
Los arqueólogos de la Universidad de Jaén se han convertido en “vacas sagradas”.
Ante el colapso de la protección, estudio y puesta en valor del Yacimiento Marroquies Bajos guardan clamoroso silencio.
Hubiera sido de esperar que se posicionaran parando las máquinas que remueven la tierra y las hormigoneras que vierten cemento.
Sin embargo hemos encontrado los ayes del arqueólogo Marcelo Castro en la Diputación de Jaén, con tono de voz bajita para no alarmar, y el más absoluto de los silencios del catedrático Manuel Molinos, que sólo rompe para desprestigiar ad hominem a quienes desde el ejercicio intelectual del derecho a publicar alertan del expolio.
Otros académicos arqueólogos cultivan la inoperancia de no investigar ni publicar sobre la Zona Arqueológica Marroquíes Bajos ni altos: dándola por ignorada.
Claramente me refiero al catedrático Arturo Ruiz, o al funcionario Narciso Zafra.
De la actuación del Instituto Andaluz de Estudios Íberos, o como mejor se llame, concluir que ha actuado como chiringuito o guarida de arqueólogos que han cobrado por destruir y medrar en política partidaria, y enjuagues con promotores urbanísticos.