SOS/LA VIDA ES UN DERECHO, NO UNA OBLIGACIÓN. Nuestra mujer y madre nunca quiso vivir así.

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Hace 5 años, en nochebuena... habíamos disfrutado de una gran cena en familia, nos habíamos entregado los regalos y todos dormían en sus habitaciones. Me desperté con mucha sed y me dirigí a la cocina para coger un vaso de agua. Justo antes de encender la luz, frente a la ventana, apoyada en la encimera sobre su brazo derecho y con el izquierdo tapándose la boca, vi a mi amatxu. Allí estaba ella: sola, a oscuras; llorando desconsoladamente mientras se mordía el brazo con rabia para que nadie la escuchase. Dudé unos segundos; ella aún no me había visto. No sabía si debía dejarla desahogarse en soledad o acompañarla. Finalmente me acerqué y la dije:

Amatxu.

Ella se asustó y tras decirme dos veces que me fuese por favor, se abrazó a mí y rompió a llorar sin poder casi respirar. No recuerdo el tiempo que estuvimos abrazados y llorando juntos mientras no paraba de repetirme:

—Te quiero, te quiero, os quiero, perdonadme por favor, os quiero, perdonadme...

Yo solo le abrazaba y lloraba con ella. Poco a poco se fue calmando y recuperando la respiración. Me agarró las manos con fuerza y mirándome fijamente a los ojos me dijo:

—Me tienes que prometer una cosa.

 —Dime —le repliqué.

 Ella insistió:

—Prométemelo: el día que no recuerde uno de vuestros nombres, ese primer día que veas que os confundo, que no sepa como os llamáis.... por favor, no esperéis a que me olvide de vosotros, a que no os reconozca como hijos o que no reconozca a aita. Ese día me tienes que ayudar a marchar.

Y así lo hice. Se lo prometí.

 Mi amatxu se llama Maribel, tiene 75 años y le diagnosticaron Alzheimer hace doce. Lleva junto a mi aita, su marido, 63 años. No me he equivocado de número, ella tenía 13 años cuando se conocieron y desde entonces han compartido este viaje juntos. Cómplices, amigos, amantes, esposos, padres. Mujer fuerte, luchadora, defensora, cual leona, de su marido, de sus hijos, de su familia y amigos, de su pueblo y de su tierra. Monógama, pero madre de todos. Vivió su vida a corazón descubierto y nos enseñó a amar, amándonos con locura.

Recibió la noticia de su enfermedad y tras un tiempo de desconcierto y pánico, comenzó a recibir clases de inglés y de euskera, hacer sudokus diariamente (yendo contra natura) y ralentizar así la evolución de su enfermedad. La batalla fue larga y dura, pero su lucha imperiosa le permitió disfrutar, un tiempo mayor del estimado, de unos años más de cordura, lucidez, felicidad y autonomía.

La enfermedad ha ganado la partida. Mi ama no sabe quien soy, no solo no recuerda nuestros nombres, sino que tampoco nos reconoce como sus hijos, y pocas veces reconoce al hombre con el que ha estado 63 años, como su marido. A veces soy su hijo, otras su padre, amigo, marido, desconocido e incluso su enemigo. Depende del momento. Y yo… no he cumplido mi promesa.

Sí, sabe que nos quiere y se siente a gusto bajo nuestra protección. Nuestra compañía la relaja. A eso nos hemos agarrado, como a un clavo ardiendo, quizá por miedo a negar la evidencia. Mi amatxu, no atiende a razones, no usa la lógica, no solo es incapaz de construir una frase completa sino que ni siquiera acaba una palabra. Se las inventa. Tiene su propio idioma. No se puede vestir sola, quiere irse a su casa cuando está en ella, no puede salir sola a la calle porque jamás sabría volver. Muchas veces la tenemos que dar de comer. Mi amatxu se mea, se caga, y hay que limpiarla y cambiarla todos los días. Últimamente, cuando tiene ganas de ir al baño, hace la acción inversa a la que debe hacer para expulsar las heces, y es mi aita quien le ayuda a sacarlas poco a poco, sin hacerla daño, para que no se hinche y sufra de dolor. Dolor tiene, y mucho. Este dolor le afecta a diferentes partes del cuerpo a lo largo del día, pero como no puede comunicarse y no puede explicar donde le duele, no podemos ayudarla. ¡Qué pensará!: «Esta gente a quien pido ayuda, que solo me mira con condescendencia, me abrazan y acarician, ¿porqué no me ayudan con mi dolor?»

Nadie puede imaginar el grado de impotencia que sentimos al ver llorar y hacer gestos de dolor a la mujer que más queremos, sin ser capaces de ayudarla. Mi amatxu se pierde en casa. Pocas veces reacciona a su nombre o a los apodos con los que la hemos llamado toda la vida. Se tumba a descansar  con los ojos abiertos y la mirada perdida. En muchas ocasiones caen lágrimas de sus ojos vacíos y sin expresión. Y yo… sigo sin cumplir mi promesa.

 Mi amatxu sufre; cada día, cada hora. Y hay un estado aconfesional (que no laico) que insiste en tipificar la eutanasia como delito. Mi amatxu tiene firmado su Documento de Voluntades Anticipadas (DVA), y nosotros no podemos hacerlas cumplir porque un estado determina que mi ama debe seguir sufriendo.

Pidió no vivir sin lucidez, pidió no vivir con dolor, pidió no vivir sin poder recordar… Pidió no vivir así. Si recuperase esa lucidez y cobrara consciencia de su estado actual, de su sufrimiento y del de quienes la rodean, acabaría con su vida, no sin antes habernos reprochado no haber cumplido sus Voluntades Anticipadas. Y a mí en particular, con la promesa que le hice.

La gente me dice que si le quitase la vida a mi madre, ese acto me generaría un remordimiento de por vida. El remordimiento es el que tengo ahora por permitir que mi amatxu viva así, o mejor dicho por mantener el cuerpo de mi ama con vida. Porque de ella esto es lo que queda: un cuerpo al 90% con una analítica casi perfecta, pero con dolores que no podemos identificar y una mente al  5%: ausente y triste, con segundos de lucidez durante el día.

El artículo 15 de la Constitución española dice así: «Todos tienen derecho a la vida y a la integridad física y moral, sin que, en ningún caso, puedan ser sometidos a tortura ni a penas o tratos inhumanos o degradantes…»

¿Qué es la muerte más que el último momento de la vida? ¿Acaso la muerte no forma parte de la vida? Si toda persona tiene derecho a que se respete su vida, ¿por qué no se respeta el derecho que tiene mi ama a no querer seguir viviéndola? Mi amatxu sufre: mental y físicamente. Todos los días. El gobierno español incluye una ley en el código penal que hace referencia a aquellas personas que practican la eutanasia, aplicándoles una condena de privación de libertad entre 2 y 8 años. Si no me equivoco, la Constitución española, que se creó tras la muerte de Franco, permitió que el estado español pasase de un “régimen dictatorial” a un “estado social y democrático de derecho”, que propugna como valores superiores del ordenamiento jurídico “LA LIBERTAD, LA JUSTICIA y LA IGUALDAD”. ¿Me van a castigar a mí con una privación de libertad de 2 a 8 años, por defender la libertad de mi ama?

Voy a hacer  también referencia al derecho internacional y a la legislación extranjera a la que el gobierno tantas veces apela. La CCT (Convención Contra la Tortura) ofrece una definición de “tortura y de tratos inhumanos y denigrantes”, conforme a la cual, en su primera definición dice así:     «I - dolo de producir sufrimiento físico y mental. II – tener por finalidad la obtención de información y confesión». Este delito está tipificado como un delito especial, que solo puede ser atribuido a aquellas personas que tengan autoridad o sean funcionarios públicos.

“Dolo”, dentro de la definición anterior, se refiere a ‘un acto voluntario y/o consciente’. Ahora bien, la jurisprudencia internacional, particularmente la europea, ha interpretado que los tratos inhumanos y denigrantes son conductas análogas a la tortura, pero que no alcanzan ese grado de intensidad si el segundo punto de la definición anterior no se lleva a cabo. Es decir, si no se da la premisa de finalidad de obtención de confesión, esta conducta no estaría tipificada como tortura. Eso sí, los tratos inhumanos y denigrantes hacia la persona estarían contemplados como conductas análogas a la tortura.

¿Acaso tenemos unos políticos ignorantes, que no conocen el sufrimiento de miles de pacientes con enfermedades terminales y degenerativas, terriblemente dolorosas mental y físicamente y que no tienen cura alguna? Si es así, no deberían ocupar esos puestos. Si no es así, quizá tendría que recurrir a mi derecho a denunciarles por conductas análogas a la tortura y trato denigrante a mi amatxu. Ellos son los creadores y los que se encargan del obligatorio cumplimiento de una ley que impide que yo acabe con ese sufrimiento y siga permitiendo esa degradación humana y ese dolor continuo. Solo me dan dos opciones:

Mi amatxu es libre, deja de sufrir, tiene una muerte digna y yo voy a la cárcel.
Yo soy libre, y mi madre sigue sufriendo sin descanso.

¿No será que en este estado aconfesional (aquel que no reconoce ninguna religión como oficial), la iglesia católica tiene tanta fuerza, que determina la base ética y/o moral de algunas de sus leyes? (la eutanasia, el aborto…) No tengo nada en contra de ninguna religión (pese a no comulgar con ninguna de ellas), pero tendríamos que tener la libertad de acogernos a cualquiera o a ninguna. No puede ser que un estado que se declara aconfesional, tenga leyes con bases morales/éticas directamente vinculadas a la iglesia católica. ¡¿De verdad la institución que representa esta religión me va a dar lecciones de ética y moral?! Una institución que entiende como normal que los sacerdotes no se puedan casar o que entiende que los homosexuales y las lesbianas sufren de una enfermedad. Una institución que defiende una absurda castidad mientras millones de personas mueren de sida en África por no permitir que se usen preservativos. ¡¿De verdad que la institución que lleva siglos ocultando los abusos de niños y permitiendo que sus miembros sigan cometiendo actos pederastas va a ser quien dictamine lo que es ético y moral?!

¿Quiénes son ustedes (gobierno e iglesia) para determinar, quizá no voluntariamente, pero sí conscientemente, este trato inhumano y denigrante hacia mi ama? ¿Quiénes son ustedes para decidir por los demás, algo tan personal como su derecho a vivir o morir? ¿Quiénes son ustedes para decidir una ley que obligue a mi ama a sufrir hasta su muerte?

No confundamos el derecho a la vida con el derecho a vivir. ¡Ya basta! Ustedes no pueden tener ese derecho. No les corresponde.

Y YO… SIGO SIN CUMPLIR MI PROMESA.

Danel Aser Lorente Tellaetxe

9 de noviembre de 2018

Pedimos la despenalización de la eutanasia y del suicidio asistido, para que cada uno pueda elegir libremente su final.

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