se pide respetar mis derechos como persona ciega y con hipoacusia


se pide respetar mis derechos como persona ciega y con hipoacusia
El problema
A continuación, y con mucho respeto, me veo una vez más obligado a defender mis derechos y pedir justicia. Estuve al menos un par de años, de estos últimos, intentando buscarme la vida como mejor pude, y aunque siendo sincero, llega un momento en que uno toca el límite de sus fuerzas, nunca dejé de intentarlo y lo sigo intentando ahora, teniendo que llegar una vez más a hacerlo público.
Se debe saber que soy una persona ciega de nacimiento y con una hipoacusia sebera que empecé a desarrollar de más grande. No me definen estas discapacidades, ni tampoco busco lástima ni compasión, pero sí empatía y compromiso real, genuino, hacia los que lo necesitamos.
La obra social que tengo es IOMA, y como no podía ser de otra forma, y como ocurre con otras obras sociales, y tantas organizaciones en este país, no funciona como corresponde.
Puedo entender a la perfección, de verdad, que estamos transitando un momento la mar de complicado en el país. Que no hay plata, que la economía, el país en sí, nosotros, vamos de mal en peor. Pero, vamos a decir las cosas como son, las obras sociales con tal de ahorrar, nos dejan en el “esperar” constante, cosa que yo ya no pienso hacer, porque esperar es lo mismo que dejarme estar y que entonces no cumplan derechos que por otra parte se pueden leer muy claros en la convención de los derechos de las personas con discapacidad, y no se están cumpliendo, a pesar de que me dejé ver e hice cuanto pude, siempre pidiendo lo que necesitaba con el mayor respeto.
Vallamos paso por paso y analizamos el porqué de esta situación:
Aún dependo legalmente de mi madre. No me quejo para nada, pero soy una persona de 28, casi 29 años, por tanto, que ya está próximo a los 30, y tengo total derecho a trabajar, ganar mi sueldo, realizarme, independizarme y vivir como una persona adulta.
Durante 7 años estudié un par de tecnicaturas, más específicamente, una tecnicatura en programación y otra en análisis de sistemas. Por tanto, dos tecnicaturas que supuestamente dan mucha salida laboral. ¿Dónde está esa salida laboral?
Yo trabajé durante un par de años, más exactamente mientras estábamos en pandemia, bajo la municipalidad. Nunca me dieron más que eso, un trabajo de entrenamiento que, está muy bien, y lo agradecí muchísimo, porque me dio experiencia y tuve un trabajo, aunque no se correspondiera con lo que estudié o me gusta hacer; y una vez terminado ese contrato, que tampoco me dieron el tiempo total de entrenamiento, la verdad hay que decirla; nunca más no solo no me contrataron para nada, sino que no logré encontrar trabajo siquiera en remoto, después de darlo todo en portales y bolsas de empleo en línea, postulándome a trabajos que nada tenían que ver con mi área. Mis conocidos de la zona me dieron la espalda. Los reclutadores exigen, entre otras cosas, que se tenga un nivel oral de inglés, algo muy difícil para mí (y he aquí una cuestión muy importante) porque yo uso dos audífonos. Mi hipoacusia no es algo menor, y ya en mi propio idioma tengo ciertas dificultades para entender lo que se me dice (no oír, sino entender) entonces ¿cómo no me va a costar entender otro idioma? ¿Cómo no me van a costar las conversaciones telefónicas?
Yo tengo mucho por dar. He enviado CV’s incansablemente, a cuanto contacto conocido y desconocido tenía o conseguía, a lugares y empresas tanto en la ciudad como en línea, para que siempre se me ignore o se me cierre la puerta en la cara. O sea, una excelente ayuda y disposición a dar experiencia, ayudar y demás.
Al mismo tiempo, realicé cursos y cursos. Muchos de estos eran en línea, dados por presuntas organizaciones que también ayudan a las personas con discapacidad, les dan empleo. Es todo mentira. Estudiar, tal vez no deje de estudiar a lo largo de mi vida, pero necesito trabajar y con esto hablo de empleos en serio. No tengo por qué ser una de esas tantas personas que siguen viviendo con los padres sin salir adelante.
Ahora, regresando a IOMA:
Cada tanto tengo que ir al médico. Si no son mis ojos, es mi oído. IOMA no cumple con lo que dice la ley, de que debe cubrir el 100% de los gastos que desde luego necesitamos. Yo, una vez más, comprendo o intento comprender la necesidad de ahorrar dinero, pero la ley es la ley, y nuestros derechos son nuestros derechos. Además, no sirve cualquier servicio por ser lo más barato o lo primero en conseguirse. No sirve cualquier par de audífonos. No sirve cualquier dispositivo de esto o aquello. Cada persona con discapacidad es un mundo, y, por tanto, tiene necesidades propias que no tienen por qué ser iguales a las de otra que comparta la misma discapacidad. Entonces, hay que venir mejor preparado y aprender a empatizar, y adaptarse a los servicios que necesitemos de forma personalizada. O sea, tanto se dice que tal o cuál organización, o pseudo organización está para ayudar a los que no tienen recursos, pero ¿dónde está esa ayuda realmente?
El tema es el siguiente:
Hay 4 cosas, en este momento que estoy esperando por parte de IOMA.
Por un lado, acompañamiento terapéutico con e flin de desarrollar mi autonomía y mi independencia, justamente para poder realizarme. El año pasado tuve una acompañante, con quien me sentí muy bien y siento que el acompañamiento funcionó tal como se debía, pero claro. IOMA, y otras obras sociales, tardan en pagar, y en este caso en particular deben meses por pagar, y los acompañantes, claro, es comprensible, no querrán trabajar gratis. Yo entiendo que nadie quiera trabajar gratis, pero tampoco yo puedo pagar a un acompañante de forma particular. La pensión no es suficiente, la jubilación tampoc. Como dije antes, no logro conseguir empleo.
Lo mismo sucede en cuanto a mi audición. Es muy difícil encontrar audífonos que realmente valgan para mí, que todavía encuentro dificultades para entender ciertas cosas que me dicen, comunicarme telefónicamente o reconocer detalles musicales, y, por tanto, por más tecnología que tengan los audífonos que van saliendo al mercado, no hay algo que me garantice escuchar a la perfección o casi a la perfección. Además, la realidad es que a cambiando (para mal en mi caso) la audición con los años, y los audífonos que tan bien me venían ayer, ya no me son suficientes hoy.
Ahora, este año será un año dedicado completamente a realizarme estudios y estudios, donde espero y de paso exijo que los responsables de dichos estudios o de los más importantes, los hagan a profundidad y si les es posible, logren determinar la verdadera causa de la hipoacusia, porque yo no nací con esta patología y tengo todo el derecho a saber el por qué de mi hipoacusia, y a que esta sea realmente tratada, por más complicado o costoso que fuese el proceso. La finalidad de todos estos estudios será determinar si al menos en un oído, del que estoy perdiendo más audición, me tendrán que poner el implante coclear y si me lo pueden poner. Volvemos a lo mismo. ¿Con qué plata? IOMA debería cubrir todos los estudios y consultas que tendré que hacer, una vze más, como bien lo dice la convención.
Finalmente, desde el año pasado, también por pedido de IOMA, intenté obtener la cobertura de una línea Braille o pantalla Braille, que es un dispositivo que, conectado al celular o la computadora, que son mis herramientas principales para el día a día, me permitirá leer la información proporcionada por los lectores de pantalla en Braille, en lugar de escuchar. Útil para cuando me duele un oído, cosa que sucede mucho, o por si les pasara algo a mis audífonos, o en el peor de los casos mi audición siguiera comprometiéndose.
Pero claro. Yo fui tantas veces ya, pedí ayuda, reclamé. Yo entiendo que las líneas Braille son dispositivos la mar de caros, que realmente cuestan una fortuna que no tenemos. Pero, una vez más, también en esto se me da la espalda. El trámite no avanza, la organización que me respaldaría para conseguirla no me puede o no quiere ayudarme hasta que el trámite no avance o me dén la negativa, cosa que no ocurre, y tanta burocracia, tantos papeles que he presentado a la perfección, solo me enferman más. Volvemos a lo mismo. No tengo trabajo, nadie de mi alrededor puede pagar los dispositivos que necesito, las consultas y estudios que me debo hacer, y yo no voy a descansar hasta lograr vencer a la hipoacusia, o cuanto más se pueda, ni hasta que se haga justicia.
Con todo esto, yo tengo el derecho de tener la afiliación constante, no tener que renovarla a cada año. Ese trámite no me cuesta, pero mis discapacidades son reales, ya documentadas y demostradas, y no es que voy a recuperar milagrosamente una vista que nunca tuve y una audición que perdí. Como lo dije otra vuelta, comprendo que no faltan las personas que simulan una discapacidad para sacar beneficios de las obras sociales y otras organizaciones, pero hagamos un cambio. No soy la única persona que se está enfermando con tanta burocracia inútil e innecesaria. Pido por favor, y una última vez, que nos tomemos el tiempo de leer la convención de los derechos de las personas con discapacidad, y los empecemos a respetar en serio.
Realmente, no quiero tener que luchar más. Lo hice cuando fui discriminado en una universidad, cuando me quitaron la pensión. No importa eso, ya es pasado. Ahora estoy luchando incansablemente para conseguir empleo, en el límite de mis fuerzas, la verdad, porque ya está bien de hacer contactos, hacer ruido y ruido en los portales de empleo y demás, que nada sirve.
Lo último que voy a pedir es que, si tanto se habla de inclusión o accesibilidad, aprendamos a ser empáticos, ayudar y comprender realmente en qué consisten la inclusión y la accesibilidad. Si no, mejor dedíquense a otra cosa y déjennos trabajar en estas áreas a los que de verdad tenemos comprensión e iniciativa.

El problema
A continuación, y con mucho respeto, me veo una vez más obligado a defender mis derechos y pedir justicia. Estuve al menos un par de años, de estos últimos, intentando buscarme la vida como mejor pude, y aunque siendo sincero, llega un momento en que uno toca el límite de sus fuerzas, nunca dejé de intentarlo y lo sigo intentando ahora, teniendo que llegar una vez más a hacerlo público.
Se debe saber que soy una persona ciega de nacimiento y con una hipoacusia sebera que empecé a desarrollar de más grande. No me definen estas discapacidades, ni tampoco busco lástima ni compasión, pero sí empatía y compromiso real, genuino, hacia los que lo necesitamos.
La obra social que tengo es IOMA, y como no podía ser de otra forma, y como ocurre con otras obras sociales, y tantas organizaciones en este país, no funciona como corresponde.
Puedo entender a la perfección, de verdad, que estamos transitando un momento la mar de complicado en el país. Que no hay plata, que la economía, el país en sí, nosotros, vamos de mal en peor. Pero, vamos a decir las cosas como son, las obras sociales con tal de ahorrar, nos dejan en el “esperar” constante, cosa que yo ya no pienso hacer, porque esperar es lo mismo que dejarme estar y que entonces no cumplan derechos que por otra parte se pueden leer muy claros en la convención de los derechos de las personas con discapacidad, y no se están cumpliendo, a pesar de que me dejé ver e hice cuanto pude, siempre pidiendo lo que necesitaba con el mayor respeto.
Vallamos paso por paso y analizamos el porqué de esta situación:
Aún dependo legalmente de mi madre. No me quejo para nada, pero soy una persona de 28, casi 29 años, por tanto, que ya está próximo a los 30, y tengo total derecho a trabajar, ganar mi sueldo, realizarme, independizarme y vivir como una persona adulta.
Durante 7 años estudié un par de tecnicaturas, más específicamente, una tecnicatura en programación y otra en análisis de sistemas. Por tanto, dos tecnicaturas que supuestamente dan mucha salida laboral. ¿Dónde está esa salida laboral?
Yo trabajé durante un par de años, más exactamente mientras estábamos en pandemia, bajo la municipalidad. Nunca me dieron más que eso, un trabajo de entrenamiento que, está muy bien, y lo agradecí muchísimo, porque me dio experiencia y tuve un trabajo, aunque no se correspondiera con lo que estudié o me gusta hacer; y una vez terminado ese contrato, que tampoco me dieron el tiempo total de entrenamiento, la verdad hay que decirla; nunca más no solo no me contrataron para nada, sino que no logré encontrar trabajo siquiera en remoto, después de darlo todo en portales y bolsas de empleo en línea, postulándome a trabajos que nada tenían que ver con mi área. Mis conocidos de la zona me dieron la espalda. Los reclutadores exigen, entre otras cosas, que se tenga un nivel oral de inglés, algo muy difícil para mí (y he aquí una cuestión muy importante) porque yo uso dos audífonos. Mi hipoacusia no es algo menor, y ya en mi propio idioma tengo ciertas dificultades para entender lo que se me dice (no oír, sino entender) entonces ¿cómo no me va a costar entender otro idioma? ¿Cómo no me van a costar las conversaciones telefónicas?
Yo tengo mucho por dar. He enviado CV’s incansablemente, a cuanto contacto conocido y desconocido tenía o conseguía, a lugares y empresas tanto en la ciudad como en línea, para que siempre se me ignore o se me cierre la puerta en la cara. O sea, una excelente ayuda y disposición a dar experiencia, ayudar y demás.
Al mismo tiempo, realicé cursos y cursos. Muchos de estos eran en línea, dados por presuntas organizaciones que también ayudan a las personas con discapacidad, les dan empleo. Es todo mentira. Estudiar, tal vez no deje de estudiar a lo largo de mi vida, pero necesito trabajar y con esto hablo de empleos en serio. No tengo por qué ser una de esas tantas personas que siguen viviendo con los padres sin salir adelante.
Ahora, regresando a IOMA:
Cada tanto tengo que ir al médico. Si no son mis ojos, es mi oído. IOMA no cumple con lo que dice la ley, de que debe cubrir el 100% de los gastos que desde luego necesitamos. Yo, una vez más, comprendo o intento comprender la necesidad de ahorrar dinero, pero la ley es la ley, y nuestros derechos son nuestros derechos. Además, no sirve cualquier servicio por ser lo más barato o lo primero en conseguirse. No sirve cualquier par de audífonos. No sirve cualquier dispositivo de esto o aquello. Cada persona con discapacidad es un mundo, y, por tanto, tiene necesidades propias que no tienen por qué ser iguales a las de otra que comparta la misma discapacidad. Entonces, hay que venir mejor preparado y aprender a empatizar, y adaptarse a los servicios que necesitemos de forma personalizada. O sea, tanto se dice que tal o cuál organización, o pseudo organización está para ayudar a los que no tienen recursos, pero ¿dónde está esa ayuda realmente?
El tema es el siguiente:
Hay 4 cosas, en este momento que estoy esperando por parte de IOMA.
Por un lado, acompañamiento terapéutico con e flin de desarrollar mi autonomía y mi independencia, justamente para poder realizarme. El año pasado tuve una acompañante, con quien me sentí muy bien y siento que el acompañamiento funcionó tal como se debía, pero claro. IOMA, y otras obras sociales, tardan en pagar, y en este caso en particular deben meses por pagar, y los acompañantes, claro, es comprensible, no querrán trabajar gratis. Yo entiendo que nadie quiera trabajar gratis, pero tampoco yo puedo pagar a un acompañante de forma particular. La pensión no es suficiente, la jubilación tampoc. Como dije antes, no logro conseguir empleo.
Lo mismo sucede en cuanto a mi audición. Es muy difícil encontrar audífonos que realmente valgan para mí, que todavía encuentro dificultades para entender ciertas cosas que me dicen, comunicarme telefónicamente o reconocer detalles musicales, y, por tanto, por más tecnología que tengan los audífonos que van saliendo al mercado, no hay algo que me garantice escuchar a la perfección o casi a la perfección. Además, la realidad es que a cambiando (para mal en mi caso) la audición con los años, y los audífonos que tan bien me venían ayer, ya no me son suficientes hoy.
Ahora, este año será un año dedicado completamente a realizarme estudios y estudios, donde espero y de paso exijo que los responsables de dichos estudios o de los más importantes, los hagan a profundidad y si les es posible, logren determinar la verdadera causa de la hipoacusia, porque yo no nací con esta patología y tengo todo el derecho a saber el por qué de mi hipoacusia, y a que esta sea realmente tratada, por más complicado o costoso que fuese el proceso. La finalidad de todos estos estudios será determinar si al menos en un oído, del que estoy perdiendo más audición, me tendrán que poner el implante coclear y si me lo pueden poner. Volvemos a lo mismo. ¿Con qué plata? IOMA debería cubrir todos los estudios y consultas que tendré que hacer, una vze más, como bien lo dice la convención.
Finalmente, desde el año pasado, también por pedido de IOMA, intenté obtener la cobertura de una línea Braille o pantalla Braille, que es un dispositivo que, conectado al celular o la computadora, que son mis herramientas principales para el día a día, me permitirá leer la información proporcionada por los lectores de pantalla en Braille, en lugar de escuchar. Útil para cuando me duele un oído, cosa que sucede mucho, o por si les pasara algo a mis audífonos, o en el peor de los casos mi audición siguiera comprometiéndose.
Pero claro. Yo fui tantas veces ya, pedí ayuda, reclamé. Yo entiendo que las líneas Braille son dispositivos la mar de caros, que realmente cuestan una fortuna que no tenemos. Pero, una vez más, también en esto se me da la espalda. El trámite no avanza, la organización que me respaldaría para conseguirla no me puede o no quiere ayudarme hasta que el trámite no avance o me dén la negativa, cosa que no ocurre, y tanta burocracia, tantos papeles que he presentado a la perfección, solo me enferman más. Volvemos a lo mismo. No tengo trabajo, nadie de mi alrededor puede pagar los dispositivos que necesito, las consultas y estudios que me debo hacer, y yo no voy a descansar hasta lograr vencer a la hipoacusia, o cuanto más se pueda, ni hasta que se haga justicia.
Con todo esto, yo tengo el derecho de tener la afiliación constante, no tener que renovarla a cada año. Ese trámite no me cuesta, pero mis discapacidades son reales, ya documentadas y demostradas, y no es que voy a recuperar milagrosamente una vista que nunca tuve y una audición que perdí. Como lo dije otra vuelta, comprendo que no faltan las personas que simulan una discapacidad para sacar beneficios de las obras sociales y otras organizaciones, pero hagamos un cambio. No soy la única persona que se está enfermando con tanta burocracia inútil e innecesaria. Pido por favor, y una última vez, que nos tomemos el tiempo de leer la convención de los derechos de las personas con discapacidad, y los empecemos a respetar en serio.
Realmente, no quiero tener que luchar más. Lo hice cuando fui discriminado en una universidad, cuando me quitaron la pensión. No importa eso, ya es pasado. Ahora estoy luchando incansablemente para conseguir empleo, en el límite de mis fuerzas, la verdad, porque ya está bien de hacer contactos, hacer ruido y ruido en los portales de empleo y demás, que nada sirve.
Lo último que voy a pedir es que, si tanto se habla de inclusión o accesibilidad, aprendamos a ser empáticos, ayudar y comprender realmente en qué consisten la inclusión y la accesibilidad. Si no, mejor dedíquense a otra cosa y déjennos trabajar en estas áreas a los que de verdad tenemos comprensión e iniciativa.

Victoria
Comparte esta petición
Los destinatarios de la petición

Actualizaciones de la petición
Compartir esta petición
Petición creada en 31 de enero de 2024