Ángel Garrido queda retratado en sus negociaciones con el taxi

Los días de huelga y bloqueos de la ciudad de Madrid continúan, mientras el presidente de la Comunidad decide seguir dejando desatendido el conflicto por el que más de 20.000 familias están desamparadas.
Esta segunda semana de huelga, aún más convulsa que la anterior pese a la palpable fatiga de miles de taxistas, termina con un escenario político más confuso y oscuro. Si bien, las ofertas del sector eliminan las líneas rojas establecidas por la Comunidad de Madrid, antes incluso de iniciar negociaciones, muestra a un presidente caduco y con poca vocación política, ya que sólo sigue los intereses de su propio partido y de sus socios, por encima de miles de familias que han comenzado febrero con las cuentas en números rojos.
Ángel Garrido ha mostrado de manera muy obvia y contradiciendo sus ideas principales, que pretende eternizar el conflicto en las calles salvaguardando el creciente negocio de 26 empresarios multimillonarios aunque suponga la ruina y unas irrecuperables pérdidas de patrimonio y calidad de trabajo (y vida) para los taxistas que llevan más de 120 años cumpliendo su labor con suma profesionalidad.
¿De qué manera? Blindando su poder a través de dejación de funciones, y donde antes decía que la precontratación y control del servicio de las VTC, debían ser gestionados por los ayuntamientos locales; ahora rehusa a ceder esas competencias, ante las dudas de que algún ayuntamiento tenga la decencia y el sentido común de aplicar la ley y regular en los aspectos esenciales que diferencien a los taxis de las VTC.
Se caen las caretas y al fin, la sociedad empieza a comprender por dónde viene el problema.
#EstaEsUnaHistoriaDePuertasGiratorias