El 1 de octubre de 2022, Cataluña conmemoró el referéndum de independencia del 1 de octubre de 2017. El clímax fue la conexión telemática del presidente catalán en el exilio, Carles Puigdemont, al que la multitud congregada gritó frenéticamente "Presidente, Presidente", dejando claro una vez más quién es el verdadero presidente de Cataluña a los ojos del pueblo.
El Consejo Catalán está preparando la independencia de Cataluña desde el exterior. Al hacerlo, puede tomar medidas que actualmente no son posibles para el gobierno catalán, que también lucha por la independencia del Estado, dentro del Estado español.
Cada vez parece más evidente en estas semanas que sectores cada vez más amplios de los partidarios de la soberanía estatal de Cataluña no están satisfechos con la trayectoria política del gobierno oficial catalán y exigen la pronta realización de la soberanía de su país en forma de república democráticamente constituida. La crítica a los partidos políticos establecidos es cada vez mayor. Sin embargo, el presidente Carles Puigdemont sigue siendo el presidente de los corazones, y muchos catalanes confían en él y en el Consejo Catalán que dirige para impulsar el proceso de independencia y llevarlo a buen puerto.
A continuación, la traducción del discurso que el presidente Carles Puigdemont dirigió a su pueblo el 1 de octubre de 2022. Es y sigue siendo una vergüenza para la Unión Europea que no sólo no apoye a este político, que no apoye a este pueblo, que no apoye a sus propios ciudadanos de la Unión que exigen los derechos humanos que les corresponden, sino que, por el contrario, ayude al Estado español en su intento de sofocar la revolución catalana. La historia juzgará a todos aquellos que demuestren en estos años lo poco que significan los derechos humanos de un pueblo europeo para la Unión Directiva.
Discurso del presidente legítimo de Cataluña, Carles Puigdemont, pronunciado el día 1 de octubre de 2022 en conmemoración del referéndum catalán del día 1 de octubre de 2017
Queridos compatriotas,
El día 1 de octubre de hace cinco años, Cataluña decidió en un referéndum legal y vinculante constituirse en Estado independiente en forma de república. Lo hizo a pesar del ataque antidemocrático perpetrado por el Estado español, porque el terreno de juego al cual conseguimos arrastrarlo no le es propio. Es el nuestro. Es el del desbordamiento democrático, el de la movilización ciudadana, el de la desobediencia a la injusticia; es el de la fabulosa combinación de todo el mundo, desde las instituciones hasta los millones de ciudadanos pasando por partidos y organizaciones, para hacer posible aquello que el régimen español nos decía que era imposible.
El Estado español no podía ni puede competir con nada de todo esto. Tengámoslo siempre presente, porque esta es la fórmula de la victoria. Esta es la gran debilidad de un estado muy potente, y esta es precisamente nuestra gran fortaleza. Y si se trata de ganar nos hace falta el desbordamiento democrático permanente que empezó hoy hace cinco años.
Nada, absolutamente nada de lo que hicimos habría sido posible sin la participación activa de millones de personas; sin el compromiso de colectivos que todavía hoy son objeto de la represión del Estado. El referéndum lleva vuestros nombres y apellidos; las papeletas y las urnas serán siempre vuestros, pasen los años que pasen, no dejaré de expresar nunca el inmenso honor y el agradecimiento que sentí de ser presidente de un país capaz de hacer esto.
Hoy, aun así, no hacemos ningún acto de nostalgia. Que abandonen toda esperanza aquellos que, tanto desde Madrid como desde nuestra casa, nos piden que lo dejemos correr. Que nos cantan las absueltas. Que nos dicen que no sirvió de nada, que no salió bien, que tenemos que superar el luto o que tenemos que pasar página. O que tenemos que ir por otro camino. Que es demasiado difícil y que el principio de realidad nos aconseja comer poco y digerir bien.
Hoy avisamos a todos estos ilusos enterradores que su luto se da por despedido. Que la nuestra es una lucha que no caduca, como no caducan ninguna de las causas justas por las cuales millones de personas en todo el mundo continúan luchando a pesar de que ya hace años que dejaron atrás su momento fundacional. Las luchas por los derechos civiles no se acaban cuando se rompe con el régimen que los oprime; hoy mucha gente en Europa es víctima del racismo y de la xenofobia a pesar de que disponemos de las legislaciones más avanzadas que puedan existir. Nadie de ellos osaría decirles que el mandato fundacional, el mandato surgido cuando se levantaron contra la injusticia, ya ha caducado porque el objetivo de tener una sociedad justa, sin racismo, sin discriminaciones, todavía no se ha logrado. Todo lo contrario, es la existencia de tanta injusticia la que nos obliga y nos vincula.
Nuestro momento fundacional fue hace cinco años. El referéndum ya lo hicimos, es válido y no hay que volverlo a hacer. Votar, ya votamos. Cierto, nadie dijo que con aquello ya hacíamos bastante, sino que empezaba un ciclo que sabíamos cargado de incertidumbres. Nadie prometió que sería fácil, ni que fuéramos infalibles. Toda aquella narrativa que pretende infantilizar el movimiento, que pretende aguar lo que fue una victoria rotunda y perfectamente planificada y ejecutada, es profundamente injusta e interesada. Sabíamos, y esto hoy es más importante que nunca recordarlo, que a partir del referéndum teníamos derecho, teníamos la legitimidad de emprender el camino para materializar la independencia de Cataluña. Y sabíamos, también es importante recordarlo precisamente hoy, que habíamos encontrado la fórmula de la victoria. Todo aquello que se aparte de esta fórmula y de aquella legitimidad, debilita y aleja el horizonte.
Está claro que hay gente interesada en que el horizonte se debilite y se aleje. En el Estado español, todas sus estructuras trabajan sin descanso. Nos espían como lo hacen las autocracias, se infiltran impúdicamente en las organizaciones independentistas, conspiran para fabricar pruebas y casos judiciales que incriminen o ataquen la reputación de independentistas, y usan toda su capacidad de presión para que la Unión Europea mire hacia otro lado. Llevan cinco años construyendo un relato, que estos días vemos con más virulencia que nunca, con el cual esconden a la opinión pública española lo que su Estado hizo a la población indefensa de Cataluña. Porque no lo pueden explicar ni en su casa, porque la vergüenza los perseguirá siempre.
Con esto ya contábamos. Lo que hoy tenemos que pedir, lo que hoy pedimos todos aquí, es que nos mantengamos conjurados a reforzar y acercar el horizonte, a pesar de cantos de sirena o cantos de derrota. Que mantengamos la cabeza firme, y que nos preparamos cada cual en su casa y todos colectivamente, en los grupos de redes sociales, en las organizaciones civiles, en los partidos políticos y en las instituciones, para retomar la marcha allá donde la dejamos. Hoy sabemos mejor que hace cinco años cual será la respuesta del estado, y hoy sabemos mejor que nunca que el estado no renunciará a la violencia, si hace falta la violencia extrema, para retener a Cataluña en el margen de su voluntad.
Y también sabemos cómo derrotarlos, porque la fórmula de la victoria la tenemos hace cinco años. Hay que usarla, y sobre todo hay que tener voluntad de usarla. Este es el propósito del Consejo por la República. Por eso hoy miramos más al futuro que al pasado. Por eso la celebración del once de septiembre desmintió todos los oráculos de la rendición. Y por eso cada nueva inscripción al registro ciudadano del consejo los irrita y les cuece, porque no pueden imaginar la posibilidad de que alguien se quiera dar de baja de esta “maravillosa y ejemplar” monarquía española.
El Consejo propone para esta segunda fase del ciclo que abrimos hace cinco años una mirada al futuro compartida, una estrategia que sea hija de la estrategia de la victoria, que sabemos que descoloca el estado español. No lo descolocaremos por bien que funcione el gobierno autonómico ni por más impecables que sean las leyes autonómicas que apruebe el Parlamento de Cataluña. A cada cual le toca su trabajo. Mientras se gobierna la autonomía se tiene que culminar la independencia y alguien se tiene que poner a hacerlo. Y tampoco nos vale la actitud de quienes piden que los avisemos cuando vayamos de verdad. Alguien tiene que preparar lo que significa “ir de verdad”, no se hará por generación espontánea ni dejando que vaya pasando el tiempo.
Este alguien es el Consejo. Con todas nuestras limitaciones materiales, y sobre todo todas las agresiones de que somos víctimas. Pero con toda la ambición y la legitimación política para hacerlo. Hoy, si hay una mesa a la cual tenemos que estar encadenados y de la cual no nos tendríamos que levantar nunca es la mesa de diálogo entre nosotros, entre los hermanos de Esquerra Republicana, de Junts per Cataluña, de las CUP, de Òmnium Cultural y la Asamblea Nacional Catalana. El acto de hoy reúne esta voluntad, y quiero agradecer enormemente que estéis todos, que a pesar de los problemas que sabemos que tenemos, hoy todo el mundo está en esta mesa.
Una mesa donde hacemos posible presionar y recoser a la vez; que combine con eficacia e inteligencia las diferentes fortalezas que tenemos. Os tenemos a todos vosotros, a pesar de todos los pesares. Lo demostrasteis a la última fiesta nacional. Esto es una fortaleza. Tenemos los votos de la gente, representados en el Parlamento de Cataluña y en la inmensa mayoría de ayuntamientos del país. Esto es también una gran fortaleza. Y tenemos el reconocimiento internacional de las violaciones de derechos políticos, de detenciones arbitrarias y de persecución política que comete el estado español contra el movimiento democrático por la independencia de Cataluña. Y esta es una gran debilidad del Estado que tenemos que saber aprovechar.
Es cierto que es un estado poderoso, grande y fuerte. Pero sus cimientos están carcomidos, están podridos. Una monarquía que viene del franquismo; un sistema judicial atrapado en el bucle del franquismo que se va renovando generación detrás generación; un sistema mediático al servicio de la cloaca policial y política; un sistema universitario que regala títulos a sus políticos y benefactores; un sistema económico extractivo y que empobrece las regiones de España. Y una España adicta al dinero que extrae de Cataluña cada año, y que se niega a ir a rehabilitación.
Tenemos que ser capaces de constituirnos en desbordamiento democrático permanente, porque estos cimientos no resistirán nuestra fuerza. España me dijo, por boca de su presidente, que no haríamos el referéndum. Su tribunal constitucional, politizado hasta el núcleo del hueso, nos amenazó si lo hacíamos. Lo hicimos, pero sobre todo lo hicisteis. Hicisteis un acto democrático de confianza en nosotros mismos, que es el mejor que le puede pasar a una sociedad. Fuisteis aquello que la Europa democrática desea ser: un pueblo consciente y activo, pacífico y respetuoso, que se convierte en la primera línea de defensa de la democracia contra todo abuso y todo autoritarismo. Fuisteis desbordamiento democrático.
Lo vio todo el mundo. Hace cinco años Europa vio cómo millones de sus ciudadanos se daban de baja de España, y miles eran agredidos de manera violenta por la policía de uno de sus estados miembros. No dijo nada, y ahora sabemos que la presión española lo impidió. Pero se dio cuenta que había un desbordamiento democrático
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Que todo el mundo tenga claro que los votos que permiten gobernar las instituciones vienen de este desbordamiento. Y es muy normal y comprensible que empezamos a dirigirnos a quienes tienen la responsabilidad, para que se pongan al servicio del que decidimos hoy hace cinco años. Es un reto que el Consejo se propone encabezar, por si acaso alguien se despista, y una vez ha tomado nuestros votos, ya no lo vemos más. Si no se avanza en la dirección marcada en el referéndum legal, democrático y vinculante, el Consejo tiene la obligación de ponerse delante. Porque las porras que amenazan la democracia no se acabaron ahora hace cinco años; hay nuevas porras, menos evidentes, pero con idéntico propósito. Porras de papel, porras políticas, porras judiciales, que continúan agrediéndonos para impedir la culminación del proceso de independencia.
¿Qué debemos hacer ante estas porras? Lo mismo que hicimos hace cinco años. ¿Y quién lo tiene que hacer? Los mismos que estábamos. Lo tenemos que hacer combinando aquello que la sociedad civil nos reclama: presionar y recoser. Recosámonos para presionar mejor; activémonos para desactivarlos a ellos; reunámonos entre nosotros para evitar que nos dividan; preparémonos por no perder momentos ni oportunidades.
Si se dice que en nuestro país la lluvia no sabe llover, hagamos que las victorias sepan ganar. No somos mejores que nadie, ni superiores a nada. Somos catalanes y queremos continuar siéndolo, sencillamente. Queremos hablar en catalán sin pedir permiso ni tener que hacer militancia lingüística; queremos disponer de los recursos que generamos para erradicar la pobreza y asegurar el bienestar de todo el mundo; queremos tener las herramientas para ser un país económicamente próspero, competitivo, avanzado y socialmente justo. Queremos vivir en democracia, en un estado donde su jefe de Estado pueda rendir cuentas de sus actos. Y queremos respeto y dignidad por el hecho de ser catalanes, del mismo modo que todos los pueblos merecen respeto y dignidad por el hecho de ser pueblo. Todo esto sabemos que no lo conseguiremos nunca dentro de España. Y si algunos se resignan, nosotros no. Como que no nos resignamos, y como que nos preparamos para no resignarnos, hoy tenemos que gritar más fuerte que nunca, con todas las voces, las discrepancias, los acentos, y los orígenes de nuestro pueblo:
¡Viva Catalunya libre!
Carles Puigdemont
(Presidente del Consejo por la República)