Y todo esto en mi nombre. Yo soy músico, y me da vergüenza que se me incluya en el mismo apartado fiscal que el de los toreros. Mi humilde arte, perdónenme ustedes, no tiene nada que ver con el suyo.
En lo que se refiere a la belleza y plasticidad de la fiesta, a mí me parece fantástica, pero sólo en el primer tercio, el del capote que, puestos a ser generoso, hasta lo admitiría, porque en él las dos partes están más o menos en igualdad de condiciones, y al toro no se le hiere. No puedo negar la indudable belleza del lance y el valor de un torero de recibir con un capote a puerta gayola a un animal de 500 kilos o más, en plena forma física, y lanzado a la carrera. Hasta ahí, perfecto. Puede que el toro hasta se lo pase bien. Pero en el momento en el que aparece el picador y el banderillero, ahí se acabó la plasticidad, la belleza y la igualdad de condiciones. Ya se juega sucio, es como atar a un perro para poderlo apalear sin peligro. Porque la pica, que termina en una pirámide triangular de acero cortante y punzante, (sic) según el articulo 64 del reglamento taurino, y que penetra unos siete centímetros hasta el tope, es clavada en el morrillo de un animal por un picador de por lo menos 80 Kg. de peso, por favor, no me vengan con que no duele, si está diseñada para romper parte de la fibra muscular y debilitar la fuerza del cuello del toro en la embestida, con el objeto de que no pueda elevar la cabeza en exceso: que no tire derrotes, como dicen los taurinos. Y no la puede levantar porque hay menoscabo físico, dolor, hay una herida que sangra. De hecho la normativa taurina, siempre “atenta” al bienestar del animal, prohíbe barrenar, es decir, girar la pica dentro del músculo del toro… todo un detalle…
Este ataque en desigualdad le suele dejar tan dolorido y desmoralizado, que podría ocurrir que dejara de embestir. Eso, claro, arruinaría el negocio. No hay pelea si uno no quiere. Y por eso existen las banderillas… (Articulo 63): Las banderillas están para que el toro, una vez escarmentado del castigo (le llaman así los entendidos) de la suerte de varas, se vuelva loco cuando los arpones (4 de los 6 cm. del acero visible) de las banderillas clavadas se le revuelvan bajo la piel al moverse. Lo habéis visto intentar en vano desprendérselas... De esta manera, se le espolea por medio del dolor para que embista, aunque ya no tenga fuerza. Dicho de otra forma, es como si a un boxeador le machacaran primero los hombros a golpes o a cuchilladas para que no pudiera dar puñetazos con fuerza, y después le fueran clavando agujas para obligarle a golpear, quisiera o no. Puñetazos a cámara lenta a causa del dolor causado por la lesión. Desventaja total, tongo total. Todo muy plástico, eso sí, enfocado al espectáculo y al negocio. Y no voy a entrar en el mundo del afeitado. No me hace falta: La nobleza, perdónenme, señores, es sólo del toro. Aunque no embista. Y si no, un repaso al vocabulario taurino:
-el engaño, o sea la capa o el capote.
-el burladero, tablazón que protege del ataque del toro.
-acoso y derribo: tanteo que se hace de los posibles jóvenes toros bravos en el campo, persiguiéndolos y derribándolos a caballo con una pértiga.
-el matador, o el espada, encargado de la faena o lidia del toro.
-el arrastre, grupo de mulas que retiran al toro muerto de la plaza una vez acabada la faena.
-el castigo, la puya o las banderillas.
-los arpones, las banderillas.
-el arte de matar, estoque o espada.
-el rejón de muerte, en la lidia a caballo o rejoneo, rejón de hoja muy larga que se clava verticalmente para matar al toro desde el caballo.
-las banderillas de castigo (de arpón más largo), sin comentarios.
-buscar las tablas (el toro, que agoniza) y que busca apoyo en el ruedo para no doblar(caer).
-doblar, se refiere a las rodillas antes de rendirse a la muerte.

Sin comentarios…

Volviendo a éste, y a la lidia: si añadimos a lo anterior la pérdida de sangre que le va debilitando, nos encontramos con un animal bien distinto del que salía minutos antes de toriles: ahora está asustado, mucho más que cuando llegó; está dolorido, debilitado y furioso. Hay una merma muy importante de peso, tanto por la pérdida de sangre como por la deshidratación debida al estrés y al ejercicio, que le ha disparado la adrenalina. Yo he visto caer un toro fulminado por un infarto en medio de la arena. Dicen que se les hace sangrar precisamente para evitarlo. Mentira: ¿a cuántos de los que han sufrido un amago de infarto les ha hecho sangrar el médico como precaución? ¿Hace cuánto que no prescribe una sangría un médico, ni siquiera un veterinario? Por favor, no nos tomen por imbéciles. .

Otro argumento bastante estúpido que vengo escuchando es el de que de todas maneras el toro va a ser sacrificado igual por un matarife. Que al toro nos lo comemos. Que, por lo tanto, los que estamos a favor de la supresión de las corridas somos unos hipócritas y deberíamos ser vegetarianos para poder hablar, etc. Ni soy hipócrita, ni vegetariano ni ñoño. Me gusta la carne, y mi sistema digestivo está diseñado para el omnivorismo. Por lo tanto, sí, como carne. Pero si la tengo que pagar más cara para asegurarme de que el animal que me estoy comiendo no ha sido maltratado, y mucho menos torturado a lo largo de su crianza, traslado y sacrificio, pagaré muy a gusto por ello, se lo juro. Pagaré muy a gusto por un sacrificio lo más breve e indoloro posible. No por regodearme en ver su tortura antes de comérmelo.

Ah, sí, luego está también el argumento de la pervivencia de lo tradicional, y qué quieren que les diga… tradicionales fueron durante siglos los combates de gladiadores en Roma. Quedan monumentos impresionantes que lo atestiguan. Hombres contra hombres, animales contra animales, animales contra hombres… probablemente sería un hermoso espectáculo, cruel y sangriento, pero hermoso, fascinante y morboso sin duda ninguna, y sin embargo fueron abolidos, como abolidas fueron la Inquisición, la tortura, la esclavitud y las ejecuciones públicas. Por lo menos, en los países que llamamos civilizados.
Se presupone que la evolución del ser humano ha de ser a mejor. Nos vanagloriamos de ser el país mas evolucionado en cuanto a los derechos de la comunidad homosexual, y sin embargo nos emperramos en mantener vivo un espectáculo anacrónico y cruel. Pero claro, hay que tener en cuenta que también (sobre todo) es un negocio…
Y hablando de evolución: ¿Qué pasaría si, lo mismo que hoy en día han de sufrirlo los modernos futbolistas, atletas, ciclistas y deportistas en general, qué pasaría si se les hiciera un chequeo a los toreros tras la faena? ¿Qué tal un análisis de sangre y otro de orina? ¿O bastaría con uno de saliva? Incluso a los conductores nos hacen soplar a veces de forma aleatoria. No me creo, de verdad, que todos los toreros se limiten a rezar en la capilla antes de la faena.

Una actividad por cierto con un alto riesgo también para algunos de los humanos implicados, no vayamos a engañarnos: Gente que trabaja con ropa inadecuada, sin llevar equipo de seguridad, manejando armas blancas, y corriendo con ellas en zapatillas sobre arena ante un animal peligroso, saltando burladeros… gente sin apenas protección pero, eso sí, con todo un equipo médico y quirúrgico a su disposición…

Total, que estamos ante uno de los mayores ejemplos de vulneración de los derechos de los animales, y sin embargo la justicia la admite como excepción. ¿Qué pasaría si se querellaran los organizadores de peleas de gallos? ¿O de perros? Ellos también organizan espectáculos, y se podrían considerar perjudicados. ¿Qué tal si los directores de cine snuff reclamaran sus derechos?

¿De verdad que no lo ven absurdo?

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El problema

Me llamo Jaime González Lóbez, soy español, y creo sinceramente que deben abolirse las corridas de toros.

No pongo en duda su base histórica y artística, la plasticidad de la fiesta, el innegable valor de los toreros, el hecho de que sea una antigua tradición, etc., etc., pero, con todo y con eso, creo que deben desaparecer las corridas de toros, porque no dejan de ser espectáculos comerciales y de tortura gratuita organizados contra un animal, pueda éste defenderse o no. Y puesto que en el 99 % de los casos el que muere tras la lidia es el toro -en número de seis por corrida-, entiendo que está en clara desventaja, o sea, concluyo que no se puede defender.

Salvo en el caso de los mansos, los animales tarados y los escasísimos indultos, cada toro muere con un mínimo de 5 heridas diferentes (puya, banderillas, estoque y puntilla) que se le han ido infligiendo a lo largo del cuarto de hora que dura su lidia, aproximadamente. Y eso en el mejor de los casos, porque es habitual que se repita la suerte de varas, la de banderillas, y, si el espada es un poco chapucero, aparte de sus propios pinchazos dirigidos en principio a provocar la muerte del animal, tendremos los del descabello. Pero nada, según los protaurinos eso el animal no lo siente, qué va… Lo que es cierto es que la insensibilidad sólo le llega con la muerte, que no se produce hasta que se le secciona al animal el bulbo raquídeo, o sea, la puntilla. Lo último. Y, que yo sepa, ninguno de los que han herido durante todo este proceso es veterinario ni matarife. Eso se llama tortura en cualquier parte. Y es tortura mucho antes de llegar a los avisos.

Contra los argumentos de los ganaderos, toreros y promotores de que si no existiera la fiesta la raza del toro bravo desaparecería, yo digo que si no ha de existir, pues que no exista, lo siento mucho. Y por favor, no tengan el cinismo de llamarme insensible: Muchas especies autóctonas, osos, lobos y linces entre otras, están desapareciendo y nadie mueve un puto dedo por ellas, y mucho menos los taurinos. Si tanto quieren conservar al toro bravo, bien pueden hacerlo sin matarlo, digo yo: en vez de pagar por ver cómo lo torturan y lo matan en una plaza, que paguen por verlo vivito y coleando en Ríoleón, pongo por ejemplo. O en sus dehesas de toda la vida, en su medio natural. Igual que los leones o las jirafas. Yo estoy dispuesto a pagar más impuestos por eso antes que, por ejemplo, enviar tropas españolas a cualquier país en guerra. Que quieren que les diga…

Por mí, perfecto que el toro sea el símbolo turístico o cultural de mi país... Lo que no admito en absoluto es que se le torture para regocijo de unos y negocio de otros. Me parece repugnante. Y todo esto en mi nombre. Yo soy músico, y me da vergüenza que se me incluya en el mismo apartado fiscal que el de los toreros. Mi humilde arte, perdónenme ustedes, no tiene nada que ver con el suyo.
En lo que se refiere a la belleza y plasticidad de la fiesta, a mí me parece fantástica, pero sólo en el primer tercio, el del capote que, puestos a ser generoso, hasta lo admitiría, porque en él las dos partes están más o menos en igualdad de condiciones, y al toro no se le hiere. No puedo negar la indudable belleza del lance y el valor de un torero de recibir con un capote a puerta gayola a un animal de 500 kilos o más, en plena forma física, y lanzado a la carrera. Hasta ahí, perfecto. Puede que el toro hasta se lo pase bien. Pero en el momento en el que aparece el picador y el banderillero, ahí se acabó la plasticidad, la belleza y la igualdad de condiciones. Ya se juega sucio, es como atar a un perro para poderlo apalear sin peligro. Porque la pica, que termina en una pirámide triangular de acero cortante y punzante, (sic) según el articulo 64 del reglamento taurino, y que penetra unos siete centímetros hasta el tope, es clavada en el morrillo de un animal por un picador de por lo menos 80 Kg. de peso, por favor, no me vengan con que no duele, si está diseñada para romper parte de la fibra muscular y debilitar la fuerza del cuello del toro en la embestida, con el objeto de que no pueda elevar la cabeza en exceso: que no tire derrotes, como dicen los taurinos. Y no la puede levantar porque hay menoscabo físico, dolor, hay una herida que sangra. De hecho la normativa taurina, siempre “atenta” al bienestar del animal, prohíbe barrenar, es decir, girar la pica dentro del músculo del toro… todo un detalle…
Este ataque en desigualdad le suele dejar tan dolorido y desmoralizado, que podría ocurrir que dejara de embestir. Eso, claro, arruinaría el negocio. No hay pelea si uno no quiere. Y por eso existen las banderillas… (Articulo 63): Las banderillas están para que el toro, una vez escarmentado del castigo (le llaman así los entendidos) de la suerte de varas, se vuelva loco cuando los arpones (4 de los 6 cm. del acero visible) de las banderillas clavadas se le revuelvan bajo la piel al moverse. Lo habéis visto intentar en vano desprendérselas... De esta manera, se le espolea por medio del dolor para que embista, aunque ya no tenga fuerza. Dicho de otra forma, es como si a un boxeador le machacaran primero los hombros a golpes o a cuchilladas para que no pudiera dar puñetazos con fuerza, y después le fueran clavando agujas para obligarle a golpear, quisiera o no. Puñetazos a cámara lenta a causa del dolor causado por la lesión. Desventaja total, tongo total. Todo muy plástico, eso sí, enfocado al espectáculo y al negocio. Y no voy a entrar en el mundo del afeitado. No me hace falta: La nobleza, perdónenme, señores, es sólo del toro. Aunque no embista. Y si no, un repaso al vocabulario taurino:
-el engaño, o sea la capa o el capote.
-el burladero, tablazón que protege del ataque del toro.
-acoso y derribo: tanteo que se hace de los posibles jóvenes toros bravos en el campo, persiguiéndolos y derribándolos a caballo con una pértiga.
-el matador, o el espada, encargado de la faena o lidia del toro.
-el arrastre, grupo de mulas que retiran al toro muerto de la plaza una vez acabada la faena.
-el castigo, la puya o las banderillas.
-los arpones, las banderillas.
-el arte de matar, estoque o espada.
-el rejón de muerte, en la lidia a caballo o rejoneo, rejón de hoja muy larga que se clava verticalmente para matar al toro desde el caballo.
-las banderillas de castigo (de arpón más largo), sin comentarios.
-buscar las tablas (el toro, que agoniza) y que busca apoyo en el ruedo para no doblar(caer).
-doblar, se refiere a las rodillas antes de rendirse a la muerte.

Sin comentarios…

Volviendo a éste, y a la lidia: si añadimos a lo anterior la pérdida de sangre que le va debilitando, nos encontramos con un animal bien distinto del que salía minutos antes de toriles: ahora está asustado, mucho más que cuando llegó; está dolorido, debilitado y furioso. Hay una merma muy importante de peso, tanto por la pérdida de sangre como por la deshidratación debida al estrés y al ejercicio, que le ha disparado la adrenalina. Yo he visto caer un toro fulminado por un infarto en medio de la arena. Dicen que se les hace sangrar precisamente para evitarlo. Mentira: ¿a cuántos de los que han sufrido un amago de infarto les ha hecho sangrar el médico como precaución? ¿Hace cuánto que no prescribe una sangría un médico, ni siquiera un veterinario? Por favor, no nos tomen por imbéciles. .

Otro argumento bastante estúpido que vengo escuchando es el de que de todas maneras el toro va a ser sacrificado igual por un matarife. Que al toro nos lo comemos. Que, por lo tanto, los que estamos a favor de la supresión de las corridas somos unos hipócritas y deberíamos ser vegetarianos para poder hablar, etc. Ni soy hipócrita, ni vegetariano ni ñoño. Me gusta la carne, y mi sistema digestivo está diseñado para el omnivorismo. Por lo tanto, sí, como carne. Pero si la tengo que pagar más cara para asegurarme de que el animal que me estoy comiendo no ha sido maltratado, y mucho menos torturado a lo largo de su crianza, traslado y sacrificio, pagaré muy a gusto por ello, se lo juro. Pagaré muy a gusto por un sacrificio lo más breve e indoloro posible. No por regodearme en ver su tortura antes de comérmelo.

Ah, sí, luego está también el argumento de la pervivencia de lo tradicional, y qué quieren que les diga… tradicionales fueron durante siglos los combates de gladiadores en Roma. Quedan monumentos impresionantes que lo atestiguan. Hombres contra hombres, animales contra animales, animales contra hombres… probablemente sería un hermoso espectáculo, cruel y sangriento, pero hermoso, fascinante y morboso sin duda ninguna, y sin embargo fueron abolidos, como abolidas fueron la Inquisición, la tortura, la esclavitud y las ejecuciones públicas. Por lo menos, en los países que llamamos civilizados.
Se presupone que la evolución del ser humano ha de ser a mejor. Nos vanagloriamos de ser el país mas evolucionado en cuanto a los derechos de la comunidad homosexual, y sin embargo nos emperramos en mantener vivo un espectáculo anacrónico y cruel. Pero claro, hay que tener en cuenta que también (sobre todo) es un negocio…
Y hablando de evolución: ¿Qué pasaría si, lo mismo que hoy en día han de sufrirlo los modernos futbolistas, atletas, ciclistas y deportistas en general, qué pasaría si se les hiciera un chequeo a los toreros tras la faena? ¿Qué tal un análisis de sangre y otro de orina? ¿O bastaría con uno de saliva? Incluso a los conductores nos hacen soplar a veces de forma aleatoria. No me creo, de verdad, que todos los toreros se limiten a rezar en la capilla antes de la faena.

Una actividad por cierto con un alto riesgo también para algunos de los humanos implicados, no vayamos a engañarnos: Gente que trabaja con ropa inadecuada, sin llevar equipo de seguridad, manejando armas blancas, y corriendo con ellas en zapatillas sobre arena ante un animal peligroso, saltando burladeros… gente sin apenas protección pero, eso sí, con todo un equipo médico y quirúrgico a su disposición…

Total, que estamos ante uno de los mayores ejemplos de vulneración de los derechos de los animales, y sin embargo la justicia la admite como excepción. ¿Qué pasaría si se querellaran los organizadores de peleas de gallos? ¿O de perros? Ellos también organizan espectáculos, y se podrían considerar perjudicados. ¿Qué tal si los directores de cine snuff reclamaran sus derechos?

¿De verdad que no lo ven absurdo?

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