Algete: No borres el nombre de quien nos enseñó a cantar en libertad

Algete: No borres el nombre de quien nos enseñó a cantar en libertad

Firmantes recientes
Inmaculada Díaz García y 19 personas más han firmado la petición recientemente.

El problema

Al Ayuntamiento de Algete y a su alcalde, Fernando Romo:

Hay nombres que no pertenecen solo a quien los porta. Hay nombres que pertenecen a una generación entera. Joan Manuel Serrat es uno de ellos.

Para muchos de nosotros, su música no fue solo entretenimiento. Fue compañía en los años más oscuros, fue esperanza cuando la esperanza estaba prohibida, fue la voz que se atrevió a decir en voz alta lo que otros solo se atrevían a susurrar. Serrat vivió la dictadura, sufrió los vetos, la censura y hasta el exilio. Renunció a representar a España en Eurovisión en 1968 si no se le permitía cantar en catalán, y se fue al exilio en México tras condenar públicamente los últimos fusilamientos del régimen en 1975. No era un gesto menor. Era jugarse la carrera, la vida cotidiana, el futuro.

Con Miguel Hernández y con Joan Manuel Serrat crecimos tarareando canciones con palabras que antes estaban casi prohibidas. Para la libertad, Mediterráneo, Penélope, Aquellas pequeñas cosas… No son solo canciones. Son la banda sonora de una España que aprendió a respirar. Son el hilo invisible que une a padres e hijos, a abuelos y nietos, a quienes vivieron la Transición y a quienes la heredaron.

Tras el final de la dictadura, la figura de Serrat adquirió una mayor relevancia no solo como músico, sino como referente de los valores democráticos y la libertad de expresión. Su regreso a los escenarios fue un acontecimiento de gran significado, tanto para sus seguidores como para quienes le habían visto como un símbolo de resistencia durante los años más oscuros del régimen.

Ese es el hombre cuyo nombre lleva desde hace casi dos décadas el principal edificio cultural de Algete. No un nombre cualquiera. Un nombre que es memoria viva.

Y ahora, el Ayuntamiento de Algete —en un pleno extraordinario, a puerta cerrada, tramitado por urgencia para evitar el debate— ha decidido borrarlo.

Lo han hecho sin consultar ampliamente a los vecinos. Lo han hecho ignorando la oposición unánime de muchos vecinos, asociaciones y grupos municipales. Lo han hecho argumentando una supuesta "falta de arraigo" de Serrat con Algete, como si el arraigo cultural se midiera por el lugar de nacimiento y no por lo que una obra significa para la gente.

Nadie niega los méritos de Cruz Epifanio Mateo Fernández. Su labor como director de la Banda de Música Villa de Algete y su contribución a la vida cultural del municipio merecen reconocimiento. Pero reconocer a alguien no exige borrar a otro. Algete tiene parques, auditorios, salas, plazas. Hay formas de honrar sin destruir.

Lo que pedimos es sencillo:

Que se revoque el acuerdo del Pleno Extraordinario del 28 de mayo de 2026.
Que se mantenga el nombre de Joan Manuel Serrat en el edificio cultural de Algete.
Que se busque una fórmula digna para reconocer a Cruz Epifanio Mateo Fernández sin eliminar un legado consolidado.
Que en el futuro, decisiones de esta carga simbólica se tomen con transparencia, con debate abierto y con respeto a la ciudadanía.
No pedimos que se olvide a nadie. Pedimos que no se nos obligue a olvidar.

Serrat cantó "para la libertad" cuando cantar eso tenía un precio. Lo mínimo que podemos hacer es no dejar que ahora, en democracia, su nombre desaparezca de un plumazo burocrático.

La cultura no se construye borrando. Se construye sumando.

Firma. Comparte. Que se escuche en Algete y más allá.

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Inmaculada Díaz García y 19 personas más han firmado la petición recientemente.

El problema

Al Ayuntamiento de Algete y a su alcalde, Fernando Romo:

Hay nombres que no pertenecen solo a quien los porta. Hay nombres que pertenecen a una generación entera. Joan Manuel Serrat es uno de ellos.

Para muchos de nosotros, su música no fue solo entretenimiento. Fue compañía en los años más oscuros, fue esperanza cuando la esperanza estaba prohibida, fue la voz que se atrevió a decir en voz alta lo que otros solo se atrevían a susurrar. Serrat vivió la dictadura, sufrió los vetos, la censura y hasta el exilio. Renunció a representar a España en Eurovisión en 1968 si no se le permitía cantar en catalán, y se fue al exilio en México tras condenar públicamente los últimos fusilamientos del régimen en 1975. No era un gesto menor. Era jugarse la carrera, la vida cotidiana, el futuro.

Con Miguel Hernández y con Joan Manuel Serrat crecimos tarareando canciones con palabras que antes estaban casi prohibidas. Para la libertad, Mediterráneo, Penélope, Aquellas pequeñas cosas… No son solo canciones. Son la banda sonora de una España que aprendió a respirar. Son el hilo invisible que une a padres e hijos, a abuelos y nietos, a quienes vivieron la Transición y a quienes la heredaron.

Tras el final de la dictadura, la figura de Serrat adquirió una mayor relevancia no solo como músico, sino como referente de los valores democráticos y la libertad de expresión. Su regreso a los escenarios fue un acontecimiento de gran significado, tanto para sus seguidores como para quienes le habían visto como un símbolo de resistencia durante los años más oscuros del régimen.

Ese es el hombre cuyo nombre lleva desde hace casi dos décadas el principal edificio cultural de Algete. No un nombre cualquiera. Un nombre que es memoria viva.

Y ahora, el Ayuntamiento de Algete —en un pleno extraordinario, a puerta cerrada, tramitado por urgencia para evitar el debate— ha decidido borrarlo.

Lo han hecho sin consultar ampliamente a los vecinos. Lo han hecho ignorando la oposición unánime de muchos vecinos, asociaciones y grupos municipales. Lo han hecho argumentando una supuesta "falta de arraigo" de Serrat con Algete, como si el arraigo cultural se midiera por el lugar de nacimiento y no por lo que una obra significa para la gente.

Nadie niega los méritos de Cruz Epifanio Mateo Fernández. Su labor como director de la Banda de Música Villa de Algete y su contribución a la vida cultural del municipio merecen reconocimiento. Pero reconocer a alguien no exige borrar a otro. Algete tiene parques, auditorios, salas, plazas. Hay formas de honrar sin destruir.

Lo que pedimos es sencillo:

Que se revoque el acuerdo del Pleno Extraordinario del 28 de mayo de 2026.
Que se mantenga el nombre de Joan Manuel Serrat en el edificio cultural de Algete.
Que se busque una fórmula digna para reconocer a Cruz Epifanio Mateo Fernández sin eliminar un legado consolidado.
Que en el futuro, decisiones de esta carga simbólica se tomen con transparencia, con debate abierto y con respeto a la ciudadanía.
No pedimos que se olvide a nadie. Pedimos que no se nos obligue a olvidar.

Serrat cantó "para la libertad" cuando cantar eso tenía un precio. Lo mínimo que podemos hacer es no dejar que ahora, en democracia, su nombre desaparezca de un plumazo burocrático.

La cultura no se construye borrando. Se construye sumando.

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