

Jus ad Bellum Cuba: el derecho de un pueblo a la resistencia civil!


Jus ad Bellum Cuba: el derecho de un pueblo a la resistencia civil!
The Issue
Libertad para Cuba: el pueblo cubano exige una vía democrática antes de otro Holodomor.
“Un adolescente de 15 años no debe estar preso por pedir comida y libertad. Exigimos liberación incondicional, ayuda humanitaria independiente y transición democrática real.”
Kevin Samuel tiene 15 años. Está preso en Cuba por salir a protestar pacíficamente en Morón, en marzo de 2026, en medio de apagones, hambre y desesperación. No llevaba armas. No atacó a nadie. Pidió, como tantos cubanos, vivir sin miedo y sin la angustia del hambre.
Su caso no es aislado. Cuba vive una crisis simultánea de represión política, pobreza extrema, inseguridad alimentaria, presos de conciencia, censura, exilio forzado y deterioro sanitario. Mientras la población enfrenta colas, apagones, falta de medicinas y mesas vacías, y el régimen mantiene cerrado todo camino real de cambio pacífico, la nomenclatura castrista, esa élite político militar oligárquica vive el paraíso socialista, parasitando al cubano de a pie.
En abril de 2026, Cuba alcanza un récord histórico documentado de 1.260 presos políticos, según Prisoners Defenders —entre ellos 33 menores de edad (algunos con apenas 15 años), 145 mujeres y al menos 32 personas en riesgo vital—. El 22 de enero de 2026, Lázaro García Ríos murió bajo custodia tras una huelga de hambre. Y mientras la población sufre, el 33,9 % de los hogares cubanos reporta que alguien se acuesta sin cenar; las muertes por desnutrición subieron un 74 % entre 2022 y 2023 según las propias cifras oficiales del régimen (ONEI); en la provincia de Granma, casi 8 de cada 10 personas viven en inseguridad alimentaria.
Firma y ayudamos a exigir una transición democrática real en Cuba, que permita la liberación de todos los presos políticos cubanos.
Cuba no vive bajo una democracia imperfecta, como algunos aún creen.
Cuba no vive bajo una democracia imperfecta, como intentan idealizar algunos sectores políticos y socios del castrismo. Vive bajo un régimen cleptocrático kakistocrático totalitario, de partido único que prohíbe el pluralismo político, controla la prensa, veta medios independientes, incluidas Organizaciones No Gubernamentales (ONGs), reprime el disenso, castiga la protesta pacífica, restringe severamente libertades civiles básicas, y constitucionaliza la dictadura (Constitución de 2019, arts. 4 y 5, que declaran "irrevocable" el sistema socialista y al Partido Comunista como "fuerza política dirigente superior de la sociedad y del Estado").
Desde el punto de vista de libertades policías, Cuba es reconocida como autocracia cerrada sin elecciones libres ni pluralismo. Respecto a las libertades civiles, clasificada como “Not Free”, con represión sistemática de disidencia y control estatal sobre la vida pública. Freedom House clasifica a Cuba como “Not Free”, con 9/100 puntos en libertad global. Según RSF (Reporteros Sin Fronteras) la tiranía castrista es uno de los países con menor libertad de prensa y expresión del mundo. Respecto a las libertades económicas, Cuba tiene una economía reprimida, con fuerte control estatal centralizado y ausencia crítica de garantías de propiedad.
En esta última, tan importante para el desarrollo de la nación, ONU / UNCTAD (United Nations Conference on Trade and Development) la describe como un “entorno altamente restrictivo para la inversión” con “ausencia de garantías jurídicas” y una “dependencia total de autorizaciones políticas”. Dando a Cuba como uno de los entornos más restrictivos del mundo para la inversión privada y extranjera.
En definitiva, todas las clasificaciones internacionales relevantes —Freedom House, V‑Dem, Economist Intelligence Unit, RSF, Heritage Foundation, HRW y Amnistía Internacional— coinciden en condenar al castrismo como un régimen autoritario, sin libertades políticas, económicas, de prensa, ni de expresión.
Durante décadas, el pueblo cubano ha intentado, muchas veces ignorado por la comunidad internacional, todas las vías pacíficas posibles: peticiones ciudadanas, periodismo independiente, activismo religioso, marchas de las Damas de Blanco, las 11.020 firmas verificadas del Proyecto Varela, huelgas de hambre, arte disidente, denuncias internacionales, protestas espontáneas y movilizaciones masivas como el estallido del 11 de julio de 2021. La respuesta del régimen ha sido cárcel de hasta 30 años, vigilancia, exilio forzoso, actos de repudio, amenazas, difamación, extorción a familiares y amigos, juicios políticos y muerte civil.
Esto no es extremismo. Es constitucionalismo democrático.
El derecho del pueblo a resistir gobiernos que destruyen sus derechos está escrito —literalmente— en algunos de los textos constitucionales más importantes de los últimos 250 años:
Virginia, 1776: el pueblo tiene derecho indudable e inalienable a reformar, alterar o abolir un gobierno contrario al bien común.
EE. UU., 1776: cuando una larga cadena de abusos revela despotismo, el derecho de resistencia se convierte en deber.
Francia, 1789: la resistencia a la opresión es uno de los cuatro derechos naturales del hombre.
Cuba, 1940 (Art. 40): "es legítima la resistencia adecuada para la protección de los derechos individuales garantizados".
Alemania, 1968 (Art. 20.4 de la Ley Fundamental): tras el nazismo, los alemanes reconocieron por ley que todo ciudadano tiene derecho a resistir si no existe otro remedio.
Grecia 1975, Portugal 1976, Honduras 1982: democracias salidas de dictaduras que escribieron el derecho de resistencia en sus constituciones.
Cuando el pueblo cubano reclama su derecho a resistir, no apela al caos. Apela a la misma tradición democrática que después del nazismo escribió el artículo 20.4 alemán. No somos una excepción violenta. Somos parte de una tradición civilizatoria.
La inversión del régimen, desmontada.
El castrismo ha llamado históricamente "malos cubanos", "violentos", "extremistas", "mercenarios" o "terroristas" a quienes resisten. La verdad moral e histórica es exactamente la inversa: mal cubano no es quien resiste la tiranía; mal cubano es quien convierte la patria en cárcel, la ley en mordaza, el hambre en método de control y la obediencia en prueba de patriotismo. Mal cubano no es quien denuncia la opresión: es quien la administra. La doctrina clásica —de Aristóteles a Aquino, de Locke a Martí— lo entendió hace siglos: el verdadero sedicioso no es quien resiste al tirano. Es el tirano que rompió primero el pacto que justificaba la obediencia política.
¿Por qué el mundo debe actuar ahora?: el riesgo de un nuevo Holodomor cubano.
En los años noventa, lo que el régimen llamó eufemísticamente “Período Especial en Tiempos de Paz” fue una catástrofe alimentaria políticamente mediada, sin precedentes por las tantas veces negada “opción cero”. Entre 1991 y 1993, una epidemia de neuropatía óptica y periférica afectó a 50.862 cubanos —según el propio Centro para el Control de Enfermedades de EE. UU. (CDC, MMWR, 1994)—. Un país no se queda parcialmente ciego por accidente: es un marcador clínico de privación nutricional masiva en una nación donde el Estado controla la tierra, los alimentos, las medicinas, la prensa y la represión.
Hoy, los indicadores señalan que Cuba podría estar entrando en un segundo Holodomor, esta vez por degradación acumulativa: monopolio económico militar (GAESA), apagones prolongados, colapso sanitario, éxodo masivo (más de un millón de cubanos emigrados entre 2022 y 2025), envejecimiento poblacional, inflación devastadora.
El Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional (art. 7.1.b y 7.2.b) define como crimen de lesa humanidad la imposición intencional de condiciones de vida —incluida la privación de alimentos y medicinas— encaminadas a destruir parte de una población. Existen fundamentos razonables para exigir una investigación internacional independiente.
Lo que pedimos.
A la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, a la Oficina del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, al Parlamento Europeo y a los gobiernos democráticos:
Liberación inmediata e incondicional de los 1.260 presos políticos cubanos, con prioridad para Kevin Samuel y los 33 menores, las 145 mujeres y las personas en riesgo vital.
Apertura de una investigación internacional independiente sobre posibles crímenes de lesa humanidad (persecución política, tortura, muertes bajo custodia, privación de alimentos y medicinas).
Apertura humanitaria sin control político: canales independientes de WFP, UNICEF, OPS, FAO y ONG con acceso a prisiones, hospitales, hogares de ancianos y comunidades vulnerables.
Prevención del Holodomor 2.0: investigación inmediata de la crisis alimentaria actual antes de que se convierta en catástrofe irreversible.
Una vía democrática real: elecciones libres, libertad de prensa, libertad de asociación, independencia judicial, pluralismo político y justicia transicional con debido proceso.
Declaración ética.
Esta petición no promueve terrorismo, ataques contra civiles, tortura, represalias, ejecuciones extrajudiciales ni violencia indiscriminada. Defiende el derecho del pueblo cubano a vivir libre, conforme al Preámbulo de la Declaración Universal de Derechos Humanos, al Estatuto de Roma y a la doctrina martiana de la "guerra culta": no luchamos para cambiar de verdugo; luchamos para que no haya verdugos.
Cuba no pertenece al Partido Comunista. No pertenece a GAESA. No pertenece a la Seguridad del Estado. No pertenece a una cúpula hereditaria. Cuba pertenece a los cubanos.
Si el régimen libera a los presos políticos, permite ayuda humanitaria independiente, abre elecciones libres y devuelve la soberanía al pueblo, esta petición pierde su urgencia. Pero si la tiranía insiste en cerrar todas las puertas pacíficas, la responsabilidad histórica no será del pueblo que resiste, sino del poder que lo dejó sin salida.
“Cuando una tiranía clausura el voto, la justicia, la prensa, la protesta pacífica, el pan y la libertad, el derecho de resistencia deja de ser una opción radical y se convierte en defensa de la dignidad nacional”
Tu firma nos ayuda a que se reconozca el derecho que por décadas nos ha sido negado, el derecho a la resistencia cívica no violenta e insurrección como último recurso frente a la tiranía.
Firma. Comparte. Que no nos llamen terroristas por pedir pan, libertad y que nuestros hijos no mueran de hambre ni en prisión

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The Issue
Libertad para Cuba: el pueblo cubano exige una vía democrática antes de otro Holodomor.
“Un adolescente de 15 años no debe estar preso por pedir comida y libertad. Exigimos liberación incondicional, ayuda humanitaria independiente y transición democrática real.”
Kevin Samuel tiene 15 años. Está preso en Cuba por salir a protestar pacíficamente en Morón, en marzo de 2026, en medio de apagones, hambre y desesperación. No llevaba armas. No atacó a nadie. Pidió, como tantos cubanos, vivir sin miedo y sin la angustia del hambre.
Su caso no es aislado. Cuba vive una crisis simultánea de represión política, pobreza extrema, inseguridad alimentaria, presos de conciencia, censura, exilio forzado y deterioro sanitario. Mientras la población enfrenta colas, apagones, falta de medicinas y mesas vacías, y el régimen mantiene cerrado todo camino real de cambio pacífico, la nomenclatura castrista, esa élite político militar oligárquica vive el paraíso socialista, parasitando al cubano de a pie.
En abril de 2026, Cuba alcanza un récord histórico documentado de 1.260 presos políticos, según Prisoners Defenders —entre ellos 33 menores de edad (algunos con apenas 15 años), 145 mujeres y al menos 32 personas en riesgo vital—. El 22 de enero de 2026, Lázaro García Ríos murió bajo custodia tras una huelga de hambre. Y mientras la población sufre, el 33,9 % de los hogares cubanos reporta que alguien se acuesta sin cenar; las muertes por desnutrición subieron un 74 % entre 2022 y 2023 según las propias cifras oficiales del régimen (ONEI); en la provincia de Granma, casi 8 de cada 10 personas viven en inseguridad alimentaria.
Firma y ayudamos a exigir una transición democrática real en Cuba, que permita la liberación de todos los presos políticos cubanos.
Cuba no vive bajo una democracia imperfecta, como algunos aún creen.
Cuba no vive bajo una democracia imperfecta, como intentan idealizar algunos sectores políticos y socios del castrismo. Vive bajo un régimen cleptocrático kakistocrático totalitario, de partido único que prohíbe el pluralismo político, controla la prensa, veta medios independientes, incluidas Organizaciones No Gubernamentales (ONGs), reprime el disenso, castiga la protesta pacífica, restringe severamente libertades civiles básicas, y constitucionaliza la dictadura (Constitución de 2019, arts. 4 y 5, que declaran "irrevocable" el sistema socialista y al Partido Comunista como "fuerza política dirigente superior de la sociedad y del Estado").
Desde el punto de vista de libertades policías, Cuba es reconocida como autocracia cerrada sin elecciones libres ni pluralismo. Respecto a las libertades civiles, clasificada como “Not Free”, con represión sistemática de disidencia y control estatal sobre la vida pública. Freedom House clasifica a Cuba como “Not Free”, con 9/100 puntos en libertad global. Según RSF (Reporteros Sin Fronteras) la tiranía castrista es uno de los países con menor libertad de prensa y expresión del mundo. Respecto a las libertades económicas, Cuba tiene una economía reprimida, con fuerte control estatal centralizado y ausencia crítica de garantías de propiedad.
En esta última, tan importante para el desarrollo de la nación, ONU / UNCTAD (United Nations Conference on Trade and Development) la describe como un “entorno altamente restrictivo para la inversión” con “ausencia de garantías jurídicas” y una “dependencia total de autorizaciones políticas”. Dando a Cuba como uno de los entornos más restrictivos del mundo para la inversión privada y extranjera.
En definitiva, todas las clasificaciones internacionales relevantes —Freedom House, V‑Dem, Economist Intelligence Unit, RSF, Heritage Foundation, HRW y Amnistía Internacional— coinciden en condenar al castrismo como un régimen autoritario, sin libertades políticas, económicas, de prensa, ni de expresión.
Durante décadas, el pueblo cubano ha intentado, muchas veces ignorado por la comunidad internacional, todas las vías pacíficas posibles: peticiones ciudadanas, periodismo independiente, activismo religioso, marchas de las Damas de Blanco, las 11.020 firmas verificadas del Proyecto Varela, huelgas de hambre, arte disidente, denuncias internacionales, protestas espontáneas y movilizaciones masivas como el estallido del 11 de julio de 2021. La respuesta del régimen ha sido cárcel de hasta 30 años, vigilancia, exilio forzoso, actos de repudio, amenazas, difamación, extorción a familiares y amigos, juicios políticos y muerte civil.
Esto no es extremismo. Es constitucionalismo democrático.
El derecho del pueblo a resistir gobiernos que destruyen sus derechos está escrito —literalmente— en algunos de los textos constitucionales más importantes de los últimos 250 años:
Virginia, 1776: el pueblo tiene derecho indudable e inalienable a reformar, alterar o abolir un gobierno contrario al bien común.
EE. UU., 1776: cuando una larga cadena de abusos revela despotismo, el derecho de resistencia se convierte en deber.
Francia, 1789: la resistencia a la opresión es uno de los cuatro derechos naturales del hombre.
Cuba, 1940 (Art. 40): "es legítima la resistencia adecuada para la protección de los derechos individuales garantizados".
Alemania, 1968 (Art. 20.4 de la Ley Fundamental): tras el nazismo, los alemanes reconocieron por ley que todo ciudadano tiene derecho a resistir si no existe otro remedio.
Grecia 1975, Portugal 1976, Honduras 1982: democracias salidas de dictaduras que escribieron el derecho de resistencia en sus constituciones.
Cuando el pueblo cubano reclama su derecho a resistir, no apela al caos. Apela a la misma tradición democrática que después del nazismo escribió el artículo 20.4 alemán. No somos una excepción violenta. Somos parte de una tradición civilizatoria.
La inversión del régimen, desmontada.
El castrismo ha llamado históricamente "malos cubanos", "violentos", "extremistas", "mercenarios" o "terroristas" a quienes resisten. La verdad moral e histórica es exactamente la inversa: mal cubano no es quien resiste la tiranía; mal cubano es quien convierte la patria en cárcel, la ley en mordaza, el hambre en método de control y la obediencia en prueba de patriotismo. Mal cubano no es quien denuncia la opresión: es quien la administra. La doctrina clásica —de Aristóteles a Aquino, de Locke a Martí— lo entendió hace siglos: el verdadero sedicioso no es quien resiste al tirano. Es el tirano que rompió primero el pacto que justificaba la obediencia política.
¿Por qué el mundo debe actuar ahora?: el riesgo de un nuevo Holodomor cubano.
En los años noventa, lo que el régimen llamó eufemísticamente “Período Especial en Tiempos de Paz” fue una catástrofe alimentaria políticamente mediada, sin precedentes por las tantas veces negada “opción cero”. Entre 1991 y 1993, una epidemia de neuropatía óptica y periférica afectó a 50.862 cubanos —según el propio Centro para el Control de Enfermedades de EE. UU. (CDC, MMWR, 1994)—. Un país no se queda parcialmente ciego por accidente: es un marcador clínico de privación nutricional masiva en una nación donde el Estado controla la tierra, los alimentos, las medicinas, la prensa y la represión.
Hoy, los indicadores señalan que Cuba podría estar entrando en un segundo Holodomor, esta vez por degradación acumulativa: monopolio económico militar (GAESA), apagones prolongados, colapso sanitario, éxodo masivo (más de un millón de cubanos emigrados entre 2022 y 2025), envejecimiento poblacional, inflación devastadora.
El Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional (art. 7.1.b y 7.2.b) define como crimen de lesa humanidad la imposición intencional de condiciones de vida —incluida la privación de alimentos y medicinas— encaminadas a destruir parte de una población. Existen fundamentos razonables para exigir una investigación internacional independiente.
Lo que pedimos.
A la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, a la Oficina del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, al Parlamento Europeo y a los gobiernos democráticos:
Liberación inmediata e incondicional de los 1.260 presos políticos cubanos, con prioridad para Kevin Samuel y los 33 menores, las 145 mujeres y las personas en riesgo vital.
Apertura de una investigación internacional independiente sobre posibles crímenes de lesa humanidad (persecución política, tortura, muertes bajo custodia, privación de alimentos y medicinas).
Apertura humanitaria sin control político: canales independientes de WFP, UNICEF, OPS, FAO y ONG con acceso a prisiones, hospitales, hogares de ancianos y comunidades vulnerables.
Prevención del Holodomor 2.0: investigación inmediata de la crisis alimentaria actual antes de que se convierta en catástrofe irreversible.
Una vía democrática real: elecciones libres, libertad de prensa, libertad de asociación, independencia judicial, pluralismo político y justicia transicional con debido proceso.
Declaración ética.
Esta petición no promueve terrorismo, ataques contra civiles, tortura, represalias, ejecuciones extrajudiciales ni violencia indiscriminada. Defiende el derecho del pueblo cubano a vivir libre, conforme al Preámbulo de la Declaración Universal de Derechos Humanos, al Estatuto de Roma y a la doctrina martiana de la "guerra culta": no luchamos para cambiar de verdugo; luchamos para que no haya verdugos.
Cuba no pertenece al Partido Comunista. No pertenece a GAESA. No pertenece a la Seguridad del Estado. No pertenece a una cúpula hereditaria. Cuba pertenece a los cubanos.
Si el régimen libera a los presos políticos, permite ayuda humanitaria independiente, abre elecciones libres y devuelve la soberanía al pueblo, esta petición pierde su urgencia. Pero si la tiranía insiste en cerrar todas las puertas pacíficas, la responsabilidad histórica no será del pueblo que resiste, sino del poder que lo dejó sin salida.
“Cuando una tiranía clausura el voto, la justicia, la prensa, la protesta pacífica, el pan y la libertad, el derecho de resistencia deja de ser una opción radical y se convierte en defensa de la dignidad nacional”
Tu firma nos ayuda a que se reconozca el derecho que por décadas nos ha sido negado, el derecho a la resistencia cívica no violenta e insurrección como último recurso frente a la tiranía.
Firma. Comparte. Que no nos llamen terroristas por pedir pan, libertad y que nuestros hijos no mueran de hambre ni en prisión

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Petition created on May 23, 2026




