Declaración sobre las Tecnologías Aplicadas a la Educación durante la pandemia

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Cuando las escuelas cerraron por la pandemia, fue muy difícil para los alumnos acostumbrarse al aprendizaje a distancia y para los padres supervisar el trabajo escolar de sus hijos. Muchas familias no tenían acceso a Internet y los educadores  tuvieron que adaptar su plan de estudio a un formato digital. En el medio de esos retos, la industria de la Tecnología Aplicada a la Educación intensificó sus esfuerzos de marketing para vender más tecnología, como la única solución a la situación causada por la pandemia.

Sin embargo, no existe investigación solvente alguna que respalde la tesis del sector de las Tecnologías Aplicadas a la Educación por la que los programas "personalizados" de enseñanza online mejorarían los resultados académicos. Es más, un tiempo prolongado de exposición ante la pantalla perjudica al aprendizaje, y a la salud en general.

Nos encontramos ante una encrucijada educativa. No podemos permitirnos un año más en el que los estudiantes se vean distanciados del proceso de aprendizaje. Más aún, las decisiones e inversiones que harán las autoridades educativas en los próximos meses conformarán las prácticas educativas en años venideros, incluso después del fin de la pandemia.

Es comprensible que la comunidad educativa haya recurrido a las Tecnologías Aplicadas a la Educación durante los primeros meses de la pandemia. Sin embargo, no es conveniente ni inevitable continuar focalizando la enseñanza en torno a las Tecnologías Aplicadas a la Educación.

La educación es un asunto humano, no tecnológico. Debe ser dirigido por unos maestros preparados, sensibles y humanos, no por plataformas de aprendizaje adaptativo guiado por algoritmos, por la gamificación o aplicaciones similares que incorporan diseños persuasivos para retener conectados a los niños y recogen sus datos personales para fines comerciales.

Instamos a la comunidad educativa, y a quienes toman decisiones políticas de carácter educativo, a buscar, más allá de soluciones simplistas como son las Tecnologías Aplicadas a la Educación, el modo de reducir el tiempo que los estudiantes van a pasar delante de los ordenadores o dispositivos digitales durante el curso escolar que comenzamos y sucesivos.

Urgimos a profundizar durante la pandemia en una enseñanza comprometida en la que los objetivos de aprendizaje sean los que guíen la forma de usar la tecnología y en un aprendizaje basado en los siguientes principios:

•Limitar el tiempo frente a la pantalla. Utilizar la tecnología solo cuando sea necesario para la comunicación, colaboración, investigación o para facilitar la expresión creativa del aprendizaje del alumno. Se deben evitar las plataformas de aprendizaje adaptativo guiado por algoritmos, la gamificación y las aplicaciones similares que incorporan diseños persuasivos para retener conectados a los niños.

•Dar una mayor prioridad e importancia al papel del maestro y a las relaciones interpersonales sobre las Tecnologías Aplicadas a la Educación. Los maestros y profesores involucran mejor a los estudiantes de lo que lo hacen las Tecnologías Aplicadas a la Educación consiguiendo que el estudiante esté más motivado y haciendo que el aprendizaje sea auténtico. Si fuera necesario el aprendizaje a distancia, éste debería inspirarse en las interacciones humanas y diseñarse garantizando un alto compromiso y participación por parte del alumnado a través del pedagogías de aprendizaje basadas en proyectos y vivencias reales que les permitan ser verdaderos protagonistas de su educación.

•Optimizar el aprendizaje sensorial, el formato analógico. Los estudiantes, especialmente los más pequeños y los que tienen necesidades especiales, aprenden mejor a través de las experiencias sensoriales, de modo analógico. Por lo tanto, las escuelas tienen la obligación de optimizar ese modo de aprendizaje, incluso cuando los estudiantes están en sus hogares, fomentando actividades estructuradas como por ejemplo la lectura de libros en papel, la escritura a mano, el arte, el movimiento, el juego al aire libre, los proyectos de matemáticas que guarden relación con el mundo real y la exploración de la naturaleza. Durante el aprendizaje a distancia, las escuelas deben encontrar formas de apoyar a las familias proporcionando librosfísicos, así como material, puesto que no todas las familias están en condiciones de conseguirlo.

Evitar las compras y las decisiones apresuradas, durante la pandemia, que puedan llevar a un uso excesivo de las Tecnologías Aplicadas a la Educación durante años, incluso tras la pandemia. En vez de ello, invertir en los educadores.

•La privacidad sí que importa. Las escuelas tienen la obligación de conocer y de evitar cualquier riesgo que ponga en juego la privacidad de sus estudiantes antes de contratar una plataforma o servicio para ellos. Tienen además la obligación de evitar los servicios que no estipulen claramente quiénes podrán acceder a los datos personales de los estudiantes y con qué fines. Asimismo, las escuelas tampoco deben proporcionar plataformas o aplicaciones que contengan publicidad o que recurran a la práctica del upselling, procedimiento por el que los estudiantes y sus familias se ven presionados para comprar cada vez más productos de gamas superiores contribuyendo a aumentar las desigualdades entre los estudiantes

Más de 100 pedagogos, médicos, docentes y asociaciones internacionales firmaron la siguente Declaración, en la que se presentan los argumentos de forma estructurada y se remite a numerosos estudios científicos. Si estás de acuerdo con esa iniciativa global, puedes manifestar tu apoyo firmando esa petición para que tenga un impacto específico en tu comunidad educativa en España.