No a la macrogranja de cebadero de cerdos de Daimiel (Ciudad Real)

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Los proyectos de macrograjas de ganadería intensiva no paran de aumentar, especialmente ahora que en Aragón y Cataluña están alarmados porque se están contaminando las aguas subterráneas, y se están desplazando a La Mancha.

Los acuíferos 23 y 24 ya están contaminados por nitratos, procedentes de la agricultura y la ganadería.

La mayoría de las poblaciones usan agua de pozos de esos acuíferos para abastecimiento humano, por lo que su contaminación por vertidos de purines, de este y otros proyectos cercanos, vendrán a agravar la situación, ya de por sí muy delicada.

Además están declarados sobreexplotados por el exceso de extracción de agua para riego, y estas instalaciones ganaderas requieren mucho gasto de agua también, no solo para beber los animales, sino para la limpieza y arrastre de los purines, lo que hacen con mangueras de agua a presión.

El purín se extiende en cultivos cercanos a la granja y contribuye a contaminar la tierra y las aguas superficiales y subterráneas de la zona, por escorrentía y por lixiviados. Los malos olores que desprenden, las moscas, otros insectos y bacterias resistentes a los antibióticos son otros tantos problemas que acarrean, lo que conlleva a la resistencia a los antibióticos, tanto de las personas como de los animales.

Esta granja, concretamente va a tener una capacidad de 1980 cerdos de cebo, que saldrán cada 6 meses y se volverá a llenar, por lo que al año pasarán 3960 cabezas por esa macrogranja.

Estas instalaciones intensivas suponen una clara amenaza para el cambio climático. La ganadería es la responsable del 18 por ciento de emisión de gases de efecto invernadero. En España, según los últimos datos publicados, los sectores de la agricultura, ganadería, silvicultura y pesca, son los responsables de las emisiones del 54,4 por ciento del metano y del 72 por ciento del ácido nitroso, dos gases de efecto invernadero más potentes que el CO2.

Al calentamiento global se suman la pérdida de diversidad biológica: es ingente la cantidad de piensos que necesitan.

El sufrimiento animal es una constante, pues los cerdos permanecen enjaulados, y sin espacio para moverse apenas. Se les trata como a productos industriales y no como a seres vivos sintientes y con necesidades básicas no cubiertas. Por ello, habría que comer menos carne y más legumbres, frutas y verduras, es más barato y menos dañino para el medioambiente.

Habría que tener en cuenta los efectos acumulativos de malos olores, porque en el término municipal de Daimiel también existe ya una industria que genera malos olores y el malestar de la población aumentaría con la apertura de dicha granja de cerdos.

Los pocos puestos de trabajo que generaría se verían contrarrestados con los que se pueden perder por espantar a los turistas de naturaleza que vienen a ver el Parque Nacional de Las Tablas de Daimiel y sus lagunas circundantes, su fauna y su flora, que también se verían afectados.

Por todas estas razones, decimos No a la macrograja de cerdos de Daimiel, y te pedimos que firmes está petición, para hacerle llegar este mensaje claro y contundente a las autoridades responsables.

Tenemos que parar está barbaridad. Reivindicamos nuestro derecho a respirar aire limpio, sin malos olores, a tener nuestras aguas no contaminadas y un mundo rural vivo.