Carta abierta de un egresado de una universidad cubana


Carta abierta de un egresado de una universidad cubana
La causa
Carta abierta de un egresado de una universidad cubana
Con Cuba, desde cualquier parte de ella y del mundo:
Como cubano y egresado de una Universidad cubana, institución que debe formar profesionales íntegros y libres, me siento en la obligación moral de alzar mi voz. Esta no es solo una declaración personal, sino también el eco de un sentimiento colectivo que atraviesa a muchos de mis coterráneos: el profundo descontento hacia la injusticia que rige nuestra isla.
Nos educaron para ser críticos, para buscar la verdad, para transformar la realidad. Pero en Cuba, ejercer ese derecho básico —el de pensar y expresarse libremente— puede costarte la libertad, la dignidad o incluso la vida. Quiero expresar con claridad que no acepto la represión como forma de gobierno, ni el miedo como norma de convivencia. Las anteriores, son máscaras creadas en la nación por la terrible enfermedad vieja y decadente que es vivir sin libertad.
Vivimos una nación donde expresarse no es un derecho, sino un riesgo. Donde cuestionar el poder es tratado como delito. Donde estudiantes, artistas, periodistas y ciudadanos de a pie han sido perseguidos, silenciados, encarcelados, golpeados y exiliados por atreverse a soñar un país diferente.
Rechazo con firmeza el presidio político en Cuba, porque ningún ser humano debería sufrir por disentir del poder de turno, por exigir justicia, por manifestarse en paz.
La herida abierta de la isla es el desprecio a la libertad plena del hombre, a su igualdad de condiciones ante la ley, la indiferencia ante el sufrimiento del pueblo y sus voces disidentes, el abandono sistemático de nuestras necesidades más básicas. La herida abierta de la nación, son todos estos signos de un sistema que se divorcia definitivamente de la vocación del servicio y que en su lugar premia al servilismo de la peor parte de su pueblo: los que bajo su egoísmo olvidan a los otros. La herida abierta de nuestra Cuba, es un gobierno déspota que usurpa la soberanía popular desde hace más de 65 años.
No escribo estas palabras con odio, sino con el dolor de quien ama a su país y se niega a rendirse. Quiero un futuro donde el talento no se desperdicie en la frustración, donde el miedo no dicte el rumbo de nuestras vidas.
Quiero una Cuba donde podamos hablar, crear, disentir, construir.
Nuestra generación no será cómplice del silencio.
Ser joven no es delito.
Pensar no es delito.
Amar a Cuba no es repetir consignas, es vivir ferviente el compromiso con su libertad.
Con firmeza, con amor y por una Cuba dónde quepamos todos.
Carta abierta de un graduado de una universidad cubana
A Cuba, desde cualquier lugar de ella y del mundo:
Como cubano y graduado de una universidad cubana, institución que debe formar profesionales honestos y libres, siento la obligación moral de alzar la voz. Esto no es solo una declaración personal, sino también el eco de un sentimiento colectivo que resuena en muchos de mis compatriotas: el profundo descontento ante la injusticia que gobierna nuestra isla.
Nos educaron para ser críticos, para buscar la verdad, para transformar la realidad. Pero en Cuba, ejercer ese derecho fundamental —el derecho a pensar y expresarse libremente— puede costar la libertad, la dignidad o incluso la vida. Quiero dejar claro que no acepto la represión como forma de gobierno ni el miedo como norma de convivencia. Estas son llagas creadas en la nación por la terrible y antigua enfermedad que es vivir sin libertad.
Vivimos en una nación donde expresarse no es un derecho, sino un riesgo. Donde cuestionar el poder se considera un delito. Estudiantes, artistas, periodistas y ciudadanos comunes han sido perseguidos, silenciados, encarcelados, golpeados y exiliados por atreverse a soñar con un país diferente.
Rechazo firmemente la prisión política en Cuba, porque ningún ser humano debe sufrir por disentir del poder gobernante, por exigir justicia o por protestar pacíficamente.
La herida abierta de la isla es el desprecio por la plena libertad de todos, por la igualdad ante la ley, la indiferencia ante el sufrimiento del pueblo y sus voces disidentes, la desatención sistemática de nuestras necesidades más básicas. La herida abierta de la nación son todos estos signos de un sistema que se distancia definitivamente de la vocación de servicio y, en cambio, premia el servilismo de lo peor de su pueblo: aquellos que, en su egoísmo, olvidan a los demás. La herida abierta de nuestra Cuba es un gobierno despótico que ha usurpado la soberanía popular durante más de 65 años.
No escribo estas palabras con odio, sino con el dolor de quien ama a su país y se niega a rendirse. Quiero un futuro donde el talento no se desperdicie en la frustración, donde el miedo no dicte el rumbo de nuestras vidas.
Quiero una Cuba donde podamos hablar, crear, disentir y construir.
Nuestra generación no será cómplice del silencio.
Ser joven no es un delito.
Pensar no es un delito.
Amar a Cuba no es repetir consignas, es vivir con fervor el compromiso con su libertad.
Con firmeza, con amor y por una Cuba donde quepamos todos.
Firmamos inicialmente:
Jenny Pantoja Torres
Facultad de enseñanza dirigida
Historia
Alina B. López Hernández
Facultad de Marxismo e Historia
Walter Enrique Pérez Cordero
Facultad Arte de los Medios de Comunicación Audiovisual
Leovanis Correa Moroso
Facultad de Humanidades
Historia del arte
Pedro Ernesto Millet Rodríguez
Facultad de Ciencias Sociales
Psicología
Yamilka Lafita Cancio
Facultad de Ciencias Sociales
Historia del Arte
Daniela Odett Peral de la Osa
Facultad de Filosofía
Manuel Alejandro Rodríguez Yong
Facultad Arte de los Medios de Comunicación Audiovisual
Michel Fernández Pérez
Facultad de Derecho
Yennys Hernández Molina
Facultad de Ciencias Naturales y Exactas
Química
Dayana Prieto
Facultad Arte de los Medios de Comunicación Audiovisual
Yunior García Aguilera
Facultad de Artes Escénicas
Javier L. Mora
Facultad de Humanidades
Letras
René Fidel Gonzales García
Facultad de Derecho
Héctor Ochoa Cabrera
Facultad Arte de los Medios de Comunicación Audiovisual
Yocel Fonceca Santos
Facultad de Ciencias Sociales
Psicología
José Jorge Jomarrón Chang.
ISJAM
Telecomunicaciones y Electrónica
Adrián Calderín Lozano
Facultad de Humanidades
Periodismo
Carlos Alberto Benavides Sánchez
Facultad de Construcciones
Arquitectura
Pedro Antonio Sánchez Zapata
Facultad de Humanidades
Licenciatura en Letras
Yoel Preval Céspedes
Facultad de Ciencias Naturales y Exactas
Química
Daniel Hernández Lahera
Facultad de Lengua Inglesa
José Raúl Gallego Ramos
Facultad de Comunicación
Periodismo
Indira Ahmed Fernández
Facultad de Humanidades
Letras
Yanna Velázquez Romero
Facultad de Humanidades, Historia del Arte
Mario Juan Gordillo Pérez
Facultad de Ciencias Naturales, Biólogo
Frank Lahera O'Callaghan, FAMCA
Rody Lorenzo Cardosa
Facultad de Ingeniería Eléctrica
Ingeniería en Telecomunicaciones y Electrónica
Ricardo Garnier García
Facultad de Ciencias Sociales, Filosofía
1,119
La causa
Carta abierta de un egresado de una universidad cubana
Con Cuba, desde cualquier parte de ella y del mundo:
Como cubano y egresado de una Universidad cubana, institución que debe formar profesionales íntegros y libres, me siento en la obligación moral de alzar mi voz. Esta no es solo una declaración personal, sino también el eco de un sentimiento colectivo que atraviesa a muchos de mis coterráneos: el profundo descontento hacia la injusticia que rige nuestra isla.
Nos educaron para ser críticos, para buscar la verdad, para transformar la realidad. Pero en Cuba, ejercer ese derecho básico —el de pensar y expresarse libremente— puede costarte la libertad, la dignidad o incluso la vida. Quiero expresar con claridad que no acepto la represión como forma de gobierno, ni el miedo como norma de convivencia. Las anteriores, son máscaras creadas en la nación por la terrible enfermedad vieja y decadente que es vivir sin libertad.
Vivimos una nación donde expresarse no es un derecho, sino un riesgo. Donde cuestionar el poder es tratado como delito. Donde estudiantes, artistas, periodistas y ciudadanos de a pie han sido perseguidos, silenciados, encarcelados, golpeados y exiliados por atreverse a soñar un país diferente.
Rechazo con firmeza el presidio político en Cuba, porque ningún ser humano debería sufrir por disentir del poder de turno, por exigir justicia, por manifestarse en paz.
La herida abierta de la isla es el desprecio a la libertad plena del hombre, a su igualdad de condiciones ante la ley, la indiferencia ante el sufrimiento del pueblo y sus voces disidentes, el abandono sistemático de nuestras necesidades más básicas. La herida abierta de la nación, son todos estos signos de un sistema que se divorcia definitivamente de la vocación del servicio y que en su lugar premia al servilismo de la peor parte de su pueblo: los que bajo su egoísmo olvidan a los otros. La herida abierta de nuestra Cuba, es un gobierno déspota que usurpa la soberanía popular desde hace más de 65 años.
No escribo estas palabras con odio, sino con el dolor de quien ama a su país y se niega a rendirse. Quiero un futuro donde el talento no se desperdicie en la frustración, donde el miedo no dicte el rumbo de nuestras vidas.
Quiero una Cuba donde podamos hablar, crear, disentir, construir.
Nuestra generación no será cómplice del silencio.
Ser joven no es delito.
Pensar no es delito.
Amar a Cuba no es repetir consignas, es vivir ferviente el compromiso con su libertad.
Con firmeza, con amor y por una Cuba dónde quepamos todos.
Carta abierta de un graduado de una universidad cubana
A Cuba, desde cualquier lugar de ella y del mundo:
Como cubano y graduado de una universidad cubana, institución que debe formar profesionales honestos y libres, siento la obligación moral de alzar la voz. Esto no es solo una declaración personal, sino también el eco de un sentimiento colectivo que resuena en muchos de mis compatriotas: el profundo descontento ante la injusticia que gobierna nuestra isla.
Nos educaron para ser críticos, para buscar la verdad, para transformar la realidad. Pero en Cuba, ejercer ese derecho fundamental —el derecho a pensar y expresarse libremente— puede costar la libertad, la dignidad o incluso la vida. Quiero dejar claro que no acepto la represión como forma de gobierno ni el miedo como norma de convivencia. Estas son llagas creadas en la nación por la terrible y antigua enfermedad que es vivir sin libertad.
Vivimos en una nación donde expresarse no es un derecho, sino un riesgo. Donde cuestionar el poder se considera un delito. Estudiantes, artistas, periodistas y ciudadanos comunes han sido perseguidos, silenciados, encarcelados, golpeados y exiliados por atreverse a soñar con un país diferente.
Rechazo firmemente la prisión política en Cuba, porque ningún ser humano debe sufrir por disentir del poder gobernante, por exigir justicia o por protestar pacíficamente.
La herida abierta de la isla es el desprecio por la plena libertad de todos, por la igualdad ante la ley, la indiferencia ante el sufrimiento del pueblo y sus voces disidentes, la desatención sistemática de nuestras necesidades más básicas. La herida abierta de la nación son todos estos signos de un sistema que se distancia definitivamente de la vocación de servicio y, en cambio, premia el servilismo de lo peor de su pueblo: aquellos que, en su egoísmo, olvidan a los demás. La herida abierta de nuestra Cuba es un gobierno despótico que ha usurpado la soberanía popular durante más de 65 años.
No escribo estas palabras con odio, sino con el dolor de quien ama a su país y se niega a rendirse. Quiero un futuro donde el talento no se desperdicie en la frustración, donde el miedo no dicte el rumbo de nuestras vidas.
Quiero una Cuba donde podamos hablar, crear, disentir y construir.
Nuestra generación no será cómplice del silencio.
Ser joven no es un delito.
Pensar no es un delito.
Amar a Cuba no es repetir consignas, es vivir con fervor el compromiso con su libertad.
Con firmeza, con amor y por una Cuba donde quepamos todos.
Firmamos inicialmente:
Jenny Pantoja Torres
Facultad de enseñanza dirigida
Historia
Alina B. López Hernández
Facultad de Marxismo e Historia
Walter Enrique Pérez Cordero
Facultad Arte de los Medios de Comunicación Audiovisual
Leovanis Correa Moroso
Facultad de Humanidades
Historia del arte
Pedro Ernesto Millet Rodríguez
Facultad de Ciencias Sociales
Psicología
Yamilka Lafita Cancio
Facultad de Ciencias Sociales
Historia del Arte
Daniela Odett Peral de la Osa
Facultad de Filosofía
Manuel Alejandro Rodríguez Yong
Facultad Arte de los Medios de Comunicación Audiovisual
Michel Fernández Pérez
Facultad de Derecho
Yennys Hernández Molina
Facultad de Ciencias Naturales y Exactas
Química
Dayana Prieto
Facultad Arte de los Medios de Comunicación Audiovisual
Yunior García Aguilera
Facultad de Artes Escénicas
Javier L. Mora
Facultad de Humanidades
Letras
René Fidel Gonzales García
Facultad de Derecho
Héctor Ochoa Cabrera
Facultad Arte de los Medios de Comunicación Audiovisual
Yocel Fonceca Santos
Facultad de Ciencias Sociales
Psicología
José Jorge Jomarrón Chang.
ISJAM
Telecomunicaciones y Electrónica
Adrián Calderín Lozano
Facultad de Humanidades
Periodismo
Carlos Alberto Benavides Sánchez
Facultad de Construcciones
Arquitectura
Pedro Antonio Sánchez Zapata
Facultad de Humanidades
Licenciatura en Letras
Yoel Preval Céspedes
Facultad de Ciencias Naturales y Exactas
Química
Daniel Hernández Lahera
Facultad de Lengua Inglesa
José Raúl Gallego Ramos
Facultad de Comunicación
Periodismo
Indira Ahmed Fernández
Facultad de Humanidades
Letras
Yanna Velázquez Romero
Facultad de Humanidades, Historia del Arte
Mario Juan Gordillo Pérez
Facultad de Ciencias Naturales, Biólogo
Frank Lahera O'Callaghan, FAMCA
Rody Lorenzo Cardosa
Facultad de Ingeniería Eléctrica
Ingeniería en Telecomunicaciones y Electrónica
Ricardo Garnier García
Facultad de Ciencias Sociales, Filosofía
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Las voces de los firmantes
Petición creada en 5 de junio de 2025