

Hola a todos!. Antes que nada desearos un feliz año nuevo y agradeceros que aunque la petición haya empezado a tener restricciones, sigáis apoyándome con vuestras firmas. Ya que, debido a motivos que siguen siendo un misterio no os permiten dejar comentarios, ni harán visibles los anteriores, pero ni eso ni el que hayan puesto denuncias o quejas sobre la verdad que estoy contando, va a impedir que siga exponiendo la realidad de los hechos, tal y como han permitido que sucedan.
Me gustaría compartir con vosotros el enlace de un documental que he visto recientemente, espero que os sea de interés y que podáis verlo antes de que deje de estar disponible en unos días.
Pienso que la Justicia española debería aprender mucho sobre este caso, y en vez de gastarse millones en el ministerio de "igual - da" y de mantener a miles de marujas en asociaciones pintadas de morado, si se invirtiera el dinero en peritos forenses y en juicios, habría esperanza para cualquier mujer, niña o adolescente que haya pasado por semejante atrocidad. En España no es que las victimas se sientan avergonzadas para hablar, es que el sistema no las deja hablar, ni siquiera deja que hablen los ciudadanos a través de un comentario en una petición, mucho menos la que lo vive en primera persona.
Gisèle Pelicot creía que tenía un buen matrimonio.
Cincuenta años con Dominique. Tres hijos. Nietos. Una casa de retiro en la Provenza. Amigos que los llamaban “la pareja perfecta”.
No tenía ni idea de lo que le estaba pasando.
Durante años, Gisèle sufrió síntomas que no podía explicar. Agotamiento. Vacíos de memoria. Caída del cabello. Problemas médicos que desconcertaban a sus médicos.
Una vez le preguntó a su marido si la estaba drogando.
Él se mostró dolido. Lo negó.
Ella le creyó. Siempre le creyó.
Luego, en noviembre de 2020, la policía la citó en comisaría. Su marido había sido sorprendido grabando por debajo de las faldas de mujeres en un supermercado. Cuando le incautaron el ordenador, encontraron algo mucho peor.
Más de 20.000 fotos y videos. De Gisèle. Inconsciente. Siendo agredida sexualmente.
Por su marido. Por desconocidos. En su propia cama.
Durante casi una década, Dominique trituró pastillas y se las mezcló en la comida y la bebida. Cuando ella quedaba inconsciente, la agredía. Luego empezó a invitar a otros.
Los buscaba en internet, en un foro llamado literalmente “a su desconocimiento”. A lo largo de nueve años, reclutó a unos 50 hombres para que fueran a su tranquila casa en Mazan.
Bombero. Periodista. Enfermero. Militar. Funcionario penitenciario.
Hombres de todos los ámbitos. Muchos estaban casados. Algunos tenían hijos.
Iban. Agredían a una mujer inconsciente mientras su marido lo grababa. Y luego se marchaban.
Gisèle no sabía nada de esto. Se despertaba confundida, cansada, confiando en el hombre a su lado cuando él lo atribuía al estrés, la edad o la menopausia.
Cuando la policía le mostró las pruebas, su mundo se hizo pedazos.
Cincuenta y un hombres fueron finalmente acusados.
Como víctima, Gisèle tenía derecho a permanecer en el anonimato. El juicio podía haberse celebrado a puerta cerrada. Podía haberse escondido de la mirada del mundo.
Se negó.
A los 72 años, entró en esa sala de justicia en Aviñón, dijo su nombre en público y exigió que el juicio fuera abierto.
Quería que el mundo viera lo que le habían hecho.
“La vergüenza debe cambiar de lado”, declaró.
Durante casi cuatro meses, se sentó en esa sala. Vio videos de su cuerpo inconsciente siendo agredido. Escuchó a hombres decir que pensaban que ella fingía dormir. Los oyó alegar que el permiso de su marido era suficiente.
No apartó la mirada. No dio un paso atrás.
El 19 de diciembre de 2024, los 51 acusados fueron declarados culpables.
Dominique recibió la pena máxima: 20 años. A los 72, es probable que muera bajo custodia.
Tras los veredictos, Gisèle habló con la prensa a la salida del tribunal.
“Quise abrir las puertas de este juicio para que la sociedad viera lo que estaba pasando”, dijo. “Nunca me arrepentí de esta decisión”.
Luego habló directamente a otras supervivientes: “Compartimos la misma lucha”.
El impacto fue enorme. Francia abrió una conversación nacional sobre el consentimiento y las agresiones facilitadas por sustancias. Mujeres de todo el mundo vieron su valentía y encontraron su propia voz.
Fue incluida en la lista 100 Women 2024 de la BBC. TIME la distinguió. Financial Times la incluyó entre las mujeres más influyentes de 2024. En un sondeo en Francia, fue elegida personalidad del año.
El 14 de julio de 2025, Francia le concedió uno de sus mayores honores: caballera de la Legión de Honor. El presidente Emmanuel Macron la elogió como una pionera cuya “dignidad y valentía conmovieron e inspiraron a Francia y al mundo”.
Ahora Gisèle se prepara para contar toda su historia en unas memorias tituladas “A Hymn to Life”, que se publicarán en más de 20 idiomas.
Su mensaje a las supervivientes de todo el mundo: “Que nunca sientan vergüenza. Y, con el tiempo, que incluso aprendan a saborear la vida de nuevo y encuentren paz”.
Su hija Caroline escribió su propio libro y creó una asociación llamada M’endors Pas —“No me duermas”— para concienciar sobre la sumisión química.
Piensa en lo que hizo Gisèle Pelicot.
Tomó la vergüenza que la sociedad pone sobre las víctimas —el silencio, el estigma, la culpa— y se la devolvió a los hombres que cometieron los delitos.
Durante nueve años, no tuvo voz, ni conocimiento, ni control.
Pero cuando despertó a la verdad, usó su voz para cambiar la conversación de millones.
La violencia sexual prospera en el silencio. Depende de que las víctimas se sientan demasiado avergonzadas para hablar.
Gisèle Pelicot rompió ese silencio.
A los 72, después de vivir lo inimaginable, se presentó en un juicio público y dijo: Miren lo que hicieron. Vean las pruebas. Escuchen la verdad.
La vergüenza es de ellos. No mía.
Nunca es tarde para recuperar tu historia.
Fuente: Le Monde ("Gisèle Pelicot publicará sus memorias «A Hymn to Life» en 2026"