

Defender El Espino, la vida y la institucionalidad es exigir una movilidad sostenible #ElSalvador.
Busca firmar la petición en las actividades comunitarias organizadas por la ciudadania bajo la bandera: TODOS SOMOS EL ESPINO. Busca la información en todas las redes sociales!
También puedes firmar esta petición en linea!!
Recuerda:
En el Área Metropolitana de San Salvador (AMSS) —hogar de más de 1,7 millones de almas— el parque vehicular ha escalado a niveles fascinantes y alarmantes, rozando los 2 millones de automotores en 2025, con un incremento impulsado por cerca de 70 a 75 mil nuevas motocicletas al año.
El departamento de San Salvador alberga 638 221 vehículos, concentrando casi un tercio del parque nacional, mientras que distritos como Soyapango, Mejicanos, Apopa e Ilopango suman decenas de miles de unidades más. Esta densidad vehicular —El Salvador tiene la tercera tasa más alta de Centroamérica, con 255 unidades por cada mil habitantes— ejemplifica cómo la movilidad privada ha colonizado nuestros espacios urbanos sin control ni visión sostenible.
Esa marea metálica deja rastros invisibles pero letales. La contaminación del aire es hoy el principal riesgo ambiental para la salud en las Américas: cada año, 380,000 muertes prematuras son atribuibles a la contaminación atmosférica, que eleva el riesgo de infecciones respiratorias, derrames cerebrales, enfermedades cardíacas y cáncer de pulmón, sobre todo entre niños, ancianos y mujeres embarazadas paho.org. El detrimento de la calidad del aire en El Salvador —ya excedente de los parámetros guía de la OMS desde hace décadas— tiene a las enfermedades respiratorias crónicas en el primer lugar de morbilidad nacional.
Mientras tanto, la institucionalidad que debería regular este caos funciona como espectro: las políticas para controlar emisiones brillan por su ausencia, y los sistemas públicos de transporte, como SITRAMSS, fueron abandonados y desmantelados.
Este torbellino de automóviles y motos, sin control, es un síntoma de inacción: transporte desregulado, estacionamientos improvisados, sin sustitutos colectivos sólidos ni normativa ambiental efectiva. Resulta paradójico: sacrificamos ecosistemas vitales como El Espino —que actúa como pulmón verde— en medio de una metrópoli que urgía de transporte limpio y planificación urbana.
Hoy es imperioso alzar la voz: defender El Espino, defender la vida y la institucionalidad es exigir una movilidad sostenible, políticas claras, transparencia y participación ciudadana. Sin eso, nuestra salud, nuestras ciudades y nuestro futuro quedan cada vez más en jaque.