Prohibir las vaquillas en las fiestas de las Torres de Cotillas


Prohibir las vaquillas en las fiestas de las Torres de Cotillas
El problema
En tauromaquia se entiende por toreo de vaquillas, suelta de reses o capeas, los festejos consistentes en correr o torear reses bravas de 2 a 3 años o incluso de menor o mayor edad, por participantes aficionados en una plaza o recinto cerrado, o por las calles de una población.
Podría llegar a pensarse que estos espectáculos a priori incruentos, en los que no se producen heridas ni sangrado, son “inocuos” para para los animales. Sin embargo, nada más lejos de la realidad: implican un gran padecimiento, tanto psíquico como físico, para las vacas y vaquillas que son obligadas a participar en ellos.
Como ya ha sido demostrado en numerosos estudios científicos, el organismo de todos los animales vertebrados está dotado de un sistema neuroendocrino que les capacita para sentir plenamente tanto experiencias positivas (placer) como negativas (dolor, sufrimiento). En el caso de los individuos de la especie bovina, las manifestaciones dolorosas o de sufrimiento no suelen ser fáciles de reconocer, porque son presas de otros animales y está en su naturaleza ocultarlas, a fin de no manifestar debilidad ante potenciales depredadores (1). A pesar de ello, existen protocolos dotados de rigor científico que nos confirman que estos animales realmente sufren en estas situaciones, ya que les provocan una alteración en el normal funcionamiento orgánico y fisiología de estos bóvidos (lo que puede definirse como ausencia de bienestar animal).
Si analizamos las siguientes definiciones:
MALTRATAR: “Causar daño físico o moral a una persona o animal”.
CRUELDAD: “Acción que causa sufrimiento y dolor intensos”.
SUFRIMIENTO: “Dolor o padecimiento físico o psíquico”.
Podemos afirmar que
LAS VAQUILLAS y VACAS, en estos espectáculos, PADECEN MALTRATO, CRUELDAD Y SUFRIMIENTO.

El problema
En tauromaquia se entiende por toreo de vaquillas, suelta de reses o capeas, los festejos consistentes en correr o torear reses bravas de 2 a 3 años o incluso de menor o mayor edad, por participantes aficionados en una plaza o recinto cerrado, o por las calles de una población.
Podría llegar a pensarse que estos espectáculos a priori incruentos, en los que no se producen heridas ni sangrado, son “inocuos” para para los animales. Sin embargo, nada más lejos de la realidad: implican un gran padecimiento, tanto psíquico como físico, para las vacas y vaquillas que son obligadas a participar en ellos.
Como ya ha sido demostrado en numerosos estudios científicos, el organismo de todos los animales vertebrados está dotado de un sistema neuroendocrino que les capacita para sentir plenamente tanto experiencias positivas (placer) como negativas (dolor, sufrimiento). En el caso de los individuos de la especie bovina, las manifestaciones dolorosas o de sufrimiento no suelen ser fáciles de reconocer, porque son presas de otros animales y está en su naturaleza ocultarlas, a fin de no manifestar debilidad ante potenciales depredadores (1). A pesar de ello, existen protocolos dotados de rigor científico que nos confirman que estos animales realmente sufren en estas situaciones, ya que les provocan una alteración en el normal funcionamiento orgánico y fisiología de estos bóvidos (lo que puede definirse como ausencia de bienestar animal).
Si analizamos las siguientes definiciones:
MALTRATAR: “Causar daño físico o moral a una persona o animal”.
CRUELDAD: “Acción que causa sufrimiento y dolor intensos”.
SUFRIMIENTO: “Dolor o padecimiento físico o psíquico”.
Podemos afirmar que
LAS VAQUILLAS y VACAS, en estos espectáculos, PADECEN MALTRATO, CRUELDAD Y SUFRIMIENTO.

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Petición creada en 2 de octubre de 2019