Victoria confirmada

Que Carolina Pavon pueda salir de Egipto donde esta retenida contra su voluntad

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Carolina Ester Pavón, es una ciudadana argentina, oriunda de la ciudad de Montecarlo, Misiones. Se encuentra en una situacion desesperante ya que no puede salir de Egipto por una inhibición de su ex esposo que no acepta darle el divorcio por considerarla de su propiedad, según expresa ella misma en una carta enviada contando su historia y que es la que ponemos a continuación... Es urgente que se vea su situación por parte de las autoridades argentinas...

CARTA ENVIADA POR CAROLINA PAVON

Mi nombre es Carolina Ester Pavón, soy ciudadana argentina, oriunda de la ciudad de Montecarlo, Misiones. Tengo 39 años, en el 2003 me case con Mahmoud Mohamed Mahmoud Ahmed Tarfa, egipcio de 42 años. Vivimos en la ciudad de Alejandria, Egipto hasta el 2004 que nos mudamos a Argentina, allí nació mi primera hija (Mariam Banseeh Mahmoud Tarfa). Por cuestiones laborales regresamos a Egipto en el 2005, trayendo conmigo a mi abuela materna, que vivió 5 años aquí en Alejandria. Ella sufría de Alzheimer, y ser ama de casa en Egipto me pareció la solución para poder cuidarla con mis propias manos al igual que a mi hija.

Cuando llegamos a Egipto me doy con que la familia (el padre de Mahmoud, que se llama Mohamed Mahmoud Ahmed Tarfa) pago a un medico que falsificara una partida de nacimiento, como que una egipcia llamada Fatma Abd Elrahman Tarfa tuvo una bebe en su casa, un parto casero. Entonces mi hija Banseeh aquí cuenta con un certificado de nacimiento falso, con un nombre diferente, con fecha diferente y lugar de nacimiento también distinto (sin olvidarse que el nombre de la madre también es diferente).

Entonces yo obtuve la nacionalidad egipcia con ese nombre: Fatma Abd Elrahman Tarfa para poder demostrar que esa bebe es mía. Esto lleva a la conclusión de que Banseeh es argentina solamente, porque su certificado egipcio es faso.

Trabaje desde la casa confeccionando mochilitas canguros portabebés (baby slings y wraps) y almohadas para amamantar, con una amiga hacíamos delivery a todo Egipto. Yo siempre me mantuve, el no se hizo cargo de los gastos de mi abuela ni míos. Pronto comenzaron los maltratos psicológicos hacia mi persona, se quejaba que no tenía tiempo para atenderlo, por culpa de mi abuela, de mi hija, etc. También las diferencias culturales a veces resultan complicadas de salvar. Si yo protestaba, simplemente me decía que me vaya. Yo comencé a dejar pasar las situaciones, que fueron agravándose, creciendo como monstruos. Me sentía paralizada, adonde iría con mi abuela y sin poder sacar a  mi bebe del país? Se llega un punto en que todo se ‘normatiza’, el maltrato se convierte en ‘normal’. Ya no se cuestiona.

Luego mi esposo insistió con tener otro bebe, que comparta el mismo contexto cultural con Banseeh, nuestra primera hija. Yo no quería, pero aquí el marido ordena, y nació Yuliana. De nuevo Mahmoud incurre en la ilegalidad de pagar (no sé si al hospital o al médico) para obtener dos certificados de nacida viva, una a nombre de Carolina Ester Pavón para que la bebe tramite su nacionalidad por opción en la Embajada Argentina. Y otro certificado a nombre de Fatma Abd Elrahman Tarfa para inscribirla como egipcia. Es decir que en ese día figura como que dos mujeres diferentes tuvieron bebes, nacieron dos nenas, no una. Y todo este embrollo mafioso era innecesario, porque las nenas obtendrían la nacionalidad directamente por tener el padre egipcio.

La enfermedad de mi abuela se complico, y con dos hijas pequeñas todo se me desbordaba. La asistencia de salud aquí es precaria, y las peleas con Mahmoud aumentaron, por mi falta de tiempo para él. Decidí retornar a mi abuela a la Argentina, mi madre se comprometió cuidarla. Allí ella tendría mejor atención médica. Y Mahmoud prometió cambiar cuando yo le dedicara un poco de tiempo. Nada de ello sucedió.

Lo anormal, lo raro, eran los días en que pasábamos en calma. Yo conseguí trabajo para Amazon, como Directora del Servicio al Cliente en español, para la subsidiaria de inglesa de Amazon: Book Depository (que es una librería multinacional online que despacha alrededor de 7 millones de libros por día). También era la encargada de controlar y reportar el feedback de Italia, España y Francia.

El, después de la revolución del 2011, dejo de trabajar y yo mantuve el hogar. Siendo que tiene una cuenta bancaria muy holgada.

En el 2013 decide que iríamos a probar a Argentina, porque él no encontraba un trabajo a ‘su nivel’. En Argentina, Puerto Iguazú, trabajo para una importadora exportadora, en la parte administrativa. Y yo comencé a dedicarme a la venta de frutos secos y de snacks. Seguí manteniendo el hogar, y el ahorrando lo suyo.

Comenzó a ver que en Argentina la mujer tiene derechos, y que perdía poder sobre nosotras. En septiembre del 2014 regresa a Egipto el primero con la orden de que nosotras deberíamos regresar en diciembre del mismo año, cuando las nenas terminaran el ciclo escolar.

Por supuesto que no lo hice, primero se enojo y amenazo con enviar mafiosos árabes de las tres fronteras a secuestrar a las nenas y tirarme muerta en el rio (fueron amenazas de su hermano específicamente). Que hasta ya tenían precio para esta acción: 2000 dólares (que para ellos no es nada).

Luego fue calmándose y rogando que volviéramos, las nenas no se adaptaban, sufrían horrores por su papa, por su cultura, por su religión, por la familia paterna con la que crecieron. Yo jamás impedí que hablaran por teléfono, y el fue manejándolas para que ejercieran presión en mi. Nos mudamos a Montecarlo con mis hijitas, que es mi pueblo de origen.

En febrero del 2015 viaja de nuevo a la Argentina con pasajes para buscarnos a las tres. Yo me puse firme de no retornar, pero deje que se quedara hasta que fuera la fecha de partida en la misma casa. Se encerraba con las nenas en una habitación y les lavaba el cerebro, yo tenía que salir a trabajar y estaba con el corazón en la boca por miedo de regresar y no encontrarlas.  En un comienzo hizo huelga de hambre unos días hasta sentirse mareado y descompuesto. Me dio hasta pena, pero no iba a volver a Egipto. Entonces se puso furioso y cambio de estrategia, comenzó la agresión de nuevo y como yo tenía que trabajar, con amigos lo obligamos a irse de la casa o la policía intervendría. El sabe español, tiene dinero, vivió en Argentina, así que muy bien se alojo en un hotel en Iguazú.

Con mi trabajo de levantar bolsas de 25 y 50 kilos de frutos secos, y snacks mantuve y arregle la casa de Montecarlo. Luego abrí un local de descartables, muy pequeño, muy a pulmón.

Trabajaba 7 días a la semana para darles a mis hijas lo mejor. Soy monotributista, no pedí nada al Estado. Siempre preferí mantenerme con mi sudor. En esta parte aprovecho a agradecer a la gente bella de Iguazú que me dieron una mano, convirtiéndose en mis clientes, y en mis amigos. Luego expandi a Libertad, Wanda y Montecarlo. Gente también maravillosa. Gracias.

Volviendo al tema, comencé a llevar a mis hijas a la psicóloga, porque la mayor amenazaba con querer matarse, decía que Argentina era mi paraíso, pero el infierno de ellas. Hubieron muchas actitudes raras y peligrosas que me quebraron. Mahmoud todo el tiempo prometía que iba a cambiar esta vez, que aprendió la lección. Que me iba a hacer un papel que pudiera yo sacar a las nenas si no me hallara en Egipto. Que volviéramos a ser familia. Yo no le creí, pero veía a mis hijas con dolor. Se lo que es extrañar tu tierra y la familia con la que creciste, tu cultura. Yo crecí sin padre, y no quería que ellas pasaran por lo mismo.

Deje todo, para demostrar a las nenas que por ellas hasta lo imposible haría. Pero les había avisado que si el padre me maltrataba yo me tendría que ir, y no podría sacarlas. Ellas están seguras de que Egipto es su lugar.

Llegamos el 28 de Julio del 2015. Nos mando el pasaje. No pasaron dos semanas y de nuevo agresión física, tuve hematomas por todo el cuerpo. Intente suicidarme, tomando una caja de pastillas de Alplax de 2 mg. Porque no pude irme de la casa, no podía abandonar a las nenas. Cuando comenzaba a sentir el cuerpo adormecerse, el me agarra de la remera, me la rompe y empuja al piso. Toma a las nenas de las manos y les muestra a su mama tirada diciéndoles: “Miren como una occidental quiere a sus hijos!!! Prefiere morirse a estar con ustedes!! Eso una mujer musulmana no lo hace”.

Mis hijitas lloraban horrorizadas,  pedían que vomite, tuve tanta pena por ellas y tanta rabia por alguien que es un monstruo. Comencé a tomar agua y vomitar, hasta que saque lo que pude de mi estomago. Igual dormí un día entero.

Decidí irme, no era ejemplo para mis hijas. No quiero que ellas vean estas situaciones como normales y repitan cuando crezcan. Les pedí que vinieran conmigo, pero ellas no quisieron ni quieren regresar a Argentina, donde creen que es el país del pecado. Tampoco podría sacarlas, ellas tienen la nacionalidad egipcia, y acá es lo que vale (no la argentina).

Me fui de la casa y me quede en casa de una familia que me ofreció trabajo en el cuidado de un Sr mayor con incapacidades. La familia es muy amable, y también me ayudan con los trámites del divorcio y para luego pedir derecho de visita a las nenas. Pero todo se alargo mucho porque Mahmoud no quiere darme el divorcio, quiere que regrese al hogar. Acá el marido es dueño de la mujer. Me hizo una restricción de salida del país, con una orden de que regrese al hogar. Si la policía quisiera me podrían llevar a la fuerza a la casa de nuevo. Y ni el mejor abogado, ni la embajada argentina podría sacarme de allí. Solo con el papel de divorcio finalizado.

El tema es que con la restricción de salida del país, también se activa la quita de derecho de poder trabajar. Entonces, aquí estoy viviendo de la misericordia, sin poder ejercer trabajo para mantenerme. Solo puedo hacerlo de la forma en que estoy, gracias a la familia que me aloja.

Yo pido encarecidamente al pueblo argentino, mis compatriotas,  y a nuestras autoridades competentes que vean la forma de poder hacer entrar en razón a la República Árabe de Egipto que es inhumana mi situación. Que es una falta de derechos humanos completos mantenerme presa en un país sin poder trabajar y sin lugar propio donde estar. Solo por el despecho de un marido abandonado (y con razones de peso: violencia física y psicológica).  Que por favor, me permitan salir. Necesito pararme como ser humano, dignificar mi vida. Y ya desde afuera vería de seguir con los trámites de divorcio y derecho de visita a mis hijas. Pero ya desde una posición fuerte, segura.

Con el divorcio el pierde poder sobre mí en este país.

No quiero dejar de aclarar que en todo este tiempo el impidió que yo hablara y viera a las nenas.

 Carolina Ester Pavon

 



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