

¡Basta de normativas que convierten a los perros en seres peligrosos!
El problema
"Hola, somos Leo, Willy, Neu, Coco, Bowie y Tina, vivimos en Barcelona y, como podéis observar por nuestro aspecto, somos perros muy, pero que muy peligrosos. El otro día, un ciudadano anónimo llamó a la guardia urbana diciendo que en la plaza donde nos habíamos reunido había perros sueltos. Al rato, llega una furgoneta y bajan 4 agentes de la ley pidiendo los papeles a nuestros humanos para ponerles una multa. Ellos se quejaron porque llevábamos las correas puestas, pero les dijeron que, como nos las podían haber puesto al verles venir, era su palabra contra la nuestra y, si no les parecía justo, que pusieran un recurso. En fin, nuestros humanos no daban crédito y pidieron a los agentes que contactaran con el denunciante para que les dijera cuáles eran los perros que estaban sueltos y que no sancionaran indiscriminadamente, sin embargo, no hubo forma de razonar. Ahora somos unos más de tantos proscritos debido a los grandes perjuicios y daños que causamos por: jugar a buscar pelotas, saludarnos, pedir insistentemente chuches perrunas, comunicarnos oliéndonos nuestras partes traseras, en fin, esas cosillas tan PELIGROSAS, que hacemos los perros. "
Hola, somos los humanos de estas”fieras peligrosas“. Cada día los sacamos a pasear tres veces y, hasta ahora, a pesar de ser una obligación, eso sí, asumida con gusto, eran momentos bastante relajados. Nuestra condición de ciudadanos cívicos nos conduce a intentar causar las mínimas molestias a nuestros conciudadanos (limpiamos cuando ensucian, los educamos para la convivencia, etc.). Pero, por desgracia, estos paseos se han convertido en una suerte de estrés por la tensión causada ante una nueva normativa que te convierte en sospechoso de infracción por el simple hecho de ir con perros por la calle.
El 31 de octubre, a las 7.30 pm, nos multaron por estar en una plaza pública con nuestros perros. Daba igual que estuvieran atados y a menos de 1 metro de nosotros, según ellos, los acabábamos de atar a todos y, si no era así, podíamos poner un recurso después de pagar la sanción. La sensación de injusticia y de indefensión es tan absoluta que ya no vamos tranquilos por nuestra ciudad.
Cuando una normativa y su posterior aplicación por parte de los agentes de la ley no distingue entre conductas peligrosas y conductas inofensivas, tiene que revisarse y modificarse.
Imaginaos que por culpa de unos ciclistas poco cívicos, prohibieran la circulación en bicicleta por la vía pública. Y así, lo podríamos generalizar a cualquier actividad humana que pudiera causar molestias o daños a los demás: conducir un coche, tirar petardos, ir en patinete, etc. Está claro que si conduces un coche o vas en bicicleta podrías causar molestias o accidentes, pero eso NO debería ser motivo para prohibirte conducir o montar en bici con el cuidado de no dañar a nadie. Pues, esto es exactamente lo que recoge esta normativa, como algunos ciudadanos sueltan a sus perros sin la debida supervisión o seguridad, todos los perros deberán ir atados siempre.
Señor Collboni y demás concejales del Ayuntamiento de Barcelona, en nuestra ciudad convivimos medio millón de personas, aproximadamente, con un perro y deben garantizar nuestra seguridad y fomentar la convivencia. Tienen que saber que NO lo están haciendo. A partir de ahora, en las elecciones municipales, votaremos a aquel partido que no nos convierta, de manera arbitraria e indiscriminada, en unos infractores por el simple hecho de pasear con nuestros perros. Y no seremos los únicos.
Y no se escuden con el argumento de que vayamos a un pipi can, porque:
- En primer lugar, no son suficientes para el volumen de animales que hay en la ciudad.
- Además, la estructura cerrada de los mismos despierta el instinto de territorialidad que fomenta las conductas agresivas de algunos perros. Debido a esto, se producen más riñas y, más a menudo de lo que desearíamos, incidentes serios con la muerte de algún perro incluida.
- Por otra parte, hay muchos perros que no pueden entrar en un pipi can por lo aseverado anteriormente. Tienen miedo, por su carácter o por su tamaño se sienten más indefensos.
En conclusión, y para no alargarnos más, exigimos una normativa que nos proteja de los abusos de autoridad por parte de las fuerzas de seguridad y que no nos convierta en víctimas de acoso o de coacciones por parte de personas que, sencillamente, no quieren compartir el espacio de la ciudad con nosotros.
- Y añadimos: cuando una normativa criminaliza a un ciudadano cívico que cumple con sus deberes es un grave error para la convivencia. Se están produciendo denuncias, muchas veces falsas y anónimas, y eso conduce a que el denunciado injustamente también tenga que denunciar por ACOSO o COACCIÓN. Lo que parecería un asunto menor en relación con la seguridad ciudadana, podría derivar en un conflicto de mayor gravedad.
No conviertan a ciudadanos inofensivos, que no suponen ningún peligro para los demás, en un colectivo marginado o perseguido.
Si alguna vez habéis experimentado alguna situación parecida de indefensión, sea por convivir con un perro o, sencillamente, porque una ley o normativa perjudica tanto a los infractores como a los que la cumplen, nos gustaría que firmarais y compartierais esta petición de ayuda.
Gracias por vuestra atención,
Manel y Anna, los humanos de Willy y Neu, Nerea, la de Coco, Katerina, la de Leo, y Mayte, la de Bowie y Tina.


229
El problema
"Hola, somos Leo, Willy, Neu, Coco, Bowie y Tina, vivimos en Barcelona y, como podéis observar por nuestro aspecto, somos perros muy, pero que muy peligrosos. El otro día, un ciudadano anónimo llamó a la guardia urbana diciendo que en la plaza donde nos habíamos reunido había perros sueltos. Al rato, llega una furgoneta y bajan 4 agentes de la ley pidiendo los papeles a nuestros humanos para ponerles una multa. Ellos se quejaron porque llevábamos las correas puestas, pero les dijeron que, como nos las podían haber puesto al verles venir, era su palabra contra la nuestra y, si no les parecía justo, que pusieran un recurso. En fin, nuestros humanos no daban crédito y pidieron a los agentes que contactaran con el denunciante para que les dijera cuáles eran los perros que estaban sueltos y que no sancionaran indiscriminadamente, sin embargo, no hubo forma de razonar. Ahora somos unos más de tantos proscritos debido a los grandes perjuicios y daños que causamos por: jugar a buscar pelotas, saludarnos, pedir insistentemente chuches perrunas, comunicarnos oliéndonos nuestras partes traseras, en fin, esas cosillas tan PELIGROSAS, que hacemos los perros. "
Hola, somos los humanos de estas”fieras peligrosas“. Cada día los sacamos a pasear tres veces y, hasta ahora, a pesar de ser una obligación, eso sí, asumida con gusto, eran momentos bastante relajados. Nuestra condición de ciudadanos cívicos nos conduce a intentar causar las mínimas molestias a nuestros conciudadanos (limpiamos cuando ensucian, los educamos para la convivencia, etc.). Pero, por desgracia, estos paseos se han convertido en una suerte de estrés por la tensión causada ante una nueva normativa que te convierte en sospechoso de infracción por el simple hecho de ir con perros por la calle.
El 31 de octubre, a las 7.30 pm, nos multaron por estar en una plaza pública con nuestros perros. Daba igual que estuvieran atados y a menos de 1 metro de nosotros, según ellos, los acabábamos de atar a todos y, si no era así, podíamos poner un recurso después de pagar la sanción. La sensación de injusticia y de indefensión es tan absoluta que ya no vamos tranquilos por nuestra ciudad.
Cuando una normativa y su posterior aplicación por parte de los agentes de la ley no distingue entre conductas peligrosas y conductas inofensivas, tiene que revisarse y modificarse.
Imaginaos que por culpa de unos ciclistas poco cívicos, prohibieran la circulación en bicicleta por la vía pública. Y así, lo podríamos generalizar a cualquier actividad humana que pudiera causar molestias o daños a los demás: conducir un coche, tirar petardos, ir en patinete, etc. Está claro que si conduces un coche o vas en bicicleta podrías causar molestias o accidentes, pero eso NO debería ser motivo para prohibirte conducir o montar en bici con el cuidado de no dañar a nadie. Pues, esto es exactamente lo que recoge esta normativa, como algunos ciudadanos sueltan a sus perros sin la debida supervisión o seguridad, todos los perros deberán ir atados siempre.
Señor Collboni y demás concejales del Ayuntamiento de Barcelona, en nuestra ciudad convivimos medio millón de personas, aproximadamente, con un perro y deben garantizar nuestra seguridad y fomentar la convivencia. Tienen que saber que NO lo están haciendo. A partir de ahora, en las elecciones municipales, votaremos a aquel partido que no nos convierta, de manera arbitraria e indiscriminada, en unos infractores por el simple hecho de pasear con nuestros perros. Y no seremos los únicos.
Y no se escuden con el argumento de que vayamos a un pipi can, porque:
- En primer lugar, no son suficientes para el volumen de animales que hay en la ciudad.
- Además, la estructura cerrada de los mismos despierta el instinto de territorialidad que fomenta las conductas agresivas de algunos perros. Debido a esto, se producen más riñas y, más a menudo de lo que desearíamos, incidentes serios con la muerte de algún perro incluida.
- Por otra parte, hay muchos perros que no pueden entrar en un pipi can por lo aseverado anteriormente. Tienen miedo, por su carácter o por su tamaño se sienten más indefensos.
En conclusión, y para no alargarnos más, exigimos una normativa que nos proteja de los abusos de autoridad por parte de las fuerzas de seguridad y que no nos convierta en víctimas de acoso o de coacciones por parte de personas que, sencillamente, no quieren compartir el espacio de la ciudad con nosotros.
- Y añadimos: cuando una normativa criminaliza a un ciudadano cívico que cumple con sus deberes es un grave error para la convivencia. Se están produciendo denuncias, muchas veces falsas y anónimas, y eso conduce a que el denunciado injustamente también tenga que denunciar por ACOSO o COACCIÓN. Lo que parecería un asunto menor en relación con la seguridad ciudadana, podría derivar en un conflicto de mayor gravedad.
No conviertan a ciudadanos inofensivos, que no suponen ningún peligro para los demás, en un colectivo marginado o perseguido.
Si alguna vez habéis experimentado alguna situación parecida de indefensión, sea por convivir con un perro o, sencillamente, porque una ley o normativa perjudica tanto a los infractores como a los que la cumplen, nos gustaría que firmarais y compartierais esta petición de ayuda.
Gracias por vuestra atención,
Manel y Anna, los humanos de Willy y Neu, Nerea, la de Coco, Katerina, la de Leo, y Mayte, la de Bowie y Tina.


Actualizaciones de la petición
Compartir esta petición
Petición creada en 8 de noviembre de 2023