Prohibamos el uso de petardos que ocasionan daño a nuestros perros.

Movimiento:Stop Petardos

El problema

Querida comunidad y amantes de los animales,

Hoy les escribo no solo como un ciudadano preocupado sino también como el amigo humano de Patas, una perra adorable que ha sido una fuente de alegría y amor en mi vida. Sin embargo, hay momentos en el año en que el brillo en sus ojos se apaga, reemplazado por un miedo profundo y paralizante. Los petardos, esos estallidos que para muchos significan festividad, para ella y para millones de animales, son sinónimo de terror.

Imagine, si puede, el pánico que siente un animal, sin entender qué causa esos ruidos ensordecedores y luces cegadoras. Piense en cómo Patas, al igual que muchos de sus compañeros peludos, tiembla incontrolablemente, incapaz de encontrar consuelo, mientras el cielo nocturno se ilumina con lo que para ella parece ser el fin del mundo. Este no es solo el relato de Patas; es una realidad vivida por incontables perros en cada rincón de nuestro país.

En el corazón de nuestras festividades españolas, donde los petardos iluminan el cielo, hay un grito silencioso que pasa desapercibido. Es el grito de nuestros animales, seres que amamos como a mi querida Patas, que sufren en silencio ante el estruendo de nuestros festejos. No son simples molestias; son verdaderos tormentos que vibran en sus almas sensibles.

Imaginen por un momento estar en el mundo de Patas. Una noche tranquila se transforma repentinamente en un campo de batalla. Los ruidos estruendosos de los petardos no son solo sonidos fuertes para ella; son terremotos emocionales. Cada estallido es como un relámpago de miedo que sacude su pequeño corazón. Veo en sus ojos, amplios y aterrorizados, un pedido de ayuda que no puedo ignorar. Ella tiembla, se esconde, su respiración se agita. No hay palabras de consuelo que puedan calmar el pánico que la invade.

Los expertos lo confirman: los perros, con su oído fino y sensible, perciben estos ruidos a un nivel que nosotros apenas podemos imaginar. Lo que para nosotros es un instante de júbilo, para ellos puede convertirse en un trauma duradero. No hablo solo de Patas; pienso en los perros de nuestros vecinos, en los perros que vagan por nuestras calles, en las aves que surcan nuestros cielos. Todos ellos, perturbados, asustados, heridos por una tradición que podemos y debemos replantear.

Y qué decir de la fauna silvestre, esos habitantes invisibles de nuestros campos y bosques, cuyas vidas se ven sacudidas por el caos que desatamos. Historias de pequeñas criaturas que, en su pánico, pierden el rumbo, chocan contra ventanas, huyen hacia carreteras. Cada petardo que estalla es una amenaza mortal para ellos, un peligro que no pueden comprender ni evitar.

En cada explosión, no solo se disipan luces en el cielo, sino que también se desgarra un poco del tejido de nuestro entorno natural. Es un precio demasiado alto, una carga demasiado pesada para esos seres inocentes que comparten nuestras vidas, nuestro mundo.

Hoy, con el corazón en la mano y la imagen de Patas temblando de miedo en mi mente, les pido que se unan a esta causa. No es solo una firma en una petición; es un gesto de amor, un abrazo protector hacia todos los Patas del mundo, esos seres inocentes que dependen de nosotros para su seguridad y bienestar.

Cada firma es una voz que se suma al coro de quienes creemos en un mundo más amable, en festividades que no sean sinónimo de terror para nuestros compañeros más leales. Al firmar, no solo están mostrando su apoyo, sino que también están enviando un mensaje claro: nuestras tradiciones pueden evolucionar, pueden ser inclusivas y respetuosas con todos los seres que compartimos este espacio.

Les invito a no solo firmar esta petición, sino a compartirla con sus amigos, familiares y en redes sociales. Háganlo por Patas, por cada perro que se esconde bajo una cama durante los fuegos artificiales, por cada gato que huye despavorido, por cada ave que se desorienta y se pierde en la noche. Su participación activa puede marcar la diferencia. Juntos, podemos ser la voz que estos animales no tienen.

En nuestras manos está el poder de cambiar esta realidad. Con cada firma, estamos un paso más cerca de proteger a esos seres que nos dan tanto y piden tan poco a cambio. Es un acto de bondad, de compasión, de humanidad. Por Patas, por todos ellos, les pido: unámonos en esta causa. Firmen y compartan.

Hagamos de nuestras celebraciones un motivo de alegría para todos, sin excepción.

 

1311

El problema

Querida comunidad y amantes de los animales,

Hoy les escribo no solo como un ciudadano preocupado sino también como el amigo humano de Patas, una perra adorable que ha sido una fuente de alegría y amor en mi vida. Sin embargo, hay momentos en el año en que el brillo en sus ojos se apaga, reemplazado por un miedo profundo y paralizante. Los petardos, esos estallidos que para muchos significan festividad, para ella y para millones de animales, son sinónimo de terror.

Imagine, si puede, el pánico que siente un animal, sin entender qué causa esos ruidos ensordecedores y luces cegadoras. Piense en cómo Patas, al igual que muchos de sus compañeros peludos, tiembla incontrolablemente, incapaz de encontrar consuelo, mientras el cielo nocturno se ilumina con lo que para ella parece ser el fin del mundo. Este no es solo el relato de Patas; es una realidad vivida por incontables perros en cada rincón de nuestro país.

En el corazón de nuestras festividades españolas, donde los petardos iluminan el cielo, hay un grito silencioso que pasa desapercibido. Es el grito de nuestros animales, seres que amamos como a mi querida Patas, que sufren en silencio ante el estruendo de nuestros festejos. No son simples molestias; son verdaderos tormentos que vibran en sus almas sensibles.

Imaginen por un momento estar en el mundo de Patas. Una noche tranquila se transforma repentinamente en un campo de batalla. Los ruidos estruendosos de los petardos no son solo sonidos fuertes para ella; son terremotos emocionales. Cada estallido es como un relámpago de miedo que sacude su pequeño corazón. Veo en sus ojos, amplios y aterrorizados, un pedido de ayuda que no puedo ignorar. Ella tiembla, se esconde, su respiración se agita. No hay palabras de consuelo que puedan calmar el pánico que la invade.

Los expertos lo confirman: los perros, con su oído fino y sensible, perciben estos ruidos a un nivel que nosotros apenas podemos imaginar. Lo que para nosotros es un instante de júbilo, para ellos puede convertirse en un trauma duradero. No hablo solo de Patas; pienso en los perros de nuestros vecinos, en los perros que vagan por nuestras calles, en las aves que surcan nuestros cielos. Todos ellos, perturbados, asustados, heridos por una tradición que podemos y debemos replantear.

Y qué decir de la fauna silvestre, esos habitantes invisibles de nuestros campos y bosques, cuyas vidas se ven sacudidas por el caos que desatamos. Historias de pequeñas criaturas que, en su pánico, pierden el rumbo, chocan contra ventanas, huyen hacia carreteras. Cada petardo que estalla es una amenaza mortal para ellos, un peligro que no pueden comprender ni evitar.

En cada explosión, no solo se disipan luces en el cielo, sino que también se desgarra un poco del tejido de nuestro entorno natural. Es un precio demasiado alto, una carga demasiado pesada para esos seres inocentes que comparten nuestras vidas, nuestro mundo.

Hoy, con el corazón en la mano y la imagen de Patas temblando de miedo en mi mente, les pido que se unan a esta causa. No es solo una firma en una petición; es un gesto de amor, un abrazo protector hacia todos los Patas del mundo, esos seres inocentes que dependen de nosotros para su seguridad y bienestar.

Cada firma es una voz que se suma al coro de quienes creemos en un mundo más amable, en festividades que no sean sinónimo de terror para nuestros compañeros más leales. Al firmar, no solo están mostrando su apoyo, sino que también están enviando un mensaje claro: nuestras tradiciones pueden evolucionar, pueden ser inclusivas y respetuosas con todos los seres que compartimos este espacio.

Les invito a no solo firmar esta petición, sino a compartirla con sus amigos, familiares y en redes sociales. Háganlo por Patas, por cada perro que se esconde bajo una cama durante los fuegos artificiales, por cada gato que huye despavorido, por cada ave que se desorienta y se pierde en la noche. Su participación activa puede marcar la diferencia. Juntos, podemos ser la voz que estos animales no tienen.

En nuestras manos está el poder de cambiar esta realidad. Con cada firma, estamos un paso más cerca de proteger a esos seres que nos dan tanto y piden tan poco a cambio. Es un acto de bondad, de compasión, de humanidad. Por Patas, por todos ellos, les pido: unámonos en esta causa. Firmen y compartan.

Hagamos de nuestras celebraciones un motivo de alegría para todos, sin excepción.

 

Los destinatarios de la petición

Isabel Diaz Ayuso
Isabel Diaz Ayuso
Candidata del Partido Popular a la Presidencia de la Comunidad de Madrid

Actualizaciones de la petición

Compartir esta petición

Petición creada en 14 de diciembre de 2023