Petition updateTipificar la Alienación Parental para acabar con 50.000 huérfanos de padres vivosComo afrontar el duelo por el desprecio y abandono de tus propios hijos
Jorge Martinez-ArroyoSpain
May 23, 2018
Cuando uno pierde a un ser querido sufre una etapa de duelo que, según estableció la psiquiatra Elisabeth Kübler-Ross, se divide en cinco etapas: negación, ira, resentimiento, depresión y aceptación. Los progenitores que sufren la pérdida de sus hijos por Alienación Parental se ven inmersos en un proceso de duelo similar. La cuestión es cómo evitar la autodestrucción, cómo vivir una vida plena a pesar de este trauma, y cómo dejar grandes puentes abiertos por si una día nuestros hijos vuelven, todo ello sin morir en el intento. En la primera etapa del duelo, la de negación, pensamos que el comportamiento de los hijos no es debido a la Alienación Parental, sino a la adolescencia, a una mala racha, a su propio desarrollo emocional, a una nueva situación puntual, o incluso algo que hayamos hecho nosotros. Pero esta negación no puede ser sostenida en el tiempo ya que choca con la cruel realidad del desprecio, la sin razón de nuestros hijos de evitar el contacto con nosotros a toda costa y el absurdo de su posición radical soportada por el progenitor alienado. En estos momentos es fundamental leer y aprender mucho del Sindrome de Alienación Parental (SAP) para entenderlo y poder enfrentarnos a él. Es el momento de empezar a pedir ayuda. La segunda etapa, la de ira o resentimiento, se caracteriza por rebelarse ante esta injusticia del trato recibido, las denuncias falsas, la falta de cariño y respeto, y el verse abandonado por tus hijos que forman parte indivisible de tu vida. Aparece la frustración y la tristeza por no saber cómo abordarlo y ver que no se puede hacer nada para remediarlo desde ningún punto de vista, legal, psicológico o emocional. Entonces se abre la etapa de la negociación, donde intentamos de forma generosa y racional dar más, hablar con el alienador, hablar con los hijos, dejarles que se alejen temporalmente si es lo que realmente quieren... todo para disminuir tensión y demostrarles que somos buenos padres o madres. Esta etapa es muy corta, rápidamente se ve que cuanto más les dejemos irse más se alejan y contrastamos que realmente el problema nunca hemos sido nosotros. El odio, el desprecio y el abandono continúan avanzando sin tregua alguna y comienza la peor etapa, la etapa de depresión. En esta cuarta etapa volvemos al presente con una profunda sensación de vacío, con una grave crisis existencial que nos impide movernos, ser nosotros mismos, encontrarle a la vida una razón de existir. Nuestro entorno no entiende por lo que estamos pasando, y simplifican el problema atacando a tus hijos y su comportamiento o haciéndote sentir culpable por acciones o dejaciones que puedas haber realizado a lo largo de su educación. A pesar de ello, es aquí donde, si no se ha hecho antes, hay que pedir ayuda, a los que nos quieren, a nuestros amigos, y sobretodo a psiquiatras y psicólogos especializados. Esto no se puede superar solo; nos sentimos totalmente aislados, incapaces de salir de un agujero en el que nos vamos consumiendo, y nos encontramos ya sin fuerza no solo para luchar por nuestros hijos, sino ni siquiera para afrontar nuestra vida diaria. Nos queremos dejar ir.... sin más. La clave es cómo enfocamos la última etapa, la de aceptación. Hay grandes tentaciones de simplemente aceptar que uno ha perdido a sus hijos y que estos ya no existen. El cuerpo y la mente intenta protegerse para dejar de sufrir y tiende a crear una historia racional que permita cerrar la hemorragia de dolor lo antes posible, el dar a tus propios hijos por muertos. Sin embargo, lo que debemos aceptar es que nuestros hijos están totalmente manipulados, que no son los culpables, que ellos no son los que hablan o actúan, que ellos están sufriendo y que ellos no se merecen lo que les están haciendo. Siguen necesitando nuestro cariño y nuestro amor. Nunca debemos olvidar que, si un día deciden volver con el padre o madre al que han despreciado y abandonado durante años por las influencias del otro progenitor, no podemos fallarles, debemos estar siempre ahí. Esta es la aceptación correcta del duelo y la que, si bien no cierra la herida en el momento, con el tiempo dejará la cicatriz más pequeña en nosotros y en nuestros hijos. Espero que esta pequeña reflexión sobre el duelo de la Alienación Parental haya servido a alguien. No se basa más que en mi propia experiencia y el conocimiento en este síndrome que he ido adquiriendo a lo largo de los últimos años. Adjunto un vídeo muy interesante de una entrevista a Jose Manuel Aguilar, donde ofrece una muy buena introducción a la Alineación Parental, síntomas, consecuencias, etc. Si bien la entrevista es de hace tiempo su contenido es totalmente actual y muy recomendable. Por favor, no olvidad promover la firma de la petición en vuestra redes sociales, contamos con todos vosotros. Hagamos un esfuerzo!!! Gracias. Un abrazo, Jorge alienacionparentalesdelito@gmail.com www.alienacionparental.net
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