POR LA DEFENSA DE LOS VALORES EN EL DEPORTE/LEY DEL DEPORTE

El problema

Mi nombre es Rocío y vivo en Dos Hermanas, provincia de Sevilla.

Desde mis 13 años llevo practicando deporte. Aún recuerdo aquellos comienzos en el maravilloso mundo del atletismo, que me abrieron tantos caminos para seguir avanzando, descubriendo y, lo más importante para mí, creciendo como persona. 

Tanto fue lo que me “enganchó” este deporte que, hasta marcó mi vida profesional. Hoy en día soy maestra de Educación Física en la Junta de Andalucía.

La práctica deportiva cumple una importantísima función por el potencial y el abanico de valores aplicables a nuestra vida diaria. Por eso, me proclamo firme defensora del DEPORTE. Y, por eso me siento orgullosa de que mis dos hijos, a día de hoy, llevan prácticamente toda su vida practicando deporte. Siempre hemos confiado en este como herramienta educativa, que bien canalizada a través de buenas prácticas y ejemplos positivos, se nos presenta como excelente preparación para la vida, potenciando los valores humanos más nobles (confianza en uno mismo, el trabajo en equipo, la superación personal, el valor del esfuerzo, la disciplina, el compromiso, humildad, respeto, …).

Por suerte, en la actualidad, la oferta de actividades es amplia y han proliferado las asociaciones, clubes,…que las promueven. ¡Estupendo! No obstante, hay un aspecto importante que se les escapa porque, en muchas ocasiones, se descuida o se resta importancia al perfil profesional de los monitores, los encargados de atender y guiar en tantos aprendizajes a nuestro más preciado tesoro, nuestros hijos.

Es un aspecto reglado a nivel de los organismos competentes (federaciones,…)pero que, en muchos casos se decide obviar, olvidando velar por los derechos de los deportistas, no recibiendo en algunos casos, un entrenamiento que fomente una práctica deportiva saludable, en otros casos  no evitando situaciones que puedan perjudicar su seguridad o puedan menoscabar su salud o su integridad física, no sabiendo gestionar y manejar situaciones conflictivas surgidas.

En Dos Hermanas pasa. Hay clubes cuyos responsables tienen como monitores a personas sin formación, cuentan con personas tituladas que prestan su titulación a otros (aún a sabiendas que no se está cumpliendo con la normativa), estudiantes de medicina que se proclaman y actúan como médicos y entrenadores (sin ser ni una ni otra cosa en ese justo momento), que acusan a un menor en las redes sociales y, cuando sucede algo y se piden explicaciones, todos se quitan de en medio, tratando por todos los medios de que estas prácticas tan comunes no lleguen a conocerse…¡de vergüenza! Increíbles, pero ciertas.

Mi hijo practica fútbol desde los 5 años. Me enorgullece que sea deportista, pero he de reconocer que hubiese preferido cualquier otro deporte.  En ocasiones, me da la sensación de que el fútbol, es un mundo aparte. Es un deporte tan mediatizado, que en muchas ocasiones, se mueve a otros niveles y se nos va de las manos lo que ocurre en los campos y en partidos de categorías muy inferiores incluso (insultos al árbitro, jugadas violentas en las que se lesionan a jugadores, entrenadores dirigiéndose de muy malas formas a sus jugadores,…). Se pierden totalmente los papeles.

El año pasado vivimos un incidente muy desagradable con mi hijo en un partido de fútbol. Sufrió una patada en la cabeza y tuvo que ser hospitalizado, hecho que quedará en nosotros para siempre. Jamás esperas acabar en el hospital después de un partido, por algo así.

Evidentemente, el que practica deporte asume un riesgo y pueden presentarse muchas situaciones que desencadenen en la visita al hospital (esguinces, rotura ligamentos,…). Pero, tal como sucedieron los hechos, que se llegue a pegar patada en la cabeza en una jugada sin balón y de la forma en la que sucedió,…te deja muy mal sabor de boca y nos hizo plantearnos hasta qué punto se ponen los límites de una jugada.

Estamos jugando a fútbol y el no lesionar o causar un mal mayor al otro tiene que estar por encima de todo. Cada uno debe saber hasta dónde se puede llegar. Tales comportamientos no se deben consentir, sea lance del juego o no. Estamos hablando de niños y la seguridad y el bienestar de ellos tiene que estar por encima de todo.

Cuando uno sufre un daño (insulto, golpe,…), espera que ese daño sea reparado. Para ello, el que lo produjo tiene que reconocer, responsabilizarse de lo que ha hecho y reparar el daño.

A fecha de hoy, 1 año y 10 meses después de lo ocurrido, eso no ha pasado. Ni siquiera un perdón. Los responsables de mi hijo en aquel momento (que actuaban como entrenadores sin serlo), los responsables del club al que pertenecía, ni los del club del otro jugador, en ningún momento han mostrado interés en que ello ocurra, en hablar con mi hijo para conocer su versión, poder hablar también con el otro jugador y haber facilitado la reparación del daño. Ese era nuestro único interés desde un primer momento. Para mí y mi familia deja mucho que desear. ¿A qué estamos jugando? ¿Eso es lo que queremos enseñar y transmitir?

Como comprenderéis, después de lo ocurrido y viendo la actitud pasiva y de “tapar a toda costa lo ocurrido” por intereses propios, cambiamos a mi hijo de equipo. Si algo teníamos claro era que un club con esos ideales no se merecía un jugador como mi hijo.

Denunciamos y, el camino recorrido hasta ahora no ha sido fácil. El sentimiento de injusticia e indefensión ante todo esto es tremendo. Como madre y profesional de la educación, me siento en la obligación moral de hacerme eco de lo ocurrido para que se sepa, porque parece que, lo que interesa es que no se sepan estas prácticas de algunos clubes. Me siento en la obligación de pelear hasta el final porque se haga justicia ajustándonos a la ley, porque  mi hijo se lo merece.

POR UNA LEY DEL DEPORTE EFECTIVA Y SE PUEDA CUMPLIR

Y es por esa razón que tomamos esta iniciativa. Queríamos pediros vuestro apoyo para reivindicar la importancia de la formación de las personas que están a cargo de nuestros hijos/as actuando como monitores/entrenadores,  la importancia de que los directivos de los clubs velen por el cumplimiento de la normativa vigente relativa a ello, la importancia de que los organismos competentes pongan en marcha los mecanismos de control necesarios (Delegaciones de Deporte Municipales, Real Federación Andaluza de Fútbol, Real Federación Española de Fútbol, Consejo superior de Deportes, Defensor del Menor) , la importancia de reglar a nivel del deporte base protocolos de actuación ante conflictos como el acontecido, que deriven de la práctica deportiva, la importancia de cumplir los códigos deontológicos (Colegio Oficial de Médicos en España), para que situaciones así no vuelvan a ocurrir.

Firma ahora y comparte esta petición. Cuantas más firmas, mayor será la presión que podamos ejercer para evitar que siga ocurriendo esto. La unión hace la fuerza. Gracias por vuestra colaboración y apoyo.

 

 

 

 

 

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El problema

Mi nombre es Rocío y vivo en Dos Hermanas, provincia de Sevilla.

Desde mis 13 años llevo practicando deporte. Aún recuerdo aquellos comienzos en el maravilloso mundo del atletismo, que me abrieron tantos caminos para seguir avanzando, descubriendo y, lo más importante para mí, creciendo como persona. 

Tanto fue lo que me “enganchó” este deporte que, hasta marcó mi vida profesional. Hoy en día soy maestra de Educación Física en la Junta de Andalucía.

La práctica deportiva cumple una importantísima función por el potencial y el abanico de valores aplicables a nuestra vida diaria. Por eso, me proclamo firme defensora del DEPORTE. Y, por eso me siento orgullosa de que mis dos hijos, a día de hoy, llevan prácticamente toda su vida practicando deporte. Siempre hemos confiado en este como herramienta educativa, que bien canalizada a través de buenas prácticas y ejemplos positivos, se nos presenta como excelente preparación para la vida, potenciando los valores humanos más nobles (confianza en uno mismo, el trabajo en equipo, la superación personal, el valor del esfuerzo, la disciplina, el compromiso, humildad, respeto, …).

Por suerte, en la actualidad, la oferta de actividades es amplia y han proliferado las asociaciones, clubes,…que las promueven. ¡Estupendo! No obstante, hay un aspecto importante que se les escapa porque, en muchas ocasiones, se descuida o se resta importancia al perfil profesional de los monitores, los encargados de atender y guiar en tantos aprendizajes a nuestro más preciado tesoro, nuestros hijos.

Es un aspecto reglado a nivel de los organismos competentes (federaciones,…)pero que, en muchos casos se decide obviar, olvidando velar por los derechos de los deportistas, no recibiendo en algunos casos, un entrenamiento que fomente una práctica deportiva saludable, en otros casos  no evitando situaciones que puedan perjudicar su seguridad o puedan menoscabar su salud o su integridad física, no sabiendo gestionar y manejar situaciones conflictivas surgidas.

En Dos Hermanas pasa. Hay clubes cuyos responsables tienen como monitores a personas sin formación, cuentan con personas tituladas que prestan su titulación a otros (aún a sabiendas que no se está cumpliendo con la normativa), estudiantes de medicina que se proclaman y actúan como médicos y entrenadores (sin ser ni una ni otra cosa en ese justo momento), que acusan a un menor en las redes sociales y, cuando sucede algo y se piden explicaciones, todos se quitan de en medio, tratando por todos los medios de que estas prácticas tan comunes no lleguen a conocerse…¡de vergüenza! Increíbles, pero ciertas.

Mi hijo practica fútbol desde los 5 años. Me enorgullece que sea deportista, pero he de reconocer que hubiese preferido cualquier otro deporte.  En ocasiones, me da la sensación de que el fútbol, es un mundo aparte. Es un deporte tan mediatizado, que en muchas ocasiones, se mueve a otros niveles y se nos va de las manos lo que ocurre en los campos y en partidos de categorías muy inferiores incluso (insultos al árbitro, jugadas violentas en las que se lesionan a jugadores, entrenadores dirigiéndose de muy malas formas a sus jugadores,…). Se pierden totalmente los papeles.

El año pasado vivimos un incidente muy desagradable con mi hijo en un partido de fútbol. Sufrió una patada en la cabeza y tuvo que ser hospitalizado, hecho que quedará en nosotros para siempre. Jamás esperas acabar en el hospital después de un partido, por algo así.

Evidentemente, el que practica deporte asume un riesgo y pueden presentarse muchas situaciones que desencadenen en la visita al hospital (esguinces, rotura ligamentos,…). Pero, tal como sucedieron los hechos, que se llegue a pegar patada en la cabeza en una jugada sin balón y de la forma en la que sucedió,…te deja muy mal sabor de boca y nos hizo plantearnos hasta qué punto se ponen los límites de una jugada.

Estamos jugando a fútbol y el no lesionar o causar un mal mayor al otro tiene que estar por encima de todo. Cada uno debe saber hasta dónde se puede llegar. Tales comportamientos no se deben consentir, sea lance del juego o no. Estamos hablando de niños y la seguridad y el bienestar de ellos tiene que estar por encima de todo.

Cuando uno sufre un daño (insulto, golpe,…), espera que ese daño sea reparado. Para ello, el que lo produjo tiene que reconocer, responsabilizarse de lo que ha hecho y reparar el daño.

A fecha de hoy, 1 año y 10 meses después de lo ocurrido, eso no ha pasado. Ni siquiera un perdón. Los responsables de mi hijo en aquel momento (que actuaban como entrenadores sin serlo), los responsables del club al que pertenecía, ni los del club del otro jugador, en ningún momento han mostrado interés en que ello ocurra, en hablar con mi hijo para conocer su versión, poder hablar también con el otro jugador y haber facilitado la reparación del daño. Ese era nuestro único interés desde un primer momento. Para mí y mi familia deja mucho que desear. ¿A qué estamos jugando? ¿Eso es lo que queremos enseñar y transmitir?

Como comprenderéis, después de lo ocurrido y viendo la actitud pasiva y de “tapar a toda costa lo ocurrido” por intereses propios, cambiamos a mi hijo de equipo. Si algo teníamos claro era que un club con esos ideales no se merecía un jugador como mi hijo.

Denunciamos y, el camino recorrido hasta ahora no ha sido fácil. El sentimiento de injusticia e indefensión ante todo esto es tremendo. Como madre y profesional de la educación, me siento en la obligación moral de hacerme eco de lo ocurrido para que se sepa, porque parece que, lo que interesa es que no se sepan estas prácticas de algunos clubes. Me siento en la obligación de pelear hasta el final porque se haga justicia ajustándonos a la ley, porque  mi hijo se lo merece.

POR UNA LEY DEL DEPORTE EFECTIVA Y SE PUEDA CUMPLIR

Y es por esa razón que tomamos esta iniciativa. Queríamos pediros vuestro apoyo para reivindicar la importancia de la formación de las personas que están a cargo de nuestros hijos/as actuando como monitores/entrenadores,  la importancia de que los directivos de los clubs velen por el cumplimiento de la normativa vigente relativa a ello, la importancia de que los organismos competentes pongan en marcha los mecanismos de control necesarios (Delegaciones de Deporte Municipales, Real Federación Andaluza de Fútbol, Real Federación Española de Fútbol, Consejo superior de Deportes, Defensor del Menor) , la importancia de reglar a nivel del deporte base protocolos de actuación ante conflictos como el acontecido, que deriven de la práctica deportiva, la importancia de cumplir los códigos deontológicos (Colegio Oficial de Médicos en España), para que situaciones así no vuelvan a ocurrir.

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Los destinatarios de la petición

RFAF
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Consejo Superior de Deportes
Consejo Superior de Deportes
Presidenta
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Petición creada en 25 de octubre de 2019