Apoya la ley Max para una educación con empatía y respeto en Ecuador


Apoya la ley Max para una educación con empatía y respeto en Ecuador
La causa
Durante años hemos intentado enfrentar el problema del abandono animal, la violencia y la desconexión con la naturaleza desde la reacción, desde la urgencia, incluso desde la indiferencia. Llegamos tarde. Siempre tarde. La Ley Max nace para cambiar eso desde la raíz: la educación. Inspirada en la experiencia de la Ley Empatía de Colombia, que integra el bienestar animal y la biodiversidad dentro de la educación ambiental , esta propuesta busca dar un paso más en Ecuador: formar ciudadanos que entiendan que no estamos solos, que convivimos con otras formas de vida que también tienen derechos.
El 6 de abril falleció Max, nuestro compañero, el poliperro que nunca tuvo un solo dueño porque era de todos. Pero hay algo que hace su historia distinta y profundamente poderosa: Max vivió durante años en una universidad, un espacio donde se aprende y se enseña. No era solo un perro en un campus. Era parte de un entorno educativo. Generaciones de estudiantes convivieron con él, lo cuidaron, lo entendieron y, sin darse cuenta, aprendieron empatía, respeto y responsabilidad. Max fue, sin proponérselo, un agente educativo vivo.
Por eso, en su nombre, queremos que ese impacto no se pierda. Si un solo perrito, en un solo espacio educativo, pudo transformar la forma en que miles de personas entienden la vida y la convivencia, imaginemos lo que podría lograrse si ese aprendizaje se convierte en política pública. La Ley Max busca precisamente eso: llevar ese impacto a todo el sistema educativo, para que la empatía no dependa del azar, sino que se enseñe, se practique y se viva.
La Ley Max propone incorporar de manera obligatoria y progresiva en el sistema educativo la educación en empatía como base de la convivencia social, el respeto y la protección de los animales, no solo como seres que sienten, sino como parte de nuestra comunidad, y el reconocimiento de los derechos de la naturaleza, que ya existen en nuestra Constitución, pero que aún no se viven en la práctica. También impulsa la enseñanza de la tenencia responsable de animales de compañía y la comprensión de que existe una interdependencia real entre humanos, animales, ecosistemas y salud pública. Porque no se trata solo de animales, se trata del tipo de sociedad que estamos formando.
Esta propuesta no se queda en el discurso. La Ley Max plantea que estos enfoques se integren en proyectos escolares, actividades comunitarias, servicio social estudiantil y procesos de formación docente. Busca que la educación salga del aula y se conecte con la realidad, con el territorio, con los problemas que vemos todos los días. No es teoría, es transformación cultural.
La urgencia es evidente. La violencia no empieza en grande, empieza en lo pequeño, en la indiferencia. Un niño que aprende a respetar a un animal aprende a respetar la vida. Un joven que entiende la naturaleza toma mejores decisiones para el futuro. La Ley Max no es una ley para los animales, es una ley para nosotros.
Esta iniciativa nace desde la acción en territorio y desde la experiencia real, impulsada por una alianza entre Poliperros, Fundación PAE, LOA y Una Vida Guau, que articula a colectivos animalistas, academia y empresa privada. Es la prueba de que este cambio no solo es necesario, sino posible.
Hoy tienes la oportunidad de ser parte de ese cambio. La educación define el futuro de un país. Firmar esta petición es dar un paso para que el legado de Max siga vivo, no en palabras, sino en decisiones, en políticas y en una nueva forma de entender la vida en comunidad.
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La causa
Durante años hemos intentado enfrentar el problema del abandono animal, la violencia y la desconexión con la naturaleza desde la reacción, desde la urgencia, incluso desde la indiferencia. Llegamos tarde. Siempre tarde. La Ley Max nace para cambiar eso desde la raíz: la educación. Inspirada en la experiencia de la Ley Empatía de Colombia, que integra el bienestar animal y la biodiversidad dentro de la educación ambiental , esta propuesta busca dar un paso más en Ecuador: formar ciudadanos que entiendan que no estamos solos, que convivimos con otras formas de vida que también tienen derechos.
El 6 de abril falleció Max, nuestro compañero, el poliperro que nunca tuvo un solo dueño porque era de todos. Pero hay algo que hace su historia distinta y profundamente poderosa: Max vivió durante años en una universidad, un espacio donde se aprende y se enseña. No era solo un perro en un campus. Era parte de un entorno educativo. Generaciones de estudiantes convivieron con él, lo cuidaron, lo entendieron y, sin darse cuenta, aprendieron empatía, respeto y responsabilidad. Max fue, sin proponérselo, un agente educativo vivo.
Por eso, en su nombre, queremos que ese impacto no se pierda. Si un solo perrito, en un solo espacio educativo, pudo transformar la forma en que miles de personas entienden la vida y la convivencia, imaginemos lo que podría lograrse si ese aprendizaje se convierte en política pública. La Ley Max busca precisamente eso: llevar ese impacto a todo el sistema educativo, para que la empatía no dependa del azar, sino que se enseñe, se practique y se viva.
La Ley Max propone incorporar de manera obligatoria y progresiva en el sistema educativo la educación en empatía como base de la convivencia social, el respeto y la protección de los animales, no solo como seres que sienten, sino como parte de nuestra comunidad, y el reconocimiento de los derechos de la naturaleza, que ya existen en nuestra Constitución, pero que aún no se viven en la práctica. También impulsa la enseñanza de la tenencia responsable de animales de compañía y la comprensión de que existe una interdependencia real entre humanos, animales, ecosistemas y salud pública. Porque no se trata solo de animales, se trata del tipo de sociedad que estamos formando.
Esta propuesta no se queda en el discurso. La Ley Max plantea que estos enfoques se integren en proyectos escolares, actividades comunitarias, servicio social estudiantil y procesos de formación docente. Busca que la educación salga del aula y se conecte con la realidad, con el territorio, con los problemas que vemos todos los días. No es teoría, es transformación cultural.
La urgencia es evidente. La violencia no empieza en grande, empieza en lo pequeño, en la indiferencia. Un niño que aprende a respetar a un animal aprende a respetar la vida. Un joven que entiende la naturaleza toma mejores decisiones para el futuro. La Ley Max no es una ley para los animales, es una ley para nosotros.
Esta iniciativa nace desde la acción en territorio y desde la experiencia real, impulsada por una alianza entre Poliperros, Fundación PAE, LOA y Una Vida Guau, que articula a colectivos animalistas, academia y empresa privada. Es la prueba de que este cambio no solo es necesario, sino posible.
Hoy tienes la oportunidad de ser parte de ese cambio. La educación define el futuro de un país. Firmar esta petición es dar un paso para que el legado de Max siga vivo, no en palabras, sino en decisiones, en políticas y en una nueva forma de entender la vida en comunidad.
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Petición creada en 19 de abril de 2026