
Después de cinco semanas muy intensas quiero poneros al día de los últimos acontecimientos. El 19 de enero tras veinte años de guardar silencio por fin me armé de valor y denuncié públicamente los abusos que sufrí cuando tenía 16 años por el monje benedictino Andreu Soler, el responsable del grupo de scouts de la Abadía de Montserrat. Dos abades de Montserrat conocieron y encubrieron los hechos durante al menos veinte años. Siempre pensé que mi abusador era un depredador sexual. Desgraciadamente no me equivoqué. Ya somos diez los supervivientes que hemos denunciado públicamente abusos en los años setenta, ochenta y noventa. Lo más preocupante es que esta cifra es solo la punta del iceberg. Hay muchos supervivientes que por vergüenza, miedo o culpa aún no han dado el paso de denunciar.
En 25 de enero, Netflix estrenó el documental Examen de Conciencia, sobre abusos sexuales en la Iglesia Católica Española en el que participé. Por primera vez en nuestro país, un grupo de supervivientes de abusos en la Iglesia hicimos una denuncia colectiva contra el abuso clerical y el encubrimiento episcopal. Ya nada volverá a ser igual en la Iglesia española. Ha quedado demostrado que nos encontramos frente a un problema estructural y sistémico. No frente a cuatro manzanas podridas. El documental ha hecho temblar los cimientos de la Conferencia Episcopal Española y animado a otras víctimas de abusos en la Iglesia a denunciar públicamente el crimen.
El 14 de febrero varios activistas anti-pederastia dimos una rueda de prensa frente al Congreso exigiendo que todos los políticos incluyan una reforma ambiciosa del plazo de prescripción de los delitos de pederastia en su programa electoral para las próximas elecciones. Los días previos nos reunimos con representantes de todos los grupos políticos (PSOE, PP, Ciudadanos, Podemos, ERC, PNV, PDCAT) para explicarles nuestra propuesta. El gobierno del PSOE aprobó en Diciembre una propuesta de ley para que el plazo de prescripción comience a contar a partir de que la víctima cumpla 30 años. Los activistas creemos que es insuficiente. Con la reforma del PSOE las diez víctimas del caso Montserrat seguiríamos sin poder denunciar los abusos debido a la prescripción. Proponemos que como mínimo el plazo de prescripción comience a contar a partir de que la víctima cumple los cincuenta años. De esta forma los supervivientes podríamos denunciar hasta los 55 años en los delitos leves y 65 en los graves.
La semana del 18 al 24 de febrero activistas/supervivientes de todo el mundo protestamos en Roma durante el Congreso anti-pederastia organizado por el Papa Francisco. Fui una de las doce víctimas que se reunió con el Comité Organizador del Vaticano para exigir un plan global de acción contundente contra la pederastia en la Iglesia. Pusimos sobre la mesa de negociación medidas básicas y de sentido común tales como: eliminar el secreto Pontificio en los casos de abusos; denunciar todos los delitos de pederastia a la policía; cesar a obispos encubridores; establecer en el derecho canónico el principio de tolerancia cero en los casos de pederastia o entregar los archivos de la perversión a las autoridades civiles. El Papa Francisco se negó a aceptar ninguna de nuestras propuestas y presentó un plan descafeinado con medidas genéricas sin un calendario claro de implementación. El Vaticano es incapaz de reformarse y solo cambiará si nota la presión de la sociedad civil, los medios de comunicación y la justicia.
Hoy he vuelto a Londres agotado por la campaña pero satisfecho por los resultados. Una vez más hemos puesto la protección a la infancia en la agenda política y mediática. Muchas veces los ciudadanos de bien nos desanimamos ante las injusticias que suceden en nuestra sociedad. Cambiar las leyes y la cultura de un país no es tarea sencilla. Como dijo Winston Churchill se necesita sangre, sudor y lágrimas. Sin embargo este movimiento global por los derechos civiles de la infancia ya no tiene marcha atrás. Si persistimos en nuestro empeño, al final ganaremos. Porque la verdad y la justicia están de nuestro lado. Gracias a todos/as por acompañarme en estos tres años de lucha.