
Durante estos tres años de campaña, he contado a múltiples medios de comunicación mi historia con el objetivo de cambiar unas leyes de prescripción injustas que protegen al abusador/encubridor en vez de a la víctima.
Aunque he explicado que cuando quise denunciar mi caso no pude porque el delito había prescrito, nunca mencioné quién fue mi agresor ni donde sucedieron los hechos. Hasta el día de hoy. Por fin me he decidido a contar mi historia en dos artículos para El País y El Periódico de Cataluña.
Mi abusador fue Andreu Soler, monje benedictino del monasterio de Montserrat. Como muchos sabréis el santuario acoge la imagen de la Virgen de Montserrat, la Moreneta, patrona de Cataluña. El Germa Andreu era el responsable del grupo de scouts católicos de la abadía. Fue su fundador y lo gestionó durante cuarenta años. Por este motivo siempre he pensado que no fui el único y que seguramente hay más víctimas.
Espero que al contar mi historia, otras posibles víctimas de abusos en Montserrat se sientan menos solas, avergonzadas o culpables. Que les ayude a entender que no son ellos los responsables de lo sucedido sino los abusadores y sus encubridores. He abierto un correo abusos.montserrat@gmail.com para que se puedan poner en contacto conmigo, si así lo desean.
He escogido contar mi historia en enero de 2019, porque los próximos tres meses son cruciales en la lucha contra la pederastia en la Iglesia y en la sociedad española. En Febrero llega al Congreso de los Diputados el anteproyecto de ley contra la violencia hacia la Infancia. En esta ley se incluye modificar los plazos de prescripción en los delitos de pederastia para que comiencen a contar a partir de que la víctima tiene 30 años. Esta medida es insuficiente, ya que muchos delitos seguirían quedando impunes. Por eso pedimos al gobierno que rectifique y que el plazo de prescripción comience a contar a partir de que las víctimas cumplen 50 años, como aconsejan los expertos en protección a la infancia.
Del 21 al 24 de febrero, en Roma, se celebrará una cumbre mundial contra los abusos en la Iglesia organizada por el Papa Francisco. Acudirán los presidentes de todas las conferencias episcopales del mundo. Es importante que durante dicha reunión, el Vaticano rectifique y decida implementar inmediatamente en todo el mundo todas las recomendaciones que le realizó el Comité de la Infancia de la ONU en febrero de 2014.
Las próximas semanas van a ser muy intensas. Pero os tengo que confesar mi gran temor. No es que no me crean, que cuestionen mi credibilidad o que me acusen de actuar motivado por dinero u odio a la Iglesia. Ya me lo han dicho en el pasado y no ha parado mi activismo. Lo que más miedo me da, es que desaprovechemos esta oportunidad histórica para cambiar las cosas. Porque significaría que todo el dolor, sufrimiento y valentía de las víctimas para denunciar los abusos habría sido en balde. Y por lo tanto, que los abusos seguirán sucediendo en el futuro generación tras generación. Esperemos que entre todos podamos evitarlo.