Chile necesita una Ley de IA que promueva un desarrollo responsable y competitivo.

El problema

Chile necesita una Ley de IA que impulse el desarrollo responsable y competitivo de nuestro país, no que lo frene.

Quienes suscribimos esta iniciativa representamos a emprendedores, startups, pymes tecnológicas, entidades, centros de investigación y profesionales que desarrollamos y exportamos soluciones de Inteligencia Artificial desde Chile.

Nuestro país está a punto de tomar una decisión que marcará el rumbo de su futuro tecnológico: la aprobación de una ley que regulará el desarrollo y uso de la inteligencia artificial (IA). Pero lo que debería ser una oportunidad para avanzar, se ha convertido en motivo de seria preocupación para quienes trabajamos por la innovación, el emprendimiento y la transformación digital del país.

El proyecto de ley que hoy se discute en el Congreso nace de buenas intenciones —proteger a las personas y garantizar sus derechos—, pero su diseño no responde a la realidad nacional. Con una regulación extremadamente rígida, inspirada en un modelo europeo que ya ha demostrado ser ineficaz y costoso incluso para quienes lo impulsaron, Chile corre el riesgo de aislarse del ecosistema global de IA, desalentar a sus talentos y cerrar la puerta a inversiones que hoy miran hacia otras regiones más abiertas y visionarias.

La Unión Europea, de hecho, ha comenzado a revisar sus propias reglas. Ha reconocido que muchas de sus disposiciones corren el riesgo de frenar la innovación y dificultar la adopción de tecnologías clave en áreas como la salud, la educación y la productividad. Sin embargo, Chile avanza por ese mismo camino, sin cuestionarse si es realmente el mejor.

Nos preocupa profundamente que el proyecto actual no contemple medidas de fomento ni acompañamiento para las startups, pymes o centros de investigación. Que imponga obligaciones técnicas complejas sin distinción, y que no se base en el aprendizaje global, ni en las buenas prácticas que otros países sí están desarrollando.

Porque hay alternativas. Países como Japón y Corea del Sur han optado por marcos normativos inteligentes, basados en principios rectores y planes nacionales, con estrategias públicas que acompañan el desarrollo y que integran activamente al sector privado, académico y ciudadano. En vez de restringir, promueven. En vez de castigar, habilitan. Y lo hacen sin dejar de proteger los derechos fundamentales, sin renunciar a la ética ni a la transparencia.

Chile puede hacer lo mismo. Puede construir una ley que no sacrifique el desarrollo en nombre de la protección, sino que combine ambos pilares. Que nos permita crecer con responsabilidad, innovar con sentido y participar del debate global con una voz propia.

¿Qué proponemos?

Quienes suscribimos hacemos un llamado a:

• Detener la tramitación del actual proyecto de ley, que pone en riesgo nuestro desarrollo digital.

• Abrir un nuevo proceso técnico y participativo, donde estén representados los sectores productivos, académicos, científicos y ciudadanos.

• Construir una regulación habilitante y flexible, que proteja los derechos fundamentales y al mismo tiempo incentive la innovación, la inversión y el uso responsable de la IA.

• Tomar el tiempo necesario para asegurar la pertinencia de nuestra regulación a la realidad del cambio tecnológico y las necesidades de nuestra sociedad.

• Adoptar un enfoque propio, asimilando y adecuando elementos inspirados en modelos exitosos, que combine adecuadamente ética y responsabilidad social, sostenibilidad, impulso económico y soberanía tecnológica.

• Reconocer que la IA es una herramienta clave para el desarrollo del país, y no un riesgo que deba ser paralizado por miedo o desconocimiento.

Firmar esta petición es decirle al Congreso y al Ejecutivo que Chile merece una ley que lo lleve hacia adelante. Que lo conecte con el mundo. Que le dé a nuestra sociedad las herramientas para enfrentar los desafíos del futuro sin temor, y con todas sus capacidades activadas.

 

No dejemos que una mala decisión nos encierre. Este es el momento de actuar.

Firma. Comparte. Súmate. Ayúdanos a construir una inteligencia artificial que esté al servicio de las personas y del desarrollo, la innovación y el bienestar común.

 

1125

El problema

Chile necesita una Ley de IA que impulse el desarrollo responsable y competitivo de nuestro país, no que lo frene.

Quienes suscribimos esta iniciativa representamos a emprendedores, startups, pymes tecnológicas, entidades, centros de investigación y profesionales que desarrollamos y exportamos soluciones de Inteligencia Artificial desde Chile.

Nuestro país está a punto de tomar una decisión que marcará el rumbo de su futuro tecnológico: la aprobación de una ley que regulará el desarrollo y uso de la inteligencia artificial (IA). Pero lo que debería ser una oportunidad para avanzar, se ha convertido en motivo de seria preocupación para quienes trabajamos por la innovación, el emprendimiento y la transformación digital del país.

El proyecto de ley que hoy se discute en el Congreso nace de buenas intenciones —proteger a las personas y garantizar sus derechos—, pero su diseño no responde a la realidad nacional. Con una regulación extremadamente rígida, inspirada en un modelo europeo que ya ha demostrado ser ineficaz y costoso incluso para quienes lo impulsaron, Chile corre el riesgo de aislarse del ecosistema global de IA, desalentar a sus talentos y cerrar la puerta a inversiones que hoy miran hacia otras regiones más abiertas y visionarias.

La Unión Europea, de hecho, ha comenzado a revisar sus propias reglas. Ha reconocido que muchas de sus disposiciones corren el riesgo de frenar la innovación y dificultar la adopción de tecnologías clave en áreas como la salud, la educación y la productividad. Sin embargo, Chile avanza por ese mismo camino, sin cuestionarse si es realmente el mejor.

Nos preocupa profundamente que el proyecto actual no contemple medidas de fomento ni acompañamiento para las startups, pymes o centros de investigación. Que imponga obligaciones técnicas complejas sin distinción, y que no se base en el aprendizaje global, ni en las buenas prácticas que otros países sí están desarrollando.

Porque hay alternativas. Países como Japón y Corea del Sur han optado por marcos normativos inteligentes, basados en principios rectores y planes nacionales, con estrategias públicas que acompañan el desarrollo y que integran activamente al sector privado, académico y ciudadano. En vez de restringir, promueven. En vez de castigar, habilitan. Y lo hacen sin dejar de proteger los derechos fundamentales, sin renunciar a la ética ni a la transparencia.

Chile puede hacer lo mismo. Puede construir una ley que no sacrifique el desarrollo en nombre de la protección, sino que combine ambos pilares. Que nos permita crecer con responsabilidad, innovar con sentido y participar del debate global con una voz propia.

¿Qué proponemos?

Quienes suscribimos hacemos un llamado a:

• Detener la tramitación del actual proyecto de ley, que pone en riesgo nuestro desarrollo digital.

• Abrir un nuevo proceso técnico y participativo, donde estén representados los sectores productivos, académicos, científicos y ciudadanos.

• Construir una regulación habilitante y flexible, que proteja los derechos fundamentales y al mismo tiempo incentive la innovación, la inversión y el uso responsable de la IA.

• Tomar el tiempo necesario para asegurar la pertinencia de nuestra regulación a la realidad del cambio tecnológico y las necesidades de nuestra sociedad.

• Adoptar un enfoque propio, asimilando y adecuando elementos inspirados en modelos exitosos, que combine adecuadamente ética y responsabilidad social, sostenibilidad, impulso económico y soberanía tecnológica.

• Reconocer que la IA es una herramienta clave para el desarrollo del país, y no un riesgo que deba ser paralizado por miedo o desconocimiento.

Firmar esta petición es decirle al Congreso y al Ejecutivo que Chile merece una ley que lo lleve hacia adelante. Que lo conecte con el mundo. Que le dé a nuestra sociedad las herramientas para enfrentar los desafíos del futuro sin temor, y con todas sus capacidades activadas.

 

No dejemos que una mala decisión nos encierre. Este es el momento de actuar.

Firma. Comparte. Súmate. Ayúdanos a construir una inteligencia artificial que esté al servicio de las personas y del desarrollo, la innovación y el bienestar común.

 

Actualizaciones de la petición