

Una calle para la Veneno


Una calle para la Veneno
El problema
Hace ahora un año falleció a los 52 años de edad Cristina Ortiz Rodríguez, La Veneno. Murió tras sufrir una caída accidental según su autopsia. Con su pérdida, nos dejó un gran ejemplo de visibilidad de nuestro país.
Se fue quien, según su biógrafa Valeria Vegas, era “un ejemplo de singularidad y espontaneidad, alguien que traspasaba edades, sexo y clases sociales porque poseía algo capaz de fascinar a cualquiera: ser un animal libre que dejó un legado de frivolidad, libertad y valentía”.
Por eso desde Arcópoli queremos pedir al Ayuntamiento de Madrid que conceda una calle a Cristina Ortiz, la Veneno. Sabemos que en Madrid hay varias calles dedicadas a personajes LGTBfobos como los doctores Juan José López Ibor en el distrito de Tetuán o Juan Antonio Vallejo-Nájera en Arganzuela. Ambos, y de forma oficial, sometieron durante años a decenas de homosexuales / transexuales a tratamientos con electroshocks e incluso lobotomías con la intención de “curarles”.
Mientras esperamos a que en 2018 la Organización Mundial de la Salud deje de incluir a la transexualidad en su capítulo de “trastornos” - aunque lo considerará como “incongruencia de género” -, Madrid merece ser pionera en reconocer la valentía y el carisma de una persona que tanto luchó por el colectivo transexual.

El problema
Hace ahora un año falleció a los 52 años de edad Cristina Ortiz Rodríguez, La Veneno. Murió tras sufrir una caída accidental según su autopsia. Con su pérdida, nos dejó un gran ejemplo de visibilidad de nuestro país.
Se fue quien, según su biógrafa Valeria Vegas, era “un ejemplo de singularidad y espontaneidad, alguien que traspasaba edades, sexo y clases sociales porque poseía algo capaz de fascinar a cualquiera: ser un animal libre que dejó un legado de frivolidad, libertad y valentía”.
Por eso desde Arcópoli queremos pedir al Ayuntamiento de Madrid que conceda una calle a Cristina Ortiz, la Veneno. Sabemos que en Madrid hay varias calles dedicadas a personajes LGTBfobos como los doctores Juan José López Ibor en el distrito de Tetuán o Juan Antonio Vallejo-Nájera en Arganzuela. Ambos, y de forma oficial, sometieron durante años a decenas de homosexuales / transexuales a tratamientos con electroshocks e incluso lobotomías con la intención de “curarles”.
Mientras esperamos a que en 2018 la Organización Mundial de la Salud deje de incluir a la transexualidad en su capítulo de “trastornos” - aunque lo considerará como “incongruencia de género” -, Madrid merece ser pionera en reconocer la valentía y el carisma de una persona que tanto luchó por el colectivo transexual.

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Petición creada en 6 de noviembre de 2017