Que destrozar una infancia no prescriba jamás

El problema

La biología nos silencia, la ley nos castiga.

Soy Esther Pujol. A los 10 años sufrí abusos. Tardé 27 años en poder hablar. No fue una elección, fue supervivencia.

Como experta en mi propio dolor y respaldada por la psicología clínica, sé que el trauma silencia. Ante un terror extremo, la mente de un niño levanta muros para poder seguir viviendo. Para muchas víctimas, este bloqueo se manifiesta a través de un miedo paralizante, culpa o vergüenza; para otras, como en mi caso, en una amnesia disociativa que sepulta el recuerdo por completo. Sea cual sea el mecanismo, la respuesta neurobiológica impide hablar hasta que, décadas después, el sistema nervioso y emocional se siente lo suficientemente seguro para procesar lo vivido.

Pero cuando por fin podemos romper el silencio y denunciar, nos topamos con un muro judicial: el delito ha prescrito. El tiempo juega a favor de nuestros agresores, garantizándoles impunidad. El sistema nos castiga por cómo nuestra propia biología nos protegió.

Una emergencia silenciada

No estoy sola en esto. Hay constancia de al menos 440.000 víctimas en España (datos de GAD3), pero en la sombra somos muchísimas más. No pedimos venganza; pedimos coherencia jurídica con la ciencia. Pedimos nuestro "derecho al tiempo".

Cada una de nuestras historias lleva el peso de una infancia robada y un futuro truncado. Sin embargo, cuando por fin nos sentimos fuertes para hablar, nos encontramos con que la balanza está inclinada. Las estadísticas de entidades especializadas lo confirman: el 90% de las víctimas de abuso infantil no denuncia hasta llegar a la edad adulta, tardando a menudo entre 20 y 30 años en dar el paso.

El peligro en el Congreso: La "letra pequeña"

En unas pocas semanas (en mayo), el Congreso decidirá sobre la imprescriptibilidad de estos delitos. Tiene sobre la mesa la oportunidad histórica de cambiar esto de forma definitiva (Proposición de Ley 125/000007).

Pero el peligro hoy no es solo un "NO" frontal de los políticos. El peligro real y silencioso es que la ley se vacíe de contenido en los despachos mediante enmiendas. Hay presiones para establecer umbrales arbitrarios, como que solo sean imprescriptibles los delitos con penas altísimas o que el reloj de prescripción empiece a contar a los 40 años, dejando fuera a la gran mayoría de las víctimas.

El Código Penal debe adaptarse a la realidad neurobiológica del trauma infantil, y no al revés. No podemos permitir que el exceso de garantismo hacia el agresor desvirtúe esta ley.

Nuestra exigencia (tu firma es nuestro escudo):

Exigimos a todos los grupos parlamentarios que:

  • Aprueben una imprescriptibilidad REAL: Sin trampas legales ni "letra pequeña" que excluya a víctimas según los años de condena.
  • Escuchen a la ciencia: Que reconozcan que el trauma infantil, el bloqueo psicológico profundo y la disociación son realidades clínicas sistemáticas que invalidan los plazos de prescripción tradicionales.

Por favor, firma esta petición para demostrar al Congreso que necesitamos este cambio. Que el daño hecho a una infancia sea eternamente perseguible. Que el delito no tenga fecha de caducidad y que la justicia no decaiga. Ayúdanos a hacer historia y a sentar precedentes que nos protejan a todos. 

Firma para exigirles el SÍ. Que el tiempo y el silencio no sean los mayores cómplices de los pederastas.

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Esther PujolCreador de la petición⚖️ Activista Social. De superviviente a activista por la infancia. Lucho contra los abusos a menores y su prescripción. Conciencia + acción para el cambio.

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El problema

La biología nos silencia, la ley nos castiga.

Soy Esther Pujol. A los 10 años sufrí abusos. Tardé 27 años en poder hablar. No fue una elección, fue supervivencia.

Como experta en mi propio dolor y respaldada por la psicología clínica, sé que el trauma silencia. Ante un terror extremo, la mente de un niño levanta muros para poder seguir viviendo. Para muchas víctimas, este bloqueo se manifiesta a través de un miedo paralizante, culpa o vergüenza; para otras, como en mi caso, en una amnesia disociativa que sepulta el recuerdo por completo. Sea cual sea el mecanismo, la respuesta neurobiológica impide hablar hasta que, décadas después, el sistema nervioso y emocional se siente lo suficientemente seguro para procesar lo vivido.

Pero cuando por fin podemos romper el silencio y denunciar, nos topamos con un muro judicial: el delito ha prescrito. El tiempo juega a favor de nuestros agresores, garantizándoles impunidad. El sistema nos castiga por cómo nuestra propia biología nos protegió.

Una emergencia silenciada

No estoy sola en esto. Hay constancia de al menos 440.000 víctimas en España (datos de GAD3), pero en la sombra somos muchísimas más. No pedimos venganza; pedimos coherencia jurídica con la ciencia. Pedimos nuestro "derecho al tiempo".

Cada una de nuestras historias lleva el peso de una infancia robada y un futuro truncado. Sin embargo, cuando por fin nos sentimos fuertes para hablar, nos encontramos con que la balanza está inclinada. Las estadísticas de entidades especializadas lo confirman: el 90% de las víctimas de abuso infantil no denuncia hasta llegar a la edad adulta, tardando a menudo entre 20 y 30 años en dar el paso.

El peligro en el Congreso: La "letra pequeña"

En unas pocas semanas (en mayo), el Congreso decidirá sobre la imprescriptibilidad de estos delitos. Tiene sobre la mesa la oportunidad histórica de cambiar esto de forma definitiva (Proposición de Ley 125/000007).

Pero el peligro hoy no es solo un "NO" frontal de los políticos. El peligro real y silencioso es que la ley se vacíe de contenido en los despachos mediante enmiendas. Hay presiones para establecer umbrales arbitrarios, como que solo sean imprescriptibles los delitos con penas altísimas o que el reloj de prescripción empiece a contar a los 40 años, dejando fuera a la gran mayoría de las víctimas.

El Código Penal debe adaptarse a la realidad neurobiológica del trauma infantil, y no al revés. No podemos permitir que el exceso de garantismo hacia el agresor desvirtúe esta ley.

Nuestra exigencia (tu firma es nuestro escudo):

Exigimos a todos los grupos parlamentarios que:

  • Aprueben una imprescriptibilidad REAL: Sin trampas legales ni "letra pequeña" que excluya a víctimas según los años de condena.
  • Escuchen a la ciencia: Que reconozcan que el trauma infantil, el bloqueo psicológico profundo y la disociación son realidades clínicas sistemáticas que invalidan los plazos de prescripción tradicionales.

Por favor, firma esta petición para demostrar al Congreso que necesitamos este cambio. Que el daño hecho a una infancia sea eternamente perseguible. Que el delito no tenga fecha de caducidad y que la justicia no decaiga. Ayúdanos a hacer historia y a sentar precedentes que nos protejan a todos. 

Firma para exigirles el SÍ. Que el tiempo y el silencio no sean los mayores cómplices de los pederastas.

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Esther PujolCreador de la petición⚖️ Activista Social. De superviviente a activista por la infancia. Lucho contra los abusos a menores y su prescripción. Conciencia + acción para el cambio.

Los destinatarios de la petición

Comisión de Justicia
Comisión de Justicia
Comisión encargada de la Ponencia de la Ley

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Petición creada en 16 de abril de 2026