Neuigkeit zur PetitionPor una mayor transparencia en Change.orgChange.org: ¿un negocio redondo?
Arturo TiradorVitoria-Gasteiz, Spanien
21.10.2018

Quienes deseen contribuir a esta campaña con información, sugerencias o contactos en medios de comunicación, pueden escribirme a cambiar.change@gmail.com

La vida me ha enseñado que aunque uno esté convencido de tener toda la razón, cabe la posibilidad de que esté completamente equivocado. Es más, uno está parcialmente equivocado casi siempre. En el caso que nos ocupa me haría particular ilusión que esta premisa se cumpliera. Si Change.org accediera a nuestra petición para que haya una mayor transparencia en la organización, estoy convencido de que este debate adquiriría un cariz muy distinto, que sería lo deseable. Sin embargo, es lo que tiene la opacidad informativa, que genera dudas y desconfianza, reacciones ambas comprensibles y legítimas.

Me ha resultado curioso descubrir el reducido número de empleados contratados por Change.org en relación a su tamaño. Supuestamente una plantilla de menos de 200 personas ha de atender a 250 millones de usuarios a nivel mundial. De hecho en España, donde dicen cuentan con 14 millones de socios registrados, el equipo lo conforman aparentemente Luis, María, José, Javi y Noemí (*), es decir, tan solo cinco personas. Admito que más que indignación siento lástima y admiración por ellos, pues a más de dos millones de personas por empleado, la carga de trabajo debe de ser considerable.

Cabría preguntarse qué negocio puede ser mejor que uno que, además de necesitar aparentemente de muy pocos empleados para el ejercicio de su actividad, no produce nada tangible y de nada por tanto nos podemos quejar sus clientes al recibir un producto hasta cierto punto inexistente. Y digo que no produce nada porque, si bien es cierto que nos prestan gratuitamente su plataforma, esta no parece aportar al usuario beneficio alguno que se precie (se lo aporta a la empresa), a no ser que esté dispuesto a contratar los servicios de pago que la misma contiene o que tenga la suerte (mejor haría en jugar a la lotería) de ser uno de los pocos elegidos supuestamente aupados por Change.org hasta la victoria. Para el resto, no es sino una página web o tablón de anuncios con escasa o nula repercusión. Al menos esa es mi percepción y mi experiencia. Si estoy equivocado, por favor corríjanme.

Por supuesto se dan algunas victorias. Muchísimas incluso, podría alegarse, si no fuera porque el volumen de peticiones que queda desatendido es desproporcionado. Ya en 2012, según un comentario hecho por Ben Rattray, fundador de la organización, a la periodista Ana Pastor en una entrevista televisada, Change.org publicaba más de 50.000 peticiones al mes, por lo que asumo que seis años después serán muchas más. Pues bien, la inmensa mayoría de ellas han pasado completamente desapercibidas, lo cual, con una audiencia millonaria, es en mi opinión difícilmente justificable.

Llámenme perspicaz si quieren, pero tal y como yo lo veo, los contenidos publicados los creamos los usuarios; las firmas requeridas para que las peticiones prosperen las aportamos los usuarios; la audiencia puesta a disposición de quien desee acceder a ella previo pago somos los propios usuarios (somos la mercancía con la que trafican); quienes generamos su espectacular crecimiento (en torno a 100.000 nuevos socios registrados al día, a juzgar por las cifras que han ido publicando en su web en los últimos meses) somos, una vez más, los usuarios, a través de nuestras redes sociales o cuando los medios de comunicación se hacen eco de nuestras campañas; y lo que es aún más relevante, el dinero necesario para financiar la plataforma y su gestión (y cualquier beneficio económico resultante, si lo hubiera), lo pagamos también nosotros mediante suscripciones y patrocinios que nos son requeridos de manera reiterada, cada vez que firmamos una petición.

Normal que la fuerza laboral sea tan reducida: de los seis ingredientes esenciales para el funcionamiento de Change.org que he podido identificar (el sexto es la plataforma informática), cinco se los regalamos nosotros: la audiencia, los contenidos, las firmas, la publicidad y el dinero. Dicho de otra manera: no es que ustedes nos ofrezcan sus servicios gratis; es que somos nosotros quienes les ofrecemos gratis los nuestros.

En palabras citadas por Vozpópuli en 2015 del entonces Director de Comunicación de Change.org, John Coventry: “Puedes decir que los ingresos se estiman en el orden de decenas de millones de dólares (…) No vamos a pedir disculpas por nuestro éxito. Tenemos 100 millones de usuarios a nivel global y ocho millones en España, y no vamos a parar hasta ser la mayor empresa social del mundo”. Tan solo tres años después, con más de 250 millones de usuarios (251.096.508 el 27 de septiembre, según su web) y supongo todavía mayores ingresos, me da la impresión de que ya lo han conseguido: ¡enhorabuena! Lo que ya no me queda tan claro (esto no es una acusación ni tampoco una insinuación, es una solicitud de aclaración), es lo de “empresa social”, pues nadie nos ha explicado a qué se destinan esas decenas de millones de dólares a las que hizo referencia su Director de Comunicación. Por favor, que alguien nos lo explique.

Porque hasta donde yo sé, los fondos económicos recaudados no se destinan a causas sociales, sino que más bien se utilizan las causas sociales para recaudar fondos económicos, que no es lo mismo. En cualquier caso, aunque estuviera completamente equivocado y admito poder estarlo, dada nuestra indiscutible contribución al éxito de su empresa, creo que nos hemos ganado con creces el derecho a conocer cómo gestionan nuestras firmas y nuestro dinero, que es lo único que estamos reivindicando.

CEMENTERIO DE PETICIONES

Quizás consideren que todo lo expuesto son conjeturas imaginadas por una mente paranoide y calenturienta (yo lo pensaría), pero por mucho que me resista a llegar a conclusiones precipitadas, no puedo evitar toparme de frente con la cruda realidad, que es muy tozuda. Tras analizar en detalle las 1.000 campañas inmediatamente anteriores a la presente (**), más que nada para comprobar que mi experiencia no era un caso aislado, he descubierto que Change.org es un auténtico cementerio de peticiones.

·      Más de 1.000.000 de firmas: 2 peticiones (0,2%)

·      500.000-1.000.000 de firmas: 3 peticiones (0,3%)

·      100.000-500.000 firmas: 8 peticiones (0,8%)

·      50.000-100.000 firmas: 4 peticiones (0,4%)

·      10.000-50.000 firmas: 13 peticiones (1,3%)

·      5.000-10.000 firmas: 17 peticiones (1,7%)

·      1.000-5000 firmas: 93 peticiones (9,3%)

·      100-1.000 firmas: 313 peticiones (31,3%)

·      Menos de 100 firmas: 547 peticiones (54,7%)

Las estadísticas de las 1.000 peticiones inmediatamente posteriores (**) tampoco pintaban un cuadro más halagüeño:

·      Más de 1.000.000 de firmas: 0 peticiones (0,0%)

·      500.000-1.000.000 de firmas: 0 peticiones (0,0%)

·      100.000-500.000 firmas: 13 peticiones (1,3%)

·      50.000-100.000 firmas: 2 peticiones (0,2%)

·      10.000-50.000 firmas: 9 peticiones (0,9%)

·      5.000-10.000 firmas: 14 peticiones (1,4%)

·      1.000-5000 firmas: 113 peticiones (11,3%)

·      100-1.000 firmas: 304 peticiones (30,4%)

·      Menos de 100 firmas: 545 peticiones (54,5%)

¿A qué se debe un fracaso de tamaña magnitud por parte de Change.org en su misión de dar voz a los sin voz? ¿Qué explicación encontramos para que aparentemente más del 97% de las peticiones obtenga menos de 10.000 firmas y en torno al 85% no alcance siquiera las 1.000 (más de un 50% menos de 100)? ¿Cómo es posible que la inmensa mayoría de las peticiones se publiquen y presuntamente muchas de ellas recauden cantidades considerables de dinero a sabiendas –presumiblemente– de que van a quedar huérfanas y enterradas, pues sin el apoyo decidido por parte de la organización es prácticamente imposible que adquieran la dimensión necesaria para que prosperen? ¿Qué criterios específicos utiliza la dirección de Change.org para realizar tan delicada selección, en el supuesto de que dicha selección efectivamente se realice? ¿criterios humanitarios, sentimentales, políticos, democráticos, intelectuales, mediáticos, económicos?

Por qué razón se infrautiliza hasta esos extremos semejante potencial de comunicación y cambio, siendo el cambio, mediante la comunicación, la supuesta razón de ser de “la mayor plataforma de peticiones del mundo”, es un misterio para mí. Quiero creer que lo que a ustedes les falta no es vergüenza ni sensibilidad, sino personal y en grandes cantidades, pues sin una mayor implicación humana parece complicado gestionar ese volumen de información y obtener buenos resultados, y a las evidencias presentadas me remito.

Lo que no sabemos, al ocultársenos las cuentas, es si emplean a poca gente por falta de dinero o para ahorrárselo. Es decir, si lo hacen por necesidad o por vicio; si son ustedes una empresa comprometida socialmente sin ningún ánimo de lucro, que es lo que yo entiendo por “empresa social”, o un negocio redondo. La Wikipedia dice lo siguiente al respecto: “Change.org se define como empresa social. Se ha criticado su exigencia de transparencia total para con sus suscriptores siendo que por regla general no revela sus beneficios económicos percibidos. Asimismo, los críticos de esta página señalan que en su plataforma se pueden ver peticiones en contra de los paraísos fiscales cuando la propia Change.org está constituida en el estado de Delaware, uno de los tres estados norteamericanos que de facto permiten una exención de impuestos para sociedades limitadas”.

Tampoco sabemos si tienen superávit o falta de liquidez. Quizás nos lo puedan aclarar, no vaya a ser que algunos estemos tentados a pensar mal y sean al final unos costes operativos astronómicos la causa de todos sus aparentes males. Supongo que ello explicaría el siguiente mensaje suyo mostrado a sus usuarios recientemente: “la realidad es que necesitamos 500 nuevos socios antes de fin de mes para seguir garantizando el futuro de Change.org en España”.

Sea cual sea el motivo, el resultado es ciertamente desalentador: presumiblemente cientos de miles de peticionarios que a lo largo de los años han depositado su confianza (muchos de ellos también su dinero) en una organización a la que perciben como benefactora se han visto defraudados, lo cual no quiere decir que haya habido fraude (seguro que no lo ha habido), aunque me consta que algunos lo han sentido como tal. Por si a alguien le hubiera quedado alguna duda, esta y no otra es la causa que ha motivado esta petición “Por una mayor transparencia en Change.org”.

(*) El 23 de septiembre recibí un email de Change.org firmado con la siguiente frase: “Un abrazo de Luis, María, José, Javi y Noemí, el equipo de Change.org en España”. Sin embargo, la respuesta de la organización al respecto publicada por mí el 13 de octubre en este mismo foro, aunque ambigua, parece dar a entender que el número de empleados en España es superior a cinco. Desconozco la razón por la que Change.org no ha optado por aclarar o desmentir el resto de la información contenida en este artículo, habiéndoles dado la oportunidad de hacerlo antes de su publicación.

(**) El número total de peticiones que obtuvieron menos de 100 firmas fue calculado el día 5 de octubre. El resto de las estadísticas expuestas anteriormente se calcularon los días 17 y 19 de septiembre respectivamente, volviéndose a repetir ambos cálculos el día 3 de octubre con el objeto de comprobar si se había producido alguna variación significativa. Los cambios percibidos fueron prácticamente imperceptibles.

NOTA ACLARATORIA: declaro, por razones éticas y legales, que cualquier mensaje expresado por mí en este artículo o en cualquier otra publicación de este foro que pudiera interpretarse como una aseveración, insinuación, acusación o difamación, no es tal. Todas las ideas expresadas son reflexiones, preguntas, hipótesis o impresiones personales hasta cierto punto subjetivas y planteadas siempre desde la asunción de que carezco de la información necesaria para emitir un juicio de valor categórico y fiable. El objeto fundamental de todas mis publicaciones no ha sido otro que el de recibir respuestas por parte de Change.org a las dudas planteadas, pues solo ellos disponen de toda la información. Quiero también dejar constancia de que no dudo de la vocación social, la honestidad y la buena intención de Change.org, sino en todo caso de su gestión y de su interpretación de lo que implica ser una empresa de índole social. Si alguien se hubiera sentido ofendido por alguno de mis comentarios o lo hubiera interpretado como un ataque a su integridad, le pido mis más sinceras disculpas por ello, pues nunca ha sido mi intención ofender ni desprestigiar a nadie. En mi defensa simplemente añadiré que cuando dudo y pregunto no estoy sino constatando mi desconocimiento y deseo de conocer. Dudar no es lo mismo que aseverar, más bien podría decirse que es todo lo contrario. En este sentido, yo asumo de manera inequívoca mi ignorancia y, donde se pudiera interpretar que he hecho una aseveración y demostrar que la misma es falsa, mi equivocación.

Si deseas ayudarnos a obtener 10.000 firmas patrocinando esta campaña desde 2€ lo puedes hacer aquí.

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