SOLICITAMOS: AL GOBIERNO DE CHILE CORTAR RELACIONES DIPLOMÁTICAS CON CUBA Y VENEZUELA.

La causa

Excelentísimo Sr. Presidente de la República de Chile,

Sebastián Piñera.

Su Despacho

 

Desde el 18 de Octubre del presente año y sin que mediara otra causa aparente que el alza de las tarifas del Metro, nuestro país ha sido víctima de uno de los asaltos más devastadores sufridos por nuestra sociedad desde el momento del retorno a la plenitud de nuestra convivencia democrática.  Tanto más sorprendente, cuanto que tuvo lugar en circunstancias absolutamente inesperadas. Hasta entonces, Chile disfrutaba de un sólido prestigio como una de las naciones más desarrolladas y prósperas del hemisferio, dotada de un sistema político capaz de asegurarle a sus habitantes una convivencia pacífica y democrática, respetuosa de sus instituciones que avanzaba con paso seguro hacia un futuro pleno de logros y satisfacciones.

 

            Razones todas suficientes como para considerar a nuestro país en las antípodas de las sociedades más afectadas por la pobreza, la inseguridad y el abandono de sus habitantes, tales los casos de Venezuela, afectada por una espantosa e inédita crisis humanitaria en uno de los países más ricos del planeta, Nicaragua, subvertida hasta haber perdido todo anclaje institucional y, sobre todo, Cuba, que padece de un régimen totalitario que ha sido incapaz de resolver los problemas más esenciales para la supervivencia de sus habitantes. Y ello desde hace sesenta años, que han visto convertirse a su hermoso territorio en un verdadero campo de concentración.

 

            Tan inauditos y asombrosos fueron los desmanes cometidos, tan profunda la devastación inclemente llevada a cabo y los efectos en daños y perjuicios para el patrimonio de todos los chilenos, pues los bienes incendiados y destruidos son bienes públicos y sirven a todos nuestros compatriotas por igual, que nadie atinó a encontrar una explicación racional, cabal al ruido y la furia desatados con la clara y aviesa intención de provocar un quiebre institucional y sumir a nuestra sociedad en un caos incluso mayor a los que precedieran y se hicieran parte de la vida cotidiana de los chilenos durante los tres años de gobierno de Salvador Allende y la Unidad Popular.

 

            Las explicaciones dadas por el ex presidente de Chile, el socialista Ricardo Lagos, aceptadas sin mayores consideraciones por el premio Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa, fueron tan rocambolescas, como los hechos mismos. Los chilenos que llevaron a cabo los actos de vandalismo y saqueo  no lo hicieron en reclamo a las pobres y miserables condiciones en que supuestamente viven, sino muy por el contrario: procedieron a saquear los comercios, destruir los cajeros automáticos e incendiar comercias, estaciones y vagones de Metro, porque están demasiado bien y quisieran estar mejor. “Primer mundismo” le llamaron a su extraño diagnóstico. Como si las poblaciones de Berlín, de Londres y Paris, de Madrid y Tokio hubieran sufrido devastaciones semejantes. Un non sens indigno de personalidades de tanta alcurnia intelectual.

 

            La verdadera razón de hechos tan lamentables, respetado Sr. Presidente, han estado tan a la vista, han sido tema de informativos a lo largo y ancho de nuestra región, que asombra el empeño por ocultarla. Ha sido una decisión asumida públicamente y debatida en todos los medios de comunicación a su alcance por los miembros del Foro de Sao Paulo y del Grupo de Puebla. Que como todos sabemos, obedecen a políticas estratégicas y tácticas decididas en La Habana, Cuba, y transmitida a los gobiernos amigos capaces de implementarlas y hacerlas efectivas, como el de la dictadura de Nicolás Maduro, en Venezuela. Y a los partidos y grupos de presión actuantes en Chile, miembros de ambos foros públicos, como son el Partido Comunista, el Partido Socialista, el MIR y sus adláteres.

 

            Chile, Sr.Presidente, su gobierno y sus instituciones, el modelo de dominación y desarrollo que sirve de modelo alternativo a los del castro comunismo cubano, han entrado en la mira de los enemigos esenciales de las izquierdas castristas de nuestra región. Y en momentos en que el pueblo venezolano se alza contra la dictadura castro comunista de Nicolás Maduro, agente de los servicios de inteligencia cubanos y ficha tan a plena disposición de la tiranía cubana que bien puede ser considerado un sátrapa a su servicio, el régimen cubano, cuya sobrevivencia depende del auxilio de dicha satrapía, y cuyo fin arrastraría inexorablemente con el suyo, ha decidido impedir el auxilio humanitario demandado por los venezolanos optando por contraatacar en la zona más sensible de quienes los respaldan: intentando socavar y desalojar del poder del régimen chileno a su gobierno de claras tendencias liberales. Vale decir: su gobierno, Sr. Presidente.

 

Son todas estas  las razones que nos llevan a solicitarle, respetuosamente, que en atención a la legítima defensa de nuestra República, proceda Usted a romper relaciones con los gobiernos  instigadores de la desestabilización y derrocamiento de nuestro, su legítimo gobierno, a saber, las dictaduras de Venezuela y Cuba. Es absolutamente inadmisible permitir que dos gobiernos totalitarios intervengan en nuestros asuntos internos y provoquen una insurrección con el fin de destruir nuestra institucionalidad democrática. Salirle al paso a unas acciones disolventes de nuestra nacionalidad es de elemental responsabilidad. Como exigir un comportamiento de respeto a nuestra existencia como República de parte de los partidos que, amparados en nuestra democracia, se prestan a las faenas antipatrióticas de gobiernos dictatoriales.

En espera a su consideración a nuestra posición en defensa de nuestra nacionalidad, se despiden.

Antonio Sánchez García

Jorge Moreno Calderón

Miguel Huerta Marín

Mauricio Ortíz Herrera

Nelson Martínez Lagón

Myriam Andrade Carvero

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La causa

Excelentísimo Sr. Presidente de la República de Chile,

Sebastián Piñera.

Su Despacho

 

Desde el 18 de Octubre del presente año y sin que mediara otra causa aparente que el alza de las tarifas del Metro, nuestro país ha sido víctima de uno de los asaltos más devastadores sufridos por nuestra sociedad desde el momento del retorno a la plenitud de nuestra convivencia democrática.  Tanto más sorprendente, cuanto que tuvo lugar en circunstancias absolutamente inesperadas. Hasta entonces, Chile disfrutaba de un sólido prestigio como una de las naciones más desarrolladas y prósperas del hemisferio, dotada de un sistema político capaz de asegurarle a sus habitantes una convivencia pacífica y democrática, respetuosa de sus instituciones que avanzaba con paso seguro hacia un futuro pleno de logros y satisfacciones.

 

            Razones todas suficientes como para considerar a nuestro país en las antípodas de las sociedades más afectadas por la pobreza, la inseguridad y el abandono de sus habitantes, tales los casos de Venezuela, afectada por una espantosa e inédita crisis humanitaria en uno de los países más ricos del planeta, Nicaragua, subvertida hasta haber perdido todo anclaje institucional y, sobre todo, Cuba, que padece de un régimen totalitario que ha sido incapaz de resolver los problemas más esenciales para la supervivencia de sus habitantes. Y ello desde hace sesenta años, que han visto convertirse a su hermoso territorio en un verdadero campo de concentración.

 

            Tan inauditos y asombrosos fueron los desmanes cometidos, tan profunda la devastación inclemente llevada a cabo y los efectos en daños y perjuicios para el patrimonio de todos los chilenos, pues los bienes incendiados y destruidos son bienes públicos y sirven a todos nuestros compatriotas por igual, que nadie atinó a encontrar una explicación racional, cabal al ruido y la furia desatados con la clara y aviesa intención de provocar un quiebre institucional y sumir a nuestra sociedad en un caos incluso mayor a los que precedieran y se hicieran parte de la vida cotidiana de los chilenos durante los tres años de gobierno de Salvador Allende y la Unidad Popular.

 

            Las explicaciones dadas por el ex presidente de Chile, el socialista Ricardo Lagos, aceptadas sin mayores consideraciones por el premio Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa, fueron tan rocambolescas, como los hechos mismos. Los chilenos que llevaron a cabo los actos de vandalismo y saqueo  no lo hicieron en reclamo a las pobres y miserables condiciones en que supuestamente viven, sino muy por el contrario: procedieron a saquear los comercios, destruir los cajeros automáticos e incendiar comercias, estaciones y vagones de Metro, porque están demasiado bien y quisieran estar mejor. “Primer mundismo” le llamaron a su extraño diagnóstico. Como si las poblaciones de Berlín, de Londres y Paris, de Madrid y Tokio hubieran sufrido devastaciones semejantes. Un non sens indigno de personalidades de tanta alcurnia intelectual.

 

            La verdadera razón de hechos tan lamentables, respetado Sr. Presidente, han estado tan a la vista, han sido tema de informativos a lo largo y ancho de nuestra región, que asombra el empeño por ocultarla. Ha sido una decisión asumida públicamente y debatida en todos los medios de comunicación a su alcance por los miembros del Foro de Sao Paulo y del Grupo de Puebla. Que como todos sabemos, obedecen a políticas estratégicas y tácticas decididas en La Habana, Cuba, y transmitida a los gobiernos amigos capaces de implementarlas y hacerlas efectivas, como el de la dictadura de Nicolás Maduro, en Venezuela. Y a los partidos y grupos de presión actuantes en Chile, miembros de ambos foros públicos, como son el Partido Comunista, el Partido Socialista, el MIR y sus adláteres.

 

            Chile, Sr.Presidente, su gobierno y sus instituciones, el modelo de dominación y desarrollo que sirve de modelo alternativo a los del castro comunismo cubano, han entrado en la mira de los enemigos esenciales de las izquierdas castristas de nuestra región. Y en momentos en que el pueblo venezolano se alza contra la dictadura castro comunista de Nicolás Maduro, agente de los servicios de inteligencia cubanos y ficha tan a plena disposición de la tiranía cubana que bien puede ser considerado un sátrapa a su servicio, el régimen cubano, cuya sobrevivencia depende del auxilio de dicha satrapía, y cuyo fin arrastraría inexorablemente con el suyo, ha decidido impedir el auxilio humanitario demandado por los venezolanos optando por contraatacar en la zona más sensible de quienes los respaldan: intentando socavar y desalojar del poder del régimen chileno a su gobierno de claras tendencias liberales. Vale decir: su gobierno, Sr. Presidente.

 

Son todas estas  las razones que nos llevan a solicitarle, respetuosamente, que en atención a la legítima defensa de nuestra República, proceda Usted a romper relaciones con los gobiernos  instigadores de la desestabilización y derrocamiento de nuestro, su legítimo gobierno, a saber, las dictaduras de Venezuela y Cuba. Es absolutamente inadmisible permitir que dos gobiernos totalitarios intervengan en nuestros asuntos internos y provoquen una insurrección con el fin de destruir nuestra institucionalidad democrática. Salirle al paso a unas acciones disolventes de nuestra nacionalidad es de elemental responsabilidad. Como exigir un comportamiento de respeto a nuestra existencia como República de parte de los partidos que, amparados en nuestra democracia, se prestan a las faenas antipatrióticas de gobiernos dictatoriales.

En espera a su consideración a nuestra posición en defensa de nuestra nacionalidad, se despiden.

Antonio Sánchez García

Jorge Moreno Calderón

Miguel Huerta Marín

Mauricio Ortíz Herrera

Nelson Martínez Lagón

Myriam Andrade Carvero

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