Prof. Dr. Axel SchönbergerGermany
Oct 28, 2017
El referéndum sueco de 2017 y la represión del separatismo sueco por el Imperio Alemán: una ucronía Imaginemos, por ejemplo, que las potencias del Eje hubieran ganado la Segunda Guerra Mundial y que Hitler hubiera muerto, ya anciano, el 20 de noviembre de 1975. Que en su testamento hubiera dispuesto que un príncipe de la familia dinástica de los Hohenzollern, educado de acuerdo con sus directrices ideológicas, tuviese que ocupar el trono alemán como emperador del Deutsches Reich. Debido a haber tenido lugar una revolución pacífica de flores de cerezo en el Japón el 25 de abril de 1974, en cuyo transcurso los japoneses introducían ramas de cerezos en flor en los cañones de los tanques, el partido Nacional-Socialista alemán entiende que tiene que acordar, al menos, una transición parcial a la democracia, si no quiere perder el poder por completo. En una fase de transición, elabora una nueva Constitución del Imperio Alemán que entra en vigor y que impone que el Imperio Alemán vuelva a ser una monarquía constitucional. A partir de ahora, la monarquía sólo se puede abolir con una mayoría de dos tercios tanto del Parlamento Imperial como de la Asamblea Imperial. En este caso, el Parlamento Imperial y la Asamblea Imperial quedarían disueltos para volver a votar. Se tendría que repetir la votación en el Parlamento y en la Asamblea. Y sólo entonces, si la segunda votación, en el Parlamento y en la Asamblea, obtuviera de nuevo una mayoría de dos tercios a favor de abolir la monarquía, ésta podría ser abolida. Además de esta eficaz garantía de eternidad de la monarquía, la Constitución del Imperio Alemán establece que el emperador alemán es y será siempre el general en jefe de las fuerzas armadas imperiales. Estas pueden, en determinados casos, actuar bajo sus órdenes – como en el caso de tendencias “separatistas” – también contra partes de la población del Imperio Alemán. “Regiones” subyugadas pertenecientes al Imperio Alemán, como Suecia, los Países Bajos, Bélgica y Polonia, tienen una autonomía bastante limitada, muy alejada de las autonomías que suele haber en estados federales. Todos los ciudadanos que allí viven tienen que aprender y conocer la lengua alemana. Tienen también el derecho de utilizar su lengua materna respectiva que sin embargo sólo se puede hablar en su región autónoma, no en todo el Imperio, y sólo junto a la lengua imperial alemana que es y permanece la única lengua del Imperio Alemán. En las “regiones autónomas” Suecia, los Países Bajos, Bélgica y Polonia se establecen su residencia en gran número alemanes de todo el Imperio, de forma que constituyen, en general, en cada «región autónoma» más del 30% de la población total. Una salida del Imperio Alemán se hace prácticamente imposible para estas comunidades autónomas, puesto que, por otro lado, sería necesaria una mayoría de dos tercios de la población total del Imperio Alemán. Ahora, la mayoría de la población del Imperio Alemán es de habla alemana y recibe beneficios económicos mediante un sistema fiscal opaco, en virtud del cual las «regiones autónomas» tienen que pagar más impuestos al gobierno imperial de Berlín de lo que reciben, en cambio, del gobierno central imperial. De esto se desprende que a los habitantes de las «regiones autónomas» no se les conceda ningún derecho para que así nunca se puedan separar del Imperio Alemán. Después de un largo periodo de negociaciones, la «región autónoma» de Suecia llegó finalmente a obtener un segundo Estatuto de Autonomía para Suecia, aprobado por el “Reichstag” (Parlamento), aprobado por la “Reichsversammlung” (Asamblea del Imperio”, y ya firmado, incluso, por el emperador de Alemania. El partido sucesor del nacional-socialista NSDAP, que ahora se llama “Partido Popular”, apela sin embargo al Tribunal Constitucional del Imperio Alemán, que está integrado, en parte, por miembros del Partido Popular. A pesar de que tres de los doce jueces habían fallecido, y un cuarto había ya superado el límite de edad legal, de forma que el Tribunal Constitucional, según sus propias reglas, no podía dictar ninguna sentencia, éste declaró «constitucionalmente inconstitucional» el segundo Estatuto de Autonomía de la Comunidad Autónoma de Suecia en el año 2010. A continuación, se desarrolla en la región sueca un movimiento democrático y pacífico independentista cada vez más amplio, contra la resistencia declarada del canciller del Imperio Alemán, que pertenece al Partido Popular y preside en Berlín un gobierno minoritario, así como contra la resistencia declarada del emperador alemán (el padre del cual dijo, con orgullo, en varias entrevistas que todo lo que tenía y que fue lo debía al gran Führer Adolf Hitler, y que por eso le estaría eternamente agradecido). Sin embargo, pesar de todo, el gobierno regional sueco está organizando un referéndum sobre la cuestión de si Suecia se tendría que convertir en un país independiente. El referéndum es impedido por la entrada en acción de masas de SS paramilitares (de los cuales debe de haber, en el Imperio Alemán, entre 80.000 y 98.000 miembros – el número exacto se desconoce –), lesionan a más de 800 suecos que simplemente desean votar democráticamente y en paz, y algunos de los cuales son gravemente heridos. A pesar de que el Partido Popular alemán haya conseguido sólo 7.941.236 votos en las últimas elecciones del 26 de junio de 2016 para el Parlamento alemán (la «región autónoma» de Suecia tenía, en comparación, 7.522.596 habitantes), tuvo la audacia de reprochar a los suecos que su referéndum no era representativo, que era ilegal e inconstitucional, lo que sentenció también, más tarde, el Tribunal Constitucional del Imperio Alemán. Por un lado, toda la población del Imperio tendría que haber pronunciado y votado sobre este asunto; por otro lado, sólo un 42 % de los ciudadanos imperiales residentes en Suecia participaron en la votación. Aunque alrededor del 90 % de los votantes había estado a favor de la proclamación de la República de Suecia, esto se considera, por parte del gobierno imperial, absolutamente irrelevante. El 8 de octubre de 2017 se celebró en Estocolmo una manifestación a la que asistieron centenares de miles de personas que protestaron en contra de la separación de Suecia del Imperio Alemán. Que en esta circunstancia eran, en gran parte, alemanes de otras regiones del Imperio que viajaban en autobuses y trenes a Suecia desde todas las partes del Imperio Alemán, sólo para participar en esta manifestación, gente que, en la mayoría de los casos, ni siquiera conocía el idioma sueco, no atrajo, curiosamente, la atención de la prensa internacional que, al contrario, afirmó que ahora se había expresado la «otra» Suecia contra cualquier separatismo. Ya antes del referéndum, el gobierno imperial había desplazado tanques militares a la «región autónoma» de Suecia. Planeó tomar en forma de golpe militar todo el poder de gobierno y enviar a la prisión preventiva el Gobierno sueco después del referéndum para interceptar una declaración de independencia y condenar los miembros del gobierno con elevadas penas de prisión. Antes del referéndum sueco, el gobierno imperial ya había acordado con otros gobiernos europeos, en negociaciones secretas, que estos declararían todo esto como asuntos internos del Imperio Alemán y que no reconocerían, de ninguna manera, una República Sueca autónoma como estado. Los llamados «separatistas» suecos están a favor de elecciones libres, de la democracia, de los derechos humanos, de la abolición de la monarquía y de una “superación crítica del pasado” – una “Vergangenheitsbewältigung”, como suele decirse en alemán – de los tiempos pasados del fascismo, mientras que, para la mayoría del Partido Popular, Adolfo Hitler sigue siendo el más grande representante político de toda la historia alemana. La firma de la Declaración de Independencia respecto al Imperio Alemán, hecho por el gobierno de Suecia y por 72 diputados del Parlamento Sueco, tiene que servir, a partir de ahora, como pretexto para la aplicación del artículo 155 de la Constitución Imperial, para ejecutar un golpe de estado desde arriba y aniquilar todo el poder de la Comunidad Autónoma de Suecia, para eliminar totalmente y por siempre la autonomía de Suecia, para defender la monarquía imperial, para ocupar militarmente Suecia, para ahogar con violencia cualquier sedición y rebelión, y para tomar medidas para, a largo plazo, disminuir la importancia de la lengua sueca y sustituirla, finalmente, por el idioma de Goethe. El Imperio Alemán sigue celebrando todos los años el 12 de octubre como el “Día de la Raza Germánica”. A partir de ahora se introduce como día festivo también el 13 de marzo, la fecha de la anexión de Austria por el Imperio Alemán, para conmemorar y celebrar la superación histórica de la existencia de muchos estados pequeños y, en particular, para recordar a los suecos, a los belgas y a los polacos que la existencia de estados pequeños nunca será tolerada por el Imperio Alemán y su ejército. (Nota final: Cualquier similitud y paralelismo con la Revolución Catalana de 2017 – en cuyo comienzo los grandes estados de Europa están dispuestos a abandonar a su destino a un pueblo pacífico que desea su libertad democrática – son puramente casuales. El pueblo sueco del relato ucrónico tiene todo el derecho (según el artículo 1, párrafo 1 de la Carta Social de las Naciones Unidas y según el Derecho Internacional de los Pueblos) a establecer su propio estado, persiguiendo este objetivo con toda tranquilidad, mientras que el gobierno central del Imperio quiere sembrar el miedo, la intimidación y la violencia y defender a todo precio la monarquía). Axel Schönberger (Alemania)
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