Prohibamos los smartphones antes de los 18 años


Prohibamos los smartphones antes de los 18 años
El problema
Cada vez hay más estudios de distintos campos que están demostrando la nefasta influencia de los smartphones, y tecnologías análogas, en el cerebro y la vida de los más jóvenes.
No se trata solo de que estén accediendo a contenidos e informaciones totalmente excesivas para su edad, se trata de que están afectando al desarrollo de su cerebro, de su capacidad de atención, pensamiento crítico y balance emocional.
Un Smartphone es una herramienta creada con unos criterios de diseño de usabilidad tóxicos por definición, en los que el único objetivo es la captura total de la atención. Son diseños orientados a generar un adicción mecánica y psicológica, que en el caso de los más jóvenes se vuelve increíblemente efectiva por el estado todavía en desarrollo de muchas de sus funciones cerebrales.
Un smartphone, hoy en día, es un dispositivo con tintes coercitivos, con una influencia dramática en la vida de las personas adultas. Si por definición se trata de elementos que comercian con nuestra atención y emociones, no podemos dejar en manos de niños y niñas, de chavales, semejantes piezas de tecnología.
Numerosos estudios hablan ya de faltas en el desarrollo del lóbulo frontal de los jóvenes, provocando retrasos en el aprendizaje crítico y en todo lo que tiene que ver con la gestión de las emociones. El crecimiento de la ansiedad y depresión entre la población joven es alarmante, pero seguimos son darnos cuenta de que hay una relación directa con la ubicua digitalización que existe en sus vidas.
Si a este daño sistémico, sumamos el descontrol existente en los contenidos de internet y cómo ciertos tipos de contenido, totalmente inadecuados, están siendo consumidos por chavales cada vez más jóvenes, provocando desinformación, insensibilización y asunción de conductas por imitación, generalmente extremas, entenderemos que el daño no es un asunto baladí.
Entendemos que, como padres, a veces debemos transigir con ciertas normas sociales y nos vemos obligados a entregar estos dispositivos, por miedo a convertir a nuestra hija o hijo en un paria entre sus amistades.
Por eso mismo, pedimos ir más allá de la mera concienciación y pedir al gobierno que prohiba por ley el uso de estos dispositivos entre los menores. No se trata de un juguete, son elementos tecnológicos muy complejos, destinados a monetizar cada segundo de nuestra atención, no importa el cómo, no importa el porqué.
Adicionalmente, el volumen de datos que estos datos almacenan de los jóvenes es abrumador y estamos condenándoles a una vida sometida a estos datos, sometidos a los algoritmos que fabrican, deciden y eligen por ellos lo que quieren ver, hacer o comprar. En resumen, estamos coartando su capacidad de vivir libremente, de pensar libremente, de ser ellos mismos.
Existen terminales menos inteligentes que poder ofrecer a los jóvenes para estar en contacto con sus familias, mucho menos dañinos y mucho menos peligrosos. No hablamos de prohibir la tecnología, hablamos de establecer límites legales a una tecnología que la mayor parte de padres y madres no comprenden, y ayudarles a mantener un control sano, que no ponga en riesgo el desarrollo cognitivo de sus hijos.
Como no existen todavía movimientos contundentes en contra del diseño dañino de la usabilidad de estos terminales y las apps que los alimentan, dado el poder de sus creadores, necesitamos actuar sobre la raíz del problema, hasta que nuestros gobiernos se decidan actuar de una vez.
En un mundo que estará dominado por la IAs de todo tipo, en muy poco tiempo, no podemos dejar que los más jóvenes estén indefensos ante las parcelas de descontrol que existen en nuestra era digital. Debemos darles la oportunidad y el entorno para que puedan crecer libres, antes de entrar en la rueda del comercio digital.
708
El problema
Cada vez hay más estudios de distintos campos que están demostrando la nefasta influencia de los smartphones, y tecnologías análogas, en el cerebro y la vida de los más jóvenes.
No se trata solo de que estén accediendo a contenidos e informaciones totalmente excesivas para su edad, se trata de que están afectando al desarrollo de su cerebro, de su capacidad de atención, pensamiento crítico y balance emocional.
Un Smartphone es una herramienta creada con unos criterios de diseño de usabilidad tóxicos por definición, en los que el único objetivo es la captura total de la atención. Son diseños orientados a generar un adicción mecánica y psicológica, que en el caso de los más jóvenes se vuelve increíblemente efectiva por el estado todavía en desarrollo de muchas de sus funciones cerebrales.
Un smartphone, hoy en día, es un dispositivo con tintes coercitivos, con una influencia dramática en la vida de las personas adultas. Si por definición se trata de elementos que comercian con nuestra atención y emociones, no podemos dejar en manos de niños y niñas, de chavales, semejantes piezas de tecnología.
Numerosos estudios hablan ya de faltas en el desarrollo del lóbulo frontal de los jóvenes, provocando retrasos en el aprendizaje crítico y en todo lo que tiene que ver con la gestión de las emociones. El crecimiento de la ansiedad y depresión entre la población joven es alarmante, pero seguimos son darnos cuenta de que hay una relación directa con la ubicua digitalización que existe en sus vidas.
Si a este daño sistémico, sumamos el descontrol existente en los contenidos de internet y cómo ciertos tipos de contenido, totalmente inadecuados, están siendo consumidos por chavales cada vez más jóvenes, provocando desinformación, insensibilización y asunción de conductas por imitación, generalmente extremas, entenderemos que el daño no es un asunto baladí.
Entendemos que, como padres, a veces debemos transigir con ciertas normas sociales y nos vemos obligados a entregar estos dispositivos, por miedo a convertir a nuestra hija o hijo en un paria entre sus amistades.
Por eso mismo, pedimos ir más allá de la mera concienciación y pedir al gobierno que prohiba por ley el uso de estos dispositivos entre los menores. No se trata de un juguete, son elementos tecnológicos muy complejos, destinados a monetizar cada segundo de nuestra atención, no importa el cómo, no importa el porqué.
Adicionalmente, el volumen de datos que estos datos almacenan de los jóvenes es abrumador y estamos condenándoles a una vida sometida a estos datos, sometidos a los algoritmos que fabrican, deciden y eligen por ellos lo que quieren ver, hacer o comprar. En resumen, estamos coartando su capacidad de vivir libremente, de pensar libremente, de ser ellos mismos.
Existen terminales menos inteligentes que poder ofrecer a los jóvenes para estar en contacto con sus familias, mucho menos dañinos y mucho menos peligrosos. No hablamos de prohibir la tecnología, hablamos de establecer límites legales a una tecnología que la mayor parte de padres y madres no comprenden, y ayudarles a mantener un control sano, que no ponga en riesgo el desarrollo cognitivo de sus hijos.
Como no existen todavía movimientos contundentes en contra del diseño dañino de la usabilidad de estos terminales y las apps que los alimentan, dado el poder de sus creadores, necesitamos actuar sobre la raíz del problema, hasta que nuestros gobiernos se decidan actuar de una vez.
En un mundo que estará dominado por la IAs de todo tipo, en muy poco tiempo, no podemos dejar que los más jóvenes estén indefensos ante las parcelas de descontrol que existen en nuestra era digital. Debemos darles la oportunidad y el entorno para que puedan crecer libres, antes de entrar en la rueda del comercio digital.
708
Actualizaciones de la petición
Compartir esta petición
Petición creada en 27 de noviembre de 2023