May 7, 2016
Por Angel R. Serra Reflejos. Es lo único que hay que tener para hacer política, el resto es accesorio. Y si no, pregúntele al Intendente de El Calafate, que el pasado 20 de abril, el mismo día en que se dio a conocer que dos vecinos de la villa turística presentaron un recurso de amparo contra el funcionamiento del basural a cielo abierto de Laguna Seca, buscó neutralizar la noticia haciendo dar la cara a un funcionario nacional al que nadie todavía le conocía la voz. Lo llamativo del caso, es que ningún funcionario municipal de alto o mediano rango haya salido a desmentir el flagrante delito denunciado por el amparo: que la Municipalidad opera de manera ilegal (es decir, sin estudios de impacto ambiental ni habilitación por parte de la Subsecretaría de Medio Ambiente Provincial) un basural a cielo abierto desde octubre de 2014. La evidencia que a la fecha da prueba del hecho es tan abrumadora que nadie en su sano juicio habría salido a negarlo. La exasperante lentitud, incapacidad manifiesta o simple desidia demostradas por la actual gestión municipal en materia de política ambiental durante los últimos nueve años contrastan de manera notable con la rapidez instantánea con la que se pretendió tapar la noticia del primer amparo ambiental presentado por vecinos en resguardo del interés colectivo: el mismo día, apenas horas después de conocida la primicia de que la jueza Florencia Viñuales diera admisión a la presentación del recurso, un funcionario nacional del Ministerio de Turismo salió a tranquilizar a la población y a aquietar las aguas asegurando que "el actual basural será saneado" (Ahora Calafate, 20-04-2016). Casualidad o causalidad, lo cierto es que el coordinador de la Unidad Ejecutora de Prestamos Internacionales (UEPI) del Ministerio de Turismo, Ing. Alvaro Sánchez Granel, el mismo día en que se conoció la presentación del recurso de amparo contra la Municipalidad de El Calafate, salió a decir que todo marchaba de acuerdo a lo planeado. Y que el actual desastre ambiental de Laguna Seca sería remediado con… el dinero destinado a sanear el exbasural del barrio Félix Frías cercano al Aeropuerto Viejo, vertedero a cielo abierto también colapsado por la inacción del Ejecutivo. Es así como alguien que hasta la fecha no había dado entrevistas a medios locales ni brindado mayores precisiones sobre el inexplicable retraso de las obras del nuevo centro ambiental (CAEC), aparece de buenas a primeras afirmando que todo marcha sobre ruedas y que los vecinos debieran ser optimistas mientras ven como cada día media decena de camiones descargan entre 35 a 45 mil kilogramos de basura sobre la estepa. Los ocho meses más largos de la historia Todo el mundo recuerda que el 8 de septiembre de 2015 en un acto promocionado con bombos, platillos y redoblantes, el intendente local Javier Belloni en presencia de los entonces Ministro de Turismo y Desarrollo Social, Carlos “Quique” Meyer y Alicia Kirchner, suscribieron con la empresa adjudicataria Desler S.A. el inicio de obra para la construcción del nuevo Centro Ambiental El Calafate (CAEC). Los pliegos licitatorios estipulaban a partir de entonces un plazo de 8 meses corridos para la ejecución de la obra . Un día después, el 9 de septiembre, el propio vicepresidente de Desler, Elvio Calligaris, aseguraba: “En 15 días comenzamos con los trabajos”. Es decir, que todo había sido previsto para que la primera etapa de la obra fuera entregada -como máximo- a mediados o fines de mayo de 2016, precisamente antes de que diera comienzo la veda invernal. Recién ahora sabemos que los plazos previstos no se cumplirán y que la obra con suerte “debería estar terminada para julio o agosto, quizá un poco más por el invierno” (Sanchez Granel, dixit). El uso del potencial equivale a admitir que –puesto que el terreno queda anegado por los deshielos primaverales- recién hacia septiembre u octubre de 2016 la primera etapa quedará culminada. En suma: en los cinco meses que transcurrirán desde mayo hasta septiembre de 2016, otras 5.500 toneladas de basura serán arrojadas sin ningún tipo de clasificación ni tratamiento sobre el suelo desnudo de Laguna Seca. Para entonces, el desastre ambiental en el lugar llevará acumuladas la friolera de 25.700 toneladas de residuos domiciliarios, comerciales y de origen industrial volcados sobre el terreno; por supuesto, sin la menor aprensión ni complejo de culpa por parte del Ejecutivo municipal. Pero hay algo más. Si nos atenemos al texto del pliego licitatorio, la obra ni siquiera habría dado comienzo: el cartel de 6 por 4 metros de altura que por condición de contrato debiera haber sido colocado por la empresa contratista dentro de los cinco días posteriores al inicio de los trabajos, sencillamente brilla por su ausencia en Laguna Seca. Por eso, puesto que la fecha de inicio jamás se oficializó hasta el día de hoy, la finalización de la primera etapa del nuevo Centro Ambiental El Calafate (CAEC) todavía es un misterio. Si bien es cierto que, por su ineptitud y desinterés, los pasivos ambientales que nos heredará la actual gestión son de una gravedad mayúscula, no menos real es que el daño ya provocado sobre el entorno natural en Laguna Seca resulta ser, por su magnitud, directamente irreparable. Así lo dejó en claro Sánchez Granel, quien resumió en pocas palabras lo no hecho por la Municipalidad desde octubre de 2014 a la fecha. La frase elegida por el funcionario de Nación deja en claro que controlar los tiempos (los de obra y los verbales) así como las medidas inconsultas tomadas por el Intendente Belloni son algo que no le está resultando fácil: “Lo que se ya contaminó no se puede evitar (sic), lo que tenemos que evitar es que se siga contaminando”. Lamentablemente, si lo primero “no se pudo evitar” (¿no se pudo evitar un basural a cielo abierto teniendo una planta modelo, única en su tipo, desde 2006?), lo segundo tampoco va a suceder en lo inmediato, al menos hasta septiembre u octubre de este año cuando la primera celda de relleno sanitario haya sido -en teoría- concluida y pueda ser utilizada. Mandalo a la fosa, mandalo Pero no todo es tan maravilloso. Porque el ingeniero de la UEPI que administra los fondos del BID admitió en ese reportaje concedido a un medio local que la primera etapa de la obra no incluye la operatividad de la planta de clasificación y separación, la que debería entrar en funcionamiento (también en potencial) recién concluida la segunda etapa. ¿Qué si falta mucho para que se concluya la segunda etapa? Veamos: Una vez finalizada la primera parte de la obra (septiembre-octubre 2016), debería llamarse a una nueva licitación, adjudicarse la obra a un nuevo contratista y esperar otros ocho meses para comprar la maquinaria, mudar el equipamiento existente de la Planta “Eva Poulsen”, contratar el personal necesario y ajustar los detalles para que la flamante planta entre -al fin- en funcionamiento. En suma: hasta que todo lo dicho transcurra en el ordenado y metódico mundo del ingeniero Sánchez Granel habrá que esperar -con una vela en la mano- cómo mínimo hasta bien entrado 2017. Asumiendo que esta vez los plazos se cumplan y suponiendo que el “Módulo Inicial” de relleno sanitario entre en funcionamiento en septiembre de 2016… ¿cómo se tratarán los residuos de allí en más? Es aquí donde Sánchez Granel controla su optimismo y reconoce que no habrá tratamiento alguno, que toda la basura generada por la ciudad se volcará en crudo, esto es, sin valorización, separación ni clasificación de ninguna índole, directamente del camión a la celda de relleno sanitario. ¿Por qué pasará esto? Porque la nueva planta de clasificación de residuos sólidos urbanos (RSU) de Laguna Seca recién entrará en operaciones a mediados de 2017, lo cual acortará de manera significativa la vida útil del módulo. Así, la primera celda de relleno sanitario que conocerá El Calafate en toda su historia diseñada originalmente para durar cinco años (2016-2021), colapsará mucho antes de lo previsto al recibir enormes cantidades de basura indiscriminada, esto es, basura que no será sometida a separación para reducir su volumen de “descarte” (residuos sin valor que no pueden ser destinados a reciclado). Tapándolo todo con tierra, y más tierra ¿Y qué pasará con el inmenso daño ambiental ya provocado? ¿Qué pasará con las más de 25 mil toneladas de residuos de todo tipo que para entonces -septiembre de 2016- habrán quedado esparcidos sobre el castigado suelo de Laguna Seca? ¿De dónde se sacarán los fondos necesarios para la remediación y rehabilitación del predio? Tranquilos, todo está previsto. En principio, la plata aportada por el BID para el saneamiento del antiguo basural (el de Aeropuerto Viejo) será redireccionada al saneamiento del basural nuevo (el de Laguna Seca). Sánchez Granel asegura en la entrevista sin que le tiemble el bigote que, como la Municipalidad de El Calafate “se adelantó” y ya hizo “parte del saneamiento” (sic), el dinero que sobra podrá ser destinado ahora a remediar la contaminación que dejará el basural nuevo. Lo bueno de esta metodología tan particular, es que sin importar cuántos nuevos basurales ilegales inaugure el señor Intendente siempre habrá dinero del BID para remediar la contaminación dejada por el último que quede. Simplemente, hay que ir moviendo las partidas destinadas a remediación ambiental del basural original al basural nuevo. Al final, y como es de prever, todo -lo viejo y lo nuevo- será tapado por una gruesa capa de arcilla. El funcionario del Mintur adelantó que –por desgracia- la magnitud del descalabro ambiental cometido en Laguna Seca, responsabilidad de la actual gestión con anuencia del Concejo Deliberante, no es posible de revertir. Las miles de toneladas de basura ya arrojadas y acumuladas sobre el terreno no se podrán trasladar a las celdas de relleno sanitario (que se llenarían rápidamente) ni tampoco ser tratadas en la nueva planta de clasificación por lo altos costos que ello implicaría. La única solución posible, admitió, es compactarlas sobre la misma “área de sacrificio” y taparlas con más tierra. Para cuando el crudo invierno llegue a la zona con su persistente secuela de lluvias y nevadas, en mayo-junio de 2016, el actual predio cubierto con basura de todo tipo recibirá grandes cantidades de agua. Con ella, se generarán enormes cantidades de líquidos lixiviados por percolación de lluvia y deshielo, líquidos que se esparcirán sobre la –alguna vez- inmaculada estepa de Laguna Seca y la seguirán contaminando. El verdadero negocio de la basura El ingeniero Sánchez Granel habla, pero no demuestra demasiada preocupación por la situación de ilegalidad en la que se encuentra el actual vaciadero a cielo abierto de Laguna Seca. En ningún momento de la entrevista hace alusión a ello. Tampoco se muestra –como funcionario nacional que es- consternado o sorprendido por la escandalosa descarga diaria por parte del Municipio de decenas de toneladas de basura a la vista de todos en el lugar donde el organismo para el que trabaja lleva adelante la obra del CAEC, hecho que –al parecer- le parece perfectamente natural dado que –de acuerdo a sus propios dichos- estuvo visitando el predio “una vez por mes” con motivo de la inspección de la obra. El lenguaje duro del ingeniero recuerda al de la tecnocracia de los organismos internacionales de crédito, con la diferencia de que él trabaja para el Estado argentino y debiera haber advertido a los funcionarios municipales que se estaban violando de manera flagrante leyes ambientales de la Nación y la Provincia de Santa Cruz. Tal vez, su desapasionamiento se deba a que –al fin y al cabo- el tema del medioambiente y la basura no dejan de ser para él un modus vivendi, de seguro más rentable que el de la UEPI en el Ministerio de Turismo. Prueba de ello es que, como actual director de la consultora Ingeo Ambiental S.R.L., el ingeniero Sánchez Granel se dedica a elaborar para empresas nacionales, multinacionales y organismo de Gobierno, estudios de impacto ambiental, caracterización de sitios contaminados, monitoreo de gestión integral de residuos y evaluación de pasivos ambientales... entre muchos otros diagnósticos y servicios de consultoría ambiental que realiza y cobra, en dinero contante y sonante. Está claro que trabajar para el Estado no siempre garantiza ingresos decorosos, al menos no en el caso del ingeniero que -está visto- necesita disponer de una segunda fuente de ingresos para llegar a fin de mes. Quien le dice que el próximo cliente de su consultora no sea la Municipalidad de El Calafate. Hay que ser prudente. Nunca se sabe.
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