

Comunicado Ciudadano
El Salvador al borde: fe ante el desastre, o política ante la vida: crisis ambiental, institucional y moral
La nota publicada por La Prensa Gráfica el 18 de octubre —“Lagos, volcanes, carreteras y cuatro departamentos de El Salvador con riesgo de derrumbes por lluvias”— evidencia lo que la población siente y sufre cada año: vivimos sobre una vulnerabilidad estructural, agravada por la negligencia de quienes gobiernan.
El país entero es un mapa de riesgo.
El MARN advierte que las lluvias continúan, con deslizamientos inminentes en más de cuatro departamentos y afectaciones en carreteras, zonas rurales, lagos y volcanes. Pero mientras las comunidades rezan para no perderlo todo, las instituciones que deberían prevenir —la Asamblea Legislativa y la Presidencia de la República— insisten en autorizar megaproyectos que destruyen las zonas de recarga acuífera, arrasan bosques y comprometen la seguridad de las futuras generaciones.
La contradicción nacional: pedirle a Dios lo que el Estado no protege
En un país donde la educación ambiental es casi inexistente, se enseña a rezar por protección, no a exigir políticas públicas efectivas.
El pueblo salvadoreño, profundamente espiritual, ora por su seguridad; sin embargo, ni la fe ni las buenas intenciones pueden sustituir la responsabilidad política y técnica del Estado.
La destrucción ambiental se justifica como “progreso”. Se tala, se pavimenta, se urbaniza sin control, mientras se habla de desarrollo y modernidad.
Pero un país que sacrifica sus montañas, sus ríos y su bosque —como El Espino, pulmón de San Salvador— no avanza: retrocede hacia la desolación.
Municipios en crisis, Estado ausente
Los municipios más afectados por las lluvias —Ahuachapán, Sonsonate, La Unión, San Miguel, Santa Ana y Chalatenango— viven entre caminos intransitables, desbordes, y viviendas al borde del colapso.
Mientras tanto, el Gobierno central responde con pipas, fotografías y discursos, no con planes de gestión de riesgos, ni con inversión en infraestructura verde.
Las alcaldías, desfinanciadas y controladas por el oficialismo, carecen de autonomía y recursos para proteger a su gente. La protección civil actúa de manera reactiva, sin prevención ni visión territorial. La Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos se encuentra completamente ausente de la gestión de protección de la naturaleza.
Cooperación internacional: responsabilidad y silencio
La llamada “cooperación” con China ha traído obras de infraestructura sin transparencia, sin Evaluaciones de Impacto Ambiental (EIA) públicas y sin diálogo con universidades o organizaciones ambientales.
El Gobierno de Nayib Bukele y su bancada legislativa han eximido de responsabilidad a contratistas extranjeros y nacionales, permitiendo construcciones masivas sin estándares internacionales ni participación ciudadana.
La complicidad institucional es evidente: cuando se trata de cemento, no hay estudios; cuando se trata de agua, no hay soluciones.
Vulnerabilidad jurídica: defender el ambiente es un acto de riesgo
Los defensores del medioambiente y del territorio viven bajo amenaza y criminalización. En El Salvador, exigir protección ambiental se ha vuelto una forma de disidencia.
La vulnerabilidad jurídica es total: no existen garantías procesales ni políticas que protejan a quienes alzan la voz. En lugar de reconocerlos como guardianes de la vida, se les acusa, se les silencia o se les ignora.
A la ciudadanía, a las universidades del pais, y particularmente a la Universidad de El Salvador
Frente a esta realidad, la esperanza renace desde abajo.
Celebramos y apoyamos los esfuerzos de plataformas ciudadanas como Todos Somos El Espino, que con valentía sostienen la defensa del bosque, del agua y de la vida.
A las autoridades de todas las universidades del país, particularmente de la Universidad de El Salvador (UES), a su Rector y al Consejo Superior Universitario como a la Asamblea General Universitaria, les llamamos a sumarse activamente:
Con ciencia, formación ambiental, debate público y acción institucional.
Con su presencia moral y técnica, que inspire a las juventudes a defender lo que queda de naturaleza en este país.
Llamado a la acción y a la indignación decente
El Salvador no necesita más plegarias por milagros, sino gobernantes con decencia, transparencia y sentido de país.
No hay fe que salve a un territorio donde se destruyen sus cimientos naturales.
Exigimos una gestión de riesgos prospectiva y correctiva, y el fin del urbanismo depredador.
Exigimos también el cumplimiento del derecho humano al agua, al ambiente sano y a la participación pública.
Porque no hay progreso posible sobre un suelo que se hunde.
Porque El Espino nos convoca; la historia nos observa.
Y porque aún es posible detener la destrucción, si la ciudadanía, la academia y la conciencia se unen.