¿Qué ocurriría con el taxi sin regularización?

La campaña del desprestigio hacia el sector del taxi, dirigida desde grandes grupos inversores y difundida por unos poco creíbles medios de comunicación; tiene un fin claro, mostrar al taxista como un neandertal que actúa impulsivamente, generalizando esta idea con un fuerte calado entre la sociedad, usando para ello imágenes que lucen muy bien con la morbosidad que les convierte en un imán para las audiencias.
No obstante, pese a los constantes ataques al sector, el taxi y el transporte público regulado sigue contando con grandes apoyos de aquellos políticos que no deben cuentas con ningún gran inversor. Y ésta, es la única salida que tenemos para poner fin a este liberalismo salvaje, un modelo político y económico que sólo traerá trabajo precario hasta que puedan prescindir de él cuando puedan contar con conducción autónoma, y un mayor desequilibrio social entre millonarios y clase media, hasta que ésta última sea tan minúscula que no sostenga el país.
Aún así, el taxi debe ser fuerte y mostrar cuantas veces sea necesario, la unión reciente, para obligar a nuestros políticos perezosos a hacerse cargo de una problemática que no sólo es del sector, sino también de legislación y justicia.
En este punto, mucha gente ajena a este claro conflicto de mercados, y con escasos intereses en comprender nuestras premisas; duda de nuestros objetivos concisos: queremos que se cumpla la ley y exigimos regulación para ello. Y aquí explicaremos con detalle los argumentos por lo que es de razonable y justo que exista una legislación clara y sin ambigüedades.
¿El taxi no quiere competencia?
Claro que quiere una competencia sana y regulada, con todos los agentes ya existentes en la movilidad de nuestras ciudades. En ninguna ciudad española el taxi es la única forma de transporte urbano, ni tenemos nunca como objetivo acabar con empresas nacionales o municipales que al igual que el taxi, se debe a unas ordenanzas muy estrictas para facilitar la movilidad. ¿Y con las VTCs? Claro que queremos convivir:
1. Cumpliendo el marco legal regulatorio del 1/30 que siempre ha existido, tanto por ley como por sentencias judiciales, salvo en un periplo (2009-2013) que seguro responde a oscuros intereses.
2. Manteniendo las diferencias obvias por las que existe cada uno, las VTCs se crearon con otros fines: trayectos mayoritariamente interurbanos y que responden a otras situaciones de movilidad dentro de una región. Estas VTCs tradicionales que desde el primer momento se adaptaron a la legislación y generaron su negocio en ese panorama, son también afectados directos de la situación actual.
3. En unas condiciones equiparables. Los taxis, más allá del aparente taxímetro, capilla y emblemas locales e identificativos; cumplen una amplia serie de exigencias que les permiten ejercer su trabajo de manera regulada: conductores con credenciales que garantizan un conocimiento amplio de la ciudad, formación básica de estudios, carencia de antecedentes penales y de enfermedades infecto-contagiosas, coches homologados por industria en cada municipio y que cumplen los requisitos necesarios de seguridad y medio ambiente, taxímetros precintados regulados por casas homologadas especializadas y comprobados por ITVs anualmente, revisión del estado mecánico de los vehículoz constante por las mismas ITVs cada seis meses; seguros de responsabilidad civil ampliados, más caros y con mayores coberturas; tarifas establecidas por los ayuntamientos. Mientras tanto, las VTCs no están obligadas a cumplir ningún requisito extraordinario que lo diferencia de un vehículo particular convencional, ni en la formación o capacidad profesional de sus conductores, ni en las pólizas de sus seguros de responsabilidad civil, ni en las medidas del vehículo o su categoría contaminante a nivel medio ambiental, ni en su estado mecánico ya que solo deben realizar las ITVs correspondientes a cualquier coche particular, ni por supuesto, no responde a ninguna tarifa regulada, solo a sus propios precios (los que dicte la app respecto a la demanda existente sin ningún tipo de amparo para el cliente). A criterio de cada uno, se puede pensar que el sector del taxi cumple una regulación demasiado estricta, pero estas exigencias ha permitido que se cumpla el trabajo con grandes garantías para seguridad del cliente. ¿El taxi quiere cambiar algunas de las condiciones? Por supuesto, atrae la idea del renting para disponer de un vehículo nuevo cada cuatro años, nos gusta la idea de más tarifas fijas o medios telemáticos que garanticen precios máximos, entre muchas otras ideas.
¿Por qué debe existir una proporcionalidad?
Porque el transporte es muy diferente a otros sectores que no requieren legislación, ya que la propia existencia del mismo taxi, se debe a la proporcionalidad estudiada y analizada de la población de cada ciudad o municipio. ¿Te imaginas que Soria tuviese 40.000 taxis por puro libre mercado? ¿un taxi para cada habitante? ¿o Madrid con 500 taxis y pelearse por conseguir uno libre? Estas proporciones que hacen que Madrid tenga 15.700 taxis, Barcelona 10.700 o solo unos centenares en municipios con mucha menos población; responde a varias condiciones para el correcto funcionamiento de este servicio público: que este corresponda con la necesidad de la gente estando siempre alguno disponible, que la profesionalización del taxi sea real y autosuficiente en unas condiciones laborales dignas y con unos mínimos de calidad.
Si bien es cierto que este índice de población fluctúa durante el transcurso de los años e incluso en las diferentes épocas del año, los propios ayuntamientos que otorgaron estas licencias de taxi, trabajan continuamente para crear marcos regulatorios con diferentes sistemas de libranzas o incluso límites horarios de los taxímetros para garantizar una coherencia lógica y previsora acorde al volumen de trabajo. De esta manera en Madrid un taxi puede trabajar máximo 16 horas (si son dos conductores a dos turnos de 8h), en Barcelona solo pueden recoger los pares o impares en las paradas del aeropuerto a meses alternos, en casi toda España se obliga a dos días de descanso obligatorio semanal...
Todas ellas, medidas dinámicas y flexibles que se convierten en imprescindibles, mientras las VTCs trabajan de manera anárquica en busca del mayor capital posible, olvidándose no sólo de la demanda existente ni de la contaminación que pueda suponer su coche circulando por la ciudad 24/7, si no obligando al trabajador, que a diferencia del 90% de los taxistas que coincide trabajador-propietario, a cumplir jornadas extenuantes en condiciones de esclavitud moderna por remuneraciones de miseria sin garantizar tampoco un estándar de seguridad -por falta de descanso-, así como de profesionalidad al sólo ser necesario el permiso de conducir tipo B por simple exigencia de la DGT.
Entonces... ¿de dónde sale el 1/30? De una sentencia del Tribunal Supremo y de los diferentes Reales Decretos establecidos en los últimos años, que no están ideados para blindar al taxi, si no para garantizar que la coexistencia entre unas licencias y otras, sean beneficiosas para el ciudadano que libremente puede escoger la manera de moverse por una ciudad. Y de paso, garantizar, que la inversión y la amortización de cada negocio sea algo real y seguro, porque sólo de esa manera, se consigue profesionalidad.
¿El taxi de verdad quiere modernizarse?
Por supuesto, si bien han existido malas prácticas, al igual que en cualquier otro sector, la generalización aplicada al taxi es inigualable en cualquier otro empleo, sin pensar de manera racional que cada taxista sólo responde a su propio negocio y su trabajo. ¿Culpamos a la hostelería de encontrarnos un mal restaurante? ¿Criminalizamos la mecánica del automóvil por encontrarnos con un mal taller?
El sector del taxi de manera grupal, si que lleva muchos años esforzándose por ofrecer una mayor calidad en el servicio y aliándose con las nuevas tecnologías para dar a los clientes un resultado más eficiente, más seguro y transparente al ciudadano. Mucho se ha criticado al taxi por ir en contra de las nuevas plataformas tecnológicas que permitan al cliente más información y seguridad de los trayectos, y esta vaga idea está en las antípodas de la realidad, sólo hay que dar una vuelta al Play Store o App Store para encontrar una variedad amplia de aplicaciones que ofrecen lo mismo que los proveedores de servicio VTCs y además con las garantías que ofrece el taxi por lo exquisita que es su legislación, ofreciendo información detallada del recorrido, precio estimado (porque el importe final siempre lo marcará el taxímetro por ley), vehículo, conductor y diferentes formas de pago a gusto del consumidor.
Eliminando ese prejuicio, por supuesto que consideramos necesario un control más incisivo en aquellos coincidentes laborales (nunca compañeros de trabajo) que no cuidan su imagen personal o del coche, que traten de engañar, que apliquen suplementos o tarifas que no corresponden... Pero esto, al igual que en cualquier otro sector, corresponde a los inspectores correspondientes, funcionarios públicos municipales o cuerpos de seguridad, y en primer paso, al cliente que siente vulnerado sus derechos. Si bien, las estadísticas y estudios de mercado están ahí e indican que este sector formado por más de 100.000 profesionales cumple con creces las garantías de calidad, y aunque hay un porcentaje muy pequeño que daña enormemente la reputación global, seguimos hablando de muy pocas manzanas podridas destinadas a ser apartadas.
¿A dónde van los impuestos?
Bien, a todos nos gusta disfrutar de un potente sistema sanitario, cultural, de enseñanza, administrativo... Disponer de buenas carreteras e infraestructuras, trabajadores funcionarios que cumplan las demandas de la sociedad con profesionalidad, fondos de pensiones y becas... Todo eso que garantiza un ideal estado de bienestar sólo se consigue de una manera, con impuestos, con los que recortan de tu nómina, con esa proporción retenida a cada empresario o autónomo. ¿Y qué son los taxistas? Autónomos o pequeños empresarios que desarrollan una actividad completamente regulada y legislada fiscalmente para pagar acorde a los ingresos reales de cada uno, mayoritariamente un sistema de estimación directa que ya exige declaración real y contrastada de beneficios, pérdidas e inversiones de cada trabajador.
¿Y las VTCs? Para empezar, se rigen en su inmensa mayoría por personas jurídicas, no personas físicas como es obligado en los autónomos del taxi, por lo que en caso de quiebra o corrupción contable-fiscal, nunca responderán con su patrimonio como haría cualquier taxista. Este privilegio injusto les da alas para poder defraudar a Hacienda sin poner en riesgo nada.
Pero, ¿las compañías multinacionales que mueven el bruto del dinero y que están detrás de este negocio? Por supuesto que tributan lejos del fisco español, allá donde puedan alejarse de lo que ellos consideran inasumible en nuestro país, concretamente en Delaware y Holanda, mercados abiertos al capitalismo salvaje donde no tiene cabida ningún sistema público. Y para los que estén bien informados, se quedan con el 25% de cada servicio, un pellizco interesante para que presuman en los mercados internacionales con valoraciones económicas estratosféricas mientras en España solo se declaran pérdidas a la Agencia Tributaria, consiguiendo así más dinero de todos nosotros, aunque no usemos estas empresas en nuestra vida.
¿Qué pasaría si no se regula la situación?
Que perderíamos todos, trabajadores del taxi y sociedad. ¿Por? ¿La competencia no mejora el mercado? Lo mejora y lo convierte en más competitivo cuando hay un equilibrio real aplicado con análisis como el 1/30; de no ser así, la estrategia de estas compañías, tal y como se ha visto en diferentes lugares del mundo, consiste en eliminar el taxi local regulado y sustituir su servicio cuando este ha quebrado para jugar con su mercado aplicando las tarifas que esta multinacional decida cada día sin dar lugar a otras alternativas como el antiguo taxi, partiendo unos de precios que ya es el triple de lo regulado unos años atrás antes de la llegada de estas empresas. ¿Cómo es esto seguro? Por sus campañas de dumping (bajada insostenible de precios) financiada por inversores carroñeros con mucho dinero que exigirá la devolución de estos préstamos con altos intereses. Esto es una realidad en España, el inicio de la ruina para mucha gente, de inversores reales en su negocio, no de profesionales de la especulación. Por lo que si alguna vez, ese precio que te han vendido tan popular y algo más barato que el taxi convencional, valorarlo como lo que es, un préstamo de alguien con mucho dinero, que en unos meses o años, te exigirá de vuelta por multiplicado, porque a fin de cuentas, estas multinacionales de las que tanto se habla, no sólo se llevan una cuarta parte de cada trayecto directo a su paraíso fiscal, también decide en todo momento que importe vas a pagar, si este trayecto al aeropuerto te costará 15€ en promoción, 32€ sin descuentos o 140€ por alta demanda. ¿No da más garantía y protección las tarifas oficiales de tu ayuntamiento?
Compartid y explicad a nuestro entorno cual es de verdad nuestra lucha, sin la criminalización parcial de los medios.