
El Parador Ariston, no es solo un recordatorio de lo que estuvo bien, y lo banalizamos. De lo que pudo ser y no fue.
Es lo que como país dejamos de ser, nos recuerda muchas tareas inconclusas, muchas acciones erradas y equivocadas que conducen al abandono. No es solo un edificio más en ruinas.
Nos recuerda las acciones que fueron comenzadas pero luego fueron abandonadas, como la ayuda al más débil, tanto a las personas, como a sus bienes. A lo privado y a lo público.
Son recuerdos que nos muestran en un espejo, lo que dijimos que no queríamos ser, pero de alguna manera lo somos. Pero todo puede cambiar, y cambiar para mejor, las campañas que se hicieron en medios periodísticos nacionales y el exterior, en redes sociales y en charlas fue para concientizar sobre un hecho claro, somos de alguna manera lo que hacemos y como lo hacemos.
Últimamente he leído que se va a recuperar el Aristón, me alegro, espero que sea hecho con la misma dignidad como fue concebido por los arquitectos Marcel Breuer, Eduardo Catalano y Carlos Coire.
Pasaron 75 (1947) años de su construcción, y 30 desde que está abandonado y tapiado.
Recordemos la frase del historiador Peter Blake, “… podemos medir la grandeza de una obra de arte y de su arquitecto, preguntándonos cuánto ha influido en sus contemporáneos y cuan visible es la huella que ha dejado en su tiempo”.
Hace un tiempo escribí en un artículo: “Así como las acciones inmateriales se recuperan con las historias que se cuentan y escuchamos, cuando son edificios, las historias se construyen de manera más compleja, son historias que hemos creado entre todos y son los edificios los que nos dan pistas de esas historias, donde hemos vivido y compartido distintos momentos”.
Hay un edificio, el Parador Aristón, del que podríamos estar orgullosos, ya que es parte de nuestra historia, de nuestra historia colectiva. Su “huella” es parte de nuestra identidad como un valor sustantivo que conforma el patrimonio cultural común, por eso nos duele el estado de abandono al que está sometido.
Debemos cuidarlo y evitar que desaparezca.
Porque hay un riesgo, cuando desaparecen, las historias también desaparecen.
Hugo Alberto kliczkowski Juritz
Arquitecto, Editor, Relator y ex director de Le Monde diplomatique.
Argentino, actualmente vive en Madrid