Denuncia: discriminación por género en el Departamento de Filosofía de la UNAL

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Bogotá, septiembre 29 de 2018

Estimados señores y señoras:

Reciban de nuestra parte un saludo cordial. El motivo de esta comunicación es expresar una urgente preocupación. La perpetuación de las desigualdades basadas en el género en el Departamento de Filosofía de la Universidad Nacional de Colombia no puede continuar ocultándose tras el disfraz del mérito. El reciente Concurso Profesoral 2018, el primero en 12 años, seleccionó para la única plaza disponible en el Departamento de Filosofía a dos hombres: un ganador y un elegible. En un departamento conformado por 17 profesores y una sola profesora, este resultado no deja de sorprender y de causar indignación en la comunidad académica, a la vez que sigue siendo muy diciente del tipo de estructuras sexistas que aún gobiernan no solo los procesos de contratación sino incluso los supuestos criterios “objetivos” de calidad y de mérito. Sin querer demeritar a quienes obtuvieron los más altos puntajes en este concurso académico, pues no es nuestra intención cuestionar sus méritos como candidatos, algunas de quienes hacemos parte de la Red Colombiana de Mujeres Filósofas, en solidaridad con profesoras, estudiantes, investigadoras dentro y fuera de Colombia, y acompañadas por todos los abajo firmantes, manifestamos nuestra preocupación por el resultado del mencionado concurso. Consideramos que el resultado es simultáneamente un síntoma y un efecto de prejuicios y sesgos disciplinares y de género, según los cuales la filosofía académica no es un lugar apropiado para las mujeres, y en el que las mujeres siguen siendo invisibilizadas, y la calidad de su trabajo sigue quedando sin el reconocimiento que se merece.

Según datos del Observatorio de Asuntos de Género de la UNAL, a nivel de Sede Bogotá, la proporción de profesores y profesoras de planta es de 68,47% y 31,53% respectivamente. En el Departamento de Filosofía, la relación es 94,5% de profesores frente a 5,5% de profesoras. Esta cifra sitúa al Departamento como uno de los más desiguales de toda la Universidad. Cabe decir, esta no es una proporción característica de otros programas de Filosofía a nivel nacional. Una proporción tan baja de mujeres en igualdad de condiciones y prestigio va en contravía de los principios de equidad e igualdad de oportunidades consignados en la Constitución Política y aquellos reconocidos por la Universidad en el Acuerdo 035 de 2012 emitido por el CSU, “por el cual se determina la política institucional de equidad de género e igualdad de oportunidades para mujeres y hombres en la Universidad Nacional de Colombia”.

El Departamento ha tenido conocimiento de la gravedad de esta situación durante más de diez años. Los procesos de acreditación de alta calidad del CNA para los tres programas ofrecidos por el Departamento (Pregrado, Maestría y Doctorado) señalaron explícita y enfáticamente la necesidad de generar políticas y estrategias para equilibrar la brecha de género. En estos informes se señalaban, además, los impactos negativos de la masculinización del entorno académico, en relación con la construcción de una cultura democrática, pluralista e igualitaria. Así mismo, el Acuerdo 035 establece que las unidades académicas deben fomentar y promover el acceso y la permanencia de mujeres y otros grupos minoritarios en la Universidad.

Para la celebración de los 70 años del Departamento, la omisión total de egresadas invitadas en el primer borrador que se distribuyó del programa del evento produjo malestar entre estudiantes y graduadas, quienes se pronunciaron por redes sociales y cartas como la presente exigiendo explicación y rectificación. Testimonios y narrativas sobre la hostilidad hacia las mujeres en el interior del Departamento se hicieron públicas y circularon por redes sociales, recibiendo en ocasiones insultos o burlas como respuesta de parte de miembros (estudiantes y profesores) del Departamento. Finalmente, el evento fue cancelado y se publicó una disculpa apenas formular, que esquivaba cualquier responsabilidad por prejuicios de género.

Durante años, miembros del Departamento han desestimado, cuando no ridiculizado, los llamados a solucionar la enorme disparidad entre el número de profesores y profesoras mediante acciones afirmativas, eficaces y directas. La propuesta de abrir un concurso que garantice la vinculación de una profesora fue rechazada de plano en varias ocasiones bajo el argumento de que la calidad de la académica vinculada no podría asegurarse. Esa creencia misógina atribuye por principio menor inteligencia, capacidad, calidad académica y experiencia a las mujeres. Así mismo, asume que son incompatibles los raseros del mérito y la paridad.

Si bien la apertura de concursos docentes depende de la Universidad y no de las voluntades particulares de los miembros de los Departamentos, estos tienen autonomía para elegir los perfiles y requisitos y para ponderar los puntajes en el proceso de selección. Esto significa que los concursos son oportunidades para subsanar vacíos de distintos tipos, realizar relevos generacionales, y hacer apuestas de líneas de formación y comprensiones de la docencia y la investigación en cada disciplina.

Tan preocupante como que una mujer no haya ganado el concurso es que ninguna mujer haya alcanzado los puntos que la calificarían como elegible. No es razonable pensar que las mujeres filósofas (colombianas y extranjeras) no tienen hojas de vida, publicaciones, presentaciones escritas y orales, que no puedan competir con las de sus contrapartes masculinas. No es verosímil la explicación de que la diferencia de género implica una brecha de calidad académica. Quizá la única respuesta que permitiría explicar lo sucedido, y que sabemos de primera mano que no es el caso, sería afirmar que ninguna mujer se presentó al concurso, lo que, de ser cierto, agravaría profundamente nuestra preocupación sobre el Departamento y las relaciones de género que se gestan en su interior.

La universidad pública tiene un papel protagónico en la construcción y transformación de las creencias y prácticas de la sociedad a la que se debe; su espíritu debe guiarse por los principios del pluralismo, la democracia y el espíritu crítico. En sus aulas y campus se reproducen y representan los conflictos, tensiones y potencias creativas de la sociedad colombiana y desde ellos se produce pensamiento y posibilidad de cambio. El Departamento de Filosofía de la universidad pública más grande del país, con uno de los pocos doctorados en filosofía, tiene la responsabilidad de contribuir a la formación de hombres y mujeres pensantes, críticos, atentos a la injusticia y dispuestos a combatir la desigualdad. Esto no es una posibilidad sin el reconocimiento de que el género juega y ha jugado un lugar central en la distribución del poder, el prestigio, la credibilidad y las oportunidades en el país. La urgencia de pensar y actuar considerando las injusticias basadas en el género es particularmente notoria en la conformación por género del Departamento de Filosofía y en la reproducción del patrón que han seguido durante 70 años y que hoy una vez más se confirma.

Haciendo un llamado por tanto a la comunidad académica en general, y particularmente a quienes coordinaron el concurso, aprobaron los criterios de su diseño, y apoyaron sus resultados finales, dejamos constancia con la presente de nuestra profunda preocupación y de la necesidad de hacer visible la innegable estructura de inequidad que rige las lógicas y políticas del Departamento de Filosofía de la Universidad Nacional y de la mayoría de sus miembros.

 



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