CARTA ABIERTA a los estimados directivos del Ministerio de Cultura, INPC, IFCI

La causa

Jueves 20 de febrero del 2025

Quito


CARTA ABIERTA a los estimados directivos del Ministerio de Cultura, Instituto Nacional de Patrimonio Cultural, Instituto de Fomento a la Creatividad e Innovación.-


Los abajo firmantes, en calidad de cineastas, espectadores, actores, críticos de cine y contadores de historias de la patria ecuatoriana, en cuanto a la forma y fondo en que se vienen realizando las convocatorias para las distintas categorías de fomento cinematográfico y audiovisual, y con el ánimo de llevar dichas convocatorias a un mayor sitial de equidad, justicia y efectividad, compartimos las siguientes observaciones nacidas de nuestra experiencia en el tema desde el 2008, año en que se aprobó la ley de cine gracias a los esfuerzos de todos los colegas y compañeros del cine y el audiovisual: 

Una mera mirada a los proyectos cinematográficos que se auspician desde el IFCI nos llevan a una conclusión ineludible: muchos de ellos finalmente no son estrenados, otra cantidad importante se exhiben con un público ínfimo, y una menor cantidad aún, a pesar de ganar premios y obtener cierto reconocimiento, carecen prácticamente de público alguno.

Nuestra premisa ética, histórica y técnica es sencilla: el Ecuador es un país, en el que por sus características históricas y económicas,  el único argumento sostenible para la existencia de un apoyo económico al cine, consiste en que contribuya al fomento de una identidad nacional que nazca desde el reflejo y desde la autocrítica para cumplir con la función más grande del arte: nutrir de preguntas a un espectador sediento de encontrarse a sí mismo en una sala de cine, un espectador que es quien, finalmente,  financia su realización. 

Sin pecar de exagerados consideramos que el auspiciar proyectos de un cine sin público es un absurdo que se ubica dentro de la irresponsabilidad fiscal en cuanto a funciones públicas sujetas a fiscalización se refiere. 

Y para ser consecuentes con el espíritu de esta declaración de principios, no solo planteamos un problema, si no que presentamos y exigimos la solución: que se adjudique el mismo puntaje a las 3 categorías de juicio sobre las cuales se sustentan actualmente los jurados para realizar sus valoraciones. Es decir, que viabilidad técnica (sobre la calidad artística del proyecto, la más subjetiva de las calificaciones, hoy en 60 puntos), viabilidad financiera (donde un proyecto puede demostrar a ciencia cierta que será rodado, hoy en 30 puntos) y coherencia y alcance (donde se comprueba que el proyecto logrará el único objetivo para el cual sería realizado: ser visto, hoy en 10 puntos) tengan cada una 33,3 puntos de peso sobre la valoración final del concurso. 

Y para ayudar a lograr este hito histórico que sin duda creará un boom en el cine nacional, y que cualquier proyecto de estado  con una responsabilidad genuina con su pueblo respalda, añadimos las siguientes consideraciones:

1. Desconocemos el origen del despropósito de someter nuestros proyectos ante jurados exclusivamente extranjeros, pero estamos factualmente seguros de que esto no ocurre en ningún otro lugar del mundo. Solo en el Ecuador podríamos pensar en someternos voluntariamente a una interpretación y juicios netamente foráneos. La conformación de los jurados debe incluir un número equitativo de jueces nacionales y extranjeros, para así cumplir con la máxima expresada por el inefable Fritz Lang: lo local es la mejor manera de llegar a lo universal.


Adicionalmente, entendemos que se guarde la reserva de sus identidades antes del concurso, pero sus comentarios individuales, en los puntajes finales, deben ir acompañados de sus firmas, para así garantizar un mínimo de objetividad y responsabilidad en sus valoraciones personales.  


2. El documental, la ficción y la animación tienen características estéticas, sociales y argumentales distintas, y por lo tanto, distintas necesidades económicas, mereciendo cada una su espacio y presupuesto, independientemente de si gana solo uno o más de un proyecto dentro de cada categoría. Las categorías dentro de las convocatorias no deben mezclarse entre sí, es decir, las cantidades asignadas pueden ser las mismas, pero deben participar, ser juzgadas y otorgarse de manera independiente.


3. Consideramos importante que se realice un censo abierto y transparente con respecto a la cantidad de proyectos presentados a las convocatorias por ciudad y provincia, tan solo para entender las disparidades de expresión artística dentro del territorio nacional.


  4. El IFCI tiene el deber de exigir a los proyectos declarar públicamente el monto ingresado a sus arcas previo a su participación en las convocatorias, ya sea en efectivo o en materia de coproducción, ya que los fondos no son para beneficiar económicamente a los participantes si no para promover la cultura y la identidad del cine nacional. 


5. Para concluir este manifiesto, quisiéramos señalar que durante la existencia del IFCI muy pocas veces han quedado beneficiadas películas de género. ¿Por qué privilegiar solamente un tipo de cine, una sola estética, una sola voz? Es responsabilidad del IFCI financiar comedia, terror, ciencia ficción, películas con capacidad potencial de conectar con el gran público, sobre todo siendo el cine de género el que más conecta con el público que financia su realización.

El cine de género guarda en su lenguaje el sentimiento de todo un pueblo, es un herramienta política y artística desde su nacimiento y es el camino natural para que una manifestación artística radical nos lleve realmente al sitial internacional que nos merecemos como nación elevada a la máxima potencia de surrealismo y poética Latinoamericana.

Es urgente romper con la dinámica del IFCI en la que los fondos están destinados solamente a financiar películas que se valoran en circuitos elitistas extranjeros y poco o nada, en cambio, el público local masivo. Ninguna contemplación elitista puede lograr nada para propagar genuinamente el cine nacional, necesitamos una visión que apunte primero a nosotros mismos para así poder llegar al mundo entero.

Esperamos se tomen nuestras observaciones con el gran ánimo, patriotismo y positivismo con que fueron pensadas y escritas, y esperamos una respuesta pública frente nuestra postura y pensamiento.

Agradecidos por su labor y abiertos al diálogo siempre, los firmantes nos identificamos con sentimientos de cambio, consideración y estima.

 


 

 

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La causa

Jueves 20 de febrero del 2025

Quito


CARTA ABIERTA a los estimados directivos del Ministerio de Cultura, Instituto Nacional de Patrimonio Cultural, Instituto de Fomento a la Creatividad e Innovación.-


Los abajo firmantes, en calidad de cineastas, espectadores, actores, críticos de cine y contadores de historias de la patria ecuatoriana, en cuanto a la forma y fondo en que se vienen realizando las convocatorias para las distintas categorías de fomento cinematográfico y audiovisual, y con el ánimo de llevar dichas convocatorias a un mayor sitial de equidad, justicia y efectividad, compartimos las siguientes observaciones nacidas de nuestra experiencia en el tema desde el 2008, año en que se aprobó la ley de cine gracias a los esfuerzos de todos los colegas y compañeros del cine y el audiovisual: 

Una mera mirada a los proyectos cinematográficos que se auspician desde el IFCI nos llevan a una conclusión ineludible: muchos de ellos finalmente no son estrenados, otra cantidad importante se exhiben con un público ínfimo, y una menor cantidad aún, a pesar de ganar premios y obtener cierto reconocimiento, carecen prácticamente de público alguno.

Nuestra premisa ética, histórica y técnica es sencilla: el Ecuador es un país, en el que por sus características históricas y económicas,  el único argumento sostenible para la existencia de un apoyo económico al cine, consiste en que contribuya al fomento de una identidad nacional que nazca desde el reflejo y desde la autocrítica para cumplir con la función más grande del arte: nutrir de preguntas a un espectador sediento de encontrarse a sí mismo en una sala de cine, un espectador que es quien, finalmente,  financia su realización. 

Sin pecar de exagerados consideramos que el auspiciar proyectos de un cine sin público es un absurdo que se ubica dentro de la irresponsabilidad fiscal en cuanto a funciones públicas sujetas a fiscalización se refiere. 

Y para ser consecuentes con el espíritu de esta declaración de principios, no solo planteamos un problema, si no que presentamos y exigimos la solución: que se adjudique el mismo puntaje a las 3 categorías de juicio sobre las cuales se sustentan actualmente los jurados para realizar sus valoraciones. Es decir, que viabilidad técnica (sobre la calidad artística del proyecto, la más subjetiva de las calificaciones, hoy en 60 puntos), viabilidad financiera (donde un proyecto puede demostrar a ciencia cierta que será rodado, hoy en 30 puntos) y coherencia y alcance (donde se comprueba que el proyecto logrará el único objetivo para el cual sería realizado: ser visto, hoy en 10 puntos) tengan cada una 33,3 puntos de peso sobre la valoración final del concurso. 

Y para ayudar a lograr este hito histórico que sin duda creará un boom en el cine nacional, y que cualquier proyecto de estado  con una responsabilidad genuina con su pueblo respalda, añadimos las siguientes consideraciones:

1. Desconocemos el origen del despropósito de someter nuestros proyectos ante jurados exclusivamente extranjeros, pero estamos factualmente seguros de que esto no ocurre en ningún otro lugar del mundo. Solo en el Ecuador podríamos pensar en someternos voluntariamente a una interpretación y juicios netamente foráneos. La conformación de los jurados debe incluir un número equitativo de jueces nacionales y extranjeros, para así cumplir con la máxima expresada por el inefable Fritz Lang: lo local es la mejor manera de llegar a lo universal.


Adicionalmente, entendemos que se guarde la reserva de sus identidades antes del concurso, pero sus comentarios individuales, en los puntajes finales, deben ir acompañados de sus firmas, para así garantizar un mínimo de objetividad y responsabilidad en sus valoraciones personales.  


2. El documental, la ficción y la animación tienen características estéticas, sociales y argumentales distintas, y por lo tanto, distintas necesidades económicas, mereciendo cada una su espacio y presupuesto, independientemente de si gana solo uno o más de un proyecto dentro de cada categoría. Las categorías dentro de las convocatorias no deben mezclarse entre sí, es decir, las cantidades asignadas pueden ser las mismas, pero deben participar, ser juzgadas y otorgarse de manera independiente.


3. Consideramos importante que se realice un censo abierto y transparente con respecto a la cantidad de proyectos presentados a las convocatorias por ciudad y provincia, tan solo para entender las disparidades de expresión artística dentro del territorio nacional.


  4. El IFCI tiene el deber de exigir a los proyectos declarar públicamente el monto ingresado a sus arcas previo a su participación en las convocatorias, ya sea en efectivo o en materia de coproducción, ya que los fondos no son para beneficiar económicamente a los participantes si no para promover la cultura y la identidad del cine nacional. 


5. Para concluir este manifiesto, quisiéramos señalar que durante la existencia del IFCI muy pocas veces han quedado beneficiadas películas de género. ¿Por qué privilegiar solamente un tipo de cine, una sola estética, una sola voz? Es responsabilidad del IFCI financiar comedia, terror, ciencia ficción, películas con capacidad potencial de conectar con el gran público, sobre todo siendo el cine de género el que más conecta con el público que financia su realización.

El cine de género guarda en su lenguaje el sentimiento de todo un pueblo, es un herramienta política y artística desde su nacimiento y es el camino natural para que una manifestación artística radical nos lleve realmente al sitial internacional que nos merecemos como nación elevada a la máxima potencia de surrealismo y poética Latinoamericana.

Es urgente romper con la dinámica del IFCI en la que los fondos están destinados solamente a financiar películas que se valoran en circuitos elitistas extranjeros y poco o nada, en cambio, el público local masivo. Ninguna contemplación elitista puede lograr nada para propagar genuinamente el cine nacional, necesitamos una visión que apunte primero a nosotros mismos para así poder llegar al mundo entero.

Esperamos se tomen nuestras observaciones con el gran ánimo, patriotismo y positivismo con que fueron pensadas y escritas, y esperamos una respuesta pública frente nuestra postura y pensamiento.

Agradecidos por su labor y abiertos al diálogo siempre, los firmantes nos identificamos con sentimientos de cambio, consideración y estima.

 


 

 

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Petición creada en 20 de febrero de 2025