Una COPA MENSTRUAL MEXICANA GRATUITA SÍ es POSIBLE


Una COPA MENSTRUAL MEXICANA GRATUITA SÍ es POSIBLE
La causa
Necesitamos productos menstruales accesibles, saludables, seguros y ecológicos en México.
* Una copa menstrual mexicana costaría menos de 40 pesos. Garantizarla costaría solo el 0.0013 % del presupuesto federal: 120 millones de pesos al año. Menos que una campaña nacional de publicidad.
🩸 Alrededor de 15 millones de mujeres de 18 a 49 años no tienen acceso a ella
♻️ Cada una evitaría miles de toallas desechables en los rellenos sanitarios
El Estado mexicano tiene el poder de hacerlo posible.
Y por primera vez, tenemos una presidenta mujer.
Una firma de la presidenta Claudia Sheinbaum podría garantizar copas menstruales para todas.
Carta pública a la presidenta Claudia Sheinbaum
En México, menstruar con dignidad todavía no es un derecho para todas, sino un privilegio para pocas.
Existen marcos legales y programas locales que buscan mejorar el acceso a productos menstruales, pero la mayoría carece de acceso a opciones dignas, saludables, seguras y ecológicas.
Las primeras copas menstruales fueron diseñadas y patentadas desde finales del siglo XIX, pero más de un siglo después, su acceso sigue siendo limitado por su precio. Los paños menstruales que cosían y lavaban nuestras abuelas quedaron en el olvido, reemplazados por opciones desechables que prometían progreso, pero trajeron contaminación, infecciones y más estigmas. Estas omisiones reflejan una deuda histórica con la salud menstrual y la dignidad de las mujeres.
Reconocemos que en 2022 se eliminó el IVA a productos menstruales y que la jefa de gobierno, Clara Brugada, lanzó en mayo de 2025 una campaña pionera en la Ciudad de México para entregar copas menstruales gratuitas a niñas de primaria y secundaria, acompañada de talleres educativos sobre salud menstrual. Ambos constituyen grandes pasos hacia la justicia menstrual. Pero no son suficientes.
Los precios de copas menstruales certificadas y las llamadas toallas femeninas lavables siguen siendo inaccesibles: una copa cuesta en promedio 500 pesos. Millones en nuestro país seguimos enfrentando pobreza menstrual, invisibilización y abandono institucional. Lo que empezó como política pública local puede y debe escalarse a una política nacional y estructural.
Negar el acceso a productos menstruales reutilizables no solo vulnera la salud y el bienestar de millones de mujeres y niñas, sino que también refuerza un modelo de consumo contaminante y normaliza violencias simbólicas, estructurales y cotidianas.
En un país donde tantas mujeres enfrentan múltiples formas de violencia, urge visibilizar y erradicar esas violencias invisibles que, mes tras mes, niegan nuestro derecho más básico: vivir con plenitud, seguridad y dignidad la experiencia de sangrar y no morir.
¡Sangre viva y digna, ya!
Hoy más que nunca confiamos en que esta causa encontrará eco. Por primera vez, México tiene una mujer como presidenta. No sabemos cuánto tardará en repetirse otra oportunidad histórica para que una mujer con poder actúe no solo desde el análisis, sino también desde la experiencia y la empatía, a favor de transformar los estigmas y tabúes que existen alrededor de nuestra sangre, y garantizar nuestra salud y bienestar integral en un marco de justicia de género.
Actualmente, el precio de una copa menstrual sigue siendo artificialmente inflado en nuestro país. Aunque está hecha del mismo tipo de silicón médico usado en otros productos sanitarios, su precio promedio no refleja el costo real de producción, sino una lógica de mercado que antepone el lucro sobre el acceso, en ausencia de regulación que limite los abusos y garantice precios justos y productos de calidad.
Fabricar una copa en condiciones públicas y a gran escala costaría menos de 40 pesos. El presupuesto anual estimado para cubrir a todas las mexicanas de entre 18 y 49 años con una copa menstrual reutilizable sería de 120 millones de pesos durante cinco años: menos que el costo de muchas campañas publicitarias del gobierno federal.
Si el Estado asumiera esa producción —como ya lo hace con medicamentos y vacunas esenciales— podría garantizar el acceso universal a productos menstruales dignos, seguros y ecológicos. Además, una copa bien cuidada puede durar hasta 10 años: una inversión pública mínima con un altísimo impacto ambiental, sanitario y económico para el país, al evitar que miles de millones de toallas desechables terminen en los rellenos sanitarios.
Solicitamos:
- Que usted impulse una iniciativa de ley federal para garantizar el acceso universal a productos menstruales reutilizables y sostenibles, como parte de una política nacional de salud menstrual.
- Que decrete el desarrollo y producción pública de una copa menstrual mexicana, segura, certificada y reutilizable, acompañada de la fotocopia de un patrón para elaborar toallas menstruales de tela (reutilizables y lavables), para su distribución nacional y gratuita.
- Que promueva la capacitación para elaborar toallas menstruales reutilizables con perspectiva de género y justicia social en centros de salud, escuelas y espacios comunitarios, para que puedan venderse a precio justo como parte de una economía solidaria entre mujeres.
- Que se lancen campañas públicas de educación menstrual integral, con enfoque de salud pública y de género, para resignificar la menstruación. Reconocer su papel en la vida sexual y reproductiva de las mujeres no solo dignifica y saludifica nuestra experiencia, sino que también fortalece el autocuidado y permite el diagnóstico temprano de enfermedades que hoy se detectan tarde por miedo, vergüenza o desinformación.
Porque la salud y dignidad menstrual no debería ser un privilegio, sino un derecho.
Colectiva La Tía Viva y Roja
* La Tía Viva y Roja no es una persona, sino una voz colectiva. No venimos a vender copas, sino a decir que una copa menstrual mexicana gratuita es posible. Hoy, solo algunas mexicanas conocemos la copa menstrual y las llamadas toallas reutilizables ergonómicas, mañana podemos ser todas.
Si esta carta también te representa, hazla tuya. No hace falta que abras una cuenta para firmar y compartirla.

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La causa
Necesitamos productos menstruales accesibles, saludables, seguros y ecológicos en México.
* Una copa menstrual mexicana costaría menos de 40 pesos. Garantizarla costaría solo el 0.0013 % del presupuesto federal: 120 millones de pesos al año. Menos que una campaña nacional de publicidad.
🩸 Alrededor de 15 millones de mujeres de 18 a 49 años no tienen acceso a ella
♻️ Cada una evitaría miles de toallas desechables en los rellenos sanitarios
El Estado mexicano tiene el poder de hacerlo posible.
Y por primera vez, tenemos una presidenta mujer.
Una firma de la presidenta Claudia Sheinbaum podría garantizar copas menstruales para todas.
Carta pública a la presidenta Claudia Sheinbaum
En México, menstruar con dignidad todavía no es un derecho para todas, sino un privilegio para pocas.
Existen marcos legales y programas locales que buscan mejorar el acceso a productos menstruales, pero la mayoría carece de acceso a opciones dignas, saludables, seguras y ecológicas.
Las primeras copas menstruales fueron diseñadas y patentadas desde finales del siglo XIX, pero más de un siglo después, su acceso sigue siendo limitado por su precio. Los paños menstruales que cosían y lavaban nuestras abuelas quedaron en el olvido, reemplazados por opciones desechables que prometían progreso, pero trajeron contaminación, infecciones y más estigmas. Estas omisiones reflejan una deuda histórica con la salud menstrual y la dignidad de las mujeres.
Reconocemos que en 2022 se eliminó el IVA a productos menstruales y que la jefa de gobierno, Clara Brugada, lanzó en mayo de 2025 una campaña pionera en la Ciudad de México para entregar copas menstruales gratuitas a niñas de primaria y secundaria, acompañada de talleres educativos sobre salud menstrual. Ambos constituyen grandes pasos hacia la justicia menstrual. Pero no son suficientes.
Los precios de copas menstruales certificadas y las llamadas toallas femeninas lavables siguen siendo inaccesibles: una copa cuesta en promedio 500 pesos. Millones en nuestro país seguimos enfrentando pobreza menstrual, invisibilización y abandono institucional. Lo que empezó como política pública local puede y debe escalarse a una política nacional y estructural.
Negar el acceso a productos menstruales reutilizables no solo vulnera la salud y el bienestar de millones de mujeres y niñas, sino que también refuerza un modelo de consumo contaminante y normaliza violencias simbólicas, estructurales y cotidianas.
En un país donde tantas mujeres enfrentan múltiples formas de violencia, urge visibilizar y erradicar esas violencias invisibles que, mes tras mes, niegan nuestro derecho más básico: vivir con plenitud, seguridad y dignidad la experiencia de sangrar y no morir.
¡Sangre viva y digna, ya!
Hoy más que nunca confiamos en que esta causa encontrará eco. Por primera vez, México tiene una mujer como presidenta. No sabemos cuánto tardará en repetirse otra oportunidad histórica para que una mujer con poder actúe no solo desde el análisis, sino también desde la experiencia y la empatía, a favor de transformar los estigmas y tabúes que existen alrededor de nuestra sangre, y garantizar nuestra salud y bienestar integral en un marco de justicia de género.
Actualmente, el precio de una copa menstrual sigue siendo artificialmente inflado en nuestro país. Aunque está hecha del mismo tipo de silicón médico usado en otros productos sanitarios, su precio promedio no refleja el costo real de producción, sino una lógica de mercado que antepone el lucro sobre el acceso, en ausencia de regulación que limite los abusos y garantice precios justos y productos de calidad.
Fabricar una copa en condiciones públicas y a gran escala costaría menos de 40 pesos. El presupuesto anual estimado para cubrir a todas las mexicanas de entre 18 y 49 años con una copa menstrual reutilizable sería de 120 millones de pesos durante cinco años: menos que el costo de muchas campañas publicitarias del gobierno federal.
Si el Estado asumiera esa producción —como ya lo hace con medicamentos y vacunas esenciales— podría garantizar el acceso universal a productos menstruales dignos, seguros y ecológicos. Además, una copa bien cuidada puede durar hasta 10 años: una inversión pública mínima con un altísimo impacto ambiental, sanitario y económico para el país, al evitar que miles de millones de toallas desechables terminen en los rellenos sanitarios.
Solicitamos:
- Que usted impulse una iniciativa de ley federal para garantizar el acceso universal a productos menstruales reutilizables y sostenibles, como parte de una política nacional de salud menstrual.
- Que decrete el desarrollo y producción pública de una copa menstrual mexicana, segura, certificada y reutilizable, acompañada de la fotocopia de un patrón para elaborar toallas menstruales de tela (reutilizables y lavables), para su distribución nacional y gratuita.
- Que promueva la capacitación para elaborar toallas menstruales reutilizables con perspectiva de género y justicia social en centros de salud, escuelas y espacios comunitarios, para que puedan venderse a precio justo como parte de una economía solidaria entre mujeres.
- Que se lancen campañas públicas de educación menstrual integral, con enfoque de salud pública y de género, para resignificar la menstruación. Reconocer su papel en la vida sexual y reproductiva de las mujeres no solo dignifica y saludifica nuestra experiencia, sino que también fortalece el autocuidado y permite el diagnóstico temprano de enfermedades que hoy se detectan tarde por miedo, vergüenza o desinformación.
Porque la salud y dignidad menstrual no debería ser un privilegio, sino un derecho.
Colectiva La Tía Viva y Roja
* La Tía Viva y Roja no es una persona, sino una voz colectiva. No venimos a vender copas, sino a decir que una copa menstrual mexicana gratuita es posible. Hoy, solo algunas mexicanas conocemos la copa menstrual y las llamadas toallas reutilizables ergonómicas, mañana podemos ser todas.
Si esta carta también te representa, hazla tuya. No hace falta que abras una cuenta para firmar y compartirla.

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Las voces de los firmantes
Petición creada en 15 de julio de 2025